Hay jornadas perfectas, y aunar en un mismo día una bonita ruta por Sanabria, un baño en el Lago, una comida tìpica de la zona y un rato muy agradable, conforman una de esas jornadas. Además, ya es una tradicion para este grupo, que lleva organizando esta ruta desde hace varios años.
A pesar de no tener planificado hacer muchos kilómetros, porque en tierras sanabresas estos cunden, fue necesario que los que tenían que desplazarse desde Zamora tuvieran que madrugar, así que a las 8.30 h ya estaban cargando los coches. A las 10.00 h. llegaron y poco antes de las 10.30 pudimos ponernos en marcha.
Teníamos previsto hacer un recorrido, en su mayoría, por los denominados caminos tradicionales y por uno de ellos comenzamos, el que discurre entre Rabanillo y Quintana. Como la mayoría de estos, recorre un bosque de robles, el firme es algo irregular y las subidas y bajadas no son muy pronunciadas.
Poco después de recorrer el primer kilómetro tomamos un camino a nuestra derecha, el tradicional Quintana - Galende, ascendimos por él, aunque no mucho más tarde dejamos este para seguir por otro de mayor importancia. En este tramo desapareció el bosque cerrado y fue de los pocos que hicimos a "cielo abierto".
Al llegar a Limianos recorrimos algunas de sus calles y salimos de la localidad por el Camino Tradicional que la une con Sotillo, un pequeño recorrido casi todo descendiendo. Al llegar a Sotillo continuamos por una calle que va por la parte izquierda del pueblo para después seguir hacia la zona del Arroyo de las Truchas. Tras cruzar este por un puente dejamos a un lado el Camino de la Cascada de Sotillo y tomamos el paralelo, el Tradicional Sotillo - San Román.
Al principio hay una zona pedregosa y ascendente, para después continuar por una senda estrecha, también ascendente y, como es habitual, entre robles.
Más adelante se cambian las tornas, empiezan a escasear los robles y se desciende algo.
Este camino es casi llano, en el primer tramo tiene poca vegetación, pero en la segunda mitad volvemos a rodar entre robles. Después de recorrer unos dos kilómetros paramos para abrir una cancela y visitar una construcción que llama la atención en estas tierras.
Despúes de recorrer unos trescientos metros giramos a la derecha noventa grados y nos encontramos con tan singular edificación: ¡un palomar! Este ha sido primorosamente rehabilitado y es de propiedad particular, estando totalmente limpia de vegetación la finca donde se encuentra. Merece la pena la visita, desde luego.
Regresamos a la cancela, la cerramos y continuamos por el camino que llevábamos, entrando enseguida en San Miguel de Lomba. Llegamos a la carretera y continuamos por ella en dirección a Riego de Lomba como quinientos metros.
En ese punto la abandonamos para girar a la derecha y así continuar por un camino que, a lo largo de kilómetro y medio nos acercó hasta la autovía A-52. Este tramo, en sus comienzos trazado entre robles, va perdiendo vegetación a medida que avanza, siendo los últimos cientos de metros de arenilla y, por lo tanto, polvorienta.
Cruzamos una parte de esta localidad y, hacia la mitad, giramos a la derecha para iniciar el Camino Tradicional Castro - El Puente. En esta ocasión nos encontramos una buena parte del mismo sin haber sido desbrozado, pero eso no impedía que se rodara bien por él.
Este camino tiene una longitud de unos dos kilómetros, la primera parte ascendente, después es llano y termina con una bajada muy pronunciada, ya cerca de El Puente.
Antes de llegar a esa localidad hicimos la obra buena del día. Un joven estaba con una bici parado. Había pinchado, había cambiado la cámara pero su bomba no funcionaba. Utilizamos una nuestra y le dejamos la rueda con la presión suficiente para que continuara su camino.
Esa parada nos hizo confundir y comenzamos a rodar en una dirección equivocada. Cuando nos dimos cuenta volvimos a la senda correcta, rodamos unas decenas de metros y comenzamos el descenso hacia El Puente.
Abandonamos el asfalto para coger el Camino El Puente - Valdespino, que partía a nuestra derecha. Este camino, rodeado de frondosidad y con tono ascendente, nos llevó hasta la localidad de Valdespino. Después de recorrer como un kilómetro empezamos a encontrarnos con algunas viviendas. Seguimos en la misma dirección por una calle larga y terminamos saliendo a la carretera. La cruzamos y proseguimos por la calle que teníamos en frente.
Poco después nos hicimos un lío con el track pero enseguida retornamos al correcto. Salimos a la carretera de Rozas, rodamos por ella unas decenas de metros y proseguimos por un camino a nuestra izquierda, el Tradicional Valdespino - Villarino. Este tramo de poco más de 2 km es de los más bonitos que hemos hecho nunca. Comienza atravesando varias zonas repletas de castaños.
Después el camino continua serpenteando y perdiendo importancia, llegando un momento en el que termina siendo una simple senda por la que cabe poco más que la rueda de la bici.
En ese punto comienza un tramo descendente que va entre helechos, que es una pasada porque nos íbamos abriendo paso entre ellos.
Al finalizar el descenso todos dijimos lo mismo: ¡Qué pasada! Allí mismo nos reagrupamos y seguimos. Cruzamos un arroyo por un puente y ascendimos una cuesta que nos llevó a la carretera que cruza Villarino de lado a lado. Continuamos por una calle que teníamos prácticamente en frente, ascendimos por ella y enseguida salimos del pueblo tomando el Camino Tradicional Villarino - Galende.
Desde Villarino hasta, prácticamente, la playa de Corneira, es un descenso atravesando un robledal. Al llegar a dicha playa nos dimos cuenta de que faltaban dos bíkers.
Tras una espera les llamamos y nos comunicaronn que se habían debido confundir y estaban llegando a Trefacio. Esperamos a que lleguaran a ese pueblo y que cogieran la carretera en dirección hacia donde estábamos nosotros. Lógicamente, esto les llevó unos minutos, pero en cuanto llegaronn continuamos hasta nuestro destino.
Cruzamos la zona de autocaravanas de Corneira, enseguida pasamos a la otra margen del río Tera por un puente y allí mismo iniciamos una subida casi imposible. Las unidades eléctricas subieron bien, pero también lo hicieron estupendamente las musculares.
Una vez arriba, en vez de seguir dirección Galende (derecha), continuamos por el camino que sale en frente. Una subida de unos cuatrocientos metros que termina en la localidad de Cubelo.
Al llegar a esta pequeña localidad giramos a la izquierda hasta llegar a la carretera de Ribadelago. La cruzamos y continuamos por el camino de en frente. Este nos condujo ya al final de la ruta que, al ser circular, coincidía con el punto de partida, Rabanillo.
Una vez bajados de la bici los siete bíkers coincidimos en afirmar que había sido una ruta muy, pero que muy bonita, variada, con tramos técnicos, rodadores, con subidas, bajadas, la mayoría del recorrido bajo sombra... Más no se puede pedir.
Bueno, sí, se puede pedir más. Un baño al llegar, por ejemplo. Los que así lo desearon al llegar se cambiaron y se fueron al Lago a refrescarse y relajar sus músculos. Cuando llegaron hicimos el vermú y después llegó el premio: los habones a la sanabresa.
Para descargar la ruta haz clic sobre el logo de Wikiloc.
Powered by Wikiloc
No hay comentarios:
Publicar un comentario