19 de febrero de 2024

18.º Passeio de BTT - Rodando por estes caminos. Miranda do Douro

Habíamos oído hablar del Passeio de BTT "Rodando por estes caminos" con anterioridad, pero no nos habíamos decidido a participar hasta la edición de este año y ha sido un acierto porque nos hemos encontrado con una ruta con una organización perfecta y un recorrido espectacular, la pena ha sido que las inscripciones fueron pocas (unas 60) y ese número es posible que no rentabilice el esfuerzo y las ganas que ha puesto la organización.

Habíamos leído que la recogida de dorsales era a las 9.00 h (hora portuguesa) aunque algunos no nos habíamos percatado de que la salida era media más tarde, el caso es que organizamos todo para estar allí sobre las 8.45 h y llegamos unos minutos antes. Empezamos a prepararnos y hacer lo propio con las bicis.


Recogimos los dorsales y aún faltaba media hora para la salida, así que nos fuimos a tomar un café. A la vuelta del mismo nos pusimos detrás del arco de salida y esperamos a que se diera la misma. La megafonía avisó de que había un tramo del track que estaba impracticable y que, por ello, se había realizado una modificación. Instantes después, se dio la salida. 

Hacía fresquito, unos cinco grados, pero se esperaban 16 a la llegada así que no nos abrigamos en exceso y en los primeros compases no nos sobraba nada de ropa, pero no hubo problema porque a los quinientos metros de la salida comenzamos a ascender y ya se sabe que una cuesta siempre quita el frío.

De los ocho bikers que participábamos, siete íbamos juntos, y el restante iba algo más adelante. Del total, cuatro íbamos a participar en la Maratona (larga) y otros cuatro en al Meia Maratona (corta).


Pronto llegamos a la primera localidad por la que pasamos, Vale de Mira. Atravesamos esta pequeña localidad y continuamos ascendiendo.


La subida se prolongó hasta acumular tres kilómetros de ascenso, esto provocó que ya casi nos sobrara ropa y que nuestro grupo se fuera estirando porque cada uno iba al ritmo con el que se sentía cómodo.

En los siguientes cinco kilómetros fuimos contemplando un paisaje muy cambiante a la par que bonito. Nos estábamos encontrando con zonas con mucho verdor y más agua de la esperada en los caminos.


A esas alturas el sol ya empezaba a tener más fuerza y más luz, resaltando los paisajes que íbamos encontrando a nuestro paso.


En ese momento íbamos tres miembros del equipo juntos porque íbamos cómodos todos al mismo ritmo. Nos estaba encantando lo que estábamos viendo y, aunque nos habían comentado que en otras ediciones la ruta estaba poco marcada y se perdían muchos participantes, nos estábamos encontrando todos los cruces y cambios de dirección marcados, bien con balizas clavadas en el suelo o bien con flechas de cal pintadas sobre la tierra del camino.

Sobre el kilómetro 7 pasamos por una segunda localidad, Quinta do Cordeiro. Poco después, en uno de esos tramos bonitos había una zona con un barrizal enorme que cubría todo el camino. No quedaba otra que meterse (aunque quizás sería más apropiado decir "sumergirse") en él y tratar de atravesarlo. Algunos no tuvimos suerte, las ruedas se negaron a rodar y tuvimos que meter los pies en el barro, bien metidos, hasta los tobillos, pero ya se sabe..., son gajes del oficio. 


Después de atravesar el barrizal subimos algo más, cambiamos varias veces de dirección y comenzamos a sacar rédito a tanta subida, descendiendo suavemente unos cuatro kilómetros, en concreto hasta llegar a Aguas Vivas, la localidad donde estaba establecido un avituallamiento. Como aún no teníamos ni hambre ni sed, no paramos.


Al salir de Aguas Vivas tuvimos dudas porque las indicaciones no coincidían con nuestro track, pero nos recordaron lo que habían dicho a la salida (y que ninguno de los tres que íbamos juntos habíamos escuchado), que se había variado algo el recorrido y eso lo explicaba todo. 

Seguimos descendiendo algo más y, como a dos kilómetros del pueblo estaba la bifurcación de la Maratona y Meia Maratona, es decir la ruta larga o la corta. Nuestra inscripción era de Maratona, si bien habíamos dicho que en ese punto nos lo pensaríamos, pero no hizo falta, los tres que íbamos juntos teníamos claro que íbamos a hacer la larga. También tomó esa misma opción otro miembro de nuestro equipo que estaba rodando con una bici muscular.


Nada más pasar el desvío comenzó una subida que se prolongó a lo largo de casi un kilómetro, acumulando mayor dureza en los primeros metros.


Después de culminar el ascenso nos dejamos caer por la cuesta abajo que teníamos delante. Fueron como dos kilómetros, en los que más de la mitad fuimos rodando en paralelo a un bonito riachuelo (Ribeira dos Santos).


Al terminar esa podría haber habido un tramo llano, pero no, había otra cuesta que nos llevó hasta la siguiente localidad por la que pasamos, Fonte Ladrao.


Nada más entrar en el pueblo nos llamó la atención una mujer que estaba lavando ropa en los lavaderos, algo muy común en otros tiempos, pero infrecuente ya en la actualidad. 



Dejamos atrás este pequeño pueblo y fuimos encontrando zonas de pasto con ganado haciendo funciones de segadora. También en esta zona tuvimos que enfrentarnos a alguna pequeña subida y la consiguiente bajada. 


Pero eso no impidió que atravesáramos zonas con bastante encanto, con mucho verde y arbolado formando un bonito conjunto.


Poco después nos enfrentamos a una subida muy, muy empinada. Menos mal que no era larga, unos quinientos metros, el problema es que en tan poca distancia se ascendían casi 50 m.


Una vez que nos quitamos de encima semejante cuestón fuimos recuperando el aliento gracias al descenso al que nos enfrentamos. Comenzamos bordeando un pueblecito llamada Granja, y pronto nos sumergimos en la zona más bonita del recorrido, un gran alcornocal donde íbamos encontrando árboles despojados de su vestimenta por todos lados.


Hubo una zona que nos llamó especialmente la atención por lo cuidada que estaba, con la hierba segada y grandes alcornoques alineados.


Pero no solo había Quercus suber, sino que también había olivos en algunas de las fincas que delimitaban el camino.


La parte negativa es que nos temíamos que tanta bajada podía tener consecuencias, y vaya que si las tuvo... Tuvimos que enfrentarnos a una subida, bastante dura en algún tramo, y con de más de tres kilómetros. Durante la subida nos íbamos acordando del compañero que venía por detrás con la bici muscular y de lo que le iba a tocar sufrir, ya que a nosotros nos estaba costando de lo lindo.


En poco tiempo pudimos disfrutar de las vistas que nos habíamos ido ganando a golpe de pedal, ya que la altura ganada era considerable y se podía ver todo el valle que habíamos dejado atrás.


Como todo lo que se empieza también se termina, después de la subida vino la bajada, el llano no tenía cabida en esta marcha. Esta nos llevó a pasar muy cerca del camino por el que habíamos atravesado el arcornocal, y es que realmente habíamos hecho como una circunferencia irregular y volvíamos casi al mismo punto por donde habíamos pasado unos kilómetros antes. Se trataba de una zona donde había habido explotaciones mineras para extraer mármol y alabastro, ahora abandonadas, con varias naves vacías esperando que el tiempo y la climatología las eche abajo.


Al concluir la bajada, como no podía ser de otro modo comenzó una nueva subida, en esta ocasión de dos kilómetros. Decidimos hacerla más relajadamente y fuimos conversando de varios temas, de ese modo se hizo bastante más llevadera. Al terminar esta descendimos una vez más, pero mucha menos distancia de la ascendida, así que se nos debían metros de bajada.


En esta alcanzamos a un ciclista portugués que iba con una fat bike, es decir una bici de montaña con ruedas super anchas. Si ya costaba trabajo rodar con una bici normal o eléctrica, no nos imaginamos el esfuerzo que suponía hacerlo con esa en una ruta como la que estábamos haciendo.

Al sobrepasarlo nos señaló su rueda delantera y nos dijo que si teníamos bomba. Se le había pinchado. Le dijimos que sí, paramos en un puente, se la hinchamos y se quedó contengo y agradecido.


Al volver a la bici miramos al lado izquierdo del puente y nos encontramos con este pedazo de paisaje que, de no haber parado a ayudar a este hombre, probablemente nos lo habríamos perdido.


Después de esta parada seguimos con la misma tónica anterior, es decir, subidas y bajadas, solo que ahora ni unas ni otras eran largas. Así llegamos a las cercanías de Silva. Pasamos cerca de este pueblo pero tan solo vimos algunas edificaciones de lejos.


Fuimos cambiando de dirección en muchas ocasiones guiados perfectamente por las indicaciones que encontrábamos, como hemos dicho, tanto en el suelo como en las balizas, y prácticamente ni mirábamos nuestros GPS. En un momento dado nos pasaron con relativa facilidad el ciclista de la fat bike y una chica que estaba haciendo la ruta larga y que se le había pegado a rueda.

En una de las subidas antes de llegar a Vilar Seco, conseguimos sobrepasar a la pareja y nos dio tiempo a intercambiar unas palabras. Los dejamos atrás y llegamos a esta localidad.


La atravesamos por la calle principal y al final de esta pasamos junto a una ermita y salimos del pueblo. 


Aunque nos íbamos acercando ya a Miranda, no veíamos que el perfil fuera favorable y nos devolviera todo el déficit de metros de ascenso acumulados en forma de una gran bajada, así que continuamos rodando alternando  sube y bajas.


Unos seis kilómetros después de dejar atrás Vilar Seco el perfil nos empezó a favorecer, pero parece ser que favorecía más a la pareja portuguesa porque se pusieron a nuestro lado y en poco tiempo nos dejaron atrás. Eso sí, se ganaron una foto porque ya los considerábamos amigos.


Estábamos aproximadamente en el kilómetro 50 y más o menos por ahí es cuando el perfil comenzó a darnos lo que nos debía. Cierto que no era una gran bajada pero sí lo suficiente para que nuestras piernas comenzaran a descansar y para rodar a buena velocidad. Eso sí, el barro nos seguía acompañando.


El suave descenso se fue prolongando y después de varios cambios de dirección comenzamos a rodar con el skyline de Mirando do Douro al fondo y eso nos dio alas, porque después de casi 60 kilómetros ver el final a tiro de piedra da un plus de fuerza a cada pedalada. 


A los pies de Miranda pasamos bajo lo que pensamos que era un puente, pero no era tal, sino un acueducto, en concreto el Aqueduto do Vilarinho, construido a finales del siglo XVI para abastecer a la población de Miranda, que había crecido ostensiblemente en los años anterioes y por ello necesitaba mayor abastecimiento de agua. La que vimos es la parte más destacada del mismo, seis arcos de medio punto, de diferentes dimensiones, tanto en ancho como en alto.


Nada más cruzar bajo el acueducto giramos a la izquierda ascendimos por una calle, volvimos a girar a la izquierda y nos encontramos de frente con el arco de llegada, pero las indicaciones nos llevaron a hacer un rodeo tras el que entramos en la recta de meta. En ese momento los tres nos agarramos y cruzamos el arco a la vez. 


Sorprendentemente para nosotros, a los veinte minutos entró nuestro compañero de la bici muscular, que pensábamos que iba a tardar bastante más. El resto de bikers, los que habían hecho la ruta corta, ya estaban duchados, con las bicis cargadas y hasta se habían tomado una cerveza. Justo lo mismo que hicimos nosotros nada más apearnos de las bicis.

Antes de tomar esa cerveza abandonamos el recinto no sin antes felicitar a la organización por el recorrido, por lo bien señalizado que estaba todo y por el esfuerzo realizado por todos los voluntarios para sacar algo así adelante.



Para descargar la ruta haz clic en Wikiloc.

Powered by Wikiloc

No hay comentarios:

Publicar un comentario