Hay un pequeño río en nuestra provincia de tan solo 32 km de longitud que sirve como drenaje de las Lagunas de Villafáfila y que debe su nombre a que tiene un alto contenido en sales. Estamos hablando del río Salado, afluente del Valderaduey. Hoy hemos ido a buscarlo y hemos rodado junto a él.
Los cuatro bikers que íbamos a participar en la ruta nos encontramos en el lugar habitual a las 9.30 h. En esos momentos el cielo había sido tomado por nubes grises y la temperatura era de 14º.Para llegar a nuestro destino comenzamos recorriendo el carril bici siguiendo las márgenes del Duero y del Valderaduey.
Y un segundo, tras un giro a la izquierda, algo más corto que el anterior y que discurre por el antiguo trazado de una carretera.
A la salida de esta población tomamos un camino que parte a la derecha de la carretera y nos enfrentamos a una larga recta con un ascenso muy poco pronunciado pero constante.
Terminada esa recta, tras dos cambios de dirección, seguimos por otro tramo que nos dejó a las puertas de Benegiles, solo tuvimos que cruzar el puente sobre el río Valderaduey para entrar en él.
Entramos de nuevo en un camino, poco más adelante giramos a la derecha y comenzamos a ascender junto a un pinar y una chopera, aunque enseguida desapareció el arbolado.
Ascendimos a lo largo de más de un kilómetro. Terminada la subida el terreno evidenciaba que por allí había llovido más que en la capital, y se corroboró esta impresión con algunos charcos que fuimos encontrando.
Un giro de noventa grados ayudó a que se hiciera justicia porque comenzamos a descender parte de lo subido. Y lo hicimos por una recta. Al terminar esta giramos a la izquierda y unos metros más adelante nos encontramos con el cauce del río Salado. Este lo encontramos lleno de carrizos y junto a ellos nos topamos con un numeroso grupo de asnos de la raza autóctona zamorano-leonés.
Y allí, junto al cauce del Salado, nos pareció que era el lugar indicado para hacerse un selfie.
Los últimos metros de acompañamiento del río los hicimos bordeando el promontorio del denominado Teso La Mora. Finalmente, terminamos en la carretera de Villalpando, seguimos por ella lo justo para pasar sobre un puente sobre el río Salado y nada más terminar este giramos a la derecha para volver a rodar por tierra.
El camino nos llevó hasta la entrada de Torres de Carrizal. Salimos a la carretera, pero sin llegar a entrar en el pueblo otro cambio de dirección nos introdujo en una enorme recta, en la que la primera mitad fue de subida y la segunda de la correspondiente bajada.
En esta llegamos a ver en nuestros GPS más de 50 km/h. Más adelante, tras una curva a la derecha, se suavizó algo pero continuamos bajando hasta que llegamos a la entrada de Monfarracinos.
Siguiendo por este llegamos a la A-66, que atravesamos por un pequeño túnel, y continuamos hacia Zamora por otra recta, con su primera mitad de tierra y su segunda asfaltada. Nos llevó hasta el barrio de Las Llamas, que cruzamos antes de salir a la carretera de Villalpando.
Por esta seguimos menos de un kilómetro, lo que nos separaba de la plataforma que cruza el trazado ferroviario junto a la Estación de Zamora. Utilizamos esta para pasar al otro lado y nos dejó en Las Viñas.
Desde allí nos dirigimos a Cardenal Cisneros para seguir por el carril bici, si bien al terminar el Parque León Felipe lo abandonamos para continuar hacia el punto de salida.
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