6 de mayo de 2026

Zona Alfa 2 Reino del Carbón y 15 Reino de León (Planeta Calleja)

Todas las iniciativas suman, y si son con un buen fin, suman más. En junio de 2023 se inauguró la Zona Alfa Reino de León, un centro de bicicleta de montaña y "bike park" natural situado en la Montaña Central de León, principalmente en La Pola de Gordón y La Robla. Este proyecto fue impulsado por Jesús Calleja y gracias a esa iniciativa hoy nosotros hemos estado allí, nos hemos divertido de lo lindo y, lo más importante, hemos dejado dinero en la zona, que al fin y al cabo era de lo que se trataba. Así que sí, las iniciativas suman.

Hoy no quedó otra que madrugar. A las 8.00 nos encontramos los dos coches y los cuatro bikers a la salida de Zamora para emprender el viaje a La Robla. Tardamos como una hora y tres cuartos. Al llegar, aparcamos en un aparcamiento que hay bajo una pasarela al lado del polideportivo. Descargamos y en pocos minutos nos preparamos para iniciar nuestra marcha. Eso sí, antes de partir tomamos un café, que ya hacía casi 3 horas que habíamos desayunado.


Prácticamente a las 10.00 h comenzamos a rodar y lo hicimos saliendo por una carretera unos metros aunque en seguida continuamos por un camino que había a su derecha. 


Nos disponíamos a hacer el recorrido R2 Reino del Carbón, si bien después continuaríamos por el A21 Peña del Asno, haríamos un tramo por caminos sin denominación para volver a tomar el R2, descenderíamos por el R15 Reino de León para, finalmente, terminar de nuevo por el R2.

Toda esta nomenclatura corresponde a la Zona Alfa, como ya hemos citado, impulsada por Jesús Calleja, y que ofrece más de 120 km de senderos (flow trails, enduro, XC) para todos los niveles, integrando caminos tradicionales y construidos. 

Como decíamos, enseguida giramos a la derecha, pasamos sobre un puente y comenzamos a subir, así, sin transición, sin calentar. Eso sí, ese primer ascenso sirvió para quitar el fresquito que íbamos sintiendo. Había unos 10º pero el sol no terminaba de imponerse a las nubes y se notaba su ausencia.

Después de una curva a la derecha la altura ganada nos permitió tener una buena vista de La Robla. Unos metros más adelante entramos en la primera localidad de paso: Alcedo de Alba. 


Al llegar a un cruce giramos a la derecha y recorrimos esta localidad por un lateral de la misma. No tardamos en llegar a las últimas casas y entrar en una antigua carretera que más adelantes se convirtió en camino ancho y de muy buen firme.


Comenzamos a ascender por este carretera/camino (que imaginamos que en su día sería de acceso a la mina cercana). En los primeros metros la subida era muy llevadera. 


Pero a medida que íbamos avanzando se iba endemoniando. Dejamos a nuestra derecha una gran pared hecha con grandes piedras que daba la impresión de que era una presa, pero pronto comprobamos que era una infraestructura relacionada con la mina abandonada que había tras dicha pared.

Como continuamos subiendo no tardamos en tener una buena panorámica de dicha mina a cielo abierto, que fue propiedad de la Hullera Vasco-Leonesa.


Los kilómetros iban avanzando poco a poco porque la subida era constante y de cierta dureza. 


Tras una revuelta de casi ciento ochenta grados pasamos por una especie de cañón con una inclinación importante y con terreno suelto. 


En cuanto superamos ese tramo nos encontramos a nuestra izquierda con el primero de los arcos de la Zona Alfa, el de Roca Dragón (sendero de enduro técnico de alta dificultad). 


Nosotros continuamos por nuestro camino y poco más adelante nos escoramos ligeramente a la izquierda para dirigirnos al Mirador del Asno, que ya teníamos a la vista. Al llegar a su base dejamos las bicis y subimos los escalones que llevan al mirador.


Los trescientos metros que habíamos ganado en los cinco kilómetros recorridos desde La Robla sirvieron para tener esta magnífica vista de esa localidad. 


El mirador está dotado de una valla de madera y de un banco desde donde contemplar este pueblo. 


La panorámica hacia el lado opuesto también era magnífica, con las cumbres de la Montaña Central Leonesa (una subzona de la Cordillera Cantábrica) destacando unas sobre otras. 


Aunque llevábamos muy pocos kilómetros el lugar merecía un selfie, y así lo hicimos.


De nuevo en las bicis volvimos atrás unos cien metros, giramos a la izquierda y comenzamos a subir una cuesta muy dura "adornada" con terreno suelto. Si una piedra te paraba no te quedaba otra que tirar de la bici. La subida se prolongó unos quinientos metros más con porcentajes entre el 8 y el 17 por ciento.


Culminamos el ascenso y pudimos ver a un lado del camino el arco de Asno Express, el comienzo de un sendero de enduro técnico de alta dificultad. 


Al terminar la subida no solo comenzó un descenso de unos dos kilómetros, sino que dio paso a una zona muy frondosa con robles y escobas a ambos lados del camino. 


Durante la bajada, tras una revuelta de ciento ochenta grados el camino era también el cauce del pequeño Arroyo de Alcedo que, seguro que en muchas ocasiones baja seco, pero después de las lluvias de los últimos días llevaba un poquito de caudal. 


El descenso terminó cuando cruzamos el hilillo de agua y giramos ciento ochenta grados. En ese mismo punto comenzamos a subir de nuevo. Atravesamos una pradera y a la vuelta nos esperaba un camino ascendente. 


Esta vez el ascenso no fue muy prolongado, unos quinientos metros. Al terminar ocurrió lo que suele suceder, que comenzó la consiguiente bajada. 


El descenso fue hacia la mina, la misma que habíamos visto unos kilómetros antes, pero en otra zona más hacia el oeste. 


Al llegar abajo y ver frente a nosotros un valle y una gran montaña color ceniza a todos nos recordó las inmediaciones del Teide o el Parque del Timanfaya (Lanzarote).



Tras la mini-parada que nos permitió disfrutar del lugar con calma nos subimos de nuevo a las bicis para comenzar una nueva subida, esta larga, de unos cuatro kilómetros. Empezó bastante suave por un camino utilizado para la mina.


Pero enseguida, tras un desvío a la izquierda, abandonamos esa pista y continuamos por camino al mismo tiempo que iban creciendo el porcentaje de inclinación. 
 

A pesar el esfuerzo, como la zona nos estaba gustando mucho, íbamos disfrutando. 


En un momento dado del ascenso pasamos por un bonito puente que podríamos calificar como artesanal porque estaba hecho con troncos de robles a los que ni siquiera les habían quitado la corteza. 


En esa zona nos encontramos a un lado de nuestro camino con otro arco, en esta ocasión el de X-Line Flow un sendero de flow trail de nivel intermedio


Terminó la subida y de nuevo la injusticia se cebó con nosotros, si habíamos ascendido a lo largo de cuatro kilómetros con tramos de hasta el 21% de desnivel lo justo habría sido descender otro tanto, pero no, comenzamos a bajar pero a lo largo de solo dos kilómetros. 


El descenso eso sí, estuvo adornado con vistas. Mirando hacia la izquierda nos encontramos con este valle, que no podía ser más bonito.


Una buena parte de este descenso lo hicimos por un camino con algo de piedras pero que permitía ir rápido. Antes de terminarlo algunas vacas y toros ocupaban parte del camino. Poquito a poco los fuimos espantando y pudimos pasar. 


Aún nos quedaba por descender algo más antes de llegar a la siguiente localidad por la que teníamos que pasar, Llombera. 


Algunas vacas más salieron a esperarnos antes de entrar en el pueblo, estas mucho más aleccionadas que las anteriores estaban aguardando a los lados del camino. 


Llegamos a Llombera y cruzamos el pueblo por la calle principal. Antes de terminar este nos esperaba una sorpresa...


Y esta no era otra que el comienzo de una nueva subida. En este sentido no íbamos nada mal, llevábamos recorridos 15 km y ya habíamos ascendido más de 600 metros. 

Al pasar junto a las últimas casas del pueblo giramos ciento ochenta grados a la derecha y enseguida hicimos lo mismo pero al lado contrario. Allí comenzó el tramo más técnico del recorrido: una zona con mucha piedra, mucho barro y con roderas, un cóctel peligroso que nos impedía rodar con soltura y con seguridad. 

En algún tramito nos tocó tirar de la bici porque esta no traccionaba y al final uno de los bikers se cayó casi en parado porque no le salió la cala, con tan mala suerte que su espalda fue a dar con la única piedra que había en la cuneta. Se hizo un par de heridas y le dolió la costilla el resto de la ruta. 


Unos cientos de metros más arriba dimos con la clave, un pequeño manantial a un lado del camino vertía el agua a este y se iba deslizando camino abajo. 

Superado el manantial el camino ya recuperó la normalidad, pero no se hizo llano, eso no, continuamos ascendiendo. Para compensar las vistas seguían siendo muy buenas. 


La ascensión llegó a su punto y final después de haber dejado a la localidad de Llombera a un kilómetro y medio. Llegamos a una zona más abierta y con menos vegetación por la que comenzamos a descender suavemente.


Bajamos a lo largo de un kilómetro, más o menos, mientras de nuevo un gran valle se abría a nuestra izquierda.


Y por delante nos enfrentábamos a lo que sería la última rampa importante de la ruta. Tras ella, una curva a la derecha y otra al lado contrario, dieron paso al inicio del descenso. 


Comenzamos a bajar por una pista ancha que, aunque de inclinación moderada, las piernas lo agradecieron.


Unos cientos de metros más abajo nos encontramos con un grupo de caballos salvajes. Había varios potrillos entre ellos.


Después de como un kilómetro y medio bajando llegamos a un cruce de caminos. Nosotros optamos por el de la izquierda, que contenía un paso canadiense. Nada más pasarlo giramos a la derecha. Un poste con un cartel indicativo marcaba el inicio y ¡comenzó la fiesta!

Y es que lo que tuvimos a partir de ese momento fue una auténtica fiesta de la bici. Empezamos un descenso pronunciado y sinuoso por un sendero en muy buenas condiciones. Las curvas cerradas tenían una elevación que impedía salirse del camino y facilitaba tomar la curva a buena velocidad. Eso sí, imposible soltar las manos en esta zona para hacer una foto. 

Después de un kilómetro gozándola llegamos a un nuevo arco. Este ponía en la parte de arriba Game Flow & Planeta Calleja. Nos hicimos una foto ante él antes de cruzarlo y continuar descendiendo.


Continuamos bajando y gozando. No solo el trazado de los caminos era muy divertido sino que, además, recorrían zonas preciosas atravesando bosques de robles y de castaños y con mucha vegetación.


Aunque también hubo algún tramo más abierto, antesala de otro con arbolado. 



Seguíamos bajando y pasamos bajo el arco Game Flow. En las zonas donde daba el sol había algún pequeño charco que, al principio, esquivábamos pero más adelante comprobamos que resultaba más seguro atravesarlo con la rueda y punto. 


Y en las zonas más boscosas y más cerradas al sol, el terreno estaba algo blando e íbamos salpicando barrillo, pero disfrutando mucho, mucho.


Las revueltas de ciento ochenta grados se iban sucediendo. En algunas zonas también se encadenaban varias ondulaciones consecutivas. Y siempre las curvas muy bien trazadas, con mucho peralte y refuerzos elevados para poderlas tomar a mayor velocidad.


En el último kilómetro y medio se sucedieron varias curvas de ciento ochenta grados, así que si alguno se quedaba un poco atrás no tardaba en ver pasar a otro compañero en dirección contrario unos metros más abajo. 


La pena es que sabíamos que este descenso tenía poco más de cinco kilómetros y estábamos viendo en nuestros GPS que estábamos llegando, por desgracia, al final. 


Y así fue, descendíamos por una recta cuando vimos abajo, a nuestra derecha, un par de piscinas, que nos indicaron que el final estaba cerca. Unos metros más adelante llegamos a una carretera. Paramos unos segundos y todos estuvimos de acuerdo en que nunca habíamos disfrutado tanto de una bajada como esta vez. 

Avanzamos un poco más, cruzamos bajo la N-630 por un pequeño túnel, pasamos junto al río Bernesga y entramos en una de las calles principales de La Pola de Gordón. 



Tan importante como que en ella se encontraba más adelante el coqueto Ayuntamiento en forma de U y en cuyo extremo cuenta con una bonita torre con reloj.


Antes de que la calle se terminara giramos a la izquierda, pasamos por un puente sobre el río Bernesga y fuimos hacia un paso elevado para atravesar las vías del tren.


Desde esta localidad todo nos sonaba a los cuatro porque el año pasado, cuando hicimos Zamora-Oviedo-Santiago, fuimos de La Robla a La Pola de Gordón, es decir lo contrario que estábamos haciendo hoy. 

Al salir de La Pola fuimos rodando por una carreterita en paralelo a las vías del tren.


En una curva nosotros continuamos recto y entramos así en un camino muy bonito trazado en paralelo al río Bernesga. 


Después de unos dos kilómetros por este llegamos a Nocedo de Gordón. Apenas rozamos el pueblo porque nada más entrar en él giramos a la izquierda para volver a rodar en paralelo al trazado férreo y a la N-630. Entre que íbamos rodando por asfalto y que la tendencia era ligerísimamente hacia abajo, los kilómetros discurrían deprisa.  


Dos kilómetros más adelante pasamos bajo la N-630, poco después bajo las vías y entramos en Peredilla. Continuamos en paralelo al trazado férreo para terminar descendiendo hacia la N-630.


Rodamos por un lateral de esta al tiempo que cruzábamos Puente de Alba. Poco más adelante abandonamos la nacional para seguir recto. 


Comenzamos a rodar entre la vía y el río Bernesga, que corría a nuestro lado con gran ímpetu, de hecho íbamos escuchando el sonido que provocaba en las muchas cascadas que iba surcando. 


Como un kilómetro después de dejar atrás Puente de Alba llegamos a las primeras edificaciones de La Robla. 


Sin cambiar de dirección entramos en la Calle Mayor hasta que llegamos al Ayuntamiento. Allí giramos a la derecha. 


Al pasar por el Bar Restaurante La Plaza, y viendo que disponíamos de tiempo, nos tentó la idea de tomar una "bebida hidratante" antes de cargar las bicis y cambiarnos. Lo hicimos en la terraza donde se estaba al sol de maravilla (había unos 16º). 

En pocos minutos cogimos las bicis de nuevo, fuimos hasta el aparcamiento, cargamos, nos aseamos y cambiamos y regresamos al mismo establecimiento, ya que habíamos encargado allí la comida. 

Una vez comidos nos montamos en los coches y regresamos a Zamora con la sensación de haber hecho un rutón, uno de esos que deben estar en el Top 10, sin duda. 




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