26 de julio de 2026

Disfrutando los caminos sanabreses

En la comarca de Sanabria no siempre sirve planificar una ruta sobre el mapa porque son muchas las ocasiones en las que después te encuentras que donde tenía que haber camino solo hay maleza. Hoy nos ha pasado en varios lugares pero aún así hemos disfrutado mucho de los caminos.

Como la noche había sido fría no convenía madrugar, así que la salida fue sobre las 10.00 h. Desde Rabanillo fuimos a enlazar con el Camino Tradicional Galende-El Puente y, una vez en él comenzamos a disfrutar de esos caminos con esencia sanabresa. 


Desde El Puente ascendimos hacia Sampil por la llamada Cañada Sanabresa, la primera subida de la mañana. De ella partía el primer camino que no encontramos porque había sido devorado por la vegetación.


No quedó otra que improvisar y seguimos recto para, poco más adelante, continuar hacia la izquierda por la carreterita que va al Barrio de Arriba de Sampil. Atravesamos esta parte de la localidad y salimos de ella por un camino que pensamos nos uniría más adelante a nuestro track original. Mientras, fuimos ascendiendo y disfrutando de la sombra de los robles y de la estampas que íbamos viendo a un lado u otro del camino.


Llegamos a unirnos con el track, pero por donde seguía también estaba cerrado por la maleza así que continuamos recto, pasamos junto a la Ermita de San Pelayo y salimos a la carretera que une El Puente con Remesal. 


Incluso sobre el asfalto pudimos ir bajo sombra, ya que la propia carretera está flanqueada por robles mayoritariamente. Por ella recorrimos unos dos kilómetros en los que no nos cruzamos ni un solo coche. 


Tras esos dos kilómetros llegamos a Robleda, recorrimos un par de calles del pueblo, pasamos junto a la iglesia y nos dirigimos hacia la salida para continuar por la carretera que va hacia Otero. Por ella rodamos algo menos de un kilómetro y nos desviamos ligeramente a la izquierda para comenzar a descender atravesando un cerrado robledal. 

Poco antes de llegar a la parte más baja giramos a la derecha para proseguir por un camino más abierto de arbolado y que ha sido ensanchado y alisado recientemente. 


Este desembocó en una pista asfaltada a la que nos unimos hacia la izquierda. Siguiendo esta descendimos y poco más adelante pudimos ver la Piscina Fluvial de Robleda, o lo que era esta... Porque se encuentra seca y con una capa de lodo en el fondo, una pena... No sabemos por qué está así, imaginamos que la causa principal sea la falta de agua del Arroyo del Manzanal, en cuyo cauce está hecha. 


La rodeamos y tratamos de seguir por el camino que teníamos planificado, pero solo era apto para caminantes, así que regresamos al punto donde nos habíamos desviado y una vez allí descendimos unos metros y, tras una curva de casi ciento ochenta grados comenzamos un ascenso de un kilómetro, con las rampas más duras al principio. Eso sí, resultó ser muy bonito. 


Llegamos a Ferreros. Solo recorrimos un lateral de esta pequeña localidad. Desde ella nos dirigimos descendiendo al cementerio para seguir por la misma dirección hacia Paramio. Hacia la mitad del recorrido el camino se estrechó y comenzaron a aparecer piedras. 

Como no llega a un kilómetro la distancia que separaba ambas localidades enseguida llegamos a esa localidad que nos dio la bienvenida con un bonito tramo. 


Atravesamos Paramio casi de punta a punta. Ascendimos hasta la carretera y la cruzamos para tomar el camino que conduce a Cervantes, una cuesta de dos kilómetros en la que continuamos deleitándonos con el paisaje aunque con el aliento entrecortado.


Después de cruzar una parte de Cervantes tomamos dirección a San Juan de la Cuesta por un camino asfaltado en bastante mal estado y en desuso. Eso sí, descendente. Cuando llegamos a esta localidad pudimos disfrutar de lo que más puede presumir esta localidad: de las vistas. 


Salimos del pueblo descendiendo por un camino hacia Rozas. En este tramo seguimos bajo la sombra de los robles pero también cruzamos alguna zona con castaños. 


Es una zona en la que la vegetación estaba más abierta pudimos contemplar la sierra y una de las "brechas" que se hicieron a marchas forzadas durante el incendio de agosto del año pasado para evitar que siguiera avanzando. 


No tardamos en llegar a las primeras viviendas de Rozas. Avanzamos por una calle y terminamos pasando junto a la iglesia.


Pasamos por detrás de ella y continuamos por un camino. No mucho más adelante donde debía haber un camino solo veíamos vegetación. Nos guiamos de la indicación del GPS y avanzamos campo a través. Tras atravesar un mar de helechos llegamos a un sendero. Ya en él comenzamos a descender esquivando los troncos de los robles. 


Ya cerca de Villarino el camino se ensanchó y enseguida llegamos a un puente sobre el río Villarino. Lo cruzamos y ascendimos hasta la carretera que cruza el pueblo. Seguimos prácticamente de frente por el Camino Tradicional Villarino-Trefacio.


Nos encontramos con un camino variado, con pequeñas subidas y bajadas, zonas de robles y zonas más abiertas.


En pocos minutos desembocamos en la carretera que da acceso a Trefacio. Seguimos por ella, cruzamos el puente sobre el río Trefacio y continuamos de frente, por el Camino Tradicional que va a Galende. 


Aunque en él hay pequeñas subiditas, la tendencia es descendente y resultó ser un camino divertido. El último tramo discurre en paralelo al río Tera, ya en las proximidades de Galende. De hecho, para entrar en esta localidad tuvimos que cruzar un puente sobre dicho río.


Desde allí ascendimos hasta la parte alta del pueblo, cruzamos la carretera y seguimos subiendo, una rampa empinadísima, por el camino común a Cubelo, Ilanes y Quintana. Continuamos subiendo como dos kilómetros más. Giramos casi ciento ochenta grados y en ese punto comenzamos a descender. 


No fue equitativa a la subida, pero no estuvo mal, como un kilómetro y medio sin tocar los pedales. Y así llegamos a Quintana. Recorrimos un par de calles del pueblo y lo dejamos atrás por el Camino Rural que lo une con Rabanillo, Un par de kilómetros llenos de encanto. 


Este camino nos dejó a las puertas de Rabanillo, junto a la ermita, y así pocos metros más adelante llegamos al fin de nuestra ruta después de haber disfrutado mucho de los caminos sanabreses. 




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