25 de enero de 2026

Luchando contra Ingrid (y el barro)

Estos días se ha hablado mucho de la borrasca Ingrid y hoy la hemos sufrido sobre nuestras carnes porque el viento que ha traído consigo nos ha molestado y frenado muchísimo. Es cierto que en algún tramo también nos ha empujado, pero han sido muchos más los kilómetros en los que hemos tenido que pedalear contra él. Y por si fuera poco también tuvimos algún desencuentro con el barro. 

De nuevo solo tres bikers acudimos a la cita dominical, las recuperaciones tras los catarros y otras razones impidieron al resto estar. Como suele ser habitual, a las 9.30 h comenzamos a pedalear y lo hicimos con alegría porque por fin veíamos el sol y porque la temperatura no era fría: 6º.  

Desde la zona de la Ciudad Deportiva nos dirigimos al Puente de Hierro. Al cruzar este ya percibimos que el viento nos iba a molestar, y eso que a esas horas aún no soplaba muy fuerte.

Ya al otro lado del río giramos enseguida a la izquierda para tomar el Camino Viejo de Villaralbo, aunque más adelante, en una bifurcación, continuamos por la izquierda para así continuar más cerca del río. 


En este tramo íbamos super agusto porque el viento nos empujaba y avanzábamos a muy buena velocidad sin hacer ningún esfuerzo. De hecho llegamos a la entrada de Villaralbo en muy poco tiempo. Allí, en la vegetación de la ribera del río, viendo cómo se inclinaba todo empujado por el viento, fuimos conscientes de que realmente estaba soplando fuerte. 


En esa zona, también junto al río, vimos a cuatro patos en la orilla. Uno de los bikers se acercó para verlos más de cerca pero los asustó y comenzaron a huir de él. 


Poco después, tras recorrer varias calles llegamos a la iglesia, que dejamos a nuestra derecha para continuar nuestro camino. 


Salimos de Villaralbo por el GR-14. Aunque habíamos dudado si hacer una ruta por carreteritas para evitar barro, al ver cómo estaba el terreno en esa zona nos alegramos de haber escogido la opción que estábamos llevando a cabo, porque la tierra estaba húmeda y había charcos, pero se podían evitar. 


Recorrimos unos seis kilómetros por la Senda del Duero hasta llegar a Madridanos en los que fuimos de maravilla ayudados por Ingrid y sabiendo que no tardaría en ponerse en nuestra contra...


Apenas rodamos por Madridanos, porque realmente pasamos por él tangencialmente. Poco después de terminar las últimas edificaciones giramos a la derecha, abandonando así el GR-14. 

Después de pasar junto a una granja enfilamos una larga recta con bonitas vistas a ambos lados del camino porque los cereales sembrados ya han ido creciendo y han extendido un manto verde en toda la zona, aunque en la lejanía aparecía algo velado por una ligera bruma que lo envolvía todo.


Después de tres kilómetros de recta el camino se escora algo hacia la derecha. Aunque el terreno estaba blando seguíamos sin tener problemas con el barro más allá de algunas salpicaduras.

En esta zona el viento nos iba dando de lado y era molesto y nos frenaba, pero se soportaba sin mayores problemas.


En una pequeña vaguada no había un charco, era una laguna, pero pudimos evitarla rodando por el lateral del camino.


Una vez que realizamos ese pequeño giro a la derecha continuamos por otra larga recta que nos llevó hasta las proximidades de Sanzoles. 


Terminó ese tramo cuando el camino nos llevó a la izquierda y enseguida a la derecha para, por una pequeña subida, llevarnos hasta la carretera que une Moraleja del Vino y Sanzoles. Cruzamos esta y continuamos de frente, dejando a unos cientos de metros a nuestra izquierda la entrada a ese pueblo. 

El nuevo camino también tenía buen firme y sin problemas aparentes de barro. 


Como un kilómetro más adelante continuamos por un camino que partía hacia nuestra derecha. Al cambiar de dirección el viento comenzó a darnos de frente y resultaba muy molesto. A mayores en ese punto comenzamos una subida suave pero larga, de unos tres kilómetros. 


Un kilómetro y medio más adelante cambiamos de nuevo de dirección, otra vez hacia la izquierda, pero tras avanzar unos quinientos metros un giro a la derecha nos llevó a otro camino menos transitado que el anterior. 

Nada más empezar a rodar por él percibimos que las ruedas empezaban a "engordar" porque el barro era del que llamamos "botijero" y se pega una capa a cada vuelta de rueda. Para evitarlo comenzamos a rodar por fuera del camino para así pisar hierba en lugar de barro. 


En ese tramo una de las bicis se quedó "clavada" porque el barro hizo una masa entre el guardabarros y la horquilla y no permitía girar la rueda. El biker quitó con las manos lo que pudo y continuó adelante ya rodando siempre por fuera del camino. 


Eso sí, si levantábamos la vista del camino lo que podíamos contemplar nos ayudaba a llevar mejor el tramo embarrado.


Realmente el tramo "malo" resultó ser de un kilómetro, que concluyó cuando el camino giró a la derecha y comenzó una ligera ascensión que nos llevó hasta una zona de encinas. Allí la composición del suelo era diferente y no se pegaba tanto.


Terminada la subida y el encinar seguimos por un camino que tenía más superficie de hierba que de barro y eso nos dio la vida porque volvía a ser del botijero.


Pero no tardó en desaparecer la hierba así que hubo que transitar por donde se pudo con tal de no ir añadiendo capas a las ruedas. 


Después de un cambio de dirección hacia la derecha comprobamos que el camino ya era transitable, así que poco más adelante paramos e hicimos una pequeña limpieza de las bicis, liberándolas de pegotes de barro de las ruedas y de la transmisión.


De nuevo sobre las bicis nos enfrentamos a una recta de unos tres kilómetros en las que ya no tuvimos que sufrir por el barro, ya solo por el viento lateral, que era más fuerte por momentos. 

El camino que llevábamos, de seguir por él, nos habría llevado hasta Moraleja del Vino, pero pasados los tres kilómetros un giro de noventa grados a la izquierda nos dirigió hacia otra localidad, a Gema del Vino. 


En este tramo, también de unos tres kilómetros, el viento volvía a darnos de frente y eso nos impedía pasar de 15 o 16 km/h y eso esforzándonos mucho. También había enormes charcos y barro, pero no nos preocupó porque no era arcilloso. 


Antes de llegar a Gema giramos a la derecha noventa grados, iniciamos una subida corta. Al culminarla era una zona abierta donde el viento campaba a sus anchas. Nos daba por nuestra izquierda y hacía que las bicis y nosotros fuéramos inclinados hacia el mismo lado.


Dos kilómetros, aproximadamente, más adelante llegamos a la altura de Casaseca de las Chanas. Rodamos por uno de sus flancos, si bien terminamos adentrándonos en el pueblo y recorrer varias de sus calles hasta llegar la carretera de Fuentesaúco, que cruzamos para continuar de frente. 


De nuevo tocó pelearnos contra los aires de Ingrid y cada pedalada era costosa, pero poco a poco íbamos avanzando, más bien despacio, eso sí.


Recorridos unos dos kilómetros pasamos junto a una alameda que hay en las cercanías de Pontejos. Al terminar esta giramos noventa grados a la izquierda, aunque enseguida hicimos lo propio hacia el lado contrario. 


Ese segundo giro nos puso en una recta por la que transitamos un kilómetro, hasta llegar a la carretera que une Arcenillas y Morales del Vino. En realidad teníamos que cruzarla y continuar adelante, pero decidimos cambiar nuestro rumbo para dirigirnos a Morales del Vino para allí lavar las bicis. 

Este tramo de asfalto y de tan solo un kilómetro y medio fue el peor de todo el recorrido porque las rachas de viento eran muy fuertes y nos costaba horrores avanzar. 


Al llegar a Morales fuimos hasta la iglesia, pasamos junto a ella y desde allí nos dirigimos hacia la carretera, la N-630, donde se encuentra la gasolinera. 


Ya en esta nos costó sacar el barro, sobre todo de las ruedas, pero con paciencia y algunos euros lo logramos. Finalizado el lavado nos dirigimos a Zamora.


Y lo hicimos por carretera porque ya no era cuestión de manchar las bicis de nuevo. En los seis kilómetros que nos separaban de la entrada de la capital hubo tramos que nos costó hacer porque soplaba lateralmente, y seguía haciéndolo muy fuerte (hubo rachas de unos 50 km/h).


Al llegar a la rotonda del cementerio continuamos hacia el Puente de Piedra. Al pasar por este pudimos disfrutar de  una bonita vista del río y el casco antiguo. 



Una vez en la otra margen del río continuamos por el Barrio de La Horta, después por Puerta Nueva para finalizar en el punto de salida. Y como a pesar del viento y el barro allí estábamos, contentos y hasta con las bicis limpias, qué mejor manera de celebrarlo que hidratarnos juntos los tres. Y así lo hicimos. 



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