De nuevo la lluvia de días anteriores generó barro en los caminos y, aunque esta vez no preparamos un itinerario por asfalto en su totalidad para evitarlo, digamos que diseñamos uno mixto, con tramos por caminos que sabemos que drenan bien y otro dando uso al carril bici interpueblos. El barro lo evitamos en gran medida, pero no el frío, que fue más de lo esperado, por el viento y la ausencia de sol.
Sabíamos que solo íbamos a estar cuatro bikers, pero a las 9.30 h solo dos aparecimos en la Ciudad Deportiva porque los otros dos habían quedado para desayunar. Comenzamos a rodar, cruzamos el Puente de Hierro y a la salida de este ya nos encontramos los cuatro.
El ambiente estaba frío, de hecho había solo 2º, pero en cuanto enfilamos el llamado Camino Viejo de Villaralbo nos dimos cuenta de que la sensación térmica era bastante menor por el viento que acabábamos de empezar a sentir contra nosotros. Y el sol, ni estaba, ni se le esperaba...
Enseguida nos desviamos ligeramente a la izquierda, pasamos bajo el puente sobre el que discurre la entrada a Zamora por Cardenal Cisneros y continuamos por el camino, en algún tramo asfaltado, que discurre paralelo al río Duero.
Llegamos a la entrada de Villaralbo pero no giramos hacia el pueblo sino que continuamos recto unos cientos de metros más junto al río.
Desprotegidos del todo por la falta de arbolado fuimos "sufriendo" el viento a lo largo de los siete kilómetros que separan Villaralbo de Madridanos. Menos mal que, al menos, el agua de la lluvia había sido drenada en su mayoría, si bien quedaba algún charco y eso sí, el suelo estaba húmedo, lo que significaba que había que pedalear con más fuerza para mover la bici.
Este segmento de kilómetro y medio, era inédito para nosotros, o al menos así nos lo pareció.
Pasamos junto al cartel con el nombre del pueblo y continuamos hacia la plaza, que se encuentra a un lado de la carretera que cruza la localidad de lado a lado.
Este templo es del siglo XIX, pero tiene la particularidad de que integra en el pórtico de su entrada dos columnas provenientes del Monasterio de los Jerónimos de Zamora. Este fue uno de los monumentos más grandiosos que tuvo la ciudad, pero lamentablemente de todo aquel esplendor apenas nada se conserva porque prácticamente desapareció en su totalidad tras la Desamortización de Mendizábal.
Callejeamos algo por las calles del pueblo y lo dejamos atrás enfilando una larguísima recta de casi cuatro kilómetros. Lo bueno es que en esta, por fin, nos sacudimos de encima el viento, bueno, en realidad seguía ahí, pero ya no nos daba de frente sino de costado. Lo agradecieron nuestros oídos y también nuestras piernas.
Esta recta tiene un firme muy bueno y nos permitió rodar rápido, también contando con la inestimable ayuda del viento, claro.
Tras los cuatro kilómetros realizamos un giro muy pronunciado a la derecha y allí mismo comenzamos un ascenso al que le sucedió la consiguiente bajada. Hubo algún sube y baja más en los poco más de dos kilómetros en los que transitamos por este camino.
En los siguientes cinco kilómetros cambiamos de dirección como en cuatro ocasiones, cambiando también el tipo de camino por el que transitábamos.
Finalmente el último cambio de dirección nos puso frente a la siguiente localidad de paso: Bamba.
Llegamos a ella, la cruzamos por la carretera, que coincide con su calle principal, y seguimos por esta hasta llegar a la carretera que une Moraleja del Vino y Sanzoles. Al llegar a esta la cruzamos y continuamos recto como un kilómetro y medio por lo que fue una carretera que unía Bamba con Gema del Vino.
A pesar del tiempo que llevábamos sobre la bici algunos no lográbamos quitar el frío de las manos, aunque no solo era cuestión del frío sino de la mala elección de guantes. No obstante la temperatura en esos momentos era de 1º y la sensación térmica menor.
Giramos a la derecha y seguimos recto hasta el final del pueblo. Antes de abandonarlo uno de los bikers se acercó a la acera, la rueda delantera al rozar contra el bordillo le hizo un extraño y provocó que este abandonara la bici dando traspiés pero sin llegar a caerse, solo la bici se estampó contra el asfalto. Menos mal. Ya en la bici de nuevo, al decirle que el cambio había rozado contra el suelo al caer esta, se puso a cambiar de marchas y a mirarlo e hizo un extraño con la dirección. Esto provocó que otro biker que iba detrás le tocara con su rueda, de ahí este se fue contra otro biker al que también tocó y, finalmente, se fue hacia la derecha. Al tocar su rueda con un bordillo cayó al suelo, pero sin consecuencias también.
Ya por fin en la salida del pueblo retomamos el carril bici y recorrimos el escaso kilómetro y medio que separa esta localidad de Arcenillas. Enseguida llegamos a ella y seguimos recto. Pasamos junto a la iglesia, donde se encuentran y se pueden visitar las famosas Tablas pintadas por Fernando Gallego y su escuela.
Pasamos junto a la gran rotonda donde casi termina el carril bici. Sin salir de él recorrimos sus últimos metros, que pasan junto a un vivero, cruzan la carretera de Villaralbo y termina muriendo poco más adelante.
Desde allí recorrimos el itinerario habitual que se realiza desde dicho carril bici, que coincide con el tramo de GR-14 que comunica Villaralbo y Zamora.
Dicho tramo es un camino asfaltado en el que, tras una recta de un kilómetro, se gira a la derecha, se pasa junto a varias fincas y se termina en el Camino Viejo de Villaralbo, ya a la entrada de Zamora.
Desde esa entrada nos dirigimos al Puente de Cardenal Cisneros, que cruzamos tras subir las escalerillas pertinentes. Una vez al otro lado del río nos dirigimos al Bar León Felipe por estrenarlo tras el cambio de dirección, pero estaba cerrado así que terminamos en el Bar CD donde nos tomamos un café. Sí, sí, has leído bien, nada de cañas, un café. Bueno, miento, hubo un valiente que sí se atrevió con el zumito de cebada :)
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