9 de septiembre de 2026

Atravesando la Sierra de la Culebra

La Sierra de la Culebra se quemó en dos grandes incendios en 2022. Ahora, cuatro años después su fisonomía ha cambiado por completo, la mayoría de pinos quemados han sido talados y retirados, el monte bajo se ha apoderado del suelo pero ya no es la sierra que siempre conocimos. Hoy la hemos atravesado y hemos podido comprobarlo.

La salida la habíamos fijado en la Playa de los Molinos (la playa de Villardeciervos) pero antes quedamos para tomar un café en el pueblo. Como sabíamos que no iba a hacer nada de calor y que el baño al final de la ruta no iba a apetecer, decidimos salir desde allí mismo una vez que terminamos los cafés. La temperatura, 16 grados, acompañados de viento fresco, hizo que algunos nos pusiéramos manguitos y chaleco. Aún así, el día estaba precioso, soleado y con algunas nubes embelleciendo el cielo.

Salimos de Villardecirvos por la carretera pero antes de terminarse las edificaciones nos desviamos a la derecha y así comenzamos a rodar por un camino rodeados de robles y monte bajo en los primeros kilómetros que, además, fueron casi llanos. 


A continuación nos fuimos escorando hacia la derecha tras sucesivos cambios de dirección, hasta terminar en un camino ancho, de buen firme y ya sin arbolado en los alrededores, que nos llevó hasta Villanueva de Valrojo, una localidad por la que nunca habíamos pasado con nuestras bicis. 


Al llegar a la carretera seguimos por ella y, al final del pueblo, giramos a la derecha para continuar por un camino que se inició con una subida llevadera, al menos al principio. 

El ascenso nos fue mostrando algunas huellas de los incendios al tiempo que íbamos avanzando a buen ritmo porque la inclinación seguía siendo suave y el firme del camino inmejorable.


En plena subida nos encontramos con una finca vallada en cuyo interior había un campo de calabazas que ni el más severo de los profes habría imaginado en el mejor de sus sueños, no ya por la cantidad sino por el tamaño. Como en la foto no hay referencias para comparar no parecen demasiado grandes pero la de mayor tamaño que aparece casi en el centro de la foto tendría unos 80 cm de diámetro.


Después de cuatro kilómetros sin dejar de subir giramos a la derecha y nos enfrentamos a un tramo en el que llegamos a ver en nuestros GPS el 20% de inclinación y, además, con piedra suelta. Y hubo otro en que ya nuestras ruedas no agarraban y nuestras piernas no podían, así que echamos pie a tierra.


Eso sí, terminada la cuesta echamos la vista a un lado y hacia atrás y las panorámicas bien habían merecido el ascenso. Llamó nuestra atención el pinar que resultó indemne en el incendio. Se salvó porque el azar así lo quiso mediante un cambio de viento o por la actuación de los medios de extinción, pero parecía una isla en medio del desierto.


Justo donde terminó la subida comenzó la bajada, pero no pudimos dar rienda suelta a nuestras ruedas porque el firme era de poco agarre, así que no quedaba otra que ir frenando algo para evitar que la bici cogiera mucha velocidad. 


Bajamos unos tres kilómetros describiendo primero como un cuatro invertido. Terminando ese tramo pudimos contemplar un pueblo en la lejanía. 


Después giramos a la izquierda para encarar un camino que nos llevó hasta ese pueblo, que no era otro que Ferreras de Arriba, donde hicimos un recorrido por algunas de sus calles. 


Nos desviamos hacia la derecha para salir del pueblo y allí mismo iniciamos otro de los ascensos importantes del día. 


La subida no nos resultó dura y la afrontamos a buen ritmo a pesar de que se extendió a lo largo de dos kilómetros. Aproximándonos al final de la misma llamó nuestra atención las rocas que afloran a la superficie cerca de la cima. 


Después de coronar iniciamos el descenso que se prolongó a lo largo de casi un kilómetro y medio tras el que hicimos un giro que nos llevó hasta una carretera. 


Se trataba de la carretera provincial que une Ferreras de Abajo con Sarracín de Aliste. Por el asfalto continuamos bajando otro kilómetro. 


Tras ese tramo nos desviamos a la derecha y entramos en un camino que en algún momento pensamos que se iba a cerrar porque la jara lo invadía todo. 


Pero no tardamos en salir a otro camino de más importancia que nos llevó hasta un viaducto que está a la entrada de Sarracín. Allí mismo giramos a la derecha alejándonos de esta localidad e iniciando una nueva subida. 


Este ascenso también fue tendido y largo, algo más de tres kilómetros, y también nos fue mostrando huellas del incendio, como estos árboles que parecían zombies. 


Terminada la subida vino la consiguiente bajada pero poco equilibrada, porque descendimos más o menos la mitad de lo que habíamos ascendido. Terminó esta muy cerquita de Cabañas de Aliste, pero no llegamos a entrar en esta localidad, sino que nos desviamos a la derecha. 


Justo ahí comenzamos la última subida de la ruta, y también la más larga e importante, lo que provocó que cada uno fuera ascendiendo a su ritmo. 


Por el camino fuimos observando un paisaje que no reconocíamos porque donde antes había un mar de pinos ahora solo hay monte bajo y algunos ejemplares pequeños de pino que están creciendo espontáneamente. 


Los metros que íbamos ganando nos fueron proporcionando unas vistas panorámicas estupendas de la zona. 


Al "hacer cumbre" nos reagrupamos y allí mismo nos hicimos una foto de grupo, para dar fe de que estuvimos allí. 


Como estábamos a punto de pasar de nuevo al otro lado de la Sierra de la Culebra, solo tuvimos que dejarnos caer. 

Durante el descenso las vistas fueron impresionantes: la propia sierra, el Embalse de Valparaíso y al fondo la Sierra de La Cabrera. 


Bajamos a lo largo de cinco kilómetros que hicimos enseguida porque, incluso frenando, en algunos momentos llegamos a ver más de 50 km/h en nuestros cuentakilómetros. 


La bajada terminó al llegar a una carreterita local a la que nos unimos unos cientos de metros. 


La abandonamos para ascender una subida corta pero muy inclinada aunque poco después volvimos a salir a la carretera, y ya por esta llegamos enseguida a una rotonda. Tomamos la salida que nos llevó a un camino que nos introdujo en Villardeciervos.


Callejeamos por la localidad y salimos de ella por la carretera de Cional pero nada más terminar el cementerio nos desviamos a la derecha para continuar por el camino asfaltado que va a la Playa de los Molinos, que más adelante se convierte en carril bici.


Por él llegamos a la playa y allí hicimos una parada porque nos pareció el sitio ideal para recuperar los líquidos perdidos en tantas subidas.

Ya recuperados volvimos a nuestras bicis para dirigirnos de nuevo a Villardeciervos, primero por un camino que, en su primer tramo, iba bordeando el embalse. 


No tardamos en separarnos del agua, si bien continuamos por el camino hasta que terminó en la carretera que une el pueblo con la playa. Por ella seguimos hasta que llegamos a Villardeciervos. 


Al llegar a los coches cargamos las bicis, nos aseamos y nos cambiamos para enseguida pasar a comer al Restaurante Remesal. 




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