27 de diciembre de 2020

Puertas en la puerta de Sayago

Hay situaciones en las que nos habría gustado abolir la propiedad privada. Así, de repente, a golpe de varita mágica. Y es que en la ruta de hoy hemos encontrado muchas puertas, cancelas, y al final, la cuarta condicionó el resto del recorrido, porque nos impidió seguir con el que habíamos previsto.

Los termómetros marcaban -2º cuando nos encontramos a las 9,30 h. Una temperatura asumible para andar en bici. Si hay sol no hay problema. Se pasa frío unos minutos, mientras el cuerpo coge temperatura, pero después el ejercicio y el solecito se encargan de subirla. Hoy había sol, así que pensamos que no habría problema...

Así de convencidos dejamos atrás Zamora, por el carril bici primero, cruzando el Puente de Piedra, después y atravesando San Frontis. Desde allí, ya vimos que el cielo no era como el de ayer, las nubes empezaban a acapararlo todo, pero el sol se resistía, aunque más tarde acabaría flojeando y termináramos pasando frío.


Continuamos por la carretera de Carrascal y enseguida tomamos una bifurcación a la izquierda para seguir por el llamado Camino de La Lechera. Los primeros metros tienen un ascenso considerable y eso, sin duda, ayudó a quitar el frío. Eso sí, mirando hacia los lados del camino se apreciaba que la helada había sido generosa.


El camino termina en una bajada que desemboca en una gran pista ancha y de muy buen firme que conduce a Carrascal, si no se cambia de dirección.



Pero nosotros sí cambiamos de dirección. Después de casi dos kilómetros por esa pista, giramos a la izquierda e iniciamos un ascenso por un camino estrecho que conduce a la zona llamada La Pecadora. Poco antes de culminar la subida detectamos que la rueda trasera de la bici que iba en cabeza se había quedado sin aire. Paramos y tras examinar la rueda sólo pudimos comprobar que la arandela de la válvula estaba algo floja. Al estar tubelizada es posible que el aire hubiera encontrado escapatoria por ahí, más sabiendo lo que le gusta la libertad al aire de las ruedas...


Tras arreglarlo con un "chute" de CO2 continuamos adelante.


Ya en lo alto de la loma nos encontramos con el viento que, como es lógico, era bastante frío, pero recorriendo el perfil de ese alto deprisa no le dimos tiempo a que nos enfriara. Lo cierto es que ese tramo es muy bonito porque se va recorriendo la sinuosa forma del escarpado teso, acompañado, si se levanta la cabeza, de bonitas vistas de toda la zona.


Al llegar a dos edificaciones abandonadas del antiguo campo de tiro de Las Chanas giramos a la derecha e iniciamos el descenso que nos llevó justo debajo de uno de los tramos que terminábamos de recorrer.


Terminado el descenso giramos, ahora a la izquierda, y continuamos por un camino en el que apenas se veían unas roderas. Este es ascendente y se va adentrando en una zona con mayor vegetación, matorrales y encinas, principalmente.


Después de terminar el ascenso y de varios cambios de dirección llegamos a un camino ya más ancho y de buen firme. Tras algunos sube y bajas y algún que otro giro, nos encontramos de repente con una bonita imagen del río Duero.


Descendimos hasta ponernos casi a su altura y continuamos por el camino que lleva a la dehesa de Congosta. Pero unos cientos de metros antes de llegar a la casa rural giramos a la izquierda y comenzamos un ascenso suave. Poco después pasamos junto a una nave semiabandonada con un tractor que merecía estar en algún museo.


Y unos metros más adelante apareció la primera cancela. No hubo problema porque sólo tenía pasado un cerrojo. Lo abrimos, pasamos y la dejamos como estaba. 


Continuamos con el ascenso que seguía siendo asequible, aunque fatigoso, es lo que tienen las cuestas... 


Como siempre suele suceder, después de una subida suele aparecer una bajada, y así fue, pero después de esta había premio... 


El premio era la segunda cancela. Esta tenía una cadena con un candado bien cerradito. Había una señal que indicaba coto de caza, así que supusimos que podía ser esa la causa del cierre. El caso es que nos tocó tirar de agilidad, y con más o menos ayuda, logramos pasar al otro lado, nosotros y las bicis. Yendo más de uno no hay problema, pero para un ciclista solitario esta cancela sería prácticamente infranqueable.


Después de franquear la cancela de nuevo continuó el ascenso en la misma tónica anterior, cuestas largas pero con pendiente asequibles para subirlas a buen ritmo. A estas alturas ya no había ni rastro de frío, claro, incluso ni en las manos.


Y como no suele haber dos sin tres, apareció enseguida la tercera cancela. También adornadita con una bonita cadena y un maravilloso candado, cerrado, claro. De nuevo tocó hacer el circo y en unos minutos bicis y ciclistas estábamos al otro lado.


El camino se fue suavizando y entrando en una zona con bastantes encinas. No mucho después las encinas se concentraban a nuestra izquierda, en una gran finca con mucho ganado vacuno, entre el que levantamos expectación, acercándose a la valla gran cantidad del mismo a contemplar nuestro paso. Sólo les faltó aplaudirnos.



El camino terminó en la carretera de Bermillo de Sayago. Salimos a ella, y rodamos por la misma unos doscientos metros. Enseguida la dejamos para continuar pedaleando por un tramito de la antigua carretera. Al terminar este proseguimos por un camino que sale a la izquierda. Poco después estábamos pisando el GR-14, un tramo recto y llano que hay pasado Tardobispo. Al terminar esta recta abandonamos la Senda del Duero y, siguiendo el track, continuamos por una zona que habíamos pisado hacía tres domingos. Zona que recordábamos todos por unos "charquitos" que aún se mantenían.


Tras salvar la situación, el camino continuaba por una zona con hierba y bastante humedad en los primeros metros y mucho barro después. Menos mal que fuimos encontrando alternativas por los laterales de los barrizales. Y finalmente salimos a un camino que, unos metros más adelante, alberga el Puente del Andaluz.


Después de cruzarlo hicimos un giro a la derecha, de nuevo empezó a haber más vegetación y el paisaje comenzaba a prometer. Pero tuvo que aparecer una cuarta cancela, bien cerrada y con un cartel que indicaba que era un camino privado y que se prohibía el paso. Ante este nuevo asalto a nuestra libertad : ) decidimos maldecir la propiedad privada (la ajena, al menos), las vallas y las puertas. 
También decidimos darnos la vuelta y buscar alguna alternativa. 

La alternativa fue volver unos metros atrás y tomar un camino que sabíamos que nos llevaría a Las Enillas primero y a La Pueblica después. 


A la primera localidad llegamos en pocos minutos. Ascendimos hacia el pueblo, lo cruzamos y salimos de él hacia la derecha. Tras pasar las últimas casas hicimos una parada junto a una brigada para comer algo. Paramos pocos minutos para no quedarnos fríos y enseguida retomamos. Después de un giro a la derecha primero y a la izquierda después, enfilamos hacia La Pueblica, pero antes atravesamos una zona muy embarrada que, gracias a la helada, mantenía el terreno bastante duro y eso nos salvó, a casi todos, porque alguno consiguió pegar a su bici más del deseado.

El camino desembocó en la carretera de Almeida de Sayago, pero ya junto al pueblo. Ascendimos por ella hasta la localidad y continuamos hasta pasada la misma, momento en el que nos desviamos a la izquierda para seguir por un camino que nos llevaría directamente hasta el GR-14.


En este medio tiempo se había autoinvitado a acompañarnos el viento, que se unió a nosotros con descaro, menos mal que en esos momentos lo hacía por la espalda.


El GR-14 nos llevó a Tardobispo, si bien poco antes una rodera jugó una mala pasada a uno de los bíkers, tirándolo de su montura, afortunadamente sin consecuencias porque rodó como si de un extra de películas de western se tratara.

Saliendo de esta localidad otro bíker comenzó a tener problemas con el cambio, pero pudo continuar. El viento comenzaba a helar el ambiente porque el sol había desaparecido y ese era cada vez más fuerte.

Llegando a las proximidades de Entrala el cable del cambio que estaba dando problemas rompió y eso generó una parada de los que iban junto a esa bici. Otros tres que iban más adelante no se percataron hasta algo más tarde. El resultado es que el grupo se dividió. Cuando el grupo del averiado volvió a rodar lo hizo por una zona en la que suele haber mucho barro del "malo". El otro grupo, al percatarse, dio la vuelta y comenzó a seguir al otro aunque desde lejos. Unos y otros salvaron la zona del barro gracias a la dureza que le había otorgado la helada, pero un bíker debió pisar una zona más blanda y la armó. Bueno, él no, el barro. Se le bloquearon las ruedas y tuvo que dedicar varios minutos a quitar esa arcilla pegajosa para poder seguir.

Finalmente nos reagrupamos en Morales, tomando una caña en la terraza de un bar que, la verdad, en este tiempo no luce mucho. Terminada la misma salimos pitando para Zamora. Hicimos todo el recorrido por la carretera porque no queríamos más barro y podemos asegurar que pasamos en este tramo más frío que en toda la ruta, y todo por el viento, que se había desatado y era helador. 

Así que al llegar a Zamora la ducha fue muy gratificante, porque nos devolvió el calor perdido. 


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