12 de febrero de 2026

Cascadas La Cicutina y La Escalá (Fermoselle)

Dice el refranero que "a grandes males, grandes remedios" y nosotros lo hemos aplicado al dedillo, como con la bici no podíamos salir porque los caminos están totalmente embarrados planificamos una ruta de senderismo en el término de Fermoselle. La hemos tenido que aplazar un par de veces por las inclemencias meteorológicas pero hoy, al fin, hemos podido llevarla a cabo y mereció la pena. 

La salida la establecimos en el Puente de San Lorenzo, que une ambas márgenes del río Tormes y establece el límite provincial entre Zamora y Salamanca. Como el trayecto hasta allí nos llevaría poco más de una hora, quedamos para salir a las 9.30 h. Viajamos todos en un solo coche porque éramos cuatro bikers (hoy senderistas) y una invitada. Hicimos una parada durante el camino en el Mesón Las Tres Chimeneas para tomar un café y reservar para comer.

En Fermoselle perdimos unos minutos porque había habido un desprendimiento y estaban retirando piedras y tierra de la carretera. Desde esta localidad descendimos por la sinuosa carretera que conduce al cauce del Tormes. Como cien metros antes de llegar al puente aparcamos en un lateral de la carretera. Cogimos nuestros palos y comenzamos a caminar. 

Prácticamente frente a donde habíamos dejado el coche parte un camino junto a una señal informativa en la que están señalizados varios lugares de la zona. 


Lo curioso es que no aparecen ni la Cascada de La Cicutina ni La Escalá, imaginamos que porque no son visibles en épocas sin lluvias. 

El camino se inicia descendiendo hacia el cauce del río y discurre entre grandes rocas y árboles de ribera. Hoy, además, se adornaba con un manto verde y lucía bonito.


Cuando habíamos caminado doscientos metros nos sorprendió encontrarnos junto al camino la primera cascada, la de La Cicutina, que tiene una altura considerable. Por ella caía una generosa cantidad de agua. 


Después de hacer algunas fotos continuamos por el sendero, que en esa zona es parte del GR-14 (La Senda del Duero). Como hay mucha vegetación y la cercana ladera impide que entre el sol durante una gran parte del día, las rocas estaban todas cubiertas con un bonito manto de musgo. Detrás el Tormes corría con mucho ímpetu.


Seguimos algunos cientos de metros más junto al río y, tras unos quinientos metros desde la salida, comenzamos a ascender. El camino lo conocíamos porque lo habíamos hecho en bici hace algunos años en sentido contrario. 

Poco más adelante siguiendo el trazado realizamos una revuelta y no tardamos en hacer otra hacia el sentido contrario. Al tiempo que ascendíamos nos íbamos alejando algo del río, no íbamos totalmente en paralelo a ese. 


Cuando estábamos a punto de culminar el primer kilómetro nos desviamos del GR-14 yendo hacia la izquierda, mientras que ese continuaba hacia Fermoselle hacia la derecha.

La subida continuó por un sendero por el que se caminaba bien. A ambos lados del mismo íbamos encontrando principalmente encinas, olivos, enebros, escobas y algunas jaras. 

En una zona algo más abierta, junto al sendero, pudimos ver una caseta de pastor muy bien conservada. 


La subida se prolongó hasta el kilómetro 1,5. Al culminar esta comenzó un descenso suave con mejores vistas al haber menos arbolado. Realmente el río no lo veíamos pero sí casi toda su cuenca. Además, caminábamos en paralelo a él.


Descendimos unos quinientos metros tras los cuales comenzó un tramo con ascensos suaves y cortos y descensos del mismo tipo. Hubo en esa zona unas decenas de metros en los que el paso estaba algo más complicado por la acumulación de rocas.


A pesar de que el camino no era cómodo íbamos disfrutando muchísimo. En primer lugar, del paisaje, y en segundo lugar del día, soleado, si bien habían comenzado a aparecer algunas nubes, y con alrededor de 8º de temperatura. 


Después de 2,5 km desde la salida el camino giró a la derecha. Justo desde comienza el giro hay una excelente panorámica del río Tormes, que en esa zona discurre encajonado. 


Nada más realizar el giro comenzamos una subida que culminó cuando el camino describió una curva abierta de ciento ochenta grados. En ese punto parte un desvío a la derecha va hacia Fuentesaúco, pero nosotros continuamos hacia la izquierda. 

De nuevo volvimos a descender y, tras unos cuatrocientos metros, encontramos una señal que indicaba mirador. En este había un panel informativo de la flora y fauna del Cañón del Tormes.


Creemos que la elección de ese lugar como mirador no ha sido muy acertada porque desde la pequeña atalaya no se puede ver el río, solo las laderas. Eso sí, al fondo corría una estrecha pero larga cascada en busca del Tormes.
 

En esa zona el sendero se convirtió en camino, con buen firme y dos roderas marcadas. Continuamos bajando alternando zonas más y menos abiertas de vegetación.


Tras describir dos curvas bastante cerradas desde el camino teníamos acceso a buenas vistas del cañón del río.


La bajada se prolongó durante más de un kilómetro en el que fuimos siguiendo el caprichoso recorrido del río. Gracias a la cuesta abajo y a que el camino era cómodo, en este tramo avanzamos a un ritmo más alto. Desde ese tramo pudimos ver a lo lejos el segundo objetivo de nuestra caminata: la Cascada de La Escalá.


Terminamos el descenso al llegar a las ruinas de una antigua construcción. Allí nos desviamos a la derecha, entrando así en un sendero, realmente senderito en algunas zonas. 


Esta zona nos resultó muy bonita, con mucha vegetación, las piedras cubiertas de musgo y siempre el río a nuestra izquierda. En un par de tramos algunas rocas de contención de los antiguos bancales se habían desprendido recientemente, sin duda por todo el agua acumulada, invadiendo el camino. Pero era posible caminar sobre ellas para seguir adelante



Llaneamos a lo largo de unos seiscientos metros y comenzamos una pequeña ascensión. 


Ya teníamos la cascada cerca. Tratamos de acercarnos algo más pero desistimos porque a medida que nos aproximábamos a ella la visión de la misma era peor porque la vegetación de la ladera nos impedía verla. 


Descansamos unos minutos que aprovechamos para hacer algunas fotos, incluido un selfie que dejara constancia de nuestra presencia allí. 


Quien nos conoce sabe que no nos gusta "pisar el track", es decir, regresar pasando por el camino de ida, pero en este caso no había ninguna otra posibilidad. 

Iniciamos la vuelta con ese pesar pero también es verdad que, aunque se pase por los mismos lugares, la perspectiva es diferente, también la luz y siempre se ven detalles nuevos. 


Nos volvió a encantar el tramo más próximo a la cascada. 


La subida posterior, de algo más de un kilómetro de larga y con una inclinación constante considerable nos hizo sudar. 


El último descenso, también largo, de casi un kilómetro, no sirvió para ir más a gusto, somos más partidarios de ascender, si puede ser suavemente, mejor, que de bajar. 


Toda la vuelta la hicimos de un tirón, sin paradas, y de este modo logramos llegar al punto final a la hora prevista. Allí nos esperaba el Puente de San Lorenzo, dejando colar entre sus ojos al río Tormes, con sus aguas ya próximas a fundirse con las del Duero (su desembocadura se encuentra a unos 10 km de la Cascada La Escalá).


Al concluir nuestro recorrido nos subimos en el coche y nos dirigimos a Fermoselle con la idea de tomar algo allí pero intentamos acceder al centro y está cortado para no residentes. Como no teníamos tiempo para aparcar lejos cambiamos de idea y pusimos rumbo al Mesón Las Tres Chimeneas. Allí nos tomamos la cerveza y unos minutos después nos sentamos en la mesa para disfrutar de la merecida comida. 

Al concluir decidimos desviarnos algo para ver las compuertas de la Presa de Villalcampo abiertas (impresionante el ruido y los remolinos que produce el agua a pesar de lo poca apertura de dichas compuertas). 


Desde allí fuimos hacia la Presa de Ricobayo, donde estaba abierto un aliviadero. No se puede ver de cerca, pero aún de lejos parecía increíble la nube de agua que generaba. 


Y ya sí, desde Muelas del Pan nos dirigimos a Zamora, poniendo fin a un completo día, un pequeño paréntesis entre borrasca y borrasca, ya que está anunciado fuertes vientos y lluvia que llegarán en menos de 24 horas. Eso sí, parece ser que ya será la última. 





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