13 de diciembre de 2020

Explorando la rivera de Sobradillo de Palomares

La dirección de la salida de hoy, una vez más, la marcó el viento. Se esperaba que soplara del suroeste, así que hacia allí planteamos nuestra ruta. Al salir no esperábamos gran cosa de ella porque el día no estaba nada bonito, el gris lo presidía todo, y la mayoría de nosotros, que somos de sol, cuando nos falta este lo notamos. Sin embargo, nos encontramos con una recorrido precioso con un protagonista: el arroyo o rivera de Sobradillo de Palomares.

Hoy fuimos seis los bíkers que acudimos a la cita dominical. En cuanto estuvimos todos iniciamos nuestro recorrido, primero rodando en torno al Duero, cruzando el Puente de Piedra después, para terminar saliendo de Zamora por San Frontis. Continuamos por el GR-14, algunos con miedo a encontrar el temido barro que hay siguiendo este camino, entre el Polígono de Los Llanos y Entrala. Pero no, el barro se había secado prácticamente del todo. A pesar de la previsión, apenas notábamos el viento en contra que esperábamos.

Continuamos por la Senda del Duero sin novedad, salvo que, de vez en cuando, encontrábamos alguna zona embarrada, pero norlmalmente se podía esquivar por un lado o por otro. Eso sí, en algunos momentos nos olvidamos del track, que seguía caminos susceptibles de tener bastante agua, para así evitar esta. Lo que importaba era el destino intermedio, Pereruela, y son varios los caminos que conducen al pueblo.


Pasamos casi de soslayo por Tardobispo y continuamos rodando, pero eso sí, el viento, poco a poco iba ganando en velocidad. Como nos daba de frente lo íbamos notando cada vez más.



Sin mayores novedades llegamos a Pereruela, pero ni siquiera entramos por el lugar que lo hacemos siempre, sino que cuando pisamos la carretera continuamos por ella y poco después de la gasolinera giramos a la izquierda para coger la carretera de La Tuda, si bien rodamos por ella escasos veinte metros y nos desviamos a la derecha, para seguir por un camino de excelente firme. 

No mucho después tomamos una variante a la derecha, un camino menos transitado que, unos cientos de metros después terminó por desvanecerse, así que seguimos las indicaciones del GPS pero por una pradera.


Tras ese recorrido, prácticamente campo a través, aunque se rodaba bien, nos topamos con una cerca. Menos mal que tenía un cancela que se podía abrir. Traspasamos esta, cruzamos un camino y continuamos, al otro lado de este, por una zona en la que apenas se dejaba ver lo que en su día fue un estrecho camino. El paisaje había cambiado por completo y, casi de repente, estábamos rodeados de encinas, grandes rocas graníticas y paredes delimitando fincas. Estábamos empezando a disfrutar cuando un pastor eléctrico nos cortó el paso, buscamos alternativas y encontramos una esquivándolo por un lado. Apenas nos tuvimos que desviar del track y enseguida lo cogimos de nuevo, si bien seguíamos prácticamente campo a través.


Terminamos saliendo a un buen camino, pero no fue por mucho tiempo porque enseguida nos volvimos a desviar a la derecha para seguir otra vez entre encinas y rocas, tratando de seguir el track y las apenas visibles marcas del camino. Poco después, al levantar la cabeza, nos encontramos con una vista preciosa, con la rivera de Sobradillo de Palomares al fondo.


Bajamos como pudimos entre las rocas y llegamos a un punto en el que tuvimos que cruzar este pequeño arroyo o rivera. Lo hicimos sin dificultad porque tenía poca profundidad.


Pero no habíamos avanzado ni veinte metros por la orilla derecha cuando no nos quedó otra que cruzar de nuevo hacia la opuesta. También lo pudimos hacer sin dificultad. Y teniendo en cuanta que hasta nos gusta, lejos de molestarnos nos encantó.



Después de este primer encuentro con la rivera de Sobradillo que, curiosamente es la misma rivera que pasa bajo el puente de la Albañeza, por el que transitamos el Domingo anterior, terminamos saliendo a un camino con un puente, por el que cruzamos, y poco después nos desviamos a la derecha para proseguir de nuevo por un camino muy poco marcado, estrecho, sinuoso, y rodeado de mucha vegetación, en definitiva, de esos que nos encantan.


Disfrutamos mucho este tramo por su belleza y porque, como decíamos, es de los que nos gustan. Terminó cuando llegamos a un camino típico sayagués, ancho y de buen firme, por el que continuamos, pero no más de un kilómetro y medio, porque en una curva abandonamos este y continuamos recto. Frente a nosotros un camino repleto de piedra y ascendente, por el que no era sencillo ciclar sin tener que echar el pie a tierra. Las ebikes lo hicieron mejor, pero las musculares tuvieron más dificultades. Después de la subida nos esperaba una bajada de las mismas características y al fondo, de nuevo, la rivera de Sobradillo.


Al llegar abajo, junto al arroyo, nos encontramos con este paso al que no le podemos poner otros calificativos más que espectacular y maravilloso.


No perdimos la ocasión de hacernos una foto de grupo, no sin ciertas dificultades para el que le da al botón, que tuvo que oprimir este, correr hasta el puente, escalar las piedras y colocarse como si nada hubiera pasado. La verdad es que viendo la foto nadie diría que hay uno que está jadeando.


Después de cruzar el paso hubo que ascender una ladera con grandes masas de granito aflorando y siendo un peligro para nosotros porque eran como pistas de hielo debido a la llovizna caída minutos antes.

Tras la subida el camino mejoró y poco después vimos las primeras casas de Sobradillo de Palomares. Tomamos una calle a la derecha y tras un breve recorrido por el pueblo cruzamos la carretera y salimos del mismo por un camino perpendicular a esta.


Tras recorrer un pequeño tramo por dicho camino lo abandonamos para tomar uno mucho más estrecho, pero llegó a un punto en el que estaba cerrado por la maleza, así que desandamos ese pequeño tramo y buscamos una alternativa. Este pequeño incidente no nos importó en absoluto, porque seguíamos disfrutando enormemente del paisaje.



La alternativa nos hizo dar un pequeño rodeo, en compensación el camino era bueno. Y cuando giramos a la izquierda y nos empezó a dar el viento de espalda empezamos a rodar a gran velocidad. 


No tardamos mucho en dejar ese buen camino para seguir por otro de mucha menor importancia, ascendente y con bastante piedras que había que ir esquivando. Poco después de culminar el ascenso empezamos a ver como la cúpula de un observatorio. Según nos fuimos acercando vimos que era lo que parecía y ya a sus pies comprobamos que, efectivamente, era un pequeño observatorio astronómico. Es privado y, según hemos leído en su web (https://observatoriosobradillo.es) se puede alquilar, concertar actividades y concertar visitas para observar el firmamento, por supuesto. Detrás está la labor casi artesanal de un astrofísico que ha logrado ver su sueño hecho realidad. Para saber más puedes leer el siguiente artículo en La Opinión de Zamora (ir al artículo).


Dejamos atrás este singular edificio pero no había un verdadero camino para seguir, fuimos esquivando piedras y matorrales y sin perder de vista el track hasta que, tras una bajada en la que en algún momento tuvimos que poner el pie en el suelo, empezamos a vislumbrar una pequeña senda que coincidía con nuestro track. De nuevo rodábamos por un camino estrecho, sinuoso, eludiendo piedras, encinas, matorrales y en tono descendente, una gozada, vamos. Pero no se prolongó mucho, unos dos kilómetros.


Finalmente lo bueno terminó en un camino sayagués que nos llevó hasta las puertas de La Tuda, pero no llegamos a entrar al pueblo, nos desviamos antes a la izquierda. Cuando el viento nos daba de espalda rodábamos a unos 35 km/h así que, aunque aún quedaban muchos kilómetros avanzábamos mucho.


En poco tiempo nos pusimos en las cercanías de Las Enillas, pero también dejamos a un lado esta localidad, en este caso girando a la izquierda. Poco después cruzamos una carretera y continuamos por un camino, por el que hemos rodado muchas veces, que nos llevó a La Pueblica de Campeán. Un error al mirar el track nos hizo dar un pequeño rodeo, pero dicho rodeo nos permitió tener una perspectiva distinta del puente Potato, que tantas veces hemos cruzado


Una vez que ascendimos hasta el pueblo y cruzamos este, salimos de él por un camino que parte junto a la iglesia y que era inédito para la mayoría de nosotros. Ya empezaba a haber prisa y con la ayuda del viento, rodábamos muy rápido, así que no tardamos mucho en vislumbrar Tardobispo. Tampoco entramos en este al llegar, sino que tomamos la carretera que lo bordea y ascendimos por ella, pero nos desviamos enseguida a la izquierda para dirigirnos hacia Entrala. 


Seguíamos rodando muy rápido y los kilómetros avanzaban en la misma proporción. Tras varios giros de noventa grados llegamos a las inmediaciones de Entrala. Pero este pueblo no iba ser más que las demás localidades, así que tampoco pasamos por él, lo dejamos a un lado y tomamos un camino ascendente por el que cruza el antiguo trazado ferroviario de la Ruta de la Plata, para posteriormente pasar junto a unas granjas, cruzar la carretera de Zamora a Entrala, y finalmente llegar a las primeras urbanizaciones de Morales del Vino.

Ya en el pueblo algunos tuvieron que elegir entre tomar una caña o lavar la bici porque no todos tenían tiempo para ambas cosas y, como es lógico, eligieron la caña : ) A partir de este momento unos tomaron la caña y siguieron para Zamora, otros lavaron y después tomaron la caña y, por lo tanto, fueron a Zamora más tarde, y el anfitrión se quedó, como es lógico.

En conclusión, preciosa ruta que seguro que repetimos en primavera y con un día soleado, porque si hoy nos ha encantado, qué no habría sido con la luz solar...


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