Cerca de Viveiro hay tres lugares dignos de visitar. Uno es el paseo por la ribera del río Landro, otro el Souto da Retorta (o eucaliptal de Chavín), donde se encuentra O Avó, considerado el árbol más grande de España y, por último, San Roque, una montaña de más de 300 m de altitud donde hay una ermita y un mirador con unas vistas privilegiadas del propio Viveiro y todo su entorno. En el recorrido de hoy ha pasado por los tres lugares.
Para hacer esta ruta no nos quedó otra que madrugar y a las 8.45 h. comenzamos a pedalear. Viveiro a esa hora estaba cubierta de niebla pero la temperatura era agradable, en torno a 16º.
Comenzamos en Covas, un barrio de Viveiro, lo atravesamos de lado a lado hasta bordear la ría que forma el río Landro al acercarse al mar. Desde allí cruzamos por un pequeño túnel bajo las vías del FEVE y entramos en el Paseo del río Landro.
Salimos de la esplanada y continuamos por otro camino asfaltado que terminó llevándonos hasta una carretera provincial por la que transitamos como quinientos metros. Nos desviamos a la derecha y llegamos a la entrada del Souto da Retorta. El acceso estaba cerrado por obras, así que tomamos el camino paralelo al tradicional
Por este camino fuimos de nuevo en paralelo al río Landro. En un momento dado pudimos pasar al camino de siempre y continuar ya con el río a nuestro lado.

Tras unos minutos contemplando este gran árbol continuamos recto. Enseguida llegamos a una antigua central hidráulica. Allí mismo giramos e iniciamos una subida corta.
Poco después volvimos a rodar por el mismo camino que habíamos recorrido unos minutos antes y, siguiendo este desandamos el camino de la ida, rodando también de nuevo por el tramito de carretera, pasando por Naseiro y siguiendo por un camino asfaltado que nos llevó más adelante de nuevo a esa misma carretera.
Por esta rodamos algo más de un kilómetro hasta llegar al cruce con la LU-540, por la que recorrimos algo más de tres kilómetros hasta el centro de Viveiro.
Al llegar al Mercado giramos a la derecha y enseguida comenzamos a ascender. Pasamos junto a la iglesia del Convento de San Francisco y las estatuas de los cofrades y seguimos subiendo atravesando esa parte de la ciudad.
Este ascenso tiene una longitud de cuatro kilómetros, teniendo zonas donde suaviza algo y otras donde el porcentaje de subida es alto. Para nosotros, que traíamos ya las piernas cargadas de los dos días anteriores, se nos hizo dura casi toda la ascensión.
Superada la primera mitad de la subida empezamos a ver más luz y albergamos la esperanza de que el día abriera, algo que deseábamos para poder contemplar las vistas desde el mirador.
Al culminarla tuvimos suerte y, efectivamente, el sol había podido con la niebla. Nos dirigimos a la ermita de San Roque y a su mirador, y desde allí pudimos contemplar un mar de nubes.
Cada 16 de agosto vecinos de Viveiro, familias y devotos suben hasta esta ermita. Hay actos religiosos y procesión y es tradición reunirse en el monte para compartir la mesa, meriendas y comidas al aire libre (como pulpo o sardinadas) entre los árboles y puestos de la zona.
Tras unos minutos allí iniciamos el descenso tomando la carretera de bajada por la que descendimos un poco más de un kilómetro.
La abandonamos girando a la derecha entrando en un camino entre eucaliptos. Cuando pensábamos que ya lo habíamos subido todo, resultó que dicho camino picaba hacia arriba a lo largo de casi un kilómetro y medio.
Pero lo cierto es que no nos importó porque la subida no era muy acusada y, para compensar el esfuerzo, la zona era muy bonita.
El descenso fue una gozada pero todo lo bueno termina y este finalizó al entrar en una aldea, Santo Alvites. Después de recorrer una de sus calles entramos en un senderito casi cerrado por la vegetación que nos encantó. Al terminar este volvimos a la calle principal de la aldea.
Desde esa enseguida llegamos a Viveiro, nos dirigimos al Puente da Misericordia para cruzar la ría y seguimos al lado de esta por el Paseo Marítimo. Al llegar al Espigón entramos en él para despedirnos del mar desde su punta.
Y así lo hicimos, en su extremo le dijimos adiós al Mar Cantábrico y nos hicimos una foto de despedida.
Regresamos por el espigón y al terminar este decidimos hacer el tramo que nos separaba de Covas por la playa. Resultó este tramo el colofón perfecto para esta ruta y para los tres días de bici por el Norte.
Al llegar al final, cargamos las bicis en los coches, nos duchamos y nos cambiamos y emprendimos el viaje de regreso a Zamora con la sensación de haber disfrutado un montón de la bici, del paisaje, de la naturaleza, del mar, del sol y de los amigos. Mejor imposible.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.


No hay comentarios:
Publicar un comentario