Dice el refranero que "a grandes males, grandes remedios" y nosotros lo hemos aplicado al dedillo, como con la bici no podíamos salir porque los caminos están totalmente embarrados planificamos una ruta de senderismo en el término de Fermoselle. La hemos tenido que aplazar un par de veces por las inclemencias meteorológicas pero hoy, al fin, hemos podido llevarla a cabo y mereció la pena.
La salida la establecimos en el Puente de San Lorenzo, que une ambas márgenes del río Tormes y establece el límite provincial entre Zamora y Salamanca. Como el trayecto hasta allí nos llevaría poco más de una hora, quedamos para salir a las 9.30 h. Viajamos todos en un solo coche porque éramos cuatro bikers (hoy senderistas) y una invitada. Hicimos una parada durante el camino en el Mesón Las Tres Chimeneas para tomar un café y reservar para comer.En Fermoselle perdimos unos minutos porque había habido un desprendimiento y estaban retirando piedras y tierra de la carretera. Desde esta localidad descendimos por la sinuosa carretera que conduce al cauce del Tormes. Como cien metros antes de llegar al puente aparcamos en un lateral de la carretera. Cogimos nuestros palos y comenzamos a caminar.
Prácticamente frente a donde habíamos dejado el coche parte un camino junto a una señal informativa en la que están señalizados varios lugares de la zona.
Lo curioso es que no aparecen ni la Cascada de La Cicutina ni La Escalá, imaginamos que porque no son visibles en épocas sin lluvias.
El camino se inicia descendiendo hacia el cauce del río y discurre entre grandes rocas y árboles de ribera. Hoy, además, se adornaba con un manto verde y lucía bonito.
Cuando habíamos caminado doscientos metros nos sorprendió encontrarnos junto al camino la primera cascada, la de La Cicutina, que tiene una altura considerable. Por ella caía una generosa cantidad de agua.
Después de hacer algunas fotos continuamos por el sendero, que en esa zona es parte del GR-14 (La Senda del Duero). Como hay mucha vegetación y la cercana ladera impide que entre el sol durante una gran parte del día, las rocas estaban todas cubiertas con un bonito manto de musgo. Detrás el Tormes corría con mucho ímpetu.
Poco más adelante siguiendo el trazado realizamos una revuelta y no tardamos en hacer otra hacia el sentido contrario. Al tiempo que ascendíamos nos íbamos alejando algo del río, no íbamos totalmente en paralelo a ese.
La subida continuó por un sendero por el que se caminaba bien. A ambos lados del mismo íbamos encontrando principalmente encinas, olivos, enebros, escobas y algunas jaras.
En una zona algo más abierta, junto al sendero, pudimos ver una caseta de pastor muy bien conservada.
De nuevo volvimos a descender y, tras unos cuatrocientos metros, encontramos una señal que indicaba mirador. En este había un panel informativo de la flora y fauna del Cañón del Tormes.
Creemos que la elección de ese lugar como mirador no ha sido muy acertada porque desde la pequeña atalaya no se puede ver el río, solo las laderas. Eso sí, al fondo corría una estrecha pero larga cascada en busca del Tormes.
En esa zona el sendero se convirtió en camino, con buen firme y dos roderas marcadas. Continuamos bajando alternando zonas más y menos abiertas de vegetación.
Terminamos el descenso al llegar a las ruinas de una antigua construcción. Allí nos desviamos a la derecha, entrando así en un sendero, realmente senderito en algunas zonas.
Ya teníamos la cascada cerca. Tratamos de acercarnos algo más pero desistimos porque a medida que nos aproximábamos a ella la visión de la misma era peor porque la vegetación de la ladera nos impedía verla.
Descansamos unos minutos que aprovechamos para hacer algunas fotos, incluido un selfie que dejara constancia de nuestra presencia allí.
Quien nos conoce sabe que no nos gusta "pisar el track", es decir, regresar pasando por el camino de ida, pero en este caso no había ninguna otra posibilidad.
Iniciamos la vuelta con ese pesar pero también es verdad que, aunque se pase por los mismos lugares, la perspectiva es diferente, también la luz y siempre se ven detalles nuevos.
Nos volvió a encantar el tramo más próximo a la cascada.
La subida posterior, de algo más de un kilómetro de larga y con una inclinación constante considerable nos hizo sudar.
El último descenso, también largo, de casi un kilómetro, no sirvió para ir más a gusto, somos más partidarios de ascender, si puede ser suavemente, mejor, que de bajar.
Al concluir nuestro recorrido nos subimos en el coche y nos dirigimos a Fermoselle con la idea de tomar algo allí pero intentamos acceder al centro y está cortado para no residentes. Como no teníamos tiempo para aparcar lejos cambiamos de idea y pusimos rumbo al Mesón Las Tres Chimeneas. Allí nos tomamos la cerveza y unos minutos después nos sentamos en la mesa para disfrutar de la merecida comida.
Al concluir decidimos desviarnos algo para ver las compuertas de la Presa de Villalcampo abiertas (impresionante el ruido y los remolinos que produce el agua a pesar de lo poca apertura de dichas compuertas).
Desde allí fuimos hacia la Presa de Ricobayo, donde estaba abierto un aliviadero. No se puede ver de cerca, pero aún de lejos parecía increíble la nube de agua que generaba.
Y ya sí, desde Muelas del Pan nos dirigimos a Zamora, poniendo fin a un completo día, un pequeño paréntesis entre borrasca y borrasca, ya que está anunciado fuertes vientos y lluvia que llegarán en menos de 24 horas. Eso sí, parece ser que ya será la última.
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