28 de octubre de 2026

Terras de Vimioso (Iberlobo VIM MTB 06)

Iberlobo on Bike es un iluisonante proyecto que quiere llegar a ser el primer destino cicloturístico transfronterizo y sostenible de Europa. Se están diseñando rutas a uno y otro lado de la frontera entre España y Portugal destinadas a todo tipo de público. Hoy hemos hecho una de esas rutas, en concreto una de las que parte de Vimioso (Portugal). 

Para salir hacia Vimioso desde Zamora acordamos quedar a las 9.00 h para cargar las tres bicis en un coche (dos en el porta y una dentro). Unos minutos más tarde partimos y llegamos a la localidad portuguesa sobre las 10.15 h. Nos pareció que el aparcamiento del Pabellón Multiusos era el sitio ideal para dejar el coche e iniciar la ruta y así lo hicimos. Unos minutos antes de las 10.30 h. (9.30 h. de allí) comenzamos a pedalear. 

Aunque partíamos de la ruta denominada Iberlobo VIM MTB 06, hicimos pequeñas modificaciones (lugar de salida y llegada, el recorrido por los pueblos y, el más importante, le cambiamos el sentido porque preferíamos "sufrir" la parte más dura al principio mejor que al final.

Salimos de Vimioso por una bajada que nos llevó hasta un pequeño valle y allí iniciamos una subida corta pero intensa que nos pilló fríos (muscularmente hablando porque la temperatura era perfecta, unos 12º). Terminada esta giramos a la derecha y avanzamos por un falso llano en el que empezamos a ver olivos, un anticipo de los muchos olivares por los que íbamos a pasar.


Enseguida comenzamos a bajar. El camino era muy inclinado y tenía mal firme en muchas zonas, por lo que teníamos que ir sujetando las bicis a base de freno. Eso sí, las vistas no podían ser más bonitas. 



Descendimos más de lo deseado porque sabemos que tanto bajar tiene consecuencias, en total unos tres kilómetros en los que perdimos unos 250 m de desnivel. El camino tenía tramos sinuosos, algunos de ellos rodeados de olivos.


Finalmente, llegamos a un pequeño valle abierto por el río Maças. Atravesamos un puente sobre dicho río y comenzó lo esperado, una larga subida.


El ascenso comenzó siendo muy duro, por su inclinación y por las rocas que afloraban del suelo y nos rompían el cansino ritmo con el que subíamos. 


En el primer tramo llegamos a ver un desnivel del 22% al que siguieron otros del 20% o del 16%, cuando se fue "suavizando".


La subida se prolongó casi tres kilómetros en los que tuvimos que parar un par de veces por un problema con el cambio de uno de los bikers. Nada más coronar descendimos unos cientos de metros y entramos en la localidad de Carçao. Enseguida llegamos a una placita en la que nos sorprendió ver un candelabro judío de siete brazos (Menorá).


Tiene su explicación. Cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España (1492), muchos judíos se refugiaron en las aldeas de la región de Trás-os-Montes, junto a la frontera, entre ellas Carção. Durante siglos, los habitantes de Carção mantuvieron en secreto sus ritos y su fe originaria frente a la persecución de las autoridades católicas. A este grupo de judíos conversos que practicaban su fe en la clandestinidad se les conoce como marranos. 

Abandonamos esta localidad ascendiendo por una de sus calles, llegamos a una rotonda con maquinaria relacionada con la extracción del aceite, sin duda porque es una zona muy olivarera.


Poco después de sobrepasar dicha rotonda nos desviamos a la derecha y avanzamos por un tramo en el que pudimos disfrutar más de la bici porque, aunque no era llano, las subidas y bajadas eran cortas y suaves.


Unos tres kilómetros más adelante el camino nos llevó hasta una carretera, la N 218, por la que transitamos como un kilómetro. Nos desviamos a la izquierda para continuar rodando por tierra.


Tocó descender, y esta bajada fue más larga, lo que volvió a tener consecuencias, y es que terminada esta comenzamos a ascender de nuevo.


La nueva subida, de un kilómetro, pero no tan inclinada como la primera a la que nos enfrentamos, nos llevó hasta la entrada de Argozelo.


Nos dio la bienvenida al pueblo un edificio moderno, de líneas rectas y que imaginamos sería algo público y, efectivamente, lo era. Se trataba del Centro Interpretativo das Minas de Argozelo, donde se cuenta la historia de la explotación minera de estaño y volframio (tungsteno) que tuvo lugar en las minas de Argozelo durante el siglo XX (la explotación se cerró en 1986). 


Desde allí fuimos bajando hacia el centro del pueblo. Recorrimos su calle principal, donde encontramos algunos edificios importantes, como dos pequeñas iglesias y un palacio abandonado que, aún así, mantenía su porte 



Al llegar a una plaza donde había otra iglesia, giramos a la derecha y comenzamos a descender siguiendo aún por las calles del pueblo. Terminado este continuamos bajando por un bonito camino. 


Disfrutamos casi sin dar pedales a lo largo de tres kilómetros, pero cuando llevábamos más o menos la mitad, llegamos a un puente sobre el que cruzamos la Ribeira da Quinta. Al salir de este debíamos seguir hacia la izquierda, pero era inviable, el camino estaba perdido. Vimos en el GPS que girando hacia la derecha y rodeando una montaña nos volveríamos a encontrar con el track, y así lo hicimos.



De nuevo sobre el camino correcto continuamos descendiendo hasta un puente por el que cruzamos de nuevo el Río Maças. Como era de imaginar, a la salida de este comenzó una nueva subida, que enseguida se endemonió y se fue inclinando hasta alcanzar el 20% en alguna zona. 


Menos mal que para compensar la ganancia de altura nos iba ofreciendo buenas panorámicas del entorno.


El ascenso se prolongó a lo largo de nueve kilómetros. No siempre fue como al principio, la inclinación se fue moderando. Hacia la mitad hubo un pequeño punto de inflexión en forma de pequeña bajada, que nos sirvió para descansar las piernas. 


Terminada ese pequeño descenso seguimos subiendo atravesando zonas con mayor o menor vegetación  y arbolado, sobre todo robles y castaños. 



Pero también cruzamos un tramo en el que había pinos y jara, donde pudimos disfrutar de ese olor característico de ambos.  


Acabó el ascenso y empezamos a bajar ligeramente hacia la localidad de Vale de Frades. Antes de entrar en ella vimos el nombre del pueblo y decidimos que nos teníamos que hacer una foto allí mismo.


Enseguida nos subimos a las bicis, y entramos en una calle del pueblo. En él encontramos multitud de casas que son un verdadero tesoro etnográfico.


En nuestro recorrido pasamos junto a la iglesia, atravesamos la plaza, avanzamos por alguna calle más y salimos de él por una zona en cuesta. Junto a la carretera encontramos una imagen muy típica del otoño.


Aunque dejamos atrás Vila de Frades por una pequeña subida, enseguida comenzamos a bajar y, salvo un ascenso de poca longitud, lo hicimos a lo largo de más de tres kilómetros. Durante este trayecto un biker sufrió una picadura de avispa en el cuello. Como tiene alergia a su veneno paramos para que este pudiera tomar un medicamente que llevaba consigo por si se diera esta circunstancia.


Antes de terminar la bajada comenzamos a rodar en paralelo al Río Angueira. Poco después llegamos a las cercanías de otra localidad: Sao Joanico, que nos recibió con su bonito puente medieval.


Daba gusto ver el verdor de las riberas y la cantidad de objetos ornamentales que había junto al puente. 


Recorrimos una parte de esta localidad siguiendo rodando junto al río, y al salir de ella seguimos a su lado bajo la sombra del arbolado propio de las riberas. 


En algunas zonas la vegetación no nos permitía apenas ver el río, pero en otras algún claro nos dejaba disfrutar de su vista.


Después de unos dos kilómetros ¡llanos!, el camino comenzó a alejarnos del Angueira, y para ello tuvimos que subir por una cuesta muy empinada de casi el 20%. Para "ayudar" había pasado una oruga allanando el camino y lo había dejado con mucha tierra, que dificultaba la rodadura. 


Este ascenso, el penúltimo del día, fue también largo, de un kilómetro y medio. Poco antes de terminar la subida un desvió nos sacó del camino maltrecho. 


Al terminar, comenzamos a descender por un camino, también con mucha arena, lo que produjo que levantáramos una verdadera nube de polvo.


Acabamos el descenso en una carretera, a la que nos unimos hacia la izquierda, si bien unos cientos de metros más adelante, giramos a la derecha y vimos por delante la última subida de la ruta. 


Se prolongó más de lo que pensábamos y subimos prácticamente un kilómetro, aunque al ser por asfalto resultó menos costosa que las anteriores. Al llegar al alto vimos un indicador que ponía Atalia, y vimos a nuestra derecha una serie de rocas con una estructura metálica con escaleras y un mirador. Nos desviamos hacia él, dejando las bicis a sus pies.


Subimos hasta dicho mirador y desde él pudimos disfrutar de una verdadera panorámica de Vimioso, del que apenas nos separaba nada. 


Una vez de nuevo sobre nuestros sillines atravesamos la esplanada junto a la que se encuentra la atalaya y comenzamos a descender por una calle de un barrio de Vimioso. 

Recorrimos varias calles más del pueblo y pasamos junto a esta bonita ermita. Desde allí continuamos bajando para acercarnos al punto desde donde habíamos salido.


Enseguida llegamos al aparcamiento del Pabellón Multiusos. Allí, con mucha rapidez porque era tarde para la hora a la que comen en el país vecino, montamos las bicis, nos aseamos y nos cambiamos. 


Ya "de paisano" nos desplazamos los cientos de metros que nos separaban del restaurante que nos habían recomendado para comer, la Churrasqueira das Rosas, donde lo hicimos estupendamente en la terraza cubierta, atendidos fantásticamente por Ana, española que regenta el local. 

Desde allí regresamos a Zamora sin novedades, comentando lo bonita que había sido la ruta, lo variada, y también lo dura, no en vano ascendimos casi 1.200 m (a pesar de que Wikiloc indique algo menos).



Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.

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