3 de mayo de 2026

Entre la Tierra del Vino y Sayago

La Tierra del Vino y Sayago son dos comarcas zamoranas que limitan entre sí y que se encuentran al sur y suroeste de la provincia. La primera tiene un relieve llano o suavemente ondulado y la segunda también es casi llana con ligeras ondulaciones producto de la erosión de antiguas montañas, por ello el granito aflora en casi cualquier sitio. Hoy hemos podido ver esas diferencias entre una y otra en nuestra ruta. 

Para formar el grupo final hubo tres puntos de encuentro. A las 9.30 h dos bikers quedamos en la CD. Desde allí fuimos al encuentro de otros tres que nos esperaban cinco minutos más tarde junto a las escalerillas de bajada del Puente de Cardenal Cisneros. 


El tercer punto de encuentro fue en Morales del Vino, pero antes hubo que ir hasta allí. Y fuimos por un itinerario poco habitual, primero por caminos entre la A-66 y la llamada Circunvalación de Zamora. Más adelante pasamos por un paso elevado sobre dicha A-66 y continuamos en paralelo a esta. 


Después cruzamos bajo ella por un pequeño túnel, continuamos en paralelo a esta vía rápida para, finalmente, irnos separando de ella ya con Morales a la vista. Entramos en el pueblo atravesando una larga calle repleta de casas típicas de esta comarca. Al final de esta nos esperaba el quinto biker. Ya juntos los cinco pasamos por la plaza, más adelante cruzamos la N-630 y continuamos de frente. 


Rodamos por la calle El Perdigón como un kilómetro. La abandonamos abriéndonos a la izquierda y continuando otros cuatro kilómetros, ya sobre tierra, pero cambiando de dirección varias veces.  


A estas alturas de la mañana había unos 14º de temperatura, algo de viento y un cielo repleto de nubes de una amplia gama de tonalidades entre el blanco y el gris oscuro. Aún así el sol trataba de abrirse paso y en algunos momentos lo conseguía. 

Entramos en El Perdigón, pasamos por la plaza para terminar saliendo de la localidad hacia el oeste. 



Poco después de dejar atrás este pueblo trazamos como un cuatro al revés y terminamos ascendiendo a un pequeño teso para enseguida descender hacia San Marcial. 


Llegamos a la carretera de Ledesma y la cruzamos ya con San Marcial a la vista, pero continuamos de frente algo más.


Como quinientos metros después, ya sí, giramos noventa grados y nos dirigimos al pueblo, si bien solo pisamos las afueras de este. Al llegar a otro camino giramos a la derecha y comenzamos a alejarnos de esta localidad. 

Recorrimos unos tres kilómetros prácticamente rectos y ligeramente descendentes. En esa zona grandes nubarrones comenzaron a adueñarse del cielo. Cuando salía el sol se oscurecían aún más y contrastaban con el verdor de los campos y del arbolado.

En este tramo cambiamos de comarca, ya que nos fuimos alejando de la Tierra del Vino para entrar en Sayago. En la orografía apenas notamos el cambio, pero sí en la vegetación: las encinas y los campos yermos empezaron a adueñarse del horizonte.



Tras esos tres kilómetros realizamos un doble giro casi seguido y terminamos enfilando otra recta de casi un kilómetro en la que fuimos ascendiendo algo.


Lo que habíamos ganado subiendo lo volvimos a perder enseguida en la consiguiente bajada. Estábamos llegando al llamado Salto la Vieja, una garganta granítica muy próxima a Las Enillas. 


Antes de cruzar la Ribera del Castillo, hicimos un gran giro hacia la izquierda y comenzamos a rodar por un camino también recto. 

En este tramo algunas nubes se oscurecieron lo suficiente como para resultar amenazantes, pero el sol iba ganando la partida y seguía imponiéndose, evitando así la lluvia. 
 

La recta resultó ser ascendente y se prolongó a lo largo de dos kilómetros y medio. Como suele ocurrir en las subidas, cada uno la fue haciendo a su ritmo. 



Nos estábamos acercando a nuestro destino, La Tuda, pero antes tuvimos que girar a la derecha noventa grados y seguir por un camino unos cientos de metros para llegar a la entrada del pueblo.


Hicimos una parada para que, los que quisieran, pudieran comer algo. En pocos minutos estábamos ya sobre los sillines recorriendo otra parte de este pequeño pueblo y, enseguida, alejándonos de él. 

Y lo conseguimos rodando a muy buena marcha por una recta de casi tres kilómetros, pero no porque de repente nos vinieran fuerzas de no sabemos dónde, sino porque el camino tendía hacia abajo y el viento nos empujaba por la espalda. 


Terminamos la recta girando hacia la izquierda para encontrarnos enseguida con la carretera de Almeida de Sayago, que cruzamos. Continuamos de frente y enseguida giramos de nuevo, esta vez hacia la derecha para enfrentarnos a otra recta, esta de dos kilómetros y ya conocida por nosotros, que nos llevó también casi en volandas, hasta La Pueblica de Campeán.


Al llegar al Puente Potato lo cruzamos pero poco después ascendimos al pueblo por la carretera que une este con la de Fermoselle. En el pueblo solo recorrimos unas decenas de metros de una calle porque enseguida giramos a la izquierda y poco después al lado contrario. Por delante teníamos una recta que nos llevó a pasar junto al cementerio y que, pasado el camposanto, resultó estar casi tomada por la hierba.


Pusimos fin a la recta cambiando de dirección para descender al cercano GR-14. Una vez en este continuamos por su trazado. El cielo cada vez era más amenazante porque ya algunas nubes se mantenían muy oscuras incluso cuando se cubría el sol.


Por la Senda del Duero recorrimos unos tres kilómetros que nos llevaron hasta la localidad de Tardobispo. Al llegar a esta ascendimos hasta la iglesia, dejamos esta a un lado y continuamos de frente. Poco después de salir del pueblo giramos a la derecha y así continuamos nuestra marcha por un buen camino, casi recto, a lo largo de un kilómetro y medio.


Ni que decir tiene que en esta zona la primavera ha hecho de las suyas, logrando que los cereales estén con un aspecto impresionante y que las amapolas hayan cubierto de rojo los bordes de estos cultivos, sin duda para realzarlos más y para romper la monotonía del verde. 


Como la tendencia era descendente seguimos avanzando rápido y nos fuimos aproximando a la localidad de Entrala. 


Pero bastante antes de llegar a esta giramos, cambiamos de dirección y, por lo tanto, dejamos a un lado dicho pueblo. 

No tardamos mucho en enfrentarnos a la última subida de la mañana. Una cuesta que nos condujo hasta la carretera de Ledesma. Al llegar a ella la cruzamos y continuamos de frente.


En pocos minutos llegamos a un lateral de muchas de las urbanizaciones que conforman la parte más nueva de Morales del Vino. Finalmente, llegamos hasta la N-630 en el tramo que cruza la localidad. Nos incorporamos a ella para, unos cientos de metros más adelante, abandonarla girando a la izquierda para seguir por la llamada Cuesta Blanca. 


Terminada esta cruzamos de nuevo la carretera de Ledesma y seguimos casi de frente por un camino el que la hierba se había hecho su dueña.


Más adelante, en lugar de seguir por el llamado Carril Bici Morales-Zamora, innovamos y continuamos por un camino distinto trazado entre fincas. En poco más de un kilómetro cambiamos varias veces de dirección pero siempre por buenos caminos.


A continuación cruzamos la abandonada vía de la Ruta de la Plata y comenzamos a rodar en paralelo a esta. Al principio había dos roderas y se ciclaba bien.


Pero poco más adelante el camino estaba cerrado por la vegetación aunque pudimos rodar con las bicis. Cuando se cerró más, realizamos un tramito por las propias vías (que bien podrían ser una Vía Verde...).


Y poco después llegamos a un camino ya transitable. Como estábamos por innovar, poco más adelante pasamos por un túnel bajo la N-630 (desde allí regresó a Morales el que había partido de esa localidad) y continuamos los cuatro restantes hacia Zamora por un camino que va por detrás del cementerio y que nos llevó hasta la entrada de la capital por el Barrio de San Román. Desde este fuimos al de Pinilla, por el que callejeamos hasta llegar al Puente de Piedra, que cruzamos. 

A la salida de este seguimos por La Horta, Puerta Nueva y llegamos al punto desde donde habíamos salido dos bikers unas horas antes. Allí mismo nos pareció un buen lugar para proceder a la importante tarea de recuperación de líquidos. Tanto los quisimos recuperar que, incluso, comenzó a llover. Este hecho acortó nuestro "tercer tiempo" y desde allí cada uno se dirigió hacia su casa. 




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