1 de noviembre de 2023

Media ruta de senderismo por la Sierra de Béjar

A veces nos empeñamos en retar a las inclemencias meteorológicas sin darnos cuenta de que es tontería, al final siempre es lo que ellas quieran... Hoy, a pesar de las pésimas previsiones, mantuvimos la esperanza de poder realizar una ruta de senderismo por la Sierra de Béjar. Iniciar la iniciamos, pero antes de la mitad de camino tuvimos que claudicar y darnos por vencidos. Ellas siempre vencen.

La ruta que teníamos previsto realizar nos iba a llevar, habíamos calculado, unas cuatro horas, así que salimos a las 8.30 h de Zamora con el fin de llegar a Baños de Montemayor sobre las 10 y, como mucho, comenzar a caminar sobre las 10.30.

En el camino, tan pronto arreciaba la lluvia, como salía unos instantes el sol o se cubría el cielo con oscuros nubarrones que no presagiaban nada bueno. Al acercarnos a la Sierra de Béjar un manto de niebla lo cubría todo, a ratos acompañada de llovizna. Dos páginas de Internet corroboraban lo que el cielo nos iba presagiando, pero la app The Weather Channel, con su famoso radar de lluvia, nos indicaba que hasta las 14.00 no iba a llover en la zona. Como es lógico, nos agarramos a esta previsión como a un clavo ardiendo.

Al llegar a Baños, aparcamos y entramos a un bar para pasar por el servicio y tomar un café. En cuanto hicimos una cosa y la otra comenzamos a caminar. Ascendimos por varias empinadas calles del pueblo hasta llegar a la carretera que va a La Garganta, por la que caminamos unos cuatrocientos metros. Desde ella pudimos contemplar una buena perspectiva de Baños de Montemayor.



Abandonamos el asfalto para tomar una empinada rampa que salía a nuestra izquierda. Poco después se bifurcaba y dudamos si coger el camino de la izquierda, pero finalmente continuamos por la opción de la derecha. Instantes después cometimos un gran error ya que surgía un camino casi en perpendicular a la derecha, pero en nuestro GPS nos pareció que debíamos seguir recto y así lo hicimos. Abrimos una cancela y pasamos junto a un gran depósito de agua. Poco después el camino se difuminaba y comenzamos a caminar campo a través.


Atravesamos un pequeño arroyo, continuamos por una ladera, seguimos hacia adelante por lo que parecía un sendero pero nada..., el camino, que no lo veíamos lejos en nuestra pantalla del GPS, no aparecía. 


Subimos por una ladera hacia la derecha porque parecía que en la parte más alta había un camino, y tampoco allí estaba. Finalmente lo descubrimos un poco más arriba, pero hubo que saltar una valla de piedra y pasar entre varios matorrales, pero eso sí, tras ellos estaba la Vía Verde.


Ya en esta senda hecha por el antiguo trazado férreo de la Ruta de la Plata (¿para cuándo se va hacer lo mismo en el tramo desde el límite provincial de Zamora hasta Barcial del Barco?) empezamos a caminar deprisa porque el firme lo permitía. 

Los colores del otoño nos acompañaban pero no lucían lo suficiente porque una neblina lo empezó a cubrir todo. 


Pronto llegamos a la boca de un túnel. Íbamos a sacar los móviles pero no fue necesario porque disponía de sensores de movimiento y al llegar a él se encendieron las luces.




Este tiene unos trescientos metros. Poco tiempo después de salir de él pasamos junto al límite provincial entre Cáceres y Salamanca.


Unos cientos de metros después comenzó a llover. Abrimos los paraguas pero pensábamos que los podríamos cerrar enseguida, que sería una nubecilla y ya, puesto que hasta las 14.00 h no iba a llover...


Pero lejos de amainar cada vez iba a más. Aún así continuamos adelante. A pesar de la lluvia seguíamos encontrando estampas bonitas en nuestro camino.


Nuestras esperanzas empezaron a decaer ya que cada vez veíamos más difícil que parara de llover. Decidimos continuar hasta la estación de Puerto de Béjar, y ya allí decidir qué hacíamos.


Pasamos junto al cartel que indicaba que a la derecha se iniciaba la Senda de los Castaños, que era por donde debíamos seguir, pero también habíamos contemplado la opción de pasar por Puerto de Béjar y unirnos a esa más adelante, así que continuamos por la Vía Verde. Poco después nos encontramos con alguien a quien la lluvia le importaba poco. Se acercó a la valla que delimitaba su espacio para vernos. 


Unos cientos de metros más y llegamos a la estación de Puerto de Béjar. Frente a ella ha un parque realizado con mimbre y con madera.



En la antigua estación hay ahora un bar restaurante muy acogedor y de lo más coqueto. Nos atendieron con mucha amabilidad y nos comunicaron que era el último día que abrían en esta temporada. Volverían a abrir la semana antes de Semana Santa. 

Aunque estábamos a gusto cada poco mirábamos a través de las ventanas y nuestro ánimo se iba desinflando, ya nos convencimos de que seguir hasta el final la ruta prevista iba a ser imposible porque, además, entre el primer tramo y el rato que llevábamos allí, habíamos perdido mucho tiempo.

Llegó el momento de tomar decisiones y acordamos volver a Baños de Montemayor. Preguntamos si se podía ir por diferente camino al de ida y la única opción era por la N-630, así que optamos por regresar por la Vía Verde de nuevo, a pesar de tener que hacer lo que menos nos gusta en el mundo: pisar el track :)

Se ofrecieron a desandar el camino los tres dueños de los coches, y así podían venir a buscar al resto, pero algunos más dijimos que también regresábamos andando y, finalmente, fuimos once los que volvimos y tres las que se quedaron en la estación.

Los cuatro kilómetros y medio que nos separaban de Baños tienen muy poca historia. Se trataba de caminar lo más rápido posible, mojándose lo imprescindible y sí, cumplimos la primera premisa, caminamos muy, muy, deprisa, pero lo de mojarse fue otro cantar. Llovía mucho, y las rachas de viento  empujaban la lluvia y el paraguas era imposible que cumpliera su función al cien por cien. Las cazadoras comenzaron a mojarse y escurrir el agua hacia los pantalones, los pantalones mojados por esto y por la propia lluvia terminaban mojando los calcetines y por capilaridad la humedad iba avanzando hacia el interior de los pies. Por no hablar del que no llevaba paraguas...


Fue un alivio llegar al túnel y poder bajar los paraguas y dejar de sentir la lluvia por todos lados. Pero claro, al salir de él, más de lo mismo. Poco después vimos las indicaciones a distintos lugares de Baños de Montemayor por lo que abandonamos la Vía Verde para continuar por el camino que teníamos a nuestra derecha.

Se trataba de una bajada sinuosa, empedrada y con bastante inclinación. Esto nos obligó a tomar precauciones para que nuestras suelas no resbalaran al pisar las piedras mojadas. Era el llamado Camino de los Arrieros, por el que deberíamos haber hecho el trayecto de ida, en lugar del recorrido campo a través que realizamos.

A pesar de la lluvia y de las precauciones que tomamos para bajar por él, disfrutamos mucho de este tramo porque es precioso. Piedras cubriendo todo el camino, paredes para delimitar fincas llenas de musgo, castaños y robles por todos lados, helechos  y más helechos y el otoño cubriéndolo todo.


La pronunciada bajada, de unos seiscientos metros, nos llevó hasta la subida que habíamos hecho unas horas antes hacia el depósito de agua. Al desembocar en ella nos dimos cuenta del error que habíamos cometido en el camino de ida. 


Al llegar a la carretera hicimos el recorrido inverso al camino de ida. Tan fieles fuimos a esa ida que acabamos en el bar donde habíamos comenzado. Uno no entró y se fue a buscar a Puerto de Béjar al resto y los demás cogieron de los coches ropa seca (menos mal que fuimos previsores...) y se cambiaron de arriba a abajo porque tenían empapadas desde la punta del pie hasta la cabeza. Allí mismo tomamos todos el vermú y, a la hora prevista, cruzamos la carretera y comimos donde teníamos hecha la reserva.

Después de la comida teníamos previsto de visitar las termas romanas de la localidad, que están "escondidas" dentro de un balneario y así lo hicimos. A la entrada nos encontramos con vestigios de un pasado lujoso: bañeras de mármol convertidas en jardineras.


Tras pagar el precio simbólico de un euro por persona, bajamos a dos salas habilitadas como museo. La primera con hallazgos romanos, sobre todo distintas aras donadas por personas como agradecimiento por su curación con esas aguas. La segunda con objetos y fotografías relacionados con la historia del balneario.


Junto a estas salas se encuentran las termas romanas, de planta circular y con una bóveda semiesférica de 8 metros de diámetro y luz cenital, si bien hay una tribuna de granito realizada con posterioridad para el aprovechamiento de las aguas por parte del pueblo.


Al salir de las termas decidimos que la mejor opción era regresar a casa. Lo hicimos con la sensación de haber perdido la batalla contra las inclemencias pero, a pesar de ello, habiendo disfrutado del día. 



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