3 de noviembre de 2026

Selva de Irati (Sendero del Bosque de Zabaleta)

En el Pirineo navarro y el País Vasco Francés se encuentra La Selva de Irati, el segundo hayedo-abetal más grande y mejor conservado de Europa. Entre finales de octubre y primeros de noviembre es la época ideal para visitar estos bosques por el color entre ocre y anaranjado que adquiere la hoja de las hayas antes de caer. Por ello no es de casualidad que nuestra caminata por este bosque haya sido en estas fechas. 

Nosotros iniciamos la ruta de senderismo desde el Aparcamiento de las Casas de Irati. Para llegar allí desde Isaba, pasando por Ochagavía, tardamos casi una hora en cuarto en recorrer los 47 km que nos separaban. Tuvimos la suerte de encontrarnos con una mañana soleada, aunque fría, y eso propicio que ya ese viaje fuese un auténtico disfrute porque los paisajes no podían ser más bonitos. 

En épocas de afluencia, como esta, cobran 7 euros por coche en dicho aparcamiento. En la misma caseta donde pagamos el empleado nos ofreció información sobre distintas rutas que es posible realizar. Nosotros teníamos en mente realizar la llamada Sendero del Bosque de Zabaleta y allí mismo la iniciamos.


Tras caminar unos cientos de metros por un camino ancho y llano, nos desviamos a la derecha para comenzar un ascenso muy empinado en el que, además, había que caminar con atención por la cantidad de raíces que afloran en la senda. 


Desde el primer metro, esta subida nos sumergió en el interior del bosque, una maravilla por la cantidad de tonalidades que tenían las hojas de las hayas. 


Este tramo, el más duro de toda la ruta, nos iba robando el aliento pero al mismo tiempo no dejábamos de sorprendernos por la cantidad de arbolado y, sobre todo, por su altura. Por alguno caído que "medimos" a pasos, calculamos que de unos 30 m. 



En muchas zonas apenas entra la luz del sol  por lo que la base de los troncos está abrigada con un manto de musgo. 


Después de un kilómetro, aproximadamente, de ascensión llegamos a una zona más abierta casi llana desde la que pudimos contemplar otras laderas también repletas de arbolado. 


Más adelante comenzamos a descender y nos volvimos a introducir de lleno en el interior del bosque. Las hojas ya cubrían todo el suelo y las que estaban a punto de caer tenían de naranja la luz del sol que conseguía penetrar.



El sendero terminó llevándonos a un camino ancho. Nada más entrar en él cruzamos por un puente el Regato de Duelas y continuamos adelante por una zona casi llana por la que se avanzaba muy bien. En esa zona fuimos encontrando también abetos de dimensiones colosales y algunos pinos. 

Nos estábamos aproximando al Embalse de Irabia, pero antes de llegar tuvimos que abandonar la pista por la que íbamos para girar ciento ochenta grados hacia la izquierda. Aún sin GPS no hay ningún problema para orientarse en todo el recorrido siguiendo, en este caso, las marcas blancas y verdes. Este otro camino nos llevó hasta la llamada Casa Forestal. 


Desde allí descendimos unos doscientos metros para llegar hasta la orilla del embalse para poderlo ver en su plenitud. Pero realmente no estaba ni mucho menos en su mejor momento porque estaba con un nivel bastante bajo. 


No tardamos en regresar a la Casa Forestal e iniciar allí mismo el camino de regreso. En un primer momento nos volvimos a adentrar en el bosque. Subimos y bajamos un par de lomas y nos fuimos acercando al cauce del río. 




Cuando algún claro nos permitía "ver más allá", lo que veíamos también merecía la pena, desde luego.



Como un kilómetro y medio desde el embalse llegamos a un camino más ancho y comenzamos a caminar en paralelo al río Irati, cuyo cauce podíamos ver ladera abajo.
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Por este camino recorrimos los tres kilómetros restantes. Aunque seguíamos subiendo y bajando, los ascensos y descensos no eran largos. Esto, unido al buen firme del camino, hizo que este tramo lo hiciéramos bastante rápido. 


Aunque eso no impidió que siguiéramos disfrutando un montón de todo lo que íbamos viendo a nuestro paso.


Al llegar de nuevo a la Caseta de Información nos habría gustado hacer otro recorrido cortito y sencillo, el de la Cascada del Cubo, que también comienza allí mismo, pero no teníamos tiempo para más, así que nos montamos en los coches y nos fuimos a Ochagavía. Y de nuevo en el trayecto volvimos a disfrutar infinito de la carretera, que nos regaló imágenes como esta: 





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