31 de enero de 2026

Otra antibarro pero con visitas turísticas

Una semana más ha sido la meteorología la que ha gobernado nuestra actividad sobre la bici. El Domingo, el día habitual de nuestras salidas, estaba previsto que lloviera, mientras que el sábado iba a hacer sol (y viento, mucho viento), así que adelantamos nuestra salida para poder salvarla. 

Cuando salimos a la calle unos minutos antes de las 9.30 h, hora a la que habíamos quedado, encontramos en el cielo algo extraño que daba mucha luz y emitía calor. Además, el cielo tenía un color azul que nos resultaba totalmente desconocido. 

Ya sin bromas, nos encantó esta mañana ver el sol y un cielo limpio de nubes. La temperatura cuando iniciamos la ruta los tres bikers que habíamos confirmado nuestra participación era de 4º y el viento soplaba en torno a los 15 km/h, aunque se esperaban rachas que iban a rondar los 40 km/h. 

Desde el lugar habitual de salida, nos dirigimos al Puente de Hierro. Nada más cruzarlo continuamos hacia la izquierda por el Antiguo Camino de Villaralbo, que abandonamos un kilómetro después girando a la derecha y tomar el camino asfaltado que comunica con el GR-14. 


Ya en el GR-14, como el viento era del oeste e íbamos en dirección contraria, no percibíamos que lo hubiera. Sin embargo nos encontrábamos tremendamente fuertes, capaces de rodar a una velocidad alta sin apenas esfuerzo, ¿o sería el efecto del viento?. 

Poco más de un kilómetro más adelante seguimos las indicaciones del Carril Bici interpueblos, cruzamos la carretera de Villaralbo, poco más adelante la de Moraleja y entramos en dicho carril bici. En esa zona el viento nos daba lateralmente pero no nos frenaba en exceso así que avanzamos a buen ritmo los tres kilómetros que nos separaban de Arcenillas. 


Llegando a esa localidad comenzamos a subir suavemente. Al llegar a un cruce anterior al pueblo abandonamos el carril bici y continuamos por la carreterita de la izquierda. Desde ella pudimos ver una buena vista de la localidad.
 

Unos cientos de metros después un giro a la derecha nos metió en otra carreterita que en doscientos metros nos acercó a las primeras viviendas de Arcenillas. Continuamos avanzando y cruzamos un lateral del pueblo, si bien enseguida nos desviamos a la izquierda para tomar una recta infinita que comunica esta localidad con Moraleja del Vino. 


En esta nos volvimos a sentir fuertes y en forma, aunque pensándolo bien quizás volvió a ser el viento el responsable de rodar con poco esfuerzo. En esa zona daba gusto mirar a ambos lados de la carretera porque los cereales, ya sembrados y nacidos, los llenaban de verde.


Después de tres kilómetros por esta vía entramos en Moraleja del Vino. Pasamos por la Plaza Mayor y rodeamos la iglesia. Continuamos hacia la izquierda después para rodar por una calle que nos llevó hasta el final del pueblo. 


Allí seguimos por el carril bici que une esta localidad con Casaseca de las Chanas, algo más de tres kilómetros en los que nos encontramos de nuevo con el viento frontal, zumbando en nuestros oídos y frenándonos, también nos encontramos con una subida tendida pero continua desde unos cientos de metros después de abandonar Moraleja. 


Para contrarrestar el viento procuramos ir en hilera, uno en cabeza y los otros dos protegiéndonos del viento, pero aún así era muy molesto.


Al entrar en el pueblo seguimos recto hasta la Plaza Mayor. Allí giramos a la izquierda y continuamos hasta la carretera de Fuentesaúco. 


La cruzamos y continuamos de frente por la carreterita que conecta Casaseca con Cazurra. Tampoco aquí nos libramos del viento que, aparte de molesto, era frío. 

Los tres kilómetros y medio de este recorrido son prácticamente llanos y no nos cruzamos ni un solo coche en todo el trayecto. 


No llegamos a entrar en Cazurra, esta carretera lo deja a un lado y termina saliendo a la que une este pueblo con la N-630. Por esa continuamos nosotros. 


Esta tiene una longitud de un kilómetro pero se nos hizo largo porque en este tramo nos daba el viento totalmente de frente. 


Llegamos a una rotonda y, girando hacia la izquierda, continuamos por la N-630 dirección Salamanca. Aquello fue una bendición porque nos libramos del viento por el cambio de dirección y por el talud que teníamos a la derecha. Por fin pudimos hablar sin zumbido y rodar sintiendo que el esfuerzo de cada pedalada se transmitía a las ruedas sin que nada las frenase.


Dos kilómetros más adelante llegamos a una doble rotonda. Al salir de ella mantuvimos la misma dirección pero ya no contamos con la protección del talud de la autovía. Aún así en ese tramo el viento no nos molestó en exceso. Lo hicieron más las dos o tres subidas que encontramos en él, si bien en el último kilómetro descendimos algo.


Antes de llegar a Corrales del Vino nos desviamos ligeramente hacia la izquierda para seguir por una carretera que va hacia las urbanizaciones del pueblo. Pasamos junto a ellas y continuamos por la carretera que circunvala el pueblo, seguimos después por una calle larga y, terminada esta, seguimos tocando tangencialmente el pueblo hasta llegar a una rotonda que hay a la salida del mismo, de nuevo en la N-630. 

Fuimos hasta allí porque se nos ocurrió hacer una visita turística. Y es que junto a la rotonda está el cementerio de la localidad y a su lado la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias. Aunque su origen puede ser más antiguo, la construcción actual data de la segunda mitad del siglo XVIII.


Tras la visita regresamos a la rotonda y entramos en el pueblo siguiendo la N-630, si bien la dejamos más adelante, en concreto para coger la carretera que va a Villanueva de Campeán que, en los primeros metros es una bonita avenida flanqueada por arbolado. 


Al terminar esta avenida se nos ocurrió realizar otra visita turística. En lugar de seguir hacia la derecha por la carretera nos desviamos al lado contrario para seguir por un camino unos doscientos metros hasta llegar a la estación abandonada de Corrales del Vino. 

Allí nos encontramos en primer lugar un almacén con un muelle de carga con cuatro puertas en bastante buen estado de conservación.


Poco más adelante y peor conservada está el edificio de la estación. En el frontal, junto a las vías olvidadas y casi cubiertas en su totalidad de maleza, encontramos la puerta principal con un bonito rótulo realizado en azulejos.


De igual material que el que pudimos ver en el lateral de este edificio que, sin duda, vivió momentos mejores. Estaba dentro de la línea férrea Ruta de la Plata (tramo Plasencia-Astorga). El servicio de pasajeros se cerró el 1 de enero de 1985, si bien el tráfico de mercancías continuó de forma residual en algunos tramos hasta que se decretó el cierre definitivo once años después, en 1996. 


Nos pareció que este lugar podía ser ideal para hacernos un selfie y así lo hicimos. 


Tras la foto regresamos al punto donde nos habíamos desviado, continuamos de nuevo por la carretera de Villanueva de Campeán como dos kilómetros y medio en los que tuvimos que salvar una subidita corta pero bastante inclinada y una posterior bajada más larga. 


Dejamos esta desviándonos a la derecha para continuar por el camino asfaltado que va desde esta carretera a Casaseca de Campeán. De nuevo fue un alivio cambiar de dirección y librarse del viento. Tras dos kilómetros con una bajada y dos pequeñas subidas entramos en esa localidad. 


La cruzamos de lado a lado sin cambiar de dirección hasta la salida, pasando antes por la Plaza Mayor y junto a la iglesia.



Poco antes de abandonar el pueblo giramos a la izquierda para terminar en la carretera que lo une con El Perdigón.

Nada más tomar esta, mirando al frente, fuimos conscientes de que el cielo se había ido poblando de nubes. 


Nada más pasar junto al cementerio nos enfrentamos a una subida de unos quinientos metros con una inclinación considerable y adornada con el viento frontal que seguía castigándonos. 


A lo largo de todo el recorrido y más en los cuatro kilómetros que nos separaban de El Perdigón fuimos muy pendientes de ver a una chica de la Fundación Personas que había desaparecido la noche anterior de El Perdigón. No vimos nada, pero unas tres horas después apareció precisamente en esta zona.

En la segunda mitad de este recorrido la carretera cambia de dirección y el viento comenzó a darnos lateralmente, lo agradecimos porque nos ayudaba ligeramente.


Llegamos a El Perdigón y al llegar a la plaza nos sorprendió la cantidad de vehículos que había: de la Guardia Civil, de Protección Civil, de Medio Ambiente... Era parte del operativo de la búsqueda. 


Antes de salir de esta localidad nos desviamos ligeramente a la derecha para continuar por la carretera que va desde esta a Morales del Vino.  Los poco más de cuatro kilómetros de esta los hicimos rápidos porque tienden ligeramente hacia abajo y por la inestimable ayuda de Eolo. 


En ese tramo y en todos los de la ruta, en casi todas las vaguadas encontramos agua acumulada en las tierras, y es que con todo lo que ha llovido desde el final del otoño y el principio del invierno, ya no dan a basto.


La carretera que íbamos siguiendo nos llevó hasta la N-630. Nos incorporamos a ella hacia la izquierda y poco después de pasar junto al cartel con el nombre del pueblo nos desviamos a la derecha para sumergirnos en el pueblo.


Terminamos en la calle principal que cruza toda la localidad y por ella seguimos hasta llegar hasta las últimas viviendas y salir de nuevo a la N-630. 

Los kilómetros que nos separaban del punto de salida, unos siete, los hicimos de maravilla, ayudados algo por la fuerza del viento y por el perfil de la carretera, que nos era favorable.


Entramos en la capital por la zona del cementerio y seguimos por Cabañales hacia el Puente de Piedra. Cruzando este pudimos ver lo mucho que ha crecido el río en los últimos días. Ya del otro lado continuamos por el barrio de La Horta, siguiendo por Puerta Nueva hasta llegar al fin de ruta. 

Si alguien pensaba que no había habido rehidratación, se equivoca. La hubo y mientras nos sirvió para comentar la ruta y seguir mirando con tristeza las previsiones meteorológicas, que siguen siendo malas para toda la semana. 




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