24 de diciembre de 2023

Haciendo sitio para el empacho

Nochebuena es una tradicional fiesta familiar, pero también gastronómica. Llega un momento en el que se come por comer y al final de la noche casi todos terminamos empachados. Para matar el gusanillo de la semana y para hacer un poquito más de hueco en nuestro estómago, esta Nochebuena hemos salido en bici para dar poco más que un paseo.

La niebla, que nos acompaña desde hace días y que empieza a ser un clásico de las Navidades en Zamora, hoy también quiso estar presente y hacerse la protagonista. Mientras en otros sitios, algunos próximos, estarían disfrutando de una agradable y soleada mañana, a nosotros nos tocó conformarnos con una temperatura entre -1 y 0 grados y con un ambiente muy húmedo, porque era, como decimos por aquí, "meona".

Solo cuatro bíkers aceptaron el reto de rodar pese a la niebla, si bien dos están excusados por tener argumentos sólidos para no presentarse esta mañana. Nos dirigimos por asfalto, bordeando el río hasta Trascastillo, para dirigirnos desde allí hacia el Puente de los Poetas. Tras cruzarlo, nos sumergimos en San Frontis, ascendimos a Rabiche y continuamos por el camino que, habitualmente, nos lleva a Carrascal. 

En esa primera subida quitamos algo de frío, pero después, lamentablemente, había un par de bajadas, que siempre nos encantan, pero con esta temperatura te meten ese frío en el cuerpo. Seguimos por esa pista y, cuando llevábamos algo más de seis kilómetros, nos desviamos a la izquierda para iniciar un ascenso algo técnico y con varios cambios de dirección que culmina en la llamada Cabeza Falcón, un alto con vistas a un valle que hoy no existía.

Una vez realizada la subida, bordeamos esa zona alta y cuando estábamos a punto de llegar a los restos de edificaciones del Campo de Tiro de Las Chanas volvimos a toparnos con una pareja que llevan a su alrededor seis o siete perros. Decimos "volvemos" porque ya otra vez en ese mismo lugar coincidimos con ellos y los chuchos se alborotaron, nos rodearon, nos ladraron mucho e hicieron caer a uno de los bíkers. Esta vez fue parecido, al pasar junto a los perros se volvieron locos, corrían a nuestro alrededor e incluso uno mordió en la pierna al bíker que iba el primero (el mismo que se fue al suelo la otra vez). Los dueños, ni aquella vez ni esta, fueron capaces de dominar a sus bestias. Y nosotros, que somos tontos, por no fastidiar la ruta no llamamos a la Guardia Civil, que es lo que teníamos que haber hecho.

Pasado el incidente continuamos adelante, pensando todos que el mordisco había sido muy leve, pero al quitarse el maillot ya en casa comprobó que tenía las marcas de los dientes perfectamente visibles y porque tocaron hueso, si no habría sido peor.

Decíamos que continuamos adelante y enseguida descendimos por un camino que siempre tiene cierto peligro por su mal firme y que hoy estaba peligroso por la humedad. 

Ya abajo, en el valle comenzamos un circuito que nos encanta y que va bordeando el pequeño cauce del arroyo del Perdigón y, en una gran parte, atravesando un cerrado monte de encinas.

Ese caminos nos terminó llevando al mismo camino que habíamos iniciado en San Frontis y que habíamos dejado unos cientos de metros más atrás. Siguiendo por él enseguida llegamos a la entrada de Carrascal. 

Ascendimos hacia el centro de este barrio/pueblo, pasamos junto a la iglesia y enseguida nos alejamos del mismo por un camino ascendente. La subida se quedó entre nosotros algo más de dos kilómetros.

Como no veíamos cuando empezamos a oler mal supimos que estábamos a los pies del vertedero provincial. En un momento dado pasamos junto a su valla y poco después salimos a una carretera asfaltada, la que da entrada al dicho vertedero.



Esta carretera nos llevó hasta la de Fermoselle, la cruzamos y continuamos por el camino que teníamos en frente. Por desgracia (a quién se le diga que consideramos desgracia una bajada...) para nuestra temperatura corporal nos tocó descender casi dos kilómetros. Al final del descenso cruzamos la carretera que va a Tardobispo y seguimos de frente. Tocó recuperar calorías subiendo, y lo hicimos hasta el GR-14.


Al unirnos a este seguimos por él hasta poco antes de Entrala. En ese tramo había más barro del esperado, pero lo fuimos sorteando como pudimos. 

Antes de llegar a esa localidad giramos a la izquierda, poco después a la derecha e iniciamos un ascenso por un camino muy ancho que nos llevó hasta la carretera de Ledesma. 

La cruzamos y continuamos por el camino que seguía al otro lado que, en pocos minutos nos condujo hasta Morales del Vino. Pronto la tierra se convirtió en asfalto y sin cambiar de dirección en ningún momento llegamos a la N-630. Seguimos por ella unos cientos de metros y la abandonamos para... ¡mecachis!, descender por la Cuesta Blanca. Tras dos kilómetros y mucho frío desembocamos en la carretera de Ledesma de nuevo. Nos incorporamos a ella y la dejamos cincuenta metros más adelante para tomar un camino que solemos coger para evitar rodar por esa carretera. 

El camino termina uniéndose al llamado "carril bici Morales - Zamora" y por él seguimos pasando frío, porque, aunque levemente, es descendente y se rueda rápido. Enseguida llegamos al Cementerio de Zamora, continuamos por Pinilla hasta el Puente de Hierro y desde este al punto desde habíamos salido.

En esta ocasión paramos en el Bar CD pero no a recuperar líquidos sino a tomar un café para calentarnos por dentro.


Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.

Powered by Wikiloc

No hay comentarios:

Publicar un comentario