La Tierra del Vino y Sayago son dos comarcas zamoranas que limitan entre sí y que se encuentran al sur y suroeste de la provincia. La primera tiene un relieve llano o suavemente ondulado y la segunda también es casi llana con ligeras ondulaciones producto de la erosión de antiguas montañas, por ello el granito aflora en casi cualquier sitio. Hoy hemos podido ver esas diferencias entre una y otra en nuestra ruta.
Para formar el grupo final hubo tres puntos de encuentro. A las 9.30 h dos bikers quedamos en la CD. Desde allí fuimos al encuentro de otros tres que nos esperaban cinco minutos más tarde junto a las escalerillas de bajada del Puente de Cardenal Cisneros.
Entramos en El Perdigón, pasamos por la plaza para terminar saliendo de la localidad hacia el oeste.
Poco después de dejar atrás este pueblo trazamos como un cuatro al revés y terminamos ascendiendo a un pequeño teso para enseguida descender hacia San Marcial.
Llegamos a la carretera de Ledesma y la cruzamos ya con San Marcial a la vista, pero continuamos de frente algo más.
Como quinientos metros después, ya sí, giramos noventa grados y nos dirigimos al pueblo, si bien solo pisamos las afueras de este. Al llegar a otro camino giramos a la derecha y comenzamos a alejarnos de esta localidad.
Recorrimos unos tres kilómetros prácticamente rectos y ligeramente descendentes. En esa zona grandes nubarrones comenzaron a adueñarse del cielo. Cuando salía el sol se oscurecían aún más y contrastaban con el verdor de los campos y del arbolado.
En este tramo cambiamos de comarca, ya que nos fuimos alejando de la Tierra del Vino para entrar en Sayago. En la orografía apenas notamos el cambio, pero sí en la vegetación: las encinas y los campos yermos empezaron a adueñarse del horizonte.
Tras esos tres kilómetros realizamos un doble giro casi seguido y terminamos enfilando otra recta de casi un kilómetro en la que fuimos ascendiendo algo.
Lo que habíamos ganado subiendo lo volvimos a perder enseguida en la consiguiente bajada. Estábamos llegando al llamado Salto la Vieja, una garganta granítica muy próxima a Las Enillas.
Antes de cruzar la Ribera del Castillo, hicimos un gran giro hacia la izquierda y comenzamos a rodar por un camino también recto.
En este tramo algunas nubes se oscurecieron lo suficiente como para resultar amenazantes, pero el sol iba ganando la partida y seguía imponiéndose, evitando así la lluvia.
La recta resultó ser ascendente y se prolongó a lo largo de dos kilómetros y medio. Como suele ocurrir en las subidas, cada uno la fue haciendo a su ritmo.
Nos estábamos acercando a nuestro destino, La Tuda, pero antes tuvimos que girar a la derecha noventa grados y seguir por un camino unos cientos de metros para llegar a la entrada del pueblo.
Y lo conseguimos rodando a muy buena marcha por una recta de casi tres kilómetros, pero no porque de repente nos vinieran fuerzas de no sabemos dónde, sino porque el camino tendía hacia abajo y el viento nos empujaba por la espalda.
Por la Senda del Duero recorrimos unos tres kilómetros que nos llevaron hasta la localidad de Tardobispo. Al llegar a esta ascendimos hasta la iglesia, dejamos esta a un lado y continuamos de frente. Poco después de salir del pueblo giramos a la derecha y así continuamos nuestra marcha por un buen camino, casi recto, a lo largo de un kilómetro y medio.
Ni que decir tiene que en esta zona la primavera ha hecho de las suyas, logrando que los cereales estén con un aspecto impresionante y que las amapolas hayan cubierto de rojo los bordes de estos cultivos, sin duda para realzarlos más y para romper la monotonía del verde.
No tardamos mucho en enfrentarnos a la última subida de la mañana. Una cuesta que nos condujo hasta la carretera de Ledesma. Al llegar a ella la cruzamos y continuamos de frente.
Y poco después llegamos a un camino ya transitable. Como estábamos por innovar, poco más adelante pasamos por un túnel bajo la N-630 (desde allí regresó a Morales el que había partido de esa localidad) y continuamos los cuatro restantes hacia Zamora por un camino que va por detrás del cementerio y que nos llevó hasta la entrada de la capital por el Barrio de San Román. Desde este fuimos al de Pinilla, por el que callejeamos hasta llegar al Puente de Piedra, que cruzamos.
A la salida de este seguimos por La Horta, Puerta Nueva y llegamos al punto desde donde habíamos salido dos bikers unas horas antes. Allí mismo nos pareció un buen lugar para proceder a la importante tarea de recuperación de líquidos. Tanto los quisimos recuperar que, incluso, comenzó a llover. Este hecho acortó nuestro "tercer tiempo" y desde allí cada uno se dirigió hacia su casa.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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