5 de agosto de 2026

Albufeira do Acibo y Macedo de Cavaleiros

La Albufeira do Acibo es un espacio natural protegido de Portugal que se encuentra entre Bragança y Macedo de Cavaleiros. Cuenta con dos playas fluviales con muchos servicios y muy bien acondicionadas. Hoy prácticamente hemos rodado por todo su perímetro y también visitamos Macedo de Cavaleiros, conformando así una ruta muy variada y bonita.

Los cuatro participantes en esta ruta quedamos a las 10.30 h. en una de las playas del embalse, y es que unos se desplazaban desde Zamora y otro desde Sanabria. Unos minutos más tarde comenzábamos a pedalear con 20º de temperatura y ni una nube en el horizonte. 

Bordeamos la playa y enseguida, sin darnos tiempo a calentar las piernas, comenzamos una subida corta pero con una inclinación bastante seria. 


Al culminarla llegamos a una rotonda desde la que nos dirigimos al cercano pueblo de Santa Combinha. Allí paramos a tomar un café en un bar y enseguida continuamos recto, dejamos atrás el pueblo y entre encinas y olivos llegamos a un mirador donde nos pareció oportuno hacernos un retrato "familiar".


Regresamos a la rotonda realizando en sentido contrario el mismo recorrido que nos había llevado hasta allí. Tomamos un camino a la derecha e iniciamos una subida de casi un kilómetro de larga. Al concluirla descendimos otro tanto, hasta que llegamos a un pequeño puente sobre el Río Azibo (que realmente parecía un arroyo). 


Nada más cruzarlo comenzamos otra subida, más corta y muy dura, de hasta el 19% de inclinación. Una vez concluida descendimos y al terminar la bajada empezamos a subir otra vez, patrón que se repitió cuatro veces más mientras íbamos bordeando el pantano.


El embalse de Azibo y su entorno natural forman parte de Terras de Cavaleiros Geopark, un territorio protegido reconocido por la UNESCO situado en el noreste de Portugal. La ruta que estábamos haciendo estaba señalizada y en las balizas aparecía "Geopark Terras de Cavaleiros". 


El recorrido no podía ser más bonito, la mayor parte del tiempo bajo la sombra de los alcornoques y las encinas. En otros momentos el arbolado se abría y permitía ver mejor el embalse.


En un momento dado vimos una caseta de madera que, en realidad era un mirador de aves. Hicimos una pequeña parada para comprobar las vistas. 


El terreno se fue aplanando y pudimos avanzar más rápido. Así, cuando llevábamos unos diez kilómetros llegamos a la presa del embalse. 


Al terminar el paso sobre dicha presa giramos a la izquierda, alejándonos así por primera vez de las aguas del.pantano y comenzando a rodar en paralelo a un canal de riego. 


Al ir junto a este íbamos, prácticamente, llaneando, y así lo hicimos a lo largo de casi seis kilómetros. A ambos lados del camino fuimos encontrando plantaciones y plantaciones de olivos, algunas con ejemplares centenarios. 



Abandonamos el canal girando a la izquierda, encarando una bajada. Antes de terminar esta nos desviamos también a la izquierda.


Ese desvío nos introdujo en una vía verde, muy bien preparada, con una mitad para peatones y otra para ciclistas e iluminación. Rodamos por ella dos kilómetros. 


Tras ellos llegamos a su final al alcanzar lo que fue la estación de ferrocarril de Macedo de Cavaleiros, muy bonita, por cierto. 

Desde allí iniciamos un recorrido por esta ciudad de casi 15.000 habitantes. Pasamos por algunas de sus calles principales.


Pero lo que más llamó nuestra atención fue un edificio circular con una celosía metálica rodeándolo todo. Era el Mercado Municipal. 


Tras rodar por una avenida llegamos a una rotonda. Allí giramos a la derecha y comenzamos a ascender. Viramos a la izquierda y empezamos a recorrer una zona residencial con viviendas unifamiliares, algunas impresionantes. 

Poco después entramos en el municipio de Valle de Prados, pero la tónica fue la misma, viviendas y más viviendas residenciales. 



Unos dos kilómetros después de salir de Macedo llegamos al núcleo de Vale de Prados. En el centro pudimos contemplar la iglesia y un crucero. 


Salimos de esta localidad ascendiendo ya por camino, encontrándonos tramos muy bonitos. 


Después del ascenso de un kilómetro comenzamos a sacar partido al esfuerzo anterior, ¿cómo?: bajando. Y lo hicimos hasta volver de nuevo hasta la orilla del Embalse do Azibo. 


Volvimos a seguir el caprichoso recorrido que marcaba la orilla. Nos enfrentamos a pequeñas subidas y bajadas, pero en general, se imponía el llano. También desapareció casi todo el arbolado.


Después de cuatro kilómetros en los que imprimimos una buena media nos separamos algo de las aguas del embalse para, finalmente, terminar en la carretera que da aceso a las playas fluviales. Por ella rodamos un kilómetro y medio, de nuevo muy cerca de la orilla, "adornado" con pequeñas subidas y bajadas.



Al llegar al punto desde donde habíamos salido unas horas antes, nos bajamos de las bicis y nos dirigimos al bar/restaurante donde recuperamos líquidos en la terraza. 

Enseguida nos cambiamos y nos bañamos en el embalse. Allí pudimos quitarnos el polvo que se nos había pegado durante el treyecto. Cuando dimos por concluido el baño, nos duchamos y nos cambiamos. Unos minutos más tarde nos desplazamos hasta Macedo de Cavaleiros para comer allí en el Restaurante A Guerreira. Tras la comida iniciamos el regreso a nuestros puntos de origen.



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