Aunque por la comarca de La Carballeda ya hemos realizado varias rutas, teníamos olvidado su parte este, hoy la hemos recorrido, bordeando el Embalse de Nuestra Señora de Agavanzal y el río Tera. También hemos tocado el oeste de Los Valles. En el cómputo final hemos realizado un recorrido divertido y muy variado.
Para comenzar este recorrido quedamos a las 10.00 h en Rionegro del Puente. En esta ocasión nos juntamos casi, casi todo el grupo, siete bikers en total. Dejamos los coches junto a la Playa Fluvial de esta localidad e iniciamos la marcha sobre las 10.15 h. El termómetro marcaba 20º y solo la luna rompía el azul del cielo.Nada más salir cruzamos el río Negro por un puentecillo y comenzamos a rodar junto a él, aunque la vegetación no siempre nos dejaba verlo.
Después de tres kilómetros, poco antes de la desembocadura de ese río en el Tera, nos desviamos a la izquierda para entrar en un senderito trazado junto a este río que fue una delicia. Un estupendo comienzo con su sinuoso trazado, con pequeñas subidas y bajadas y, casi siempre, recorriendo en mucho tramos un túnel formado por la vegetación.
Tras unos tres kilómetros por este single track, ese se ensanchó y justo en esa zona uno de los bikers sufrió una caída, similar a la reciente de Pogacar en la Vuelta a España. Un biker movió con su rueda trasera una piedra y el que iba detrás la cogió de lleno con su rueda delantera. El resultado fue que voló. y a consecuencia de ello sufrió algunas magulladoras y pequeñas heridas. En cuanto se recuperó reiniciamos la marcha. Poco más adelante la vegetación casi desapareció y vimos a lo lejos la primera localidad de paso: Villar de Farfón.
Como siempre solemos hacer hicimos un pequeño recorrido por el pueblo, pasando junto a su iglesia.
Salimos del pueblo por la carretera que le da acceso pero enseguida nos desviamos para iniciar otro bonito recorrido, en esta ocasión por un camino asfaltado que iba bordeando las aguas del Tera, en esa zona ya embalsadas.
Después de otros tres kilómetros disfrutones llegamos a la presa de este embalse de Nuestra Señora de Agavanzal. La cruzamos y pudimos contemplar la diferencia de altura y de anchura entre el río y el agua embalsada.
Al salir de dicha presa continuamos unos cientos de metros por carretera para después girar a la izquierda y ascender por un camino entre jaras y alguna encina (muchas de ellas quemadas). Terminado el descenso nos merecíamos una bajada y así fuimos de nuevo al encuentro con el embalse.
Poco más adelante llegamos al Santuario de Nuestra Señora de Aganvanzal, según la leyenda, mandado construir por el linaje toresano de los Bustamente, propietarios de esta zona de aquellos tiempos, en el lugar donde se le apareció la Virgen entre un agavanzal (rosal silvestre) a uno de ellos cuando cazaba por su coto.
Después de una pequeña parada continuamos adelante y enseguida, tras dos kilómetros, llegamos a la localidad de Olleros de Tera, un pueblo que nos sorprendió por sus instalaciones comunes y por lo cuidado que estaba todo.
Después del recorrido turístico por la localidad la dejamos atrás buscando de nuevo el Tera, del que nos habíamos desviado después de dejar atrás el santuario.
Como dos kilómetros más adelante llegamos a un puente sobre el río. Desde él volvimos a ver el cauce natural del río, ya sin embalsar.
Desde allí no tardamos nada en llegar a la siguiente localidad de paso, Vega de Tera.
Salimos de esta población para dirigirnos a Milla de Tera. Nos separaban poco más de cuatro kilómetros de suave y continua ascensión. Antes de llegar a ese pasamos muy cerca de Junquera de Tera, pero no llegamos a entrar.
Al entrar en Milla de Tera un cartel nos recordó a dónde llegábamos.
Después de un corto recorrido por el pueblo lo abandonamos para continuar por un buen camino por el que se rodaba bien, aunque seguíamos subiendo.
No tardamos en llegar a un pinar que llamó nuestra atención porque los pinos no abundan en la comarca de Los Valles.
Unos seis kilómetros después de dejar atrás Milla de Tera entramos en una pequeñísima localidad: Valleluengo.´
Ocho habitantes tan solo son los que están censados en esta localidad, que ya pertenece a La Carballeda.
Al salir del pueblo no pudimos por menos que hacer una foto a un gran castaño al que no le cabían más pellizos.
Los pinos fueron desapareciendo y después de un claro nos sumergimos en un encinar.
Desde allí tras un par de subidas y una bajada nos fuimos acercando a la Ermita de San Mamés, nuestro siguiente objetivo.
Finalmente llegamos a la ermita. En ella cada 7 de agosto se celebra una romería y misa multitudinaria en honor a San Mamés.
Justo antes de entrar al pueblo cruzamos por un puente sobre un riachuelo, que no era otro que un río Negro aún de poca importancia.
El preceptivo recorrido nos llevó a la iglesia, románica en su origen, de cuya época aún conserva algunas partes.
La subida se extendió a lo largo de casi dos kilómetros, la mayoría de ellos los realizamos por un senderito rodeado de más o menos vegetación según los tramos.
A continuación se hizo justicia y comenzamos a descender, y lo hicimos hasta que llegamos a la Autovía Rías Baixas, junto a la que rodamos unos cientos de metros. Después la cruzamos sobre un viaducto elevado y continuamos descendiendo hacia Rionegro del Puente. No tardamos en ver la espadaña del Santuario de Nuestra Señora de La Carballeda.
Tras la rehidratación nos montamos de nuevo sobre las bicis y recorrimos el corto trecho que nos separaba de la zona de baño del río, pasando antes junto al santuario.
En cuanto llegamos a los coches colocamos las bicis en los portabicis nos cambiamos y nos fuimos directos al agua.
El agua estaba fresquita pero fue un baño reconfortante. Un final perfecto para una ruta muy bonita y variada.
Desde allí nos dirigimos al Restaurante Me gusta comer, también de esta localidad, donde comimos estupendamente.
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