Desde que oímos que se había abierto la Vía Verde desde Carbajosa de la Sagrada hasta Alba de Tormes teníamos ganas de recorrerla. Hoy lo hemos hecho. El camino de ida lo hicimos por dicha vía verde y el regreso quisimos realizarlo por otros caminos pero el barro hizo que tuviéramos que retomar la vía verde en algún tramo. Aprovechamos también para recordar la Batalla de Arapiles.
De Zamora a Carbajosa de la Sagrada hay unos 75 km pero se pueden realizar en menos de una hora así que no fue necesario madrugar en exceso, de hecho quedamos a las 9.00 h y a esa hora partimos los cuatro bikers que participamos en esta ruta.
Para facilitar el aparcamiento paramos en el parking del Recinto Ferial de Carbajosa. Después de descargar las bicis y ponernos todo lo necesario para empezar a rodar, que en invierno es mucho, iniciamos nuestra marcha cuando pasaban cinco minutos de las 10.00 h.
Recorrimos dos o tres calles del pueblo pero eran urbanizaciones y no encontramos un bar donde tomar un café antes de que se terminaran las edificaciones. Dejamos atrás esta localidad por un camino ancho que nos llevó hasta el trazado de la Vía Verde.
En realidad este tramo es uno de los cinco que se han recuperado para uso recreativo usando parte del trazado del ferrocarril Palazuelo-Astorga. Todos ellos se engloban bajo el nombre de Camino Natural Vía de la Plata. Aparte de este tramo, en otras ocasiones hemos realizado Béjar-Hervás (que son el Tramo 3 y parte del 2) y Barcial del Barco-Maire de Castroponce (Tramo 5).
El firme por el que comenzamos a rodar nos sorprendió porque a pesar de las lluvias de la semana pasada y la nevada de ayer se encontraba en muy buen estado. Húmedo pero no excesivamente lento, sin charcos y sin barro. Eso sí, lo que no ayudaba nada era que desde la salida íbamos ascendiendo, de un modo tendido pero sin tregua.
En los primeros kilómetros íbamos rodeados de campos de cultivo recién arados o con cereales ya sembrados que ya van tiñendo de un tono verdoso esas tierras.
Poco más adelante pasamos entre dos tesos, el de nuestra izquierda era el llamado Arapil Chico y el de la derecha el Arapil Grande. Llegamos a ver desde nuestra posición el monolito que recuerda la batalla que se llevó a cabo en esa zona en 1812.
Aunque habíamos salido con unos 3º de temperatura de Carbajosa, nuestros GPS en esos momentos marcaban dos más, pero la sensación térmica no era mala a pesar del viento frío que había, gracias al solecito que nos acompañaba desde la salida y que pensamos que no íbamos a ver porque en nuestro camino desde Zamora hasta casi la entrada de Salamanca habíamos encontrado mucha niebla.
Seguimos avanzando y el paisaje a nuestro alrededor fue variando, empezamos a encontrar muchas encinas a ambos lados del antiguo trazado férreo.
La vía verde tan pronto recorría una trinchera como iba sobre un montículo salvando una vaguada. No pudimos por menos que pensar en todo el trabajo que en su día costaría llevar a cabo esa obra con muy poca maquinaria y mucha mano de obra.
Aproximadamente en el kilómetro 13 el perfil cambió y, por fin, comenzamos a descender, también suavemente. Lógicamente comenzamos a rodar a mayor velocidad y los kilómetros comenzaron a avanzar más rápidamente así que no tardamos en ver la silueta de una localidad: Terradillos.
La dejamos a nuestra izquierda porque la vía verde no entra en este pueblo. Muy poco después vimos en el horizonte Alba de Tormes.
La suave bajada se fue acentuando más a medida que nos acercábamos a esa localidad. Como cien metros después de pasar por un puente abandonamos el Camino Natural de la Vía de la Plata, nos desviamos a la derecha para tomar un camino que nos llevó hasta una carretera local. Pasamos por ella bajo el puente que habíamos cruzado unos minutos antes. Al salir de este tomamos un carril bici que vimos a la izquierda de la carreterita.
Por él descendimos hasta la entrada del Puente de Alba de Tormes. Este puente medieval fue construido sobre un puente originario de época romana perteneciente a un ramal de la Calzada Romana de la Plata que unía Piedrahita con la capital salmantina.
Lo cruzamos y llamó nuestra atención la anchura que en ese punto tiene el río Tormes.
Ya al otro lado de este río nos acercamos a ver el monumento a Santa Teresa y la Basílica inconclusa levantada en su honor. Esta, de estilo neogótico, fue comenzada en 1898 pero en 1933 las obras se paralizaron al terminarse la financiación. En 2007 se retomaron y se consiguieron cubrir algunas partes del templo, pero la crisis económica volvió a parar la construcción en 2010.
Tras hacer unas fotos, incluido un selfie para dejar constancia de nuestro paso por allí, volvimos a subirnos a las bicis para iniciar un recorrido por algunas calles de la localidad.
Tuvimos que ascender una serie de rúas muy, pero que muy empinadas pero es que íbamos camino del castillo y siempre se tuvo la mala costumbre de construir estos en las partes más altas. Llegamos a dicho castillo que mantiene en pie un gran torre del homenaje.
Se cree que se levantó como mera atalaya y torre de defensa. Más tarde, en el siglo XV, comenzó su verdadera transformación de la mano de Don García Álvarez de Toledo, Primer Duque de Alba y origen de este linaje. El castillo se conviertió bajo el Gran Duque de Alba, Don Fernando Álvarez de Toledo, en una fortaleza palaciega que acogió una ilustre corte renacentista.
Desde el castillo continuamos nuestro recorrido, pasamos junto a la moderna plaza de toros y desde allí comenzamos a descender hacia el río, si bien antes de llegar a este pasamos por la coqueta Plaza Mayor.
Salimos de ella por un arco que nos llevó a una bajada hacia el cauce del río. Desde allí nos dirigimos de nuevo hacia el puente sobre el Tormes.
Lo cruzamos y rodamos por el mismo carril bici por el que habíamos llegado a Alba de Tormes.
Nos incorporamos a la Vía Verde pero poco más de quinientos metros después nos desviamos de esa para dirigirnos por un camino hacia Terradillos.
Como un kilómetro y medio después llegamos a este pueblo donde, siguiendo nuestra costumbre, hicimos un recorrido por algunas de sus calles.
Salimos de esta localidad del mismo modo que habíamos llegado a ella, es decir, subiendo pero, además, empezamos a encontrar zonas con mucho barro y bastante pegajoso. Tanto que uno de los bikers decidió al ver la vía verde al lado seguir por esta y abandonar el camino.
Los tres que continuamos por el recorrido previsto seguimos encontrando barro que solo se veía compensado por los campos de encinas que nos rodeaban. En una de estas dehesas vimos entre las encinas cientos de cerdos ibéricos. Les dimos la enhorabuena por seguir correteando a su aire y haber salido indemnes de las recientes navidades.
Como el barro empezaba a darnos problemas en la transmisión y las ruedas llevaban ya una buena capa adherida de este material, los cinco kilómetros de haber dejado atrás Terradillos y aprovechando que cruzábamos por la vía verde, nos unimos a esta. En ese punto estaba el otro biker esperándonos, así que desde allí continuamos los cuatro juntos de nuevo.
Aunque había viento que nos daba lateralmente, desde ese punto rodamos muy a gusto porque el perfil era ligeramente descendente y se agradecía. Recorrimos unos cuatro kilómetros y comenzamos a ver dos oteros, uno a cada lado de la vía verde. No tardamos en reconocer el Arapil Grande a nuestra izquierda y hacia él nos dirigimos.
Como un kilómetro después abandonamos la vía verde y continuamos por una carretera local a la que nos incorporamos hacia la izquierda. Por ella recorrimos unos quinientos metros y nos desviamos a la izquierda para continuar por un camino casi un kilómetro. Ya estábamos a la altura de este Arapil y giramos a la izquierda para comenzar el ascenso hacia el histórico monolito que se encuentra en su parte más alta.
Describimos una especie de óvalo para conseguir llegar a este humilde monumento que rememora la Batalla de los Arapiles.
En esta se enfrentaron las tropas francesas contra las de una alianza anglo-luso-española el 22 de julio de 1812 saliendo estas últimas vencedoras, marcando el inicio del fin del dominio napoleónico en España.
Una vez hechas las fotos de rigor iniciamos el descenso porque allí arriba nos estábamos quedando helados con el fuerte viento frío que soplaba. Desandamos el camino hasta que llegamos de nuevo a la carretera. Seguimos por ella hacia la izquierda.
Como un kilómetro después entramos en la localidad de Arapiles. Justo a la entrada hay un "marco" que recuerda la batalla. Paramos y nos hicimos una foto y enseguida retomamos nuestro recorrido.
Cruzamos el pueblo y salimos de él por una carreterita que nos llevó hasta una pequeña localidad, Las Torres, que ha crecido gracias a las urbanizaciones que han ido proliferando junto al pueblo.
Dejamos atrás este pueblo por un camino ancho. Poco después giramos a la izquierda y continuamos hacia Carbajosa en paralelo a la Vía Verde.
Más adelante llegamos al punto donde nos habíamos incorporado al Camino Natural de la Vía de la Plata al salir de Carbajosa, y allí nos unimos a este y por él seguimos como dos kilómetros.
Bordeamos una zona del pueblo y terminamos abandonando definitivamente la Vía Verde para dirigirnos a una gasolinera para lavar las bicis.
Tras quitar el barro de encima de nuestras máquinas iniciamos un recorrido por algunas calles de Carbajosa hasta llegar al aparcamiento donde teníamos los coches. Al llegar cargamos las bicis, nos cambiamos nosotros y nos dirigimos al Bar Restaurante La Fragua de Elías, donde comimos muy bien. Después de la comida regresamos a Zamora con muy buen sabor de boca después de haber pasado un estupendo día de bici y amigos.
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