11 de octubre de 2026

Al No Puente de Granja Florencia

El 17 de junio de este año el puente sobre el Duero (conocido como Puente de Granja Florencia) sufrió un hundimiento parcial de aproximadamente un metro en su pilar central y eso provocó que la Diputación decidiese su demolición para construir uno nuevo. Nuestra ruta de hoy nos ha llevado hasta el lugar que ocupaba, es decir, hasta el no puente. 

De nuevo solo cuatro bikers acudimos a nuestra hora habitual de salida, las 9.30 h. La mañana estaba fresca, 11º, y el sol quería hacerse un hueco entre las nubes pero no podía. Comenzamos nuestro itinerario tomando el carril bici en Los Tres Árboles y bordeando por él el Duero y el Valderaduey. 


Abandonamos esta ciclovía para cruzar la N-122 y seguir cerca de ella unos cientos de metros. Después de un par de cambios de dirección continuamos en paralelo a esa carretera pero más separados de ella. Cruzamos las vías del AVE por un viaducto elevado y unos cientos de metros después, en una bifurcación de caminos, optamos por el que se abría a la derecha, que discurre junto a dicho trazado férreo.



Rodamos por esta recta totalmente llana unos tres kilómetros. Tras ellos nos abrimos un poco a la izquierda y accedimos a otro paso elevado sobre las vías. Al bajar de este entramos en el Polígono Industrial de Coreses, donde nos sorprendieron algunas nuevas empresas instaladas allí. 


Realizamos por este polígono un recorrido inédito para todos nosotros en el que variamos algunas veces de dirección para terminar en paralelo a la N-122. En ese tramo pasamos junto al denominado Campo Antenas Radionavegación Aérea AENA cuyas instalaciones son sorprendentes.


Es un punto de referencia esencial para el control del tráfico aéreo civil que entra y sale por el oeste de la península ibérica, enlazando los aviones con el centro de control de Paracuellos del Jarama. En esta zona convergen numerosas aerovías por lo que gestiona un número diario muy elevado de vuelos internacionales y nacionales.

Unos metros más adelante giramos a la derecha y enseguida cruzamos la N-122. Continuamos de frente, giramos de nuevo, esta vez a la izquierda y, tras seguir por una recta de un kilómetro, viramos a la derecha para seguir por otra recta, en esta ocasión más larga, de casi tres kilómetros. 


En estos tramos fuimos rodando entre campos de regadío en los que vimos cultivos de girasol, pero sobre todo de maíz, algunos ya cosechados y otros aún por recoger. 



También pasamos junto a varios huertos solares. Nos pareció un despropósito permitir estas instalaciones en esta zona tan fértil. 

Pero lo más sorprendente fue que, una vez que terminamos la trayectoria rectilínea describiendo una amplia curva hacia la izquierda, nos topamos con un campo enorme con algo que desde lejos no acertábamos a saber qué era. Cuando nos acercamos comprobamos que eran ¡cebollas! Miles y miles de ellas recién sacadas. Imaginamos que las mantendrían allí para que se sequen.  
 

Continuamos avanzando, pasamos junto a la Dehesa de San Pelayo y nos fuimos acercando al cauce del río Duero, junto al que terminamos rodando de nuevo. 


Como un kilómetro después iniciamos el primer ascenso de la mañana. Esta subida entre viviendas unifamiliares no era otra cosa que una de las entradas de Fresno de la Ribera. 


Se terminó la cuesta al llegar a la N-122, que cruza esta localidad. Seguimos junto a ella por una vía de servicio y desde ella descendimos por una pequeña rampa hasta la iglesia. A pesar de haber pasado por el pueblo decenas de veces nunca habíamos entrado a ver su templo. 


Lo mejor de este es que desde el lateral hay unas estupendas vistas del Duero y su entorno.


Enseguida volvimos a la vía de servicio y al terminar la travesía de esta localidad comenzamos a rodar por el arcén de la N-122 y lo hicimos a lo largo de poco más de dos kilómetros, el último tramos descendiendo. 


Nos desviamos a la derecha para seguir por la entrada a una gravera. Este camino discurre en paralelo a la carretera y desciende hacia un valle. 

Al llegar a esta zona llana hicimos un recorrido de casi cuatro kilómetros en paralelo al río, aunque realmente no lo veíamos. Fuimos de nuevo entre campos de cultivo y tuvimos que esquivar o cruzar muchos charcos. Si fueran de lluvia no nos importaría pero estaban provocados por el riego de esos campos que ya estaban cosechados, es decir, se está derrochando el agua. 


Finalmente, salimos a la carretera que une la N-122 y la de Peleagonzalo. Nos unimos a ella hacia la derecha y pronto nos encontramos con unos bloques en la carretera para impedir el paso de vehículos.


Pasamos por un lateral, más adelante hicimos lo mismo con una segunda barrera y llegamos a la "Zona Cero", es decir al puente. En realidad al no puente. Pensábamos que estaban aún demoliéndolo pero cuál fue nuestra sorpresa al ver que ya no había rastro de él. 


Las previsiones son que la obra del nuevo puente comiencen en la primavera de 2027. 

Una vez cumplido el objetivo de nuestra ruta iniciamos el regreso, primero regresando por la carretera hasta el mismo camino por el que habíamos transitado unos minutos antes, si bien enseguida lo dejamos para continuar unos tres kilómetros por otro que nos llevó de nuevo hasta la gravera y la N-122. 

En este tramo nos llamó la atención un cultivo de girasol que nada tenía que ver con los que habíamos visto anteriormente, secos y pequeños.


Al llegar a la carretera la cruzamos y continuamos de frente. Descendimos algo y cruzamos bajo dos pequeños túneles, unos para salvar la vía tradicional y otro para las vías del AVE. 


A partir de ese punto iniciamos un tramo de casi siete kilómetros protagonizado por las subidas y bajadas. En concreto, hasta llegar a la altura de Fresno de la Ribera, ascendimos tres y descendimos otras tantas, con la particularidad de que las bajadas siempre eran más cortas que las subidas. 

Menos mal que para compensar el sol comenzó a romper el entramado nuboso y eso permitió que todo a nuestro alrededor luciera en tecnicolor.



Pasado Fresno, que dejamos a nuestra izquierda, descendimos y al terminar la bajada nos desviamos a la derecha, iniciando una cuesta asfaltada. La abandonamos hacia la mitad para seguir hacia el lado contrario y empezamos a describir una trayectoria casi recta protagonizada por pequeñas subidas y bajadas.


Superada la última ascensión comenzamos a bajar todo lo que se nos debía, que era bastante. No tardamos en ver Coreses, localidad a la que llegamos enseguida porque es lo que tienen las bajadas, que son rápidas.


Hicimos un pequeño recorrido por el pueblo, pasando entre otros sitios junto al IESO y más adelante junto al cementerio, aunque terminamos saliendo del mismo por la calle que lo hacemos siempre. 

Entramos así en la enorme recta que conduce hacia Zamora, nada menos que siete kilómetros prácticamente llanos, la mayoría de tierra aunque hay también un tramo asfaltado. En esta zona fuimos rodando muy rápido y los kilómetros fueron cayendo rápidamente. 


El último tramo de la recta correspondió a Villagodio. Al llegar junto al viaducto elevado sobre la infraestructura del AVE ascendimos por él y la bajada nos llevó, una vez más, al encuentro con la N-122. Yendo junto a ella llegamos a la gasolinera Vista Alegre, y desde allí continuamos por el carril bici de La Aldehuela. 

Al pasar junto a IFEZA pudimos comprobar que la 22ª edición de Ecocultura sigue atrayendo gente para conocer y adquirir productos ecológicos. 


Terminado el carril bici continuamos por Los Tres Árboles hasta la Ciudad Deportiva, desde donde ascendimos hasta el punto de salida. Ya allí tuvimos que sentarnos en torno a una mesa porque teníamos que hablar de nuestro próximo plan, y qué mejor que hacerlo junto a unas cañas, ¿no?




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