11 de enero de 2026

En busca del Duero

El Duero es el río de nuestra provincia y, de hecho, prácticamente la divide en dos. Desde la capital se dirige hacia el suroeste por ello hoy, aprovechando que el viento iba a soplar de esa dirección, fuimos en busca del río y, aunque trata de esconderse entre farallones, lo encontramos.

La convocatoria que hicimos ayer no dio muchos frutos y tan solo tres bikers confirmaron su asistencia. Y así fue, solo tres iniciamos la ruta pasados unos minutos las 9.30 h. El cielo estaba encapotado por nubes altas y la temperatura era de 5º, aunque como había algo de viento la sensación era más fría.

Nos dirigimos desde la salida hacia el río para encontrarnos así con él por primera vez. Fuimos rodando a su vera y lo cruzamos por el Puente de Piedra.


Continuamos a su lado por el Barrio de Cabañales y nos separamos de él al ascender hacia el Barrio de San Frontis. Cruzamos la carretera de Bermillo y entramos en el GR-14 (La Senda del Duero). Su primer kilómetro es ascendente, después se continúa subiendo pero más suavemente. 

A los dos kilómetros cruzamos la carretera que va al Polígono Los Llanos y continuamos recto. 


No mucho después se encuentra una zona que antes evitábamos si había habido lluvias pero ahora es transitable porque echaron escombro triturado. Hoy no nos dio ningún problema. Al llegar al Brocal de las Promesas continuamos por la izquierda. En ese tramo, una larga recta, alcanzamos a un grupo de Bici Zamora. Los saludamos y continuamos adelante. 

En el siguiente cruce de caminos en lugar de girar a la derecha para continuar por el GR-14 seguimos recto. Unos quinientos metros más adelante nos desviamos a la derecha y no mucho después al lado contrario. En esa zona encontramos dos zonas con grandes charcos y bastante barro, pero las libramos y salimos de ellas casi indemnes. 


Poco más de un kilómetro después llegamos a la entrada de Tardobispo. Nos sumergimos en el pueblo girando a la derecha, descendimos por una calle, pasamos junto a la iglesia y continuamos hasta la carretera  provincial ZA-320, que cruzamos para continuar recto, de nuevo por el GR-14. 


Tras una pequeña y suave bajada comenzamos a ascender por una recta a la que pusimos fin girando a la izquierda, enfrentándonos así a otra más larga. Aunque el viento era suave, al llevarlo de frente se dejaba notar en nuestro pedaleo y en el zumbido constante en nuestros oídos.

Como cerca de La Pueblica de Campeán sabemos que hay una zona con barro botijero, asqueroso y pegajoso, antes de llegar a este pueblo nos desviamos a la izquierda para tomar un camino que nos llevó hasta la carretera provincial que habíamos cruzado en Tardobispo.


Al incorporarnos a ella pasaban tres miembros de Bici Zamora con bicis de carretera a los que también saludamos. Rodamos por el asfalto unos trescientos metros y, poco después de entrar en el pueblo, nos desviamos a la derecha para seguir atravesándolo por una de sus calles. 

Esta localidad tiene la particularidad de que es la más joven de Sayago, ya que fue construida en el año 1.932 por la empresa que puso en marcha el Embalse de Ricobayo, al quedar anegada la primitiva localidad por ese. Se le puso "Pueblica" porque era el nombre del antiguo pueblo y "de Campeán" porque se construyó en la Dehesa de Campeán. 


Al terminar el pueblo continuamos por la carretera que lo comunica con la de Bermillo. Primero descendimos y al terminar la bajada cruzamos el GR-14, pero no nos incorporamos a él sino que continuamos recto por el asfalto iniciando un ascenso. Unos trescientos metros más adelante giramos a la izquierda y de nuevo volvimos a rodar sobre tierra. 



El ascenso, a pesar del desvío, continuó como dos kilómetros más que continuaría, al menos, como dos kilómetros más, hasta que llegamos a la carretera de Bermillo, que cruzamos para continuar de frente. 

No por cruzar esta terminó la subida sino que se alargó algo más de un kilómetro y medio en los que fuimos rodando por una estupenda pista típica de Sayago, de buen firme y sin barro.


En esa zona nos encontramos con un tercer grupo de Bici Zamora. Hoy nos perseguían o los perseguíamos, está claro. 

Después de ese tramo por fin apareció un pequeño descenso y, tras llanear unos cientos de metros y comenzar otra subida suave, nos desviamos a la derecha para continuar por un camino que habíamos visto en el mapa y nos parecía que a su término podía ofrecernos vistas del Duero.


Descendimos por este casi un kilómetro y cuando llegamos al final nos encontramos buenas vistas de las montañas de roca entre las que discurre el río, pero no se llegaba a ver el agua. Con sol el paisaje habría lucido mucho más, pero sin el color que aporta este el lugar perdía encanto. 

Lo hemos llamado "La Guadaña" porque así se denomina la zona. 


No nos demoramos nada allí, dimos la vuelta y volvimos atrás ese escaso kilómetro que nos separaba del camino. Como la bajada no había sido muy pronunciada la subida fue muy llevadera. 

Cuando llegamos de nuevo al camino nos incorporamos a él hacia la derecha comenzando en ese mismo punto a descender suavemente. 



No habíamos recorrido ni un kilómetro cuando nos desviamos ligeramente a la derecha, siendo desde ese punto el descenso más pronunciado. 

Continuamos bajando un kilómetro más. Antes de terminar este ya tuvimos otro encuentro con el Duero.



En los últimos metros de la bajada el camino se encuentra encementado. Además, hace un recorrido sinuoso y muy inclinado que termina en las antiguas instalaciones de la captación de agua de Pereruela.


Al llegar, apoyamos las bicis en el suelo y disfrutamos unos minutos de la sensación de paz y tranquilidad que transmite el lugar. El río, con un tono verdoso hoy, aparece encajonado entre dos murallas de piedra, antesala de Los Arribes. Aunque nos encantaron las vistas, estamos seguros de que con sol nos habrían gustado más aún. 


Sin duda, el lugar estaba pidiendo a gritos que nos hiciéramos un selfie, un recuerdo para que quede constancia de que estuvimos allí. 


Sin demorarnos más comenzamos la subida. Las primeras rampas son durísimas, tanto que llegamos a ver en el GPS el 24% de pendiente. Superados esos primeros metros la rampa se suaviza y es del 16%, así que cuando vimos, y sentimos en nuestras piernas, el 10 o el 12%, nos pareció ya un juego.


Y ya cuando llegamos de nuevo al punto donde nos habíamos desviado unos minutos antes, nos pareció jauja porque ya era una pendiente muy suave. 



Seguimos por este camino, pisando el track de la ida (con lo poco que nos gusta...) unos dos kilómetros, la mayor parte de ellos subiendo, si bien cómodamente. El monte bajo en esta zona ya había desaparecido dando paso a tierras de cultivo ya sembradas y nacidas.


Cuando estábamos más o menos a la altura de Pereruela nos desviamos a la izquierda enfilando un camino prácticamente llano por el que se rodaba muy bien. 


Unos tres kilómetros más adelante el camino fue perdiendo importancia al mismo tiempo que comenzaba a inclinarse hacia abajo. 


Y esa inclinación fue favoreciéndonos cada vez más a medida que nos acercábamos a la localidad de San Román de los Infantes.


Entramos en esta localidad con la misma sensación de siempre que pasamos por ella, la de que el tiempo se ha parado. Sus calles y sus construcciones, parecen de otro momento.

Hicimos una pequeña parada junto al magnífico ejemplar de cactus que hay delante de la facha de una casa, y que uno de los bikers no conocía. 


Enseguida continuamos y no nos quedó otra que enfrentarnos a la subida que nos llevó a la parte más alta del pueblo.


Pero llegar al final del pueblo no es sinónimo de que la subida termina, sino que continúa por la recién estrenada carretera casi un kilómetro. Nada más pasar junto al cementerio nos desviamos a la derecha para olvidarnos del asfalto, aunque no de la subida.


Y es que esta continuó por el camino de tierra algunos cientos de metros más. Pero después sí, comenzamos a bajar suavemente hasta llegar al arco que da entrada a la Dehesa de Congosta. Lo cruzamos desviándonos a la derecha y allí mismo comenzamos a gozar de bajar la denominada "Carva", un kilómetro y medio en el que hay que dar ni una vuelta a los pedales y que se llegan a alcanzar los 60 km/h a pesar de que hay que ir frenando. Así olía a quemado cuando llegamos abajo...

En esa bajada nos volvimos a encontrar con el río Duero, primero frente a nosotros y al terminar la bajada seguimos junto a él al girar el camino hacia la derecha.



Nada más empezar a rodar en paralelo al Duero cruzamos un pequeño puente bajo el que discurren las aguas de la Rivera de Campeán, justo antes de verterlas al río. Seguimos junto a sus aguas casi un kilómetro y medio.


Una curva a la derecha nos comenzó a separar de él y, enseguida comenzamos una subida dividida en dos tramos, una primera más corta, seguida de una pequeña bajada tras la que viene la traca final, una cuesta arriba más larga y empinada que la primera. 


Superada esa pudimos disfrutar de un justo premio: casi dos kilómetros descendiendo. En ese tramo pasamos a la altura de Carrascal, pero no llegamos a entrar a este barrio zamorano, sino que continuamos adelante. 

Llegamos al camino que une Zamora con ese barrio y seguimos por este unos dos kilómetros más. En ellos hubo un poco de todo, dos pequeñas subidas y el resto terreno favorable para tener que pedalear poco. Finalmente abandonamos este camino para desviarnos a la izquierda y ascender por un camino de cemento hacia una zona donde hay pequeñas fincas, terminando este con una bajada muy inclinada hasta la carretera de Carrascal. 


Ya por esta enseguida llegamos al Puente de los Poetas, lo cruzamos y al terminar este nos desviamos a la derecha para seguir por el carril bici y así encontrarnos, una vez más, con el río Duero.

Rodamos junto a él hasta llegar el Puente de Piedra. Allí mismo nos despedimos de sus aguas porque nos adentramos en el Barrio de La Horta.


Al llegar a Puerta Nueva hicimos una parada técnica para que nuestros organismos pudieran recuperar los niveles de líquido que precisaban. Y así lo hicimos. Una vez recuperados y comentada la ruta, fuimos desfilando cada uno para su casita. 





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