12 de julio de 2021

Camino del Norte II: de Gijón a Fisterra

El año pasado realizamos la primera parte del Camino del Norte, en concreto de Irún y Gijón. Este año tocaba terminar lo comenzado, así que iniciamos esta ruta en el punto exacto donde lo concluimos el 3 de julio de 2020, la Plaza Mayor de Gijón. La casualidad quiso que ese inicio se produjera justo un año después de haber concluido la primera parte, el 3 de julio de 2021. Eso sí, no éramos los mismos, porque los caprichos del COVID quisieron que uno de los nuestros se tuviera que quedar en su casa, en cuarentena, ya con las alforjas preparadas y con una gran ilusión truncada.

CAMINO DEL NORTE II. Gijón - Fisterra. 514 km. 8.139 m de ascensión

Leer Camino del Norte I: de Irún a Gijón

Etapa 1. Gijón - Novellana. 82,98 km. 1.198 m ascensión

Cuando éramos niños era imposible dormir el día antes de una excursión, y ahora, de mayores, nos suele pasar algo similar cuando vamos a comenzar una gran ruta. Es mucho tiempo con ello en mente y mucha ilusión y ganas de que llegue ese día como para "pegar ojo". 

A las 9.25 h, no habiendo dormido mucho, conseguimos salir del hotel. Somos uno más de los previstos. Un bíker que no puede hacer la ruta por no disponer de vacaciones se anima a hacer la primera, ya que coincide en fin de semana. Así que los siete nos dirigimos a la Plaza Mayor de Gijón. Allí nos esperan las tres Galanas que nos permitieron llevar las bicis y los bultos hasta Gijón. Tras las fotos de grupo de rigor conseguimos "arrancar" a falta de cinco minutos para las 10.


Nos cuesta abandonar Gijón. Tenemos que cruzar una gran parte de la ciudad y, además, parece que los muchos semáforos que encontramos a nuestro paso se han puesto de acuerdo para cerrarse cada vez que nos acercamos a cada uno de ellos.

Cuando por fin conseguimos dejar atrás la ciudad nos toca rodar por una carretera de cierta importancia, pero enseguida nos desviamos a la derecha para continuar por una de menor entidad. Pero por esta tampoco rodamos mucho porque poco después de tomarla giramos a la izquierda para proseguir, por asfalto también, pero se trata de una carretera más local.


El día está nublado. Se esperan lluvias, pero de momento no han aparecido e incluso el sol quiere asomarse entre las nubes.

Atravesamos varias aldeas y eso nos permite ver la Asturias más auténtica. Vamos siguiendo el Camino del Norte "oficial", como atestiguan los mojones y flechas que vamos encontrando a nuestro paso.



La carretera local que vamos siguiendo nos mete en otra más local aún, hasta La Cespedera. Desde allí continuamos por un camino asfaltado.


Este camino asfaltado tiene pequeñas subidas y bajadas, pero de poca importancia. Terminamos saliendo a una carretera principal que nos lleva hasta Tabaza, una zona muy industrial que, prácticamente, se une a Avilés.


Al llegar a Avilés nos desviamos para pasar por el Centro Niemeyer. Disfrutamos de su arquitectura y de su esplanada y aprovechamos para arreglar una pequeña avería, nada importante, unas alforjas que se van moviendo y molestan al pedalear.



Abandonamos el Niemeyer y poco después Avilés. Continuamos por carretera hasta Salinas, la playa de Avilés. Allí, frente al mar, hacemos nuestra primera parada para tomar algo.



Tras el piscolabis volvemos a las bicis. Al terminar la playa de Salinas vemos algo que llama nuestra atención. Nos acercamos y es el Museo de Anclas, de Philippe Costeau. Nos gusta mucho, estéticamente todo el conjunto es muy bonito.



Proseguimos bordeando el mar y pasamos junto a la playa de Arnau. Al terminar esta hay una cuesta muy empinada. Tras subirla, el que va el primero se detiene para comprobar si los demás la suben también. El que va tras él, al intentar apoyar el pie en el suelo no encuentra suelo firme porque hay una cuneta disimulada con muchas plantas, pisa en falso y cae hacia dicha cuneta. Tras levantarse se queja de una muñeca pero continuamos.

Llegamos a Santa María del Mar y el bíker de la caída dice que no puede seguir, que le duele mucho.  Afortunadamente su mujer y su hija están en Gijón. Las llamamos y nos quedamos dos con él, acompañándole, el resto continúa. Unos 45 minutos después llegan. Metemos la bici en el maletero y nuestro amigo se despide de nosotros emocionado. Sólo iba a hacer esta etapa, pero desgraciadamente no ha podido hacer ni la mitad. Horas más tarde salió del Hospital de Avilés con el brazo semi escayolado y en cabestrillo por tener dos fisuras en el radio.

Los dos que nos habíamos quedado salimos al encuentro de los otros cuatro que iban por delante. Continuamos por carretera, lo que facilita que vayamos dándolo todo. Pasamos por varias localidades, como La Arena y El Castillo y ya aparecen rampas de verdad, ya que hasta ese momento habían sido poco más que testimoniales.


Pasamos también por Muros de Nalón. Superada esta localidad el track nos mete, por fin, en un camino. Además es muy bonito.


Este camino tiene al principio una bajada muy técnica y continúa con una subida más tendida que la ascendemos muy rápido.



Salimos a carretera de nuevo cerca de una localidad llamada El Pito. Allí nos encontramos a pie de carretera una especie de Versalles en miniatura. Paramos porque merece la pena "echarle un vistazo", desde la verja, porque está cerrada. Se llama La Quinta de Selgas.


Una vez sobre la bici de nuevo enseguida llegamos a una rotonda donde tomamos el acceso a Cudillero. Allí se encuentra el resto del grupo esperándonos según nos comunicaron unos minutos antes. Descendemos hasta esta localidad y allí encontramos a nuestros compañeros, sentados en una terraza. Llegamos a punto porque han aprovechado la espera para encargar comida, zamburiñas y paella y nada más llegar salen las zamburiñas. No está mal el recibimiento...


Después de comer volvemos a subirnos a las bicis. Salimos de esta bonita localidad por el puerto. Nada más pasar este comienza una larga subida por carretera. Terminada la subida enfilamos una larga recta que concluye en un gran rotonda. 


A partir de ese momento se van alternando los tramos de carretera con los caminos asfaltados de uso local y continuos sube y bajas. 

Pasamos por una pequeña playa, la Concha de Artedo, pero seguimos adelante, dejamos el mar atrás y nos dirigimos hacia el interior.


Poco a poco los kilómetros se van sucediendo atravesando pequeñas localidades. Después nos internamos en una zona boscosa en la que ya no encontramos edificaciones de ningún tipo. 


Más adelante nos enfrentamos a una bajada bastante técnica atravesando un bosque cerrado que nos hace disfrutar, aunque los descensos con las alforjas no son lo mismo y nos obligan a bajar con más cuidado.



Después de este divertido tramo, como siempre ocurre tras una bajada, surge una subida, pero es más tendida que el descenso así que, poco a poco, podemos con ella. 

La siguiente localidad que encontramos a nuestro paso es Soto de Luiña, poseedora de una iglesia con una torre muy bonita. 


Después de atravesar este pueblo continúan las subidas y las bajadas, que se prolongarán hasta nuestro destino final, Novellana. 


Llegamos a Novellana, un pequeño pueblo que nos recibe con decenas de bicis decoradas y adornadas con flores que vamos encontrando a nuestro paso. Eso sí, no tenemos la certeza de que las hayan puesto para recibirnos, aunque creemos que sí :).


Llegamos a nuestro alojamiento, el Hotel restaurante El Fornón. Tras acomodarnos y ducharnos, tomamos algo en un bar que hay en frente. Como hemos llegado avanzada la tarde no da tiempo a mucho más y volvemos al hotel a cenar. Después de cenar damos por concluida la jornada.


Etapa 2. Novellana - La Caridad. 75,72 km. 1.127 m de ascensión

Después del merecido descanso nos preparamos y nos disponemos a desayunar. La primera comida del día que nos sirven no tiene otro calificativo más que espectacular. A las 9.45, tras hacer la foto de inicio, comenzamos la segunda etapa.


Salimos del hotel, nos incorporamos a la carretera que cruza el pueblo, pero antes de salir del mismo nos desviamos a la derecha. Enseguida comenzamos una bajada espectacular por una zona boscosa muy frondosa. 


En una zona con mucho barro cae uno de los nuestros, afortunadamente sin más consecuencias que lo manchado por el barro.


Cuando concluye la bajada comienza una subida muy dura que se nos atraganta un poco al pillarnos aún fríos. Esta termina en una carretera por la que continuamos durante bastantes kilómetros. Esta carretera se encuentra rodeada de mucho arbolado y se van sucediendo las subidas y bajadas. Pasamos por varias localidades: Santa Marina, Taboada y Pibón.



El día había amanecido nublado, aunque con buena temperatura, y así sigue cuando tomamos el desvío que nos lleva a la Playa de Cadavedo. 


Después de una breve parada para contemplar las bonitas vistas, nos subimos de nuevo a las bicis y toca sufrir un poco, porque hay que continuar por un camino ascendente pero eso sí, bonito. Este camino nos conduce al pueblo de Cadavedo. Nos alejamos de la localidad y nos desviamos levemente del Camino del Norte para ir a la ermita de la Regalina. Al llegar la vista es impresionante, un hórreo que parece puesto allí para una campaña publicitaria, y detrás unos acantilados preciosos. Frente a nosotros la ermita, erigida en un lugar impresionante.



Volvemos atrás sobre nuestras rodadas hasta llegar de nuevo al pueblo. Lo atravesamos, retomamos el track  y continuamos por carretera, si bien enseguida comenzamos a rodar por caminos o caminos asfaltados.



En un momento dado el camino se torna imposible por lo empinado que es. Nos toca poner el pie en tierra a todos y sufrimos lo indecible tirando de las bicis por semejante cuesta. Para rematar, en los últimos metros, nos encontramos con unos grandes escalones naturales en los que nos tenemos que ayudar unos a otros para conseguir superarlos. Cuando conseguimos estar todos arriba estamos empapados de sudor y exhaustos. 


El tortuoso camino termina en una carretera, por la que seguimos. Vamos avanzando kilómetros y se van sucediendo pequeñas localidades hasta que llegamos a otra de mayor entidad, Barcia.

Poco después de atravesar esta localidad comenzamos a descender hacia Luarca. Cuando contemplamos las vistas de esta localidad desde lo alto no podemos por menos que parar, para así disfrutarlas. 


No nos demoramos mucho y pronto retomamos el descenso. Al llegar al puerto paramos porque ya hemos sobrepasado la hora del "Ángelus" y ya se sabe que es obligatorio hacer un receso para recuperar energías.



Las recuperamos bien en una terraza  pie de puerto con productos locales, mejillones y chipirones. Bebemos algo de cerveza, pero sólo por ayudar a tragar, por supuesto. Cuando terminamos son las 14.00 h, nos subimos a las bicis y a a pedalear. Tenemos por delante una subida dura recorriendo calles de esta localidad. 


Continuamos después por caminos asfaltados por los que atravesamos aldeas, si bien en realidad no deja de haber viviendas en ningún momento. 


En ese tramo empezamos a contar con la presencia de alguien a quien no habíamos invitado: el viento. De momento molesta, pero no es muy fuerte. 

Los caminos o los caminos asfaltados están trazados entre enormes plantaciones de maíz y de fabes. Según nos explica un paisano son las mejores de Asturias.



A pesar de que no hemos abandonado el Camino del Norte son muy escasos los peregrinos que vamos encontrando. Justamente en esta zona nos encontramos con uno.


También encontramos a unos espectadores que estaban esperando nuestro paso, unas bonitos ejemplares de caballos percherones. Finalmente, el camino termina saliendo a una carretera. Poco después vemos un cartel que pone Puerto de Vega. Uno de los bíkers conoce el pueblo y le dice al resto que puede merecer la pena el desvío. Finalmente el grupo se divide en dos, tres siguen hacia el final de la etapa y otros tres toman el desvío hacia esa localidad.


Estos no tardan en llegar a este coqueto pueblo, cuyo protagonista absoluto es su pequeño puerto. Después de recorrer la zona se disponen a volver sobre sus pasos, pero antes de salir del pueblo ven un indicador que anuncia Navia, localidad por la que pasa el track que deberían haber seguido, así que siguen hacia esta localidad.


Poco después de dejar atrás Puerto de Vega, surge otro indicador tentador. Mirador de Frejulfe, dice, a 1 km. Los tres nos miramos y no hace falta decir más, hacia él vamos. Al llegar comprobamos que merece la pena porque hay unas vistas de la costa preciosas.


Volvemos hacia la carretera de Navia y por ella seguimos, subiendo y bajando, hasta llegar a esta localidad asturiana. Poco antes de entrar en ella nos hemos reencontrado con el track original. Pasamos junto al Ayuntamiento y llegamos a un paseo muy bonito que hay junto a la ría. Allí mismo hacemos una parada para tomar un refresco disfrutando de las vistas y del sol.


El viento que sigue molestándonos, cada vez más. ha logrado borrar del cielo casi todas las nubes, por eso podemos disfrutar de esa luz.


Después de tomar el refresco continuamos con nuestra marcha. Junto a las últimas casas nos encontramos con un "enjambre" de hortensias. Estas flores nos han acompañado durante todo el viaje.


Dejamos atrás Navia por unas rampas duras. Al ascender, eso sí, tenemos buenas vistas del pueblo si miramos hacia atrás. Una vez salvadas esas primeras rampas comenzamos a rodar por caminos asfaltados.


Esos caminos asfaltados van serpenteando, subiendo y bajando y terminan saliendo a la carretera, la N-634; esto mismo lo hacemos varias ocasiones. Podíamos haber optado por seguir por la carretera, como han hecho nuestros tres compañeros, pero somos fieles al track hasta llegar a La Caridad, o A Caridá, donde se encuentra nuestro fin de etapa. Cuando llegamos al alojamiento previsto nuestros tres compañeros terminan de llegar porque han pasado por una gasolinera a lavar las bicis. 

El Hotel Rural Casa Xusto tiene muchísimo encanto. Tomamos posesión de nuestras habitaciones, nos duchamos, descansamos unos minutos y salimos a conocer algo más el pueblo. Incluso nos desplazamos dos kilómetros, hasta Viavélez, el bonito puerto de La Caridad. Allí mismo cenamos y para bajar la cena regresamos caminando al hotel (prácticamente todo el recorrido cuesta arriba).

Etapa 3. La Caridad - Mondeñedo. 78,61 km. 1.422 m de ascensión

El día amanece claro y despejado, pero por el mismo motivo que se habían esfumado las nubes el día anterior, por el viento. Es el precio a pagar y no nos importa porque la etapa prevista recorre muchos kilómetros de costa y esta luce mucho más con la luz solar. 

A las 10.00 h emprendemos nuestra marcha después de hacer la foto de rigor. La salida no puede ser mejor porque tomamos una carreterita junto a la Plaza Mayor y descendemos hasta una playa.


Se trata de la Playa de Permenande, será la primera de las muchas incursiones que haremos hasta la orilla del mar (o los acantilados) a lo largo de la mañana.


Las vistas nos pueden ser más bonitas según vamos descendiendo. Además con la luz existente todo se realza mucho más. 


Después de pasar por dicha playa toca lo que ya imaginábamos, ascender. Lo hacemos por caminos asfaltados y cerca del mar hasta llegar a Viavélez, el puerto donde habíamos cenado el día anterior. Hay que decir que con la luz matinal luce mucho más. 


Pero para abandonar el puerto hay que enfrentarse a una cuesta imposible. Logramos arrastrar las bicis hasta arriba y a partir de ahí continuamos por caminos y carreteritas trazadas entre maizales, principalmente.



Terminamos saliendo a la N-634, pero sólo unos cientos de metros porque enseguida volvemos a lo habitual de esta ruta, los caminos o los caminitos asfaltados.

Los encuentros con el mar se van sucediendo y no pueden ser más espectaculares: la escarpada costa asturiana, el verde que llega hasta el mar y esa luz, forman un conjunto que no nos cansamos de admirar.


Pasamos por un castro y por el Mirador de la Atalaya, que también nos proporcionan preciosas vistas. 



Seguimos rodando por caminos y caminos asfaltados, además con pocos ascensos y descensos, por lo que nos está resultando cómoda, si no fuera por el viento. En cuanto llegamos a zonas más altas nos azota de frente y nos ralentiza.



En un momento dado comenzamos a seguir el E-GR-9, que va hacia Tapia de Casariego, y lo constituyen tramos de caminos y otros de carreteritas, que discurren entre maizales, pero también entre algún pequeño bosque de pinos y algún otro de eucaliptos.



En uno de estos bosques encontramos una especie de..., no sabríamos cómo llamarlo, porque en ese espacio alguien le ha dado una segunda oportunidad a variados objetos, eso sí, casi todos relacionados con el mar. 


Continuamos zizagueando siguiendo los caprichos de la costa, y lo hacemos a buen ritmo, a pesar del viento.



Volvemos a pasar junto al mar, en esta ocasión junto a la Playa de Porcía, donde ya encontramos a bastante gente dispuesta a disfrutar del día. 


Continuamos bordeando la costa y nos vamos acercando a Tapia de Casariego, una de las últimas localidades del Principado de Asturias. Al llegar a esta hacemos una parada, el "Ángelus", y aprovechamos para beber algo y comer medio melón que han comprado dos bíkers. Estando allí, junto a una caseta, el viento tira una torre de varias cajas con botellas de cerveza vacías. Eso nos da idea de la fuerza de algunas rachas.

Salimos de Tapia con fuerzas renovadas, rodeando la playa y las viviendas que se encuentran bordeando los acantilados.
 

Nuestro track nos sigue guiando por caminos y carreteritas, atravesamos pequeñas aldeas y seguimos con dos constantes: los maizales y el viento. También pasamos por alguna zona de bosque de eucalipto bastante cerrado, y seguimos acercándonos al mar cada poco, pasando así junto a algunas playitas. Finalmente comenzamos a ver Ribadeo a lo lejos, primera localidad lucense y, por lo tanto, gallega.


Vegadeo. el último pueblo del occidente de Asturias, está separado de Ribadeo por el mar. Hoy en día existe un puente que une ambas localidades y por el que tenemos que atravesar porque es la única alternativa que existe para ir de un lado a otro, salvo que diéramos un rodeo de muchos kilómetros. 

Para cruzarlo tenemos que hacerlo en fila porque el paso para peatones es estrecho, pero los, aproximados, seiscientos metros que lo constituyen tenemos que hacerlos bajados de la bici o agarrados a la barandilla porque el viento, canalizado por la ría, nos hace perder el equilibrio y nos tira hacia la barandilla.


Una vez que lo atravesamos pisamos tierras gallegas. Cruzar el puente no solo significa cambiar de Comunidad y de provincia, significa también que nos alejamos del mar, definitivamente, para seguir hacia tierra adentro.

Desde el otro lado del puente ascendemos hasta el centro de Ribadeo. Al llegar a la plaza dudamos si parar a comer algo, pero finalmente continuamos.


La salida de Ribadeo es cuesta arriba. Hasta ese momento hemos recorrido unos 40 km, pero con un perfil bastante llano, comparado con lo que tenemos por delante... Y a las pruebas nos remitimos porque el ascenso que comenzamos en Ribadeo continúa durante varios kilómetros, la mayoría por carretera local, si bien de vez en cuando nos desviamos de esta para pasar por alguna aldea y, finalmente, el track nos saca de nuevo a la carretera. 

En esa zona vemos por primera vez el clásico mojón gallego, el que se encuentra en todos los caminos de Santiago que hay en estas tierras. Nos hace ilusión verlo porque es un viejo conocido de todos.


Descendemos suavemente y volvemos a ascender. Las fuerzas comienzan a flaquear y nos queda una larga sucesión de subidas.


Es por eso que al pasar junto a un bar restaurante paramos a ver si está abierto. Hay quien propone comer algo allí, y así aprovechar para cargar las bicicletas eléctricas, pero otros prefieren seguir. No hay un acuerdo claro, si bien finalmente optamos por quedarnos. Casa Domingo, que así se llama el local, no tiene tapas, sólo menú, así que no nos queda otra que comer un menú. Nos sirve ensaladilla como para una boda y la acabamos... El segundo plato es más variado, pero Domingo no admite llevar una bandeja con algo sobrante de regreso a la cocina, así que nos reparte lo que queda en ella entre todos. 


Pasamos un buen rato charlando con Domingo y nunca olvidaremos una frase que repitió varias veces: "Comisteis bien, eh?" (léase con acento gallego).

Después de comer no queda otra que volver a la bici y, además, nos falta la parte más dura de la etapa. Pero como no hay más opciones nos ponemos a pedalear. A partir de ese momento subiremos mucho y bajaremos, pero menos.

El primer tramo es por carretera, pero enseguida continuamos por buenos caminos que, unas veces discurren entre maizales, otras entre grandes praderas, y otras entre pequeños bosques, la mayoría de eucaliptos y algunos de otras variedades.


La comida perjudica a algunos de los bikers, que lo pasan mal, al aunar digestión y esfuerzo, pero poco a poco van superándolo y encontrándose mejor.


Vamos pudiendo poco a poco con los ascensos, si bien los descensos nos saben a poco y casi no nos da tiempo a recuperar, pero van transcurriendo los kilómetros. El día ha ido oscureciéndose. Las nubes han ido ganando terreno y se han apoderado del horizonte. Incluso amenaza lluvia.



En un momento dado hacemos una bajada bastante larga por un lugar desprotegido y las rachas de viento nos mueven la bicicleta hasta el punto de tener que frenar para evitar que nos haga caer. 

Después de otro ascenso, descendemos hasta Lorenzana, o Lorenzá, donde paramos a tomar un refresco, aprovechando que está empezando a llover. Estando allí, en una terraza cubierta, cae una buena tromba.


Justo al lado de la terraza, cuando cesa de llover y podemos salir, nos encontramos con esta espectacular plaza. Una maravilla el conjunto formado por el Ayuntamiento y la Iglesia. En la plaza se encuentra también el curioso banco del peregrino, igual al que habíamos visto poco antes junto a un pequeño puente. Son bancos normales cuyos respaldos son la conocida flecha amarilla tan característica del Camino de Santiago.


Abandonamos Lorenzá por una carretera poco importante y ascendiendo. Toca subir un puerto pero la inclinación es de las que permiten subir bien. El track, posteriormente, nos indica un camino paralelo a la carretera, pero como llueve algo decidimos no abandonar el asfalto.


Pero después de una rotonda no queda otra opción que seguir por un camino. No nos importa porque además es bonito desde el comienzo. Es estrecho, en algunas zonas muy cerrado a ambos lados por la vegetación. 


Este camino está repleto de subidas y bajadas suaves. Lo disfrutamos a pesar de la lluvia porque es muy agradable. 


Finalmente nos topamos con una bajada larga. Al comenzarla ya divisamos Mondoñedo al fondo. Eso y el descenso nos dan alas y en un plis plas nos presentamos en la N-634. 


En la carretera rodamos por un sendero que hay en el lado izquierdo. Poco más de un kilómetro después las flechas amarillas indican un desvío a la derecha. Seguimos la indicación y continuamos por un barrio de Mondoñedo. 

Poco después volvemos a la Nacional y unos cientos de metros después llegamos a nuestro hotel, que está, prácticamente, a la entrada de la localidad. 

Nuestro alojamiento, el Hotel Montero, es también albergue y cuenta con lavadora y secadora, así que en cuanto nos acomodamos en las habitaciones y nos duchamos, bajamos a hacer colada, acumulada de los días anteriores. Mientras se lava y se seca la ropa sigue lloviendo, algunos ratos con intensidad, así que no nos movemos de allí. Incluso cenamos en el restaurante del hotel. Una vez cenados, como ya ha dejado de llover, nos acercamos al casco histórico de esta sede episcopal, uno de los pueblos más bonitos de España, y con una catedral que nos deja boquiabiertos, a pesar de que es de noche cuando la vemos.


Etapa 4. Mondoñedo - Santo Estevo de Parga. 72.25 km. 1.164 m de ascensión

La cuarta etapa la iniciamos a las 9.40 h, después de preparar todo y posar para la foto del comienzo.


Lo primero que hacemos al salir del hotel es ascender al centro del pueblo para volver a ver la Catedral, pero con luz natural. Con esta luz luce aún más. Es muy bonita.


Al salir de la plaza de la Catedral nos liamos con el track y terminamos de nuevo junto al hotel, allí mismo retomamos, recorremos algunas calles de este bonito pueblo y lo dejamos atrás saliendo por una cuesta bastante empinada. Cuando volvemos la vista atrás nos encontramos con una imagen de la catedral que bien merece una foto.


Todo el mundo nos ha metido miedo con los primeros kilómetros de esta etapa. Sabemos que hay como 15 kilómetros de ascenso continuado que, como hemos visto, comienzan en el mismo pueblo, así que poquito a poco vamos cogiendo ritmo.

La larga ascensión es por una carretera muy local. En los primeros kilómetros, los tramos largos de subida suelen alternarse con pequeñas bajadas que ayudan a descansar.


Lo mejor de la subida son los paisajes con los que nos va obsequiando. los que quedan a nuestra izquierda, laderas verdes que da gusto verlas.


Poquito a poco van cayendo los kilómetros y no se nos hace tan dura como pensábamos y como nos habían dicho. La inclinación no es excesiva y eso permite llevar un ritmo cómodo.


El ascenso finalmente dura unos 14 km. Al terminar la carretera local nos lleva a nuestra archiconocida N-634, pero solo unos cientos de metros. 


Y es que el track nos desvía a la derecha para seguir por caminos haciendo zig zag, pero no nos importa porque vamos disfrutando.


El camino termina por desembocar en otra carretera local por la que seguimos hasta Abadín. Allí buscamos una tienda donde comprar algo que meter en el pan que habíamos comprado en Mondoñedo para poder comer cuando llegue la hora. De la experiencia del día anterior aprendimos algo que ya sabíamos pero que habíamos olvidado, que no se debe comer en ruta, sino picar algo.


Dejamos atrás Abadín por un camino muy bonito, algo que agradecemos porque ya hemos rodado por mucho asfalto.


Dicho camino termina también en una carretera, pero resulta ser un tramo corto y enseguida volvemos a rodar por bonitos caminos que atraviesan algún que otro río.



Estos caminos están trazados por bosques bastante cerrados por la vegetación y por robles, castaños y eucaliptos.


El recorrido que estamos siguiendo está repleto de subidas y bajadas. De vez en cuando, aparte de los típicos mojones, encontramos carteles que nos indican que vamos por el buen camino, o camiño.


Hemos superado los primeros 30 km de la etapa y la tónica que impera en ese momento es rodar por camino, este nos lleva a carretera de acceso a aldea, terminamos de nuevo en otro camino; esta misma pauta se repite en varias ocasiones hasta llegar a Villalba (Vilalba).



En esta localidad hacemos una parada técnica ya que uno de los bíkers necesita cambiar pastillas. Lo hacemos en VelaiBike. Mientras, el resto toma algo en el bar de en frente.


Una vez realizada la reparación nos subimos a las bicis dispuestos a continuar con la ruta. Pasamos junto al lugar más emblemático de la localidad, la torre del Homenaje del antiguo castillo de Villalba, hoy parte del Parador de Turismo.


Salimos de la localidad descendiendo por un camino precioso. Tras cruzar un puente sobre un río vemos en la ribera un área recreativa muy bonita. Decidimos que es el lugar ideal para comer nuestros bocadillos.


Entre que nos hemos quedado algo fríos durante la espera en Villalba, que el sol con el que amanecimos desapareció antes de llegar a Abadín y que la temperatura ha descendido y está lloviznando, al estar parados no queda otra que abrigarse un poco. Enseguida preparamos los bocadillos y nos saben a gloria.



En alguno de los caminos atravesados el azar ha querido que unas flores se queden justo en el eje de una rueda. Imposible resistirse a hacerle una foto...


Tras la comida hay que seguir, llevamos ya 40 km pero quedan más de 30, así que nos subimos a las bicis y a rodar. El camino que nos había llevado hasta ese paraje era muy bonito y su continuación sigue la misma tónica.


Ese camino nos permite cruzar por pequeñas aldeas, nos lleva a carretera de acceso a estas y a otros caminos. Son todos bonitos y muy propios del "Camino".

Aunque la temperatura ha mejorado levemente, a ratos "chispea", pero se pedalea agradablemente, y más por lo sitios tan atractivos por los que estamos pasando.



Son muchos, muchísimos, los hórreos junto a los que hemos pasado, tanto en tierras asturianas como en las gallegas, pero ninguno tan nacionalista como el que vemos en este tramo.


Y así, poco a poco, por estos caminos, subiendo y bajando levemente, llegamos a Baamonde. Salimos de esta localidad por la antigua N-VI y enseguida vemos una iglesia a nuestra derecha que nos hace frenar en seco. En ella hay tres cruceiros preciosos y la iglesia, románica, es muy bonita. Se trata de la iglesia de Santiago.




Después de las fotos de rigor para inmortalizar el momento, continuamos por la N-VI, por la que rodamos unos 3 km.


Poco antes de abandonar la carretera empieza a llover, pero no mucho. Y poco después de dejarla para seguir por un camino, nos topamos junto a una bonita iglesia y un cruceiro, semi escondidos en un espeso bosque.



Después de parar brevemente junto a la iglesia continuamos, y enseguida comienza una subida larga de unos 2 km. Una vez superada esta, la última de la etapa, comenzamos a rodar por caminos y carreteritas.


Poco antes de llegar a nuestro alojamiento pasamos junto a una granja en la que debe haber un artista, un verdadero amante del reciclaje.



Poco después, tras realizar algunos vericuetos llegamos a la Casa Rural Arrebol.


La casa es muy bonita y acogedora. Poco después llega Juan, un hombre que vive para el deporte y que está haciendo el Camino con su hija, pero esta se había caído por la mañana y tenía una fisura de hombro por lo que, tras la cura, la ha ido a buscar una amiga al hospital y él se ha reincorporado a la ruta. Después de la ducha nos tomamos algo allí mismo, todos juntos. Tampoco hay donde elegir porque estamos en pleno campo. 

Concertamos la cena con la persona que lleva la casa. Le decimos que pronto porque juega la selección española contra Italia. Cenamos estupendamente, invitamos a Juan para que cene con nosotros y, al terminar, vemos el partido y sufrimos la decepción de perder por penalties. Nos vamos a la cama. 


Etapa 5. Santo Estevo de Parga - O Pedrouzo. 77,05 km. 1.075 m de ascensión

Una vez digerida la derrota de España conseguimos dormir bien y el desayuno que nos sirven termina por ayudarnos a olvidarnos de la derrota. Nos hacemos la foto de salida y logramos partir a las 9.22 h. 
 

La mañana está fresca, tan solo 13º, y mucha humedad, porque ha estado lloviendo prácticamente toda la noche. Los primeros kilómetros los realizamos por carreteras locales que nos llevan entre bosques y que nos sirven para retornar al Camino de Santiago. porque en la jornada anterior nos separamos ligeramente para llegar a nuestro alojamiento. 


Seguidamente se van alternando tramos de asfalto con otros por caminos que discurren entre cerrados bosques repletos de pinos, robles y helechos.


Enseguida empezamos a encontrar peregrinos caminando, algo inusual en los días anteriores, en los que casi podríamos contar con los dedos de la mano los vistos desde Gijón. Suponemos que es porque nos separan de Santiago unos 100 km y, probablemente, haya mucha gente que comienza por la zona su particular peregrinación, ya que la Credencial sólo se le da a quienes recorren como mínimo esa distancia.


Más adelante atravesamos una zona que parece más propia de nuestra conocida comarca de Sayago que de la Galicia profunda que estamos atravesando, y es que rodamos sobre enormes placas de granito.


Los kilómetros siguen corriendo y antes de llegar a cubrir los primeros 20, continuamos, mayoritariamente, por carreteritas muy locales, pasando por pequeñas aldeas y con bastantes subidas alternando con pequeñas bajadas. Poco a poco la vegetación se va abriendo y los bosques han dejado paso a zonas de pastos y algunos robledales.

Recibimos una buenísima noticia. El bíker que no pudo empezar la ruta por el positivo en COVID de su hijo, ya tiene resultado de su segunda PCR: negativo. Le llamamos para decirle que trate de unirse a nosotros y así podría hacer las dos últimas etapas con nosotros. Lo ve muy difícil pero no lo descarta.



Los siguientes kilómetros transcurren por algún camino bonito y las consabidas carreteras locales. Las subidas siguen estando presentes. 


Salimos a una carretera de algo más de importancia por la que también ascendemos algo, pero tras esa subida descendemos más de 4 km. En ese tramo pasamos junto al cartel que nos anuncia que entramos en la provincia de A Coruña. 


De esta carretera pasamos a un camino con mucho barro, tanto que en una zona a uno de los bíkers le frena la rueda delantera y cae sobre el barrizal. Las consecuencias son solo las manchas producidas por el barro, así que no podemos por menos que reírnos de la situación.


A pesar del barro que vamos encontrando en esa zona el camino es muy bonito y lo vamos disfrutando. Cuando este termina seguimos rodando por una carretera que nos lleva al lago Sobrado, donde hacemos una pequeña parada para disfrutarlo y hacer alguna foto.



Muy cerquita de este bonito lago está el pueblo del mismo nombre, que alberga el Monasterio de Sobrado dos Monxes. Nos acercamos a él y quedamos impresionados por sus dimensiones y por la decoración de su original portada. 



Al salir del reciento del Monasterio vemos que es la hora del "Ángelus", así que en el mismo pueblo, nos sentamos en la terraza de un bar y pedimos lo que más nos apetece. No, no es cerveza, sino ¡caldo! Preguntamos si disponen de caldo y nos dicen que sí, así que poco después estamos calentando nuestras manos y nuestro cuerpo bebiendo un rico caldo de cocido. Después, es cierto, que ya pedimos una cerveza, pero fue por acompañar una tortilla de patatas que nos hicieron en un plis plas, tras preguntar si tendrían algo para picar.

Los siguientes kilómetros los rentabilizamos bien porque avanzamos bastante en poco tiempo. Recorremos tramos de carreteras locales, rodamos por alguna de mayor importancia y también por caminos embarrados. Entre medias, nuestros sentidos siguen disfrutando con el paisaje y con todo lo que vamos encontrando a nuestro paso, como este cruceiro.


El objetivo más inmediato que tenemos en mente es Arzúa, donde el Camino del Norte se une al Camino Francés. Pero para llegar a esta localidad aún tenemos que seguir avanzando, y lo hacemos siguiendo la misma tónica de los kilómetros anteriores.



Finalmente llegamos a Arzúa, kilómetro 57 de nuestra ruta y a 20 del final. Callejeamos siguiendo el track y terminamos uniéndonos al Camino Francés.


Poco después nos encontramos con Juan, que aunque nos había dicho que terminaría la etapa en Arzúa, ha decidido seguir hasta Santiago. También hemos recibido otra noticia: finalmente el bíker al que habíamos pedido que se uniera a nosotros llegará esta misma noche. Al estar vacunado puede hacer vida normal y le han firmado un permiso.

Unos minutos después comienza a llover, primero suavemente, pero poco a poco va aumentando la intensidad. A partir de ese momento nuestra prioridad es llegar cuanto antes porque con esas circunstancias se disfruta poco.


Los kilómetros que vamos recorriendo nos suenan a la mayoría, no en vano algunos hemos rodado por ese mismo tramo hasta tres veces. Pese a la lluvia nos sigue gustando.


Teníamos en mente parar en un "chiringuito" que había unos kilómetros después de Arzúa, pero al llegar comprobamos que está cerrado. Aunque después encontramos alguno más, preferimos seguir para llegar cuanto antes a nuestro destino. Pero uno de los bíkers al pasar junto a uno para porque le apetece comer algo. El resto continuamos.


La lluvia no ha cesado un ápice en todo el tramo y ha conseguido embarrar todas las zonas de tierra. Cuando llegamos a la entrada de O Pedrouzo lo hacemos llenos de barro, no solo las bicis, sino todo, nosotros mismos y las alforjas. Menos mal que justo al entrar en la localidad hay una gasolinera con lavado a presión. Ni lo hablamos, nos dirigimos todos de cabeza a los túneles de lavado. Allí no solo lavamos las bicis y las alforjas, sino que también nos echamos el chorro de agua sobre nuestras zapatillas, nuestras piernas y nuestros chubasqueros. 

 

Recién "aseados", pero empapados, por la lluvia y por el chorro de agua, nos dirigimos hacia nuestro alojamiento, la Pensión 9 de abril. Son casi las 5 de la tarde y estamos sin comer, menos mal a la tortilla de Sobrado...

Recibimos la ducha con verdadero placer. Tras ella comemos en una de las habitaciones unas cerezas compradas en la frutería que hay bajo nuestro alojamiento. Más tarde damos un paseo por el pueblo, repleto de peregrinos y, por lo tanto, con ese buen ambiente propio del Camino. Aprovechamos para lavar y secar toda la ropa que traíamos puesta. 

Mientras se hace la colada nos tomamos una cerveza. Una vez que la ropa está limpia y seca nos proponemos cenar, pero nos cuesta encontrar dónde. Finalmente damos con un lugar muy agradable. Estando cenando llega el bíker al que estábamos esperando, acompañado de dos Galanas. Cenan junto a nosotros y, al terminar, ellas se van a Santiago, y todos nosotros al alojamiento.


Etapa 6. O Pedrouzo - A Picota (Mazaricos). 76,22 km. 1.439 m de ascensión

La penúltima etapa la comenzamos a las 9.35 h, después de desayunar en una cafetería que hay junto a nuestro alojamiento. 


Hay un bíker que casi no cabe en el sillín por haber conseguido al menos hacer dos etapas. Los demás también estamos felices de que lo haya logrado.


Dejamos atrás O Pedrouzo enseguida y comenzamos a rodar por un buen camino. Desde el primer momento nos encontramos a muchos peregrinos. Para algunos resulta molesto, pero otros pensamos que es un ambiente inigualable. Más de una vez tenemos que tocar el timbre y los caminantes, en muchas ocasiones, tienen que pararse para que pasemos, pero lejos de encontrar una mala cara siempre nos encontramos con una sonrisa y un "Buen Camino".


En otras ocasiones nos vitorean, aplauden y animan cuando hay que subir una empinada cuesta. Y parece mentira lo que ayudan esos ánimos cuando se trata de ascender...


El Camino transcurre, en ese primer tramo, por bosques y es muy agradable. En los primeros kilómetros hay subidas y bajadas no muy largas, pero pronto llegamos al ascenso a Lavacolla, que tiene unos dos kilómetros.


Después de coronar ese pequeño puerto se pasa junto a un escudo esculpido en piedra que indica el comienzo del Concello de Santiago. Pedimos a una peregrina que nos haga la foto y resulta ser también de Zamora.


A pesar de haber partido de O Pedrouzo con tan solo 13º y con el cielo nublado, la temperatura ha comenzado a subir y el sol va queriendo ganar terreno a las nubes. Nos está preparando la entrada en Santiago, sin duda.

Continuamos nuestra ruta como suele ser la tónica de los últimos días, subidas y bajadas por caminos y por carreteritas muy locales. En cualquier caso, todos agradables.



Según nos vamos acercando al Monte do Gozo nos vamos encontrando más peregrinos aún. Son los que han madrugado mucho para conseguir llegar a su meta antes de las 12 y así poder participar de la misa principal del día. 


Cuando llegamos a dicho monte lo encontramos cambiado, ha sido transformado desde la última vez que pasamos por él. Pero hay algo que permanece y es la magnífica vista de la Catedral que desde allí se puede contemplar. 


Apenas paramos allí y enseguida comenzamos a descender hacia la ciudad. Tras atravesar una autovía por un paso elevado entramos en el barrio de San Lázaro.


El cartel existente a la entrada se ha convertido en un "monumento popular" en el que cientos de peregrinos han pegado en las letras pegatinas o colgado todo tipo de cintas (pulseras, collares, etc.) en el entramado que sustenta dichas letras.


Poco después, al pasar junto a una tienda de bicicletas, hacemos una parada para que le miren el cambio a una de las bicis porque está dando muchos problemas desde la salida. En un momento se lo ajustan, pero aprovechamos la parada para que le cambien la cadena a otra. En cuanto están listas las dos seguimos adelante. Hay un desvío por obras y tenemos que hacer un recorrido distinto al habitual.


Pero igualmente llegamos al casco antiguo. La plaza del Obradoiro está cada vez más cerca, si bien es verdad que no sentimos la emoción que hemos percibido cuando hemos llegado a Santiago como final de nuestra ruta. Aún así, el ambiente que vamos percibiendo también nos llena de emoción.


El último trecho lo hacemos con las bicis en la mano porque la calle es peatonal y así entramos en la Plaza del Obradoiro. Como siempre, la encontramos llena de vida, de alegría, de gente emocionada, de personas abrazándose, otras descansando... Y también encontramos en ella a las dos Galanas que pernoctaron en la ciudad y que nos están esperando.


Estamos con ellas unos minutos, nos hacemos fotos y siendo poco más de las 12 proseguimos nuestra marcha. Ni siquiera nos hemos acercado a la Puerta Santa para intentar acceder al interior de la Catedral porque nos han informado de que todos los días hay muchísima cola y que el acceso es muy limitado por el tema COVID.


Salimos de la ciudad pronto, y además lo hacemos descendiendo lo cual permite alejarse antes :)


Pero también toca ascender después. Al ganar altura y echar la vista atrás tenemos la oportunidad de ver la Catedral por última vez.


Los siguientes kilómetros transcurren por caminos en los que hemos descendido más que ascendido, algo bueno, a priori, pero que tiene "trampa" ya que la etapa de hoy es de las que acumula mayor ascenso, y si de momento subimos poco significa que nos queda mucho por ascender después.

Por si alguien duda o no ve las flechas amarillas, carteles como este ayudan a saber hacia dónde se va.


Como ya hemos sobrepasado la hora del "Ángelus" cuando vemos un bar que, además, tiene terraza nos paramos y no es necesario convencer a nadie para que lo haga ;). Tomamos una cerveza y un pincho de empanada que nos ofrecen y en pocos minutos estamos sobre las bicis de nuevo, porque llevamos algo menos de 30 km y queda mucha etapa por delante.


Seguimos por camino de firme aceptable, si bien no mucho después llegamos a una carretera por la que realizamos un largo descenso.



Donde termina la bajada hacemos un giro, abandonamos el asfalto y volvemos a un camino para ascender por un largo puerto, 3 km, y con rampas duras. Cada uno lo sube a su ritmo y al final, arriba, nos reagrupamos.


Toca ahora descender y después hay un tramo prácticamente plano que nos lleva hasta la preciosa localidad de A Ponte Maceira.



Nada más salir del puente giramos a la izquierda y ascendemos por las calles del pueblo, encontrándonos a nuestro paso bonitas imágenes, como esta: 

 
Salimos a una carretera de cierta importancia unos cientos de metros pero enseguida nos desviamos para continuar por una de menor nivel que, con más descenso que ascenso, nos lleva hasta Negreira.


Encontramos un supermercado en el centro del pueblo, paramos en él para comprar las viandas que compondrán nuestro menú. Además a la carta porque los que entran a compara nos dan a escoger entre lata de sardinas, jamón york o lata de mejillones. Mientras ellos hacen la compra, otros aprovechan para charlar.


Abandonamos Negreira atravesando la preciosa puerta del Pazo de Catón y descendiendo hacia el río.


Una vez que cruzamos el puente sobre el río toca ascender, y bastante. Tanto como unos diez kilómetros. No todos son de subida constante, sino que nos encontramos con alguna pequeña bajada. La mayoría de estos kilómetros son por caminos de muy buen firme y estrechos, si bien también pasamos por unos pequeños tramos de carretera.



En esa zona empezamos a encontrarnos, a uno y otro lado del camino, campos de maizales, enormes, geométricos, llenos de verde y de vida, algo que ya será la tónica de muchos y muchos kilómetros.



Poco antes de parar a comer volvemos a rodar por una carretera. En esta han dejado un arcén compactado para los peregrinos y otro porción del mismo, asfaltado, a modo de carril bici.


Después de un pequeño descenso vemos el cartel de un bar y nos tiramos de cabeza hacia él porque ya tenemos hambre y sed. Está en una pequeña localidad llamada Vilaserío. Cuando, además, vemos el parquecito que hay al lado nos parece un lujazo. Compramos las bebidas en el bar y nos hacemos los bocadillos, que nos saben a gloria porque el sitio no puede ser más agradable. 


Algunos tras la comida incluso aprovechan para descansar, si bien el colchón escogido no es el más apropiado...


Cuando volvemos a las bicis nos quedan exactamente 20 km para llegar a nuestro destino. En ellos encontramos campos y campos de maíz que, con la luz del sol y su verdor intenso, forman un paisaje muy bonito.



Muchos de esos kilómetros los hacemos por carreteras locales con continuas subidas y bajadas que ya se van dejando notar en las piernas.


También hay algunos tramos por caminos anchos y de buen firme por los que se rueda estupendamente. 


En los últimos kilómetros también encontramos decenas de enormes granjas de vacas, pero persisten los enormes campos de maíz.


Al llegar a As Abeloiroas, una pequeña aldea, nos separamos del Camino de Santiago para dirigirnos a nuestro hotel, que se encuentra en A Picota, en el Concello de Mazaricos. Al principio de este desvío encadenamos varios descensos, pero eso sí, antes de llegar se nos pidió un último esfuerzo y tuvimos que subir una buena cuesta.


Al llegar a Hotel Casa Jurjo nos sentamos en la terraza del bar y nos tomamos un refresco para matar la sed. Después nos acomodamos en las habitaciones, nos duchamos, descansamos algo y salimos al pueblo para dar un paseo. En dicho paseo descubrimos una curiosidad, un paso de vaca, en lugar de un paso de cebra, un modo de homenajear a este animal, que es un factor económico muy importante en la zona. 


En el cartel que hay junto a este explica que les encantan las cebras, pero que les deben mucho más a las vacas :)


Acordamos cenar en el hotel porque nos resulta cómodo y porque tampoco hay mucho más donde elegir. Tras la cena salimos a dar otro paseo pero se ha levantado un viento frío que hace que lo acortemos, así que finalmente regresamos al hotel y nos subimos a dormir.


Etapa 7. A Picota (Mazaricos) - Fisterra. 50,93 km. 714 m de ascensión

El último día de las grandes rutas que hacemos en verano genera mezcla de sentimientos. Por un lado, hay ganas de terminar para descansar, y por otro da mucha pena que se termine, pero todo tiene un principio y un fin, y hoy toca finalizar nuestra aventura. 

Salimos del hotel después de las 9.30 h. La mañana está fresca pero hay un sol espléndido, un día perfecto para la última etapa.

 
Lo primero que tenemos que hacer es desandar o, mejor dicho, desciclar, los 3 km que nos separamos el día anterior del Camino de Santiago para poder pernoctar. Aunque habíamos terminado con una subida, que hoy bajamos, ya nos habíamos olvidado de los descensos que hubo en ese tramo y que ahora toca ascender.


Cuando llegamos a  A Ponte Oliveira continuamos por carretera hasta Oliveiroa. Si el día anterior vimos muchos hórreos, hoy seguimos en la misma línea, y algunos tan largos como este que encontramos a nuestro paso.


Seguimos un poco más por asfalto pero pronto nos desviamos a la izquierda y comenzamos a rodar en paralelo al río Xallas. El camino tiene una suave pendiente que permite ascender a buen ritmo. El paisaje es diferente a lo que hemos visto en los últimos días, más abierto y con distinta vegetación.


Desde el camino tenemos buenas vistas de la cuenca del río. Sin duda, subir con vistas hace que se suba mejor.



Como siempre, después de subir, descendemos y continuamos por caminos de buen firme por los que avanzamos a buen ritmo.



El camino nos lleva hasta una carretera. Poco después hay un cruce en el que encontramos la bifurcación del Camino, hacia un lado la variante a Muxía, y hacia el otro la de Fisterra. Nosotros seguimos, lógicamente, hacia la izquierda, a Fisterra. 


Enseguida nos desviamos hacia la derecha para continuar por un camino que no dejaremos en ningún momento a lo largo de unos 12 km. Los primeros combinan subidas suaves con pequeñas bajadas y rodamos estupendamente, en parte porque el firme es bueno, y en parte porque el tener tan cerca el final nos va dando alas. 



Desde la parte más alta conseguimos ver el mar, incluso somos capaces de divisar nuestro punto final, el faro de Fisterra.


Tras unos 9 km por este camino comenzamos un prolongado descenso de unos 3 km, los primeros con muchísima inclinación, de hecho pasamos de, casi, los trescientos metros de altitud, al nivel del mar. Cuando terminamos de bajar llegamos a  la costa, entramos en Cee.


Seguimos por la orilla del mar y enseguida llegamos a Corcubión. Recorremos algunas de sus calles y pasamos por la bonita iglesia de San Marcos.



En un momento dado tenemos que meternos por una especie de callejón bastante estrecho que, finalmente, tiene una rampa casi imposible que muchos tienen que subir con la bici en la mano.


Después de la subida continuamos por un camino ascendente. Cuando termina el ascenso y comenzamos a bajar, nos encontramos con una vista increíble que nos deja a todos boquiabiertos. No podemos por menos que parar y contemplar el mar, la playa de Langosteira y Fisterra.



El camino termina en la carretera por la que continuamos unos dos kilómetros, hasta Sardiñeiro de Abajo. Tras cruzar el pueblo, volvemos a coger un camino que finaliza con un pronunciado descenso que nos lleva directamente a la Playa Langosteira. 


El día es perfecto, un sol que, imaginamos, pocas veces se verá allí, ni una nube en el horizonte y una temperatura ideal. Como vamos bien de tiempo y es la hora del "Ángelus", decidimos parar en un chiringuito a tomar una cerveza que acompañamos de unos mejillones al vapor.



Una vez realizado el "Ángelus" nos volvemos a subir a nuestras bicis para hacer los kilómetros finales. Los primeros los hacemos en paralelo a la playa.


De vez en cuando la ausencia de vegetación nos permite tener buenas vistas de la costa.


Cuando termina la playa comenzamos a rodar  por algunas calles de Fisterra. Tras callejear acabamos saliendo a la carretera, que nos lleva a pasar por delante de la bonita iglesia del Monasterio de Santa María de Finisterre.



Después de pasar por delante de esta iglesia comenzamos el ascenso hacia el Faro por el camino habilitado a la izquierda de la carretera. Los tres kilómetros de la subida los hacemos enseguida. No sabemos qué pasa ;) pero las bicicletas van solas a pesar de ser un trayecto ascendente.


Además, la vista que vamos contemplando a nuestra izquierda es espectacular y, sin duda, ayuda a subir aún mejor. 


Empiezan a aflorar las emociones al entrar a la zona de aparcamiento. ¡Estamos terminando, no nos queda nada! 


Justo donde termina el ascenso distinguimos en un alto al bíker que se fisuró el radio el primer día del Camino. Se encuentra allí para grabarnos. ¡Qué alegría nos da verlo!


Allí mismo comenzamos a descender hacia el Faro, que ya vemos al fondo. 


Justo antes de llegar distinguimos una bandera de Zamora sujetada por algunas de las Galanas que se han desplazado hasta allí para esperarnos. También escuchamos sus vítores y  gritos de ánimo y de alegría. 

Esos gritos contagian a la gente que hay por la zona y todo el mundo comienza a animar y a aplaudirnos.


A estas alturas todos tenemos la carne de gallina, el vello de punta y la emoción a ras de piel... Poco a poco vamos pasando todos por esta, tan zamorana, línea de meta. 


En cuanto la cruzamos soltamos las bicis y comenzamos a regalar abrazos. Es difícil describir todas las emociones que se sienten al terminar, pero podemos definirlo con tres palabras: un momento feliz. 


Finalmente llega el momento de hacer fotos individuales, de grupo, con unos, con otros, con las bicis, sin ellas...


Cuando las emociones se tranquilizan tomamos todos juntos una caña junto al Faro y allí mismo las Galanas nos entregan un enorme bocadillo a cada uno. Lo cierto es que no tenemos mucha hambre pero por no hacer el desprecio empezamos a quitarle el papal aluminio que los envuelve con ánimo de darle algún mordisco.

Nuestra sorpresa es que, aunque los bocatas parecen de verdad, lo único que tienen real es el pan porque las lonchas de dos tipos de queso que contienen y el jamón york son de goma eva. Entre lonchas de una cosa y otra se esconde la verdadera sorpresa...


Se trata de un guardabarros personalizado y con el logo de nuestro Club para cada uno de nosotros. Está claro que estas Galanas son unas cracks y desbordan imaginación. ¡Gracias por el regalo y por hacérnoslo todo mucho más fácil!


Por último, nos subimos de nuevo a las bicis porque tenemos que ir al hotel donde vamos a pasar el fin de semana. Descendemos la subida al Faro, volvemos a atravesar Fisterra y, más adelante, encontramos el Hotel Playa de Langosteira, donde estuvimos muy a gusto y nos permitió descansar, disfrutar de la playa y conocer mejor la zona.

Desde que abandonamos Fisterra para volver a casa estamos ya pensando en la siguiente, que será...


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