15 de febrero de 2020

Hoy senderismo: la Cascada del Pinero y el Mirador del Pozo de los Humos

Sábado, 15 de febrero. Según nuestra programación tocaba senderismo. Y como somos fieles a la misma, así lo hicimos.

En esta ocasión se trataba de realizar una ruta que, partiendo de Masueco, va hasta la Cascada de Pinero, también conocida como Cola de Caballo, y regresar de nuevo a esta localidad.



Partimos de Zamora en varios coches catorce bíkers y galanas con rumbo a Masueco (Salamanca). La niebla se había hecho fuerte en Zamora y también por el camino. Al pasar por la Presa de Almendra hubo que hacer una parada necesaria, porque había una serie de nubes reticentes, que se empeñaban en seguir pegadas al suelo y no disiparse como el resto, formando así un mar de nubes sobre la tierra.


Al otro lado de la presa, el panorama era muy distinto. El sol había ganado casi por completo la batalla y ya se podía apreciar la inmensidad de este Embalse.


Sin más paradas llegamos a Masueco, dejamos los coches detrás de la iglesia y comenzamos a caminar. Salimos del pueblo con un sol dubitativoy enseguida nos encontramos con lo que sería la tónica general de todo el camino, terrenos con olivos delimitados por vallas de piedra.


También nos topamos con algunos almendros, ya en flor, y algunos robles. La pena es que la niebla, lejos de levantar, se dejó caer y lo invadió todo, privándonos de unas vistas que intuíamos preciosas.



Poco a poco íbamos avanzando sin dificultad, por buenos caminos y con perfil descendente. Como siempre, se fueron haciendo grupillos en función del ritmo de cada uno, si bien cada cierto tiempo o en alguna bifurcación, nos agrupábamos.


Como a los tres kilómetros hay que girar casi noventa grados y en ese punto comenzamos a descender de un modo más acusado. Poco después el camino se convirtió en una senda serpenteante que descendía directamente a la Cascada del Pinero.

Poco antes de terminar el descenso ya se ve la cascada. Temíamos que, aunque el invierno ha sido lluviso, como en los últimos días no había llovido, que trajera poca agua, pero no, dejaba desprender una generosa cantidad de agua.



Realmente no se desciende hasta el nivel donde termina la caída de agua, sino que el camino continúa por detrás de la misma, como a media altura. Al pasar, lógicamente, el caminillo está mojado y hay que tener cuidado, si bien hay una cadena para agarrarse desde el punto en el que empieza a tener algo de peligro. Justo en el momento de pasar bajo el chorro salpica algo, pero nada que deba preocupar, ni suficiente como para que alguien cargue con un chubasquero.


Tras una foto de casi todo el grupo iniciamos el regreso. Llegó la parte más durilla del recorrido, como un kilómetro de subida constante y con bastante pendiente. Al llegar arriba nos dimos un homenaje. A un miembro del grupo se le ocurrió comprar un par de tripas de chorizo y dos barras en Masueco, y allí, tras la subida, decidimos acabar con todo, más que nada para evitar lastre.


No hace falta decir que nos supo a gloria... Además, el sol empezó a dejarse ver, y trajo de la mano la luz y el color, que nos permitió ver al río de las Uces, el de la Cascada de los Humos, encontrarse con el Duero.


Con el hambre saciada volvimos a caminar, pero ya la subida era mucho más suave. En un momento dado evitamos pisar el mismo camino que habíamos traído y cogimos la bifurcación de la derecha.


Se trataba de un camino muy bueno y ancho por el que caminamos muy bien y que nos permitió en pocos minutos ver de lejos Masueco.


Con esta localidad ya a la vista continuamos avanzando y, cuando estábamos más o menos a su altura, nos desviamos a la izquierda para tomar un camino que nos llevó hasta el lugar de partida.



Al llegar pusimos nuestros radares en marcha y enseguida detectaron un bar. Pero no solo un bar, sino un bar con terraza y con Estrella Galicia, y por ende, 1906. ¿Se puede pedir más que, tras un caminata preciosa con un grupo de gente estupenda, poderte tomar una cervecita al sol? Ese momento fue el paraíso. Además se incorporaron otros dos componentes del grupo que no habían podido venir a hacer la ruta.

Tras la cerveza fuimos a comer donde teníamos reservado, en El Cebadero, donde nos trataron muy bien, nos sirvieron una comida muy bien elaborada y donde estuvimos muy a gusto.

Después de la comida nos acercamos con los coches al Mirador del Fraile para poder contemplar desde allí el río Duero totalmente encajonado y la presa de Aldeadávila.



Y como nos apetecía seguir caminando, allí mismo decidimos ir hasta Pereña, coger el camino que lleva al Mirador del Pozo de los Humos y realizar el último tramo andando para contemplar esta conocida cascada.

Hoy era el primer día que había restricción de coches para no pertubar la incubación del águila perdicera. Eso obliga a dejar los coches como 1,400 km antes del mirador. Desde allí dos miembros del grupo se despidieron porque tenían que regresar a Zamora. Al resto no nos importó que una barrer impidiera el paso, todo lo contrario, agradecimos tener que caminar para ayudar a "bajar" la comida.



Y, además, es un paseo muy agradable, sobre todo porque al ir hacia el mirador es descendente. Poco antes de llegar a nuestro objetivo el camino se estrecha y se inclina algo más para terminar desembocando en una zona en la que hay un buen precipicio y, en frente, el Pozo de los Humos.



Después de hacernos una foto de grupo, iniciamos el ascenso, que no se hace pesado ni mucho menos. Y si, además, acompaña una temperatura agradable y la luz del atardecer...


Aún llegamos con luz al aparcamiento. En un intento de rentabilizar al máximo el día salimos de allí y al llegar a Pereña nos dirigimos al Pozo Airón. Hicimos todo el recorrido que se puede hacer en coche, pero al llegar a un punto no queda otra que parar y seguir caminando. La luz se iba por momentos, así que decidimos dejarlo para otra ocasión y desde allí mismo iniciar el regreso a Zamora.

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