29 de diciembre de 2019

Niebla, solecito y niebla

Hoy por la mañana, cuando nos levantamos, vimos la niebla tras los cristales y sentimos la baja temperatura que había, aunque no lo dijimos, seguro que todos pensamos que lo mejor que hacíamos era volver a la cama y dejar descansar la bicicleta. Pero nadie se echó para atrás y finalmente los seis que habíamos dicho que íbamos a salir allí estábamos a la hora prevista, bueno, más o menos a la hora prevista...

Teníamos que ir hacia La Hiniesta, así que rodamos hasta la Avenida del Mengue y seguimos por ella hasta la rotonda de la carretera de Alcañices. Desde allí fuimos a Valorio, cruzándolo de lado a lado.




Tras cuatro o cinco kilómetros todos íbamos pensando, aunque esta vez tampoco lo dijimos, lo tontos que estábamos para pasar ese frío, que con la humedad de la niebla se colaba hasta los huesos, que hacía que no sintéramos las manos y que, desde luego, no hacía disfrutar de la bicicleta.


Cuando ya no sabíamos qué hacer con las manos porque no había forma de que reaccionaran, empezamos a esperanzarnos al ver que el sol parecía querer romper la barrera de la niebla. Poco después, justo al llegar a La Hiniesta, lo lograba tímidamente, pero inmediatamente notamos una caricia templada donde conseguía tocarnos con su luz.


Podemos decir que a partir de ese punto hubo un antes y un después de esta ruta. Porque fue salir el sol y empezar a disfrutar. Ya se sabe que es necesario que algo habitual falte para empezar a valorarlo, y eso nos ocurrió, valoramos enormemente esa luz y esa calidez que contrarrestaba la helada de la mañana.

Tras pasar La Hiniesta seguimos el camino habitual por el que rodamos en dirección al Viaducto de Martín Gil, pero poco después de empezar a rodar en paralelo a la vía giramos a la izquierda para pasar sobre ella a través de un puente. Poco después giramos a la derecha para enfrentarnos a una recta que nos llevaría, sin abandonarla, hasta Andavías.


Atravesamos esta localidad por calles por las que nunca habíamos pasado y sufrimos un pequeño incidente. Había que pasar un pequeño puente que salva un arroyuelo, y a la salida del mismo hay un pequeño pedestal para que no pasen los coches. Uno de los bikers no lo vio hasta que estaba encima, porque se lo ocultaba el que iba delante, y al tratar de evitarlo se cayó. Afortunadamente, sin consecuencias.

Unos metros más adelante encontramos una antigua casona, ahora abandonada, que lucía ventanas tan bonitas como esta:


Salimos del pueblo y tras recorrer un tramo recto, comenzamos a descender por una zona sombría que parecía nevada de la gran helada que la cubría.


Al llegar abajo nos hicimos una foto de grupo en medio de la "nevada".


De nuevo sobre las bicis terminamos cogiendo un camino que nos llevó hasta la entrada de Palacios del Pan. Nada más llegar a las primeras casas cogimos una calle que bordea la localidad y que nos sacó de ella, dejándonos en una gran recta de muy buen firme y en la que empezamos a percibir un cambio en el paisaje, al encontrarnos ya muchas encinas a un lado y otro de él.



Lo cierto es que con la gran cantidad de lluvia caída y las temperaturas suaves que hemos tenido hasta ahora, el campo está impresionante de bonito.

Tras rodar unos 3 km por esa recta, giramos a la izquierda para adentrarnos en una zona más virgen en la que incluso costaba ver el camino. Allí las encinas seguían siendo las protagonistas.




 Poco después continuamos por una camino más marcado, descendente y algo técnico por la cantidad de piedra suelta que había en los primeros metros y por las rocas que afloraban a la superficie en los últimos.



Este camino nos sacó a la carretera de Carbajales, rodamos por ella como cincuenta metros, dirección Zamora, y tomamos la desviación hacia los chalets de Peñas Rojas.

Rodamos por un par de calles de la urbanización y terminamos junto al embalse. Fuimos bordeándolo y tanto nos estaba gustando que continuamos por la orilla olvidándonos del track.


Cuando nos dimos cuenta ya no había camino hacia adelante y, para evitar regresar, empezamos a ascender por la loma de nuestra izquierda en busca del camino perdido. Finalmente lo encontramos, pero tras atravesar una zona repleta de jaras y encinas.


Yendo por el camino podíamos contemplar vistas de la zona tan bonitas como esta:


Poco más adelante vimos que el Puerto Deportivo o Área Recreativa Fluvial (como pone el cartel) estaba unos cientos de metros más abajo, así que decidimos descender para conocerlo. En la actualidad está tan alto el embalse que el pantalán se ha quedado sin acceso desde tierra.


Tras la visita ascendimos hasta el lugar desde donde nos habíamos desviado y seguimos rodando por un paraje muy agradable y siempre sin perder de vista el embalse del Esla.



Cuando empezábamos a ver las primeras casas de Palacios nos desviamos a la derecha y enfilamos hacia una lengua del embalse. Al llegar a este se perdía el camino, probablemente porque esté bajo las aguas, pero continuamos por la misma orilla. Hubo un momento en el que hubo que bajarse de la bici y continuar a pie, pero finalmente conseguimos llegar al puente que debíamos cruzar.



Después de cruzar el puente deberíamos haber seguido por un camino que va junto al embalse y que lleva hasta Valdeperdices, pero el nivel de las aguas lo mantenía cubierto, así que continuamos por el camino que sale del puente. Cuando pudimos giramos a la izquierda y terminamos atravesando unas tierras para llegar al camino que nos llevaría al pueblo.


Bordeamos el núcleo principal de Valdeperdices y terminamos saliendo de él por una carretera que sale a la izquierda y de la que, poco después, desaparece el asfalto para volver a ser camino. Camino ya conocido para todos nosotros que, tras alguna subida y alguna bajada a lo largo de unos 5 km, nos llevó hasta Palomares.


Atravesamos esta dehesa en muy poco tiempo porque llevábamos muy buen ritmo, ayudados por el perfil descendente y por la bondad del firme. Tras la bajada vino la consiguiente subida. Al culminarla giramos a la izquierda para dirigirnos de nuevo a La Hiniesta. Desde esa zona alta ya pudimos observar que Zamora capital seguía con una "boina" de niebla. Llegamos a La Hiniesta en pocos minutos y desde allí proseguimos hacia Zamora, por el camino que habitualmente seguimos.

Poco después de dejar atrás las últimas casas de esta localidad el sol comenzó a velarse y notamos en nuestro rostro que la temperatura bajaba notablemente. Terminábamos de entrar de nuevo en la niebla.


Continuamos a un ritmo elevado, cercano a los 30 km/h, así que en pocos minutos pasamos por Valderrey y entramos de nuevo en Valorio.


En ese punto el sol parecía que iba a ganar la batalla, pero según nos fuimos acercando al río comprobamos que esta estaba perdida, ya que estaba muy cerrada.

Entramos en la ciudad y seguimos el carril bici, pero al llegar al Puente de Piedra decidimos recuperar parte del calor perdido en el Bar Oviedo. Y así lo hicimos. Tras comentar los momentos más importantes de la ruta con una caña en la mano nos despedimos y dimos por concluida la etapa de hoy.

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