22 de febrero de 2026

Vigilando el nivel del embalse

La semana pasada pasamos en coche cerca del Embalse de Ricobayo y vimos que el nivel de las aguas estaba muy alto. Como hoy queríamos rodar por caminos que no tuvieran barro y también nos apetecía ver más de cerca el nivel de dicho embalse, planificamos una ruta para "matar los dos pájaros de un tiro". El destino elegido fue Almendra del Pan.

Como siempre, quedamos a las 9.30 h y a ese hora partimos los cuatro que habíamos confirmado nuestra asistencia. Por encima de nosotros, en el cielo, había algunas nubecillas y solo 1º de temperatura. Nada más salir escuchamos el sonido del Merlú. Una de las parejas estaba tocando el tradicional toque, como cada primer Domingo de Cuaresma, para convocar a los hermanos y damas de la Cofradía de Jesús Nazareno a su Asamblea General Ordinaria.


Al llegar a las proximidades del río una neblina impedía casi ver sus aguas, aún con un nivel alto pero nada que ver con el que llegó a tener a mediados de esta semana.


Sin embargo, un poco más adelante, esa neblina se estaba levantando y nos permitió disfrutar de la vista de las Aceñas de Olivares. 


Continuamos junto al río, seguimos atravesando el Barrio de Olivares, cruzamos por el aparcamiento de autocaravanas y tomamos el carril bici a la entrada del Bosque de Valorio.


Como el sol estaba algo velado por las nubes, nuestras manos se iban resintiendo del frío y los que se habían abrigado poco pensando en los 9º o 10º que íbamos a alcanzar antes de llegar, llevaban frío en todo el cuerpo.

Una vez que terminó dicho carril bici continuamos por la antigua carretera de La Hiniesta hasta llegar al cruce con la nueva. Nos incorporamos a ella unos cientos de metros para seguir por la izquierda por el camino habitual por el que se va a La Hiniesta, pero después de pasar un matadero de ganado, en vez de seguir hacia la derecha lo hicimos hacia el lado contrario. 


Poco más adelante pasamos sobre un viejo puente sobre la vía férrea y continuamos recto. Para los que ya conocen la zona sobra decir que desde la salida de la capital la subida es continuada. Cierto que es suave, pero no tiene tregua.


No tardamos en salir al llamado Camino del Monte. Seguimos por él unos dos kilómetros tras los que giramos a la izquierda para encarar una recta que nos llevó hasta el cruce de caminos donde continuamos por el que se dirige a la Dehesa de Palomares. 


Enseguida comenzamos a descender, por fin. Claro que esta bajada de menos de un kilómetro no compensaba ni mucho menos los trece anteriores en los que no habíamos dejado de subir. Después de la bajada seguro que todo el mundo sabe lo que vino... Efectivamente, una subida, la que atraviesa la dehesa, eso sí, adornada por los pinos y las encinas que ocupan ambos lados del camino.


También este ascenso es tendido pero largo, de unos cinco kilómetros. Menos mal que a esas alturas el sol ya había ganando posición, se había impuesto a las nubes y se percibía, y agradecía, mucho su calor. 


Al terminar el ascenso continuamos hacia la derecha, pero no por mucho tiempo porque un giro al lado opuesto nos llevó a seguir por una recta con pequeños sube y bajas y buena vistas. 


La recta, de unos cuatro kilómetros, es bastante equitativa, la primera mitad de llanura y la segunda de descenso hacia la localidad de Valdeperdices, que se dejó ver antes de llegar a ella.


La bajada nos llevó hasta la carretera que llega al pueblo. Seguimos por ella, si bien nos desviamos pronto para seguir junto al arroyo que atraviesa la localidad.


Después de un pequeño giro llamó nuestra atención una pared pintada con motivos abstractos pero con mucho colorido.


Más adelante nos adentramos en calles más estrechas del pueblo para, finalmente, tomar una por la que ascendimos hasta el final del mismo. Salimos de este por la carreterita que lo une con Almendra del Pan. La distancia de uno a otro son unos dos kilómetros, el primero de subida y el segundo de descenso hacia el pueblo. 


Una vez culminada la ascensión pudimos ver ya el Embalse de Ricobayo. Al fondo también pudimos observar el Puente de Manzanal. 


Llegamos a Almendra del Pan bajando hasta la carretera. Al llegar a esta seguimos por ella hacia la derecha para, más adelante, abandonarla siguiendo para la izquierda y así descender hacia el Embalse. 


Llegamos con las bicis hasta la misma orilla del mismo y la vista que encontramos nos pareció espectacular porque en esa zona las aguas ocupan un gran superficie de terreno. 


No estuvimos mucho tiempo allí, pero sí el suficiente como para constatar que el nivel de las aguas está muy alto, para disfrutar del panorama y para hacernos un selfie.


Iniciamos el regreso yendo de nuevo hacia la carretera pero antes de llegar a esta nos dirigimos a la parte del pueblo por donde no habíamos pasado antes. Allí encontramos una casa con mucho carteles de madera colgados con nombres de parajes de  la zona. También tenía en su fachada muchas flores realizadas con tapones de botellas. Nos encantó.


Salimos de Almendra del Pan ascendiendo por una cuesta, la primera de otras dos, con sus correspondientes bajadas, que recorrimos en poco más de un kilómetro y medio. Después de ese tramo un giro de noventa grados a la izquierda nos llevó a una bajada larga y recta con buenas vistas del embalse, mejor dicho, de una "cola" del mismo.


Los campos ya verdes, las aguas al fondo, el sol dándonos el calor justo y, encima, sin dar pedales... Estábamos viviendo una situación idílica. 


El descenso termina al llegar al llamado Puente de Almendra, aunque paradójicamente está situado más cerca de Palacios. Lo cruzamos y, al terminar, comenzamos a subir hacia Palacios del Pan.


La cuesta tiene unos quinientos metros pero siempre se nos "atraganta" un poco. Menos mal que sirve de ayuda mirar hacia atrás y ver la vista del puente y el embalse. 


Terminada la subida comienza una zona más o menos llana de un kilómetro que nos dejó a las puertas del pueblo. Cruzamos al otro lado del mismo a través de una de sus cuadriculadas calles. El trazado geométrico del pueblo es así porque es de nueva construcción. El antiguo fue anegado por el Embalse de Ricobayo en torno a 1.932. 


Al llegar al final de las construcciones nos dirigimos hacia la derecha y enseguida hacia el lado contrario, siguiendo de frente como un kilómetro. 


Después un giro en ángulo recto hacia la derecha nos llevó a una larguísima recta de más de dos kilómetros. 


Otro kilómetro más lo empleamos en recorrer un tramo recto al que llegamos tras un giro a la izquierda. Al llegar a un paso bajo la vía férrea hicimos una parada para comprobar la profundidad de una gran balsa de agua que había bajo él. Tiramos una piedra y se confirmaron nuestras sospechas...


Lo que hicimos fue bordear unos cien metros el talud de la vía para llegar a una zona en la que este era menor y así pasar al otro lado con menor dificultad. 


Así lo hicimos. Ya al otro lado continuamos en paralelo a la vía por un camino muy conocido por nosotros, si bien poco después nos desviamos ligeramente a la izquierda, para continuar realizando dos giros más. a una y otra mano. antes de llegar a un tramo recto.


La recta finalizó al llegar a un paso elevado sobre las vías del AVE. Pasamos por él y al descender seguimos hacia la derecha para seguir unos quinientos metros en paralelo a esas vías. Tras ellos el camino se va hacia la izquierda iniciando así una recta larguísima, de unos ocho kilómetros. Si alguien pensó que serían cómodos se equivocó porque se fueron sucediendo un sinfín de "uves".

Desde la parte alta de una de ellas pudimos ver una buena panorámica de La Hiniesta, pero no nos dirigimos al pueblo, continuamos recto.


Si había una bajada, esta iba sucedida por una subida, y así, bajando y subiendo se fueron sucediendo los kilómetros. 


Finalmente, terminamos en el nuevo carril bici/paseo que el Ayuntamiento ha realizado para que, fundamentalmente los peregrinos, puedan salir de Zamora de una forma digna. La obra ha quedado muy bien, el firme es tierra compactada entre vigas de madera. En los bordes se han plantado distintas especies que en unos meses le darán más vistosidad al camino. 


Este tramo termina en la Cruz del Rey don Sancho, un pequeño monumento situado en el lugar donde, según la tradición, Bellido Dolfos asesinó al rey Sancho II en 1.072. Para algunos una traición, pero no para los zamoranos. 


Poco después hicimos la rotonda para continuar por Cardenal Cisneros. Al llegar a la siguiente rotonda ya nos incorporamos al carril bici.


Y por él continuamos atravesando la ciudad de lado a lado, si bien es cierto que a la altura del Centro Comercial Valderaduey nos desviamos unos cientos de metros para tomar una caña en un bar de la zona. Nos encantó, no solo por la cerveza, sino porque pudimos hacerlo al sol. En cuanto terminamos regresamos al carril bici para seguir hacia el punto desde donde habíamos partido.




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