L'Angliru es un puerto de montaña que se estrenó como final de etapa de La Vuelta a España en 1999. Desde entonces se ha convertido en una de las líneas de meta más temidas de la ronda española por la dureza de sus rampas. Hoy hemos alcanzado su cima.
La cita para subir al Angliru estaba pendiente desde hace más de un año y hoy, por fin, llegó. Salimos los cuatro bikers participantes a las 8.00 h. de Zamora. Sobre las 11.00 h. llegamos a La Vega, la localidad donde habíamos establecido la salida. En nuestra ciudad habíamos dejado sol pero allí nos encontramos con un cielo plomizo cubierto por nubes bajas pero eso sí, 17º. Tras aparcar, descargar las bicis y prepararnos iniciamos la ruta.
Y la comenzamos por la carretera AS-231 por la que recorrimos llaneando y descendiendo suavemente los poco más de dos kilómetros que nos separaban de La Foz de Morcín. Al entrar en esta localidad nos desviamos a la izquierda y comenzó el ascenso, entrando así en una alternativa a la clásica subida de bicicleta de carretera.
Desde el primer metro la subida fue dura pero nos marcamos un ritmo tranquilo. Aún así, enseguida ganamos metros de altitud que nos permitieron ir disfrutando de las vistas del valle.
Después de tres kilómetros en los que ganamos 300 m de altura, abandonamos el asfalto desviándonos hacia la izquierda al cruzar una pequeña aldea. A partir de ese punto el firme empezó a ser de cemento.
En este tramo nos encontramos rampas de más del 20% de pendiente y se nos hizo duro. A pesar de llevar ayuda eléctrica en nuestras bicis costaba mucho avanzar.
De hecho, en menos de dos kilómetros ascendimos más de 200 m. Estamos seguros de que en un día despejado las vistas habrían sido espectaculares, pero las nubes bajas nos impedían disfrutar de las vistas.
El ascenso terminó al coronar el Alto de Covarriella. Allí nos asomamos al precipicio para tratar de ver lo que las nubes nos permitieran.
Desde allí descendimos algo menos de un kilómetro y medio, algo que nuestras piernas agradecieron. Aunque las vistas eran limitadas, íbamos disfrutando del paisaje.
Finalmente, llegamos a una carretera. Fuimos hacia la izquierda porque allí se encontraba el Hotel Mirador del Angliru. Aunque estaba cerrado, se podía acceder a través de un paso para peatones. Allí hay un mirador pero las vistas seguían estando limitadas.
De nuevo sobre las bicis volvimos a la carretera y desde ese punto nuestra ruta comenzó a ser la misma que la que realizan los ciclistas de carretera. Llaneamos como un kilómetro y llegamos a un cruce de dos carreteras.
Allí es donde comienza realmente el ascenso a L'Angliru. Junto al cartel que indicaba que el puerto estaba abierto hicimos una pequeña parada para hacer una foto. Inmediatamente tomamos aire y ¡comenzó la fiesta!
A partir de ahí no quedó otra que armarse de paciencia, establecer un ritmo cómodo y a pedalear con piñones grandes. Las vistas seguían ayudando poco a distraernos...
Desde donde comenzó propiamente el ascenso hasta su final hay poco más de siete kilómetros, pero se nos hicieron largos porque avanzábamos muy lentamente.
Además, la niebla se fue bajando por lo que no veíamos más que la carretera. Uno de los cuatro bikers se fue alejando por delante y los tres que quedamos íbamos conversando y eso hizo la subida más entretenida. Cada poco íbamos encontrando carteles a pie de carretera indicando el nombre del tramo que iba a comenzar, la altitud, su distancia y los porcentajes de subida que albergaba.
Entre esos carteles encontramos los siguientes:
- Xonceo, con el porcentaje máximo de subida del 21,2 %.
- Llagos, con el 13,5 % de subida máxima.
- Les Picones, que tiene el 15,4 % de ascenso máximo.
- Cobayos, que alberga un porcentaje de subida máxima del 19,9 %.
- La temida La Cueña les cabres, que tiene nada menos que el 23,5 % de subida en una parte del tramo.
- El Aviru, con el 21,6 % de subida en una parte de él.
Cuando nos quedaban casi 2 km para alcanzar la cima, en La Cueña les Cabres vimos marcar a nuestro GPS el 24 % de pendiente. A su lado la velocidad (5,3 km/h) da una idea de cómo subíamos.
La niebla se iba cerrando cada vez más, pero un ciclista que descendía nos animó diciendo: "Venga, que arriba hay sol". La verdad es que viendo el panorama no le creímos y continuamos a lo nuestro.
En esos tramos en los que la subida se aproximaba al 20 % o lo superaba tuvimos que seleccionar más ayuda en nuestras bicis y aún así íbamos empapados en sudor. En un momento dado vimos que se empezaba a ver mucha luz y comenzamos a dar veracidad a lo que nos había dicho el ciclista.
Lentamente todo a nuestro alrededor se fue transformando del blanco y negro al tecnicolor y eso nos produjo un gran "subidón", era como si fuera otro día que nada tenía que ver con todo lo anterior.
Poco a poco, a una velocidad muy baja, nos íbamos acercando a la cumbre. El sol nos dio alas y estábamos deseando llegar.
En el asfalto de toda la subida vimos mensajes de ánimo personalizados, pero también los había genéricos que ayudan a pedalear.
El sol se adueñó del paisaje y llegamos al Mirador de L'Angliru, que también podría haberse llamado de las nubes, porque estas aparecían por debajo de nosotros y, aunque nos impedían ver más allá, también esta visión merecía la pena.
En el propio mirador un gran banco reza: "Si has llegado hasta aquí es porque no sabes rendirte". Aunque nos faltaba el biker que iba por delante nos pareció oportuno hacernos una foto allí mismo.
Lo peor ya había pasado y el tramo que nos restaba ya resultó ser un paseo comparado con lo anterior, ya que solo era un kilómetro, casi llano, incluso con un tramo de suave bajada. Además, con esa luz, sin niebla y sin nubes, cualquier cosa nos habría parecido una maravilla.
Justo al entrar en la esplanada donde muere la carretera nos topamos con un cartel que indica "Alto de L'Angliru (1.570 m). La Vuelta. Final de Etapa.
En dicha esplanada, junto al monolito que alberga el nombre de los ciclistas que han ganado allí una etapa de La Vuelta, se encontraba nuestro compañero.
Al fondo, hacia la derecha, la niebla parecía avanzar hacia nosotros mientras las vacas seguían impasible a lo suyo.
No nos demoramos mucho allí porque, aunque no hacía frío, estábamos empapados de sudor, pero sí lo suficiente como para hacernos una foto todos juntos junto al monolito. Aunque nuestros nombres no aparecían allí para nosotros como si lo estuvieran porque habíamos logrado nuestra meta.
La organización de La Vuelta nunca va a serigrafiar nuestros nombres allí, pero la IA sí que puede, y así lo hizo. Ahora ya somos los ganadores de 2026 :)
Antes de comenzar el descenso nos pusimos un chaleco. Ya abrigados comenzamos a bajar por la misma carretera que habíamos ascendido ya que es la única que llega allí. Nos habían advertido de que debíamos de ir frenando prácticamente de continuo porque si no las bicis con la inercia cogían tanta velocidad que resultaba difícil pararlas y así lo fuimos haciendo.
Además, como en cuanto dejamos la cumbre la niebla se fue cerrando no nos quedó otra que ir muy despacio porque apenas veíamos las curvas antes estar metidos en ellas.
Después de cinco kilómetros de bajada por la carretera nos desviamos hacia la derecha para entrar en un camino que, lógicamente, no utilizan los ciclistas de carretera que descienden del Angliru.
Este era también descendente, pero se iban alternando tramos con mucha pendiente con otros que tenían algo menos.
También se iban alternando tramos de tierra, y barro en algunas zonas, con otros de cemento.
Cuando la pendiente lo permitía soltábamos algo los frenos y levantábamos la cabeza para poder contemplar el paisaje.
En la bajada atravesamos zonas abiertas, con poco arbolado, y otras más cerradas con árboles y más vegetación, algunas con una imagen ya muy otoñal.
Después de cinco kilómetros disfrutando del camino llegamos a una pequeña localidad, Muriellos, con unas calles tan empinadas que moverse por el pueblo tiene que ser un castigo.
Antes de salir de esta pequeña localidad nos incorporamos a una carreterita local y por ella continuamos el descenso, pero un kilómetro más adelante desembocamos en otra algo más ancha que, unos cientos de metros más allá terminó uniéndose a otra de mayor importancia.
Medio kilómetro más adelante entramos en la localidad de Nixeres. La atravesamos y, sin llegar a terminarse sus edificaciones, se unió con La Vega, el lugar del que habíamos salido. Seguimos bajando un poco más y llegamos a la entrada de la placita donde habíamos dejado los coches.
Allí mismo nos bajamos de las bicis y nos fundimos en un gran abrazo. Como en esa misma esquina había un bar nos pareció que era el lugar ideal para recuperar líquidos y comentar toda la ruta. Tras hacerlo nos dirigimos a los coches, cargamos las bicis, nos aseamos y cambiamos y nos dirigimos a la siguiente localidad, La Foz de Morcín, donde nos habían dicho que se podía comer en el
Restaurante La Moncloa.
Después de comer nos montamos en los coches para ir a Viveiro (Lugo), donde nos esperaban otras dos espectaculares rutas.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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