En épocas de afluencia, como esta, cobran 7 euros por coche en dicho aparcamiento. En la misma caseta donde pagamos el empleado nos ofreció información sobre distintas rutas que es posible realizar. Nosotros teníamos en mente realizar la llamada Sendero del Bosque de Zabaleta y allí mismo la iniciamos.
Tras caminar unos cientos de metros por un camino ancho y llano, nos desviamos a la derecha para comenzar un ascenso muy empinado en el que, además, había que caminar con atención por la cantidad de raíces que afloran en la senda.
Este tramo, el más duro de toda la ruta, nos iba robando el aliento pero al mismo tiempo no dejábamos de sorprendernos por la cantidad de arbolado y, sobre todo, por su altura. Por alguno caído que "medimos" a pasos, calculamos que de unos 30 m.
Más adelante comenzamos a descender y nos volvimos a introducir de lleno en el interior del bosque. Las hojas ya cubrían todo el suelo y las que estaban a punto de caer tenían de naranja la luz del sol que conseguía penetrar.
El sendero terminó llevándonos a un camino ancho. Nada más entrar en él cruzamos por un puente el Regato de Duelas y continuamos adelante por una zona casi llana por la que se avanzaba muy bien. En esa zona fuimos encontrando también abetos de dimensiones colosales y algunos pinos.
Nos estábamos aproximando al Embalse de Irabia, pero antes de llegar tuvimos que abandonar la pista por la que íbamos para girar ciento ochenta grados hacia la izquierda. Aún sin GPS no hay ningún problema para orientarse en todo el recorrido siguiendo, en este caso, las marcas blancas y verdes. Este otro camino nos llevó hasta la llamada Casa Forestal.
Desde allí descendimos unos doscientos metros para llegar hasta la orilla del embalse para poderlo ver en su plenitud. Pero realmente no estaba ni mucho menos en su mejor momento porque estaba con un nivel bastante bajo.
No tardamos en regresar a la Casa Forestal e iniciar allí mismo el camino de regreso. En un primer momento nos volvimos a adentrar en el bosque. Subimos y bajamos un par de lomas y nos fuimos acercando al cauce del río.
Cuando algún claro nos permitía "ver más allá", lo que veíamos también merecía la pena, desde luego.
Como un kilómetro y medio desde el embalse llegamos a un camino más ancho y comenzamos a caminar en paralelo al río Irati, cuyo cauce podíamos ver ladera abajo.
.Por este camino recorrimos los tres kilómetros restantes. Aunque seguíamos subiendo y bajando, los ascensos y descensos no eran largos. Esto, unido al buen firme del camino, hizo que este tramo lo hiciéramos bastante rápido.
Aunque eso no impidió que siguiéramos disfrutando un montón de todo lo que íbamos viendo a nuestro paso.
Al llegar de nuevo a la Caseta de Información nos habría gustado hacer otro recorrido cortito y sencillo, el de la Cascada del Cubo, que también comienza allí mismo, pero no teníamos tiempo para más, así que nos montamos en los coches y nos fuimos a Ochagavía. Y de nuevo en el trayecto volvimos a disfrutar infinito de la carretera, que nos regaló imágenes como esta:
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