4 de enero de 2026

La primera de 2026 (y la más fría de la temporada)

De nuevo la lluvia de días anteriores generó barro en los caminos y, aunque esta vez no preparamos un itinerario por asfalto en su totalidad para evitarlo, digamos que diseñamos uno mixto, con tramos por caminos que sabemos que drenan bien y otro dando uso al carril bici interpueblos. El barro lo evitamos en gran medida, pero no el frío, que fue más de lo esperado, por el viento y la ausencia de sol. 

Sabíamos que solo íbamos a estar cuatro bikers, pero a las 9.30 h solo dos aparecimos en la Ciudad Deportiva porque los otros dos habían quedado para desayunar. Comenzamos a rodar, cruzamos el Puente de Hierro y a la salida de este ya nos encontramos los cuatro.

El ambiente estaba frío, de hecho había solo 2º, pero en cuanto enfilamos el llamado Camino Viejo de Villaralbo nos dimos cuenta de que la sensación térmica era bastante menor por el viento que acabábamos de empezar a sentir contra nosotros. Y el sol, ni estaba, ni se le esperaba...

Enseguida nos desviamos ligeramente a la izquierda, pasamos bajo el puente sobre el que discurre la entrada a Zamora por Cardenal Cisneros y continuamos por el camino, en algún tramo asfaltado, que discurre paralelo al río Duero.


Esos primeros kilómetros nos sirvieron para que nuestros músculos fueran entrando en calor, no así el resto del cuerpo que no terminaba de templar por ese viento frontal, molesto para pedalear porque nos iba frenando mucho y más molesto aún para nuestros oídos, en los que provocaba un molesto zumbido permanente.

Llegamos a la entrada de Villaralbo pero no giramos hacia el pueblo sino que continuamos recto unos cientos de metros más junto al río.


Después ya sí, giramos a la derecha y enfilamos hacia el centro de la localidad. Pasamos junto a la iglesia, poco más adelante junto al Ayuntamiento y continuamos hacia el final de las edificaciones. 


Nada más terminar estas cruzamos la circunvalación y continuamos recto, entrando así en un tramo del GR-14 que nos llevaría hasta Madridanos.

Desprotegidos del todo por la falta de arbolado fuimos "sufriendo" el viento a lo largo de los siete kilómetros que separan Villaralbo de Madridanos. Menos mal que, al menos, el agua de la lluvia había sido drenada en su mayoría, si bien quedaba algún charco y eso sí, el suelo estaba húmedo, lo que significaba que había que pedalear con más fuerza para mover la bici.


Llegamos a Madridanos, descendimos por la bajada que nos dio la bienvenida al pueblo pero no giramos a la derecha para ir hacia el centro del mismo, sino que continuamos recto, de este modo solo bordeamos la localidad. 
 

Continuamos por el GR-14 pero ya por poco tiempo, porque poco después de pasar junto a la Finca Experimental de la Diputación de Zamora hicimos una curva cerrada a la derecha y unos metros más adelante abandonamos la Senda del Duero, continuando por un camino que partía a nuestra izquierda.

Este segmento de kilómetro y medio, era inédito para nosotros, o al menos así nos lo pareció.


El último tramo nos llevó hasta la parte baja del pueblo, giramos a la derecha y ascendimos una cuesta, que se nos atragantó y que nos llevó hasta la entrada de la localidad. 


Pasamos junto al cartel con el nombre del pueblo y continuamos hacia la plaza, que se encuentra a un lado de la carretera que cruza la localidad de lado a lado.


Este templo es del siglo XIX,  pero tiene la particularidad de que integra en el pórtico de su entrada dos columnas provenientes del Monasterio de los Jerónimos de Zamora. Este fue uno de los monumentos más grandiosos que tuvo la ciudad, pero lamentablemente de todo aquel esplendor apenas nada se conserva porque prácticamente desapareció en su totalidad tras la Desamortización de Mendizábal.


Callejeamos algo por las calles del pueblo y lo dejamos atrás enfilando una larguísima recta de casi cuatro kilómetros. Lo bueno es que en esta, por fin, nos sacudimos de encima el viento, bueno, en realidad seguía ahí, pero ya no nos daba de frente sino de costado. Lo agradecieron nuestros oídos y también nuestras piernas.


Esta recta tiene un firme muy bueno y nos permitió rodar rápido, también contando con la inestimable ayuda del viento, claro.

Tras los cuatro kilómetros realizamos un giro muy pronunciado a la derecha y allí mismo comenzamos un ascenso al que le sucedió la consiguiente bajada. Hubo algún sube y baja más en los poco más de dos kilómetros en los que transitamos por este camino. 


En los siguientes cinco kilómetros cambiamos de dirección como en cuatro ocasiones, cambiando también el tipo de camino por el que transitábamos. 


Finalmente el último cambio de dirección nos puso frente a la siguiente localidad de paso: Bamba.


Llegamos a ella, la cruzamos por la carretera, que coincide con su calle principal, y seguimos por esta hasta llegar a la carretera que une Moraleja del Vino y Sanzoles. Al llegar a esta la cruzamos y continuamos recto como un kilómetro y medio por lo que fue una carretera que unía Bamba con Gema del Vino.


Dejamos esta "carretera" girando a la derecha noventa grados, continuando por un camino ascendente de excelente firme. 

A pesar del tiempo que llevábamos sobre la bici algunos no lográbamos quitar el frío de las manos, aunque no solo era cuestión del frío sino de la mala elección de guantes. No obstante la temperatura en esos momentos era de 1º y la sensación térmica menor.


Por este camino recorrimos como tres kilómetros en los que, aparte de esa subida inicial, nos encontramos con la bajada correspondiente y un posterior ascenso tendido que nos llevó hasta la entrada de Moraleja del Vino. Pasamos junto a la iglesia, un templo de grandes dimensiones con su original torre poligonal del reloj.


Poco después giramos a la izquierda para seguir por una calle muy típica del pueblo que nos llevó hasta el final del mismo.


Justo donde terminan las últimas edificaciones del casco urbano comienza el carril bici interpueblos que lleva directamente a Casaseca de las Chanas. Los tres kilómetros que separan ambas localidades los hicimos a muy buen ritmo a pesar de que este recorrido es una subida continua, pero es que las ruedas sobre el asfalto ruedan mucho mejor que sobre el barro.


Al llegar al pueblo seguimos recto y llegamos a la plaza, donde llamó nuestra atención el árbol de Navidad hecho con cuadraditos de ganchillo, como el de Roales del Pan.


Giramos a la derecha y seguimos recto hasta el final del pueblo. Antes de abandonarlo uno de los bikers se acercó a la acera, la rueda delantera al rozar contra el bordillo le hizo un extraño y provocó que este abandonara la bici dando traspiés pero sin llegar a caerse, solo la bici se estampó contra el asfalto. Menos mal. Ya en la bici de nuevo, al decirle que el cambio había rozado contra el suelo al caer esta, se puso a cambiar de marchas y a mirarlo e hizo un extraño con la dirección. Esto provocó que otro biker que iba detrás le tocara con su rueda, de ahí este se fue contra otro biker al que también tocó y, finalmente, se fue hacia la derecha. Al tocar su rueda con un bordillo cayó al suelo, pero sin consecuencias también. 

Ya por fin en la salida del pueblo retomamos el carril bici y recorrimos el escaso kilómetro y medio que separa esta localidad de Arcenillas. Enseguida llegamos a ella y seguimos recto. Pasamos junto a la iglesia, donde se encuentran y se pueden visitar las famosas Tablas pintadas por Fernando Gallego y su escuela.


Desde la iglesia descendimos hasta el cruce donde retomamos el carril bici. Los poco más de tres kilómetros de este tramo se nos hicieron cortos porque rodamos rápido aprovechando que tienen una ligera pendiente favorable y que estábamos deseando llegar. En esa zona el viento, que nos daba fronto-lateralmente, seguía enfriándonos y molestándonos.

Pasamos junto a la gran rotonda donde casi termina el carril bici. Sin salir de él recorrimos sus últimos metros, que pasan junto a un vivero, cruzan la carretera de Villaralbo y termina muriendo poco más adelante. 


Desde allí recorrimos el itinerario habitual que se realiza desde dicho carril bici, que coincide con el tramo de GR-14 que comunica Villaralbo y Zamora. 


Dicho tramo es un camino asfaltado en el que, tras una recta de un kilómetro, se gira a la derecha, se pasa junto a varias fincas y se termina en el Camino Viejo de Villaralbo, ya a la entrada de Zamora. 

Desde esa entrada nos dirigimos al Puente de Cardenal Cisneros, que cruzamos tras subir las escalerillas pertinentes. Una vez al otro lado del río nos dirigimos al Bar León Felipe por estrenarlo tras el cambio de dirección, pero estaba cerrado así que terminamos en el Bar CD donde nos tomamos un café. Sí, sí, has leído bien, nada de cañas, un café. Bueno, miento, hubo un valiente que sí se atrevió con el zumito de cebada :)




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