12 de diciembre de 2021

Incursión en Monte la Reina

La previsión meteorológica anunciaba niebla persistente para hoy, pero teníamos la esperanza de que levantara, aunque fuera a media mañana, pero no, así que se convirtió en la protagonista ya que quitó vistosidad al recorrido, su humedad nos fue molestando y no nos dejó disfrutar como a nosotros nos gusta. Aún así, hemos rodado por lugares por los que nunca habíamos pasado y la zona de Monte la Reina nos ha encantado.

Solo cuatro fuimos los elegidos para hacer esta ruta. Entre obligaciones laborales de unos, deportivas de otros o de convalecencia, quedamos solo cuatro para salir esta mañana a las 9.30. Con puntualidad iniciamos nuestro recorrido, abandonando la ciudad por el carril bici de los Tres Árboles. Al llegar a la altura de la gasolinera Vista Alegre lo abandonamos y cruzamos la N-122, pasamos sobre el puente elevado que salva las vías del AVE y al terminar el descenso giramos 180º para seguir un camino que nos llevó hasta el vallado de dichas vías. Allí comenzamos a rodar en paralelo a las mismas y así prácticamente nos mantendríamos unos trece kilómetros.


En realidad no estuvimos todos esos kilómetros pegados a las vías, en algunos momentos nos desviamos ligeramente de su lado, pero como si de un imán se tratase, terminábamos volviendo a ellas. 
En el primer tramo rodamos muy rápidos, la temperatura no era mala, pero la humedad penetraba y la sensación era fría, así que había que calentar de algún modo.

El segundo tramo ya tenía algunos sube y bajas que terminaron por quitarnos el frío. Eso sí, esa humedad hacía que del casco fueran continuamente cayendo gotas (podríamos llamarlo "sudor invernal") y que se viera poco a través de las gafas.


Después de pasar a la altura de Coreses la niebla, lejos de ir levantando, estaba más cerrada aún, si bien es verdad que no era de los días en los que la visibilidad es nula.


Cuando pasamos junto a un campo de fútbol intuimos que era el de Fresno de la Ribera. Poco después llegamos a un punto en el que el track que habíamos trazado nos quería meter en una finca privada. Como no podía ser decidimos improvisar, descendimos de nuevo hacia las vías del AVE y volvimos a rodar en paralelo. En esta ocasión como unos dos kilómetros. 

En un momento dado el camino comenzó a estar como removido y había montones de grava por aquí y por allá. También vimos alguna pequeña laguna cuyo vaso se había hecho artificialmente para extraer arena.

Poco más allá vimos una laguna mucho mayor. Un cazador nos indicó que teníamos que bordearla dejándola a nuestra derecha. Charlamos unos minutos con él y casi hacemos negocios porque era un fabricante vasco de ropa deportiva (Negua).

Podemos considerar que allí comienza Monte la Reina, porque el camino que bordeaba la laguna ya estaba rodeado de muchos pinos y encinas, y también repleto de arena que hacía muy difícil dominar la bici y, sobre todo, rodar.


A nuestra derecha pudimos contemplar una buena vista de la laguna, preparada para entrenamientos y pruebas de piragüismo con decenas de boyas colocadas casi con escuadra y cartabón.


El trozo arenoso, pese a su incomodidad, nos gustó mucho porque era tremendamente diferente al paisaje visto en esta ruta hasta ese momento. 


No tardó en terminarse la zona boscosa. Salimos a un claro y continuamos bordeando la laguna. Al llegar al final de esta giramos levemente a la izquierda y poco después iniciamos una subida girando a la derecha. Poco después de comenzar el ascenso alzamos la vista y nos sorprendió ver aparecer entre la niebla el palacio de Monte la Reina. 


Llegamos hasta él, dimos una vuelta a la plaza que tiene delante mientras decidíamos hacia dónde ir. Finalmente decidimos que hacia la izquierda, a ver qué pasaba...


En el mapa base del GPS vimos que ese camino por el que acabábamos de empezar a rodar parecía que daba como una vuelta amplia y terminaba empalmando con uno por el que habíamos pasado a la ida. Primero fuimos bordeando las viñas de la propia bodega Monte la Reina, después giramos ligeramente a la izquierda y continuamos como dos kilómetros junto a una valla de alambre de espino, atravesando una zona muy bonita.


Cuando había que hacer algún giro siempre lo hacíamos hacia la izquierda. El camino se fue ensanchando y, finalmente, terminamos haciendo un descenso que nos llevó hasta una zona por la que habíamos pasado a la ida, justo antes de la laguna.


"Pisamos" el track unos cientos de metros, pero enseguida cruzamos bajo un puente al otro lado de las vías y fuimos un tramo junto a las ya vías antiguas. Un camino por el que tampoco habíamos transitado nunca.


Volvimos al otro lado de las vías, tocamos de nuevo el track de la ida, pero apenas unos metros, porque nos desviamos a la izquierda enseguida para comenzar una "sábana" (llamada así por los pliegues del camino).


Tuvimos que girar a la derecha y nos volvimos a encontrar con el track, lo pisamos lo imprescindible para, en cuanto pudimos, girar a la izquierda para dirigirnos a la localidad de Fresno de la Ribera, que ya teníamos a la vista. 


Atravesamos el pueblo, también la carretera y seguimos de frente descendiendo hacia el río. En nada estábamos ya rodando a su lado y ya metidos de nuevo en el track de vuelta.


Acompañamos al Duero durante un trecho y, poco a poco, fuimos alejándonos de él. Más adelante bordeamos las edificaciones de la Dehesa de San Pelayo. Desde allí nos fuimos hacia la derecha, como si fuéramos hacia Coreses, pero mucho antes de llegar a la carretera N-122 giramos a la izquierda  para ya seguir, con algún ligero cambio de dirección, casi en paralelo a la llamada "Recta de Coreses".


En toda esa zona rodamos rápido porque el firme y el terreno acompañaba, así que nos fuimos aproximando a Zamora rápidamente. Finalmente el camino terminó sacándonos a la N-122 por la que rodamos poco más de 500 metros. En cuanto pudimos giramos a la derecha para ir a dar a uno de los caminos que unen Zamora y Coreses. Continuamos por este hasta el cruce que hay junto al río Valderaduey.

Al pasar junto a la gasolinera paramos a echar un agüilla a nuestras bicis porque traían algo de barro (en algunas con capas de salidas anteriores). Les dimos un lavado muy ligero y continuamos por el carril bici hasta la capital. Finalmente paramos para despedirnos, y ya aprovechamos para tomarnos una caña ;)


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