18 de enero de 2026

Cero barro y algo de nieve

Ayer a algunos nos sorprendió la nieve que a última hora cayó sobre Zamora y su alfoz, pero aparte de sorprendernos hizo que cambiáramos nuestros planes y que a última hora preparáramos una ruta para no llenarnos de barro. Lo conseguimos y, además, pudimos disfrutar de la nieve intentando cubrirlo todo.

Las bicicletas son para el verano, o al menos algunos miembros de este grupo así lo piensan porque las convocatorias con frío tienen poco éxito. Esta mañana solo tres bikers acudimos a la cita dominical. La temperatura era de 2º y no había rastro del sol, pero no había viento y eso es un detalle importante. La poquita nieve que cuando nos fuimos a la cama habíamos dejado sobre los tejados y los coches había desaparecido.

A las 9.30 h comenzamos a pedalear, nos dirigimos hacia el Puente de Hierro, lo atravesamos y seguimos recto hasta la rotonda del cementerio. Desde allí continuamos por la N-630 dirección Morales del Vino. A pesar de ser una vía nacional a esas horas apenas tenía tráfico y, además, hay un gran arcén.

Al llegar a la rotonda de la ermita del Cristo de Morales continuamos hacia Pontejos. Aunque a la salida de Zamora ya habíamos visto pequeños rastros de nieve, en esta zona comenzamos a ver más. No en vano íbamos subiendo suavemente desde la salida de la capital. 



A medida que avanzábamos íbamos encontrando más zonas casi cubiertas por la nieve, lo cual estaba resultando un premio para nosotros porque nos encanta ver el paisaje así.


Después de unos tres kilómetros por esta carretera llegamos a un cruce. Continuamos hacia la derecha para dirigirnos a Morales del Vino. Enseguida lo tuvimos en frente, y lucía así de bonito con sus tejados blancos. 


Continuando con nuestro itinerario por carreteras locales o de poco tránsito, desde Morales del Vino nos dirigimos a El Perdigón por una de estas. Los casi 50 m de diferencia de altitud entre Zamora y Morales se dejaban notar claramente en los campos que íbamos viendo, en esta zona mucho más teñidos de blanco que los que habíamos visto al salir de la capital. 


Los escasos cuatro kilómetros que separan ambos pueblos los hicimos en poco tiempo porque íbamos rodando a gusto y a buen ritmo. La única pega eran las manos, que no terminaban de entrar en calor.


Al entrar en El Perdigón nos incorporamos a la carretera pero enseguida nos desviamos a la derecha para recorrer algunas calles del pueblo. 


Pasamos junto a la iglesia, después por la plaza y, finalmente, seguimos por una calle larga que nos llevó hasta la carretera que va a Casaseca de Campeán. La distancia que separa un pueblo del otro es de unos cinco kilómetros, la mayoría de ascenso suave. Ya cerca de esta última localidad hay que enfrentarse a una cuesta algo más inclinada para enseguida descender hacia el pueblo. 


Casaseca se encuentra a cien metros más de altitud que Zamora, y era evidente si mirábamos a los campos de su alrededor.


Cuando entramos en el pueblo pasamos junto a la iglesia y nos dirigimos hacia la derecha para seguir por el camino asfaltado que lo une con la carretera que va de Corrales del Vino a Villanueva de Campeán. 


En los dos kilómetros de este tramo rodamos rápido porque la tendencia era descendente, pero también seguíamos disfrutando de las vistas. 


Al llegar a la carretera citada anteriormente seguimos por ella hacia la derecha, para ir hacia Villanueva de Campeán, de la que nos separaban poco más de quinientos metros. 

Junto al pueblo comenzamos a ver viñas, en esta ocasión con un manto blanco, y es que esta localidad es el epicentro de la Denominación de Origen Tierra del Vino. 


Entramos en sus calles y lo cruzamos de derecha a izquierda, saliendo así a una carretera que bordea el pueblo. Desde ella pudimos ver una bonita estampa del Convento Santa María del Soto, mejor dicho, de sus ruinas. 


Esta carretera nos llevó de nuevo hasta la misma por la que habíamos llegado a Villanueva, es decir, que hasta el cruce con la que va a Casaseca, pisamos el track. 

Seguimos por esta carretera en la que, de nuevo, nos tocó ascender para llegar a la altitud máxima de la ruta, 800 metros, que los alcanzamos justo antes de descender algo y entrar en la localidad de Corrales del Vino.
 

Entramos en el pueblo por una avenida flanqueada de árboles, cruzamos la N-630 y nos adentramos en el centro. Pasamos por la Plaza Mayor y continuamos recto para terminar saliendo a la circunvalación que rodea el pueblo. 


Ya en esta seguimos hacia la izquierda, pasamos junto a la Piscina Municipal y algunas urbanizaciones y terminamos saliendo a la N-630, por la que continuamos dirección Zamora. Recorrimos por esta vía unos seis kilómetros en los que tuvimos que subir un par de altos después de Corrales, para posteriormente ir descendiendo muy suavemente. 


En la tercera rotonda que encontramos abandonamos esta carretera y nos desviamos hacia la derecha para ir hacia Cazurra por otra carretera local. 


Después de un kilómetro llegamos a la altura del pueblo, si bien no llegamos a entrar en él, solo lo bordeamos porque continuamos hacia Casaseca de las Chanas. 


Los escasos cuatro kilómetros que separan ambas localidades los hicimos a muy buen ritmo ayudados, sin duda, porque el perfil se había puesto de nuestro lado. A pesar de la buena velocidad pudimos hacernos un selfie en marcha, que no estaba el día para hacer paradas. 


A pesar de que la temperatura en esos momentos era de 1º la nieve no estaba dispuesta a seguir sobre los tejados y cada vez se veía menos y, de hecho, al pisar las calles del pueblo estas estaban recibiendo el agua del deshielo que bajaba por los canalones.


En nuestro recorrido por la localidad pasamos junto al Ayuntamiento y al gran cartel con el nombre del pueblo. Continuamos por la carretera que va entre uno y otro, que nos llevó hasta las últimas viviendas. 


Y allí nos unimos al carril bici que va hasta Moraleja del Vino. Este tramo en este sentido es una gozada porque va picando casi todo el recorrido ligeramente hacia abajo salvo una pequeña subida al llegar a Moraleja.  


Entramos en esta localidad y antes de llegar a la Plaza Mayor giramos a la izquierda y recorrimos la Calle Eduardo Barrón. 


Esa larga calle nos sacó del pueblo y sin cambiar de dirección continuamos hacia Arcenillas, la siguiente localidad de paso, distante unos dos kilómetros y medio, la primera mitad de ellos de ligera bajada y la segunda de suave ascenso.


En Arcenillas fuimos hasta la iglesia y al llegar a la plaza donde se encuentra giramos a la derecha y descendimos, salimos del pueblo y llegamos a un cruce donde volvimos a tomar el carril bici. 

Los poco más de tres kilómetros que nos separaban de la rotonda de Moraleja/Villaralbo/Fuentesaúco los hicimos en torno a 30 km/h, no porque estuviéramos fuertes, sino porque el trazado tiende hacia abajo.


Al llegar a la rotonda recorrimos los últimos cientos de metros del carril bici y continuamos hacia Zamora por el GR-14. 


Al llegar al Puente de Cardenal Cisneros ascendimos las escalerillas para acceder a él, lo cruzamos y bajamos de él hacia Los Tres Árboles para continuar por la Calle Obispo Acuña. Ya en esta pusimos fin a nuestra ruta. Nos hubiera gustado tomar un caldo calentito pero es raro encontrar un bar donde lo haya, así que lo cambiamos por un caldito de cebada :)




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