El llamado "tren de borrascas" que está afectando a la Península Ibérica lo han constituido nada menos que trece borrascas seguidas barriendo nuestro territorio en lo que va de invierno. Esto ha provocado que los caminos estén intransitables, un mal menor comparado con todos los destrozos que están generando. Como las ganas de bici nos pueden y no queremos embarrarlas ni llenarnos de barro nosotros mismos, vamos matando el "mono" haciendo rutas por carreteritas locales, la de hoy es la enésima de esta temporada.
Lo primero que hay que expresar es que hemos tenido mucha suerte porque después de la semanita que hemos tenido climatológicamente hablando, que el Domingo amaneciera soleado y con pocas nubes suena casi a milagro.
De nuevo solo tres bikers acudimos a la cita. A las 9.30 h había 4º de temperatura pero con viento, del oeste para no variar, y no flojo, que generaba una sensación térmica de más frío.
Partimos del lugar habitual y nos dirigimos al Puente de Hierro. Tras cruzarlo continuamos a lo largo del barrio de Pinilla hasta la rotonda del cementerio. En esta seguimos dirección Morales del Vino por la N-630. Poco más adelante nos unimos al llamado Acceso Sur a Zamora y ya pudimos rodar por el amplio arcén. Desde el punto de salida íbamos ascendiendo muy suavemente por lo que nos iba costando coger velocidad.
Al llegar a la rotonda del Cristo de Morales, no modificamos nuestra dirección y seguimos hacia Morales.
Unos dos kilómetros y medio después entramos en esa localidad. Enseguida nos desviamos ligeramente hacia la izquierda para atravesar el centro del pueblo.
Desde allí callejeamos lo suficiente para llegar de nuevo a la N-630, cruzarla y seguir por la carreterita que une este pueblo con Entrala.
En este tramo de poco más de dos kilómetros el viento nos daba frontalmente y nos restaba velocidad y nos obligaba a pedalear con más fuerza. A pesar de ello, aprovechando el sol lateral, fue posible hacerse un autorretrato.
Desembocamos en la carretera de El Perdigón. Nos unimos a ella hacia la izquierda y enseguida comenzamos a cruzar Entrala.
Cruzamos el pueblo siguiendo la carretera. A la salida, en una zona baja vimos una gran balsa de agua, una de las muchas que encontraríamos a lo largo de la mañana en nuestra ruta. De hecho, unos cientos de metros más adelante, nos topamos con otra.
Como Entrala y El Perdigón están separados poco más de dos kilómetros, enseguida llegamos a las primeras edificaciones del último y allí mismo iniciamos la subida que nos llevó hasta la Plaza España, donde lucía espléndido con la luz del sol el Palacio de los Vizcondes de Garcigrande, del siglo XVI.
Desde esta plaza fuimos en busca de la carretera que va desde esta localidad hasta Corrales del Vino, pasando por Casaseca de Campeán.
Poco después de salir del pueblo nos enfrentamos a un ascenso suave, si bien más adelante ganó en inclinación para culminar poco antes de llegar a Casaseca con una cuesta abajo que nos llevó hasta la misma entrada del pueblo.
Nos sumergimos en varias de sus calles, pasamos junto a la iglesia y el Ayuntamiento para desviarnos seguidamente y volver a la carretera, ya a la salida del pueblo.
Nuestro siguiente destino era Corrales del Vino, pero antes tuvimos que enfrentarnos a una subida importante, y su correspondiente bajada, en algo más de cuatro kilómetros y medio. Esta última nos permitió llegar a Corrales sin apenas pedalear y, además, ayudados ligeramente por el viento, que con esa dirección nos daba lateralmente.
Al llegar a Corrales cruzamos la N-630 y continuamos de frente. Nos adentramos en sus calles, pasando junto a gran cantidad de casas, algunas señoriales, con fachadas de piedra arenisca propia de la zona. Pasamos por la Plaza Mayor, desde donde nos dirigimos hacia la carretera que va a Santa Clara de Avedillo. Descendimos hasta pasar por debajo de la Autovía de la Plata y allí mismo, junto a la abandonada fábrica de ladrillos, comenzó una de las dos subidas, y sus correspondientes bajadas, que nos separaban de esa localidad.
El primer ascenso fue largo, casí 1,5 km, pero descendimos a lo largo de menos de un kilómetro, saldo negativo para nuestras piernas. El segundo fue más corto pero nos llevó hasta la altitud máxima de la etapa, 805 m. Esa altitud supera a la de Zamora en unos 150 metros.
El premio llegó justo después de coronar este alto, ya que nos dejamos caer hasta que llegamos a Santa Clara de Avedillo.
Al entrar en el pueblo seguimos sin cambiar de dirección hasta llegar a una placita, donde giramos a la izquierda.
Continuamos por esa calle y, casi al terminar las edificaciones, en una bifurcación, optamos por ir hacia la derecha, es decir, dirección Jambrina.
Nos separaban de esta localidad unos siete kilómetros, pero qué siete kilómetros... Tuvieron la combinación perfecta: un suavecísimo descenso continuo, solo interrumpido por una pequeña suba, y con el viento empujando por nuestra espalda, vamos, una gozada.
Podemos denominar a este trayecto el de los avistamientos de aves porque cuando llevábamos recorridos ya unos dos kilómetros desde un lateral de la carretera alzó el vuelo un grupo enorme de aves.
Seguimos adelante, disfrutando de la velocidad casi gratuita y del paisaje.
Y poco después, ya cerca del pueblo, lo que nos pareció un águila culebrera, se mantuvo en la carretera hasta poco antes de pasar nosotros. En ese momento alzó el vuelo y desapareció.
Entramos en Jambrina, seguimos por una de sus calles y pasamos junto a la iglesia. Desde allí nos dirigimos a la larguísima calle que atraviesa el pueblo de punta a punta.
Poco antes de desviarnos de esa para tomar la carretera que va hacia Peleas de Abajo, vimos una señal de espejo y nos pareció que era un buen lugar para hacernos un selfie.
Justo al salir de la localidad iniciamos una subida que se prolongó a lo largo de más de un kilómetro. Para ayudar vino el viento en contra lo que nos obligó a rodar en fila para protegernos de él
Una vez terminado el ascenso vino el premio, pero de nuevo salimos perdiendo porque descendimos solo unos seiscientos metros. Peleas de Arriba se encuentra en esa bajada por lo que atravesamos el pueblo como una exhalación.
Poco después de dejar atrás las últimas edificaciones del pueblo continuamos con el avistamiento de aves, esta vez de dos cigüeñas que se creían flamencos disfrutando de las marismas.
De Peleas a la N-630 hay algo más de dos kilómetros que nos costó recorrer porque son en cuesta y el viento seguía en nuestra contra. Al llegar a esa carretera nacional giramos a la derecha y, aunque seguimos ascendiendo unos cientos de metros más, con el cambio de dirección y la protección que ejercía el talud de la autovía la historia cambió por completo.
No llevábamos ni un kilómetro por esta carretera cuando llegamos a una rotonda en la que nos desviamos a la derecha, dirección Cazurra. El viento volvió, por fin, a darnos de espalda y, además, el perfil también nos ayudaba ligeramente.
Un kilómetro después dejamos Cazurra a nuestra derecha y nos desviamos ligeramente hacia el lado contrario para continuar a Casaseca de las Chanas por la carretera local que une ambos pueblos.
A ambos lados del asfalto seguimos encontrando tierras que ya son incapaces de drenar más agua. Y aún recibirán más la semana que vamos a empezar.
Con las ayudas extras rodamos rápidos por este tramo de más de tres kilómetros que hay desde Cazurra a Casaseca. Al llegar a esta localidad cruzamos la carretera de Fuentesaúco y seguimos de frente, adentrándonos así en el pueblo.
Pasamos junto a la iglesia y poco más adelante por la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento. Continuamos recto hasta salir de la localidad.
A la salida comenzamos a rodar por el Carril Bici Interpueblos pero ya con el viento molestándonos al darnos frontolateralmente. A Casaseca lo separa de Arcenillas poco más de un kilómetro. Entre uno el tramo es casi llano y hay tierras de cultivo. Un árbol desnudo rompía la monotonía de esos campos.
Al entrar en Arcenillas seguimos recto. Pasamos cerca de la iglesia y, sin cambiar de dirección, iniciamos una cuesta abajo que nos llevó hasta el final del pueblo y, poco más adelante, hasta la rotonda junto a la que continúa el carril bici.
El perfil favorable de la ciclovía compensaba algo lo que nos frenaba el viento por lo que no empleamos mucho tiempo en recorrer los tres kilómetros que nos separaban de la rotonda, antesala del fin del carril bici.
Debido a esa ligera inclinación eran muchas las balsas de agua que íbamos encontrando y que, sin duda, tendrán que pasar muchos días para que sean sumidas por la tierra.
Ya junto a la rotonda recorrimos los últimos cientos de metros de la vía ciclista para lo cual tuvimos que cruzar la carretera de Moraleja del Vino y la de Villaralbo.
Poco más adelante nos incorporamos al GR-14, en el que también había signos visibles de haber llovido "algo".
Un kilómetro después nos desviamos a la derecha para avanzar hasta el llamado Camino Viejo de Villaralbo. Al llegar a este nos incorporamos a él hacia la izquierda y continuamos recto hasta el barrio de Pinilla. Al llegar al semáforo seguimos de frente por Entrepuentes hasta llegar al Puente de Piedra.
Al cruzar por este pudimos comprobar el generoso caudal que arrastra el río, tanto que apenas se veían las azudas.
Ya en la otra margen del Duero seguimos de frente para entrar en el barrio de La Horta, cruzamos este y también la zona de Puerta Nueva para, unos cientos de metros después llegar al punto desde el que habíamos salido.
Como el viento deshidrata mucho :) tuvimos que ingerir líquidos, acto al que se nos unió otro biker que había optado por salir con bici de carretera. Todos juntos brindamos por haber podido disfrutar de la mañana gracias a este paréntesis de las borrascas.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
No hay comentarios:
Publicar un comentario