17 de mayo de 2026

La clásica a El Cubo (v. 8.0)

Dentro de menos de una semana comenzamos nuestra gran ruta de este año (La Senda del Duero) y como siempre hacemos, el último Domingo antes de la partida para rodar más kilómetros de lo habitual realizamos una salida hasta El Cubo de Tierra del Vino. Hemos contabilizado ya siete versiones de este recorrido y todas diferentes, la de hoy fue la octava. 

Dado que nos aguardaban casi 70 km salimos media hora antes de lo habitual, así que a las 9.00 h comenzamos a pedalear solo tres bikers, ya que el resto por unas causas o por otras no pudo acudir a la cita. A esas horas había 11º de temperatura y el sol luciendo, si bien había nubecillas por el cielo que, de vez en cuando, generaban sombras. 

Desde el punto de partida fuimos al encuentro del río y fuimos a su vera hasta el Puente de Piedra. Cruzamos este y continuamos hacia San Frontis. Antes de llegar a la rotonda de Los Pelambres nos adentramos en el barrio girando a la izquierda. Ascendimos, callejeamos y terminamos saliendo a las antiguas escuelas. Desde allí cruzamos la carretera de Fermoselle y continuamos de frente por el GR-14. 


Los trasportines para las alforjas montados ya sobre las bicis y las bolsas delanteras colgando de los manillares son señales inequívocas de que el comienzo de la gran ruta está cerca. 


Por la Senda del Duero recorrimos unos cinco kilómetros de buen firme salvo algún pequeño tramo, con una ligerísima inclinación ascendente, en los que fuimos rodando a gusto, pudiendo incluso disfrutar de las estampas primaverales que íbamos viendo a ambos lados del camino. 



Cuando abandonamos el GR-14 lo hicimos para tomar dirección Entrala y hacia esta localidad nos dirigimos pero antes de llegar a ella nos desviamos a la derecha dejándola así a nuestra izquierda. Poco más adelante salimos a la carretera de Peñausende, rodamos por ella como cien metros y la abandonamos para continuar de nuevo sobre tierra por un camino que partía a la izquierda. 

Recorrimos por él algo más de dos kilómetros en los que bordeamos El Perdigón, que también dejamos a nuestra izquierda. Poco después de pasar frente a él giramos a la izquierda y el ascenso se fue haciendo algo más inclinado. Pero pronto lo culminamos y disfrutamos del premio de la bajada


Con San Marcial a la vista, al terminar la cuesta abajo cambiamos de dirección y nos dirigimos a la izquierda, entrando así en un tramo de la Vía de la Plata. 


Como un kilómetro y medio más adelante nos fuimos a la derecha y entramos en un camino casi comido por la vegetación. Al llegar a una chopera giramos al lado contrario.


Ese cambio de dirección nos sumergió en un mar de hierba en el que el camino solo se dejaba notar por las marcas dejadas por las ruedas de un tractor que pasó por allí cuando el terreno estaba blando. 


Ese tramo terminó y desembocamos en un camino bueno y despejado de vegetación, si bien enseguida salimos a una larga recta, que resultó ser otro fragmento de la Vía de la Plata, de hecho enseguida nos encontramos frente a nosotros a tres peregrinos y después otros dos. 


Después de dos kilómetros la ligera subida que veníamos arrastrando desde Zamora se inclinó algo más. Esta prácticamente terminó al pasar junto al miliario de la Vía de la Plata que hay justo antes de entrar en Villanueva de Campeán (a la salida para los peregrinos).


Llegamos a este pueblo y lo cruzamos por una de sus calles. Cuando nos estábamos acercando al final del mismo, giramos a la izquierda. No tardamos en pasar junto a las últimas construcciones de la localidad y enseguida tuvimos ante nosotros las ruinas del Monasterio de Santa María del Soto. Perteneció a los Franciscanos y se construyó a principios del siglo XV. 


Ya para llegar al monasterio ascendimos desde Villanueva, pasado ese continuamos subiendo y poco más adelante, la inclinación fue aumentando. 


Menos mal que para compensar la fatiga podíamos disfrutar de las vistas, como la de este campo sembrado de colza y que había  sido invadido por amapolas. 


Superado ese teso llaneamos un poquito y nos enfrentamos a una cuesta mayor. Al llegar arriba paramos unos segundos para mirar atrás y pudimos contemplar una panorámica de la zona estupenda, con la localidad de Corrales del Vino al fondo.


Por delante teníamos un pequeño descanso, un descenso pronunciado pero eso sí, seguido de otra subida.


Después de esa, a nuestra izquierda, nos encontramos con una paisaje que nos encantó, con variado colorido y una vista lejana de Peleas de Arriba.


Volvimos a descender y terminada la bajada volvimos a subir, esta vez para pasar por encima del trazado férreo abandonado de la Ruta de la Plata. 


Tan abandonada que en su trinchera ya no se ven ni los raíles, ni los travesaños, ni el balastro, todo ha quedado cubierto por la vegetación. 


Nada más cruzar por el puente comenzamos a descender hacia Peleas de Arriba. 


La pena es que la bajada de quinientos metros no nos llevó hasta el pueblo, sino a la parte de atrás del promontorio en el que se erige, ocupando la parte más alta la iglesia. 


Bordeamos por la izquierda esta atalaya ascendiendo hasta el pueblo propiamente dicho. Continuamos por la misma calle para terminar bajando hasta un extremo de la localidad. Al llegar a la última vivienda giramos a la izquierda y seguimos hasta que salimos a otro camino por el que seguimos hacia la derecha.

Este camino, que era inédito para nosotros, nos obligó a esforzarnos desde el primer momento, primero con una subida tendida.


Pero después se fue endureciendo a medida que avanzábamos. En total este ascenso se alargó tres kilómetros en los que nos empleamos a fondo. 


La subida concluyó cuando llegamos a un cruce de caminos que reconocimos. Allí la Vía de la Plata hace un giro de casi noventa grados para dirigirse hacia Cabañas de Sayago, pero como nosotros íbamos hacia El Cubo continuamos recto. 

En esa zona cambió el paisaje y comenzamos a ver a ambos lados del camino encinas y jara, esta última repleta de flor. Y como tendía ligerísimamente hacia abajo comenzamos a rodar rápido enseguida. 


Esta pista, recta y larga está trazada en paralelo a la vía férrea abandonada. En algunos tramos se va muy cerca de ella y en otros va unos metros más allá, pero lo dicho, en todo momento a la izquierda del camino.


Los cinco kilómetros que recorrimos por esta recta los hicimos a muy buen ritmo y eso provocó que en pocos minutos entráramos en la localidad de El Cubo de Tierra del Vino. Nos dio la bienvenida un mural muy bonito con el nombre del pueblo (cada letra contiene una o dos escenas de la vida rural). Nos pareció el lugar ideal para hacernos un selfie-recuerdo de esta rutita. 



Y por detrás del mural también nos recibió la iglesia de Santo Domingo de Guzmán y el crucero erigido para los peregrinos que pasan por esta localidad. 


Apenas entramos en el pueblo, ya que nos dirigimos a la zona recreativa que hay frente a la iglesia, allí paramos un par de minutos, lo justo para quien quiso comiera algo y enseguida nos pusimos en marcha de nuevo. Salimos del pueblo por un camino ascendente que lleva a la carretera de Fuentesaúco. Pero antes de llegar a esta cruzamos por un puente sobre la Rivera de Cañedo, donde croaban cientos de ranas. 


Más adelante pasamos bajo un pequeño túnel sobre el que va la N-630. Unos cientos de metros después cruzamos por encima de la A-66 a través de un paso elevado. 


Seguimos ascendiendo y llegamos a la citada carretera de Fuentesaúco. La cruzamos y continuamos de frente. La subida se endureció y, después de casi dos kilómetros ascendiendo desde que salimos de El Cubo, comenzamos un tramo de unos dos kilómetros en los que enfrentamos a pequeñas subidas y bajadas. Unas compensaban otras y, a pesar del viento en contra, por fin comenzamos a rodar a un ritmo más cercano a los 25 km/h que a los 20.

El paisaje fue cambiando y después de disfrutar de bonitos campos de cereales, algunos "rotos" por encinas centenarias...


...comenzamos a encontrarnos de nuevo con jara en flor y encinas flanqueando el camino. 


Después de esos dos kilómetros el camino nos llevó a seguir en paralelo a la A-66, que teníamos muy cerca. 


Seguidamente un doble cambio de dirección a derecha y poco más adelante a izquierda nos condujo a otra pista también trazada en paralelo a la autovía, pero a más distancia de esta. 


Desde allí había aún unos seis kilómetros a Corrales del Vino, pero los recorrimos en poquísimo tiempo porque por fin se hizo justicia y comenzamos a descender como merecíamos, no en vano llevábamos 40 km en los que mayoritariamente habíamos subido. 


En pocos minutos ya pudimos ver esa localidad en el horizonte, pero aún teníamos que seguir descendiendo algunos kilómetros hasta llegar a ella. 


Cuando llegamos a un cruce de varios caminos nosotros continuamos hacia la izquierda y entramos en uno poco marcado que nos llevó hasta las inmediaciones del Área Recreativa El Plantío, una zona verde muy cuidada para disfrute de los corralinos. 


Después de bordear las instalaciones del hotel canino Kabluna y de El Plantío salimos a la carretera de Fuente El Carnero, la tomamos unos metros, los justos para cruzar por bajo un puente sobre el que pasa la A-66, y nos desviamos a la derecha, entrando así en un camino presidido por dos roderas y por el que rodamos como un kilómetro y medio en paralelo a la autovía. 


Siguiendo este camino después de esa distancia nos separamos de la A-66 y nos dirigimos a la localidad de Corrales del Vino, a la que llegamos subiendo. Recorrimos varias calles de uno de sus extremos y terminamos desviándonos hacia el Camino de Peleas de Abajo, prácticamente una recta de más de cuatro kilómetros y ligeramente descendente, lo justo para poder mantener una velocidad alta. 


Termina este camino en la carretera que une Peleas con la N-630 y la A-66 y a ella nos incorporamos para recorrer algo menos de medio kilómetro.


Recorrida esa distancia giramos a la derecha y entramos en una buena pista, ascendente en sus primeros cientos de metros. 


Culminado el ascenso rodamos con la ayuda a favor de un ligerísimo descenso y la penalización del aire en contra. 

Para amenizarnos la ruta en este tramo había en la cuneta una verdadera explosión de primavera.



Recorrimos por este camino unos dos kilómetros. En el último tramo dejamos  a una lado la localidad de Cazurra y salimos a la carretera que une este pueblo con la N-630, pero solo unos cien metros porque nos desviamos a la derecha y proseguimos por otro camino. 


Transcurridos los dos kilómetros el camino se fue acercándo a la autovía hasta que llegamos a rodar en paralelo a esta y a las innumerables hiniestas que la bordean en algunos tramos y llenan el aire de su olor característico.


El camino desembocó en la carretera de Pontejos. Pasamos bajo la A-66 y seguimos recto, dirección Morales del Vino, adonde llegamos enseguida. Recorrimos la calle principal y algunas de menor importancia hasta que terminamos en la N-630. La cruzamos y seguimos de frente para tomar la llamada Cuesta Blanca. 


Descendimos por esta cuesta abajo mejor que bien y en dos kilómetros estábamos en la carretera de Ledesma.


La cruzamos y seguimos prácticamente de frente, por un camino del que se ha adueñado la vegetación. Terminó este continuamos hacia la derecha prácticamente hasta la altura de la ermita del Cristo de Morales. 


Giramos a la izquierda y proseguimos por esta alternativa al camino tradicional cambiando varias veces de dirección para, finalmente, terminar también en ese Carril Bici Morales-Zamora. Siguiendo este llegamos a las cercanías del cementerio y desde allí seguimos por Pinilla, cruzamos el Puente de Hierro y al salir de este, atravesando Puerta Nueva llegamos al punto de partida. 


Allí "descabalgamos" de las bicis y nos sentamos en la terraza para dar al cuerpo líquidos, tan necesarios para la recuperación. Recuperados estos cada uno regresó a su casa. 




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