18 de octubre de 2026

A Gallegos martirizados por el viento

La previsión indicaba que habría vientos del NE de unos 20 km/h por ellos planificamos una ruta hacia esa dirección para ir con él en contra y volver con él a favor, pero lo que no sabíamos es que durante la mañana iba a aumentar su velocidad hasta casi los 50 km/h con rachas próximas a los 70. Eso provocó que el camino de ida fuera un martirio.

Quedamos, como casi siempre, a las 9.30 h y acudimos a la cita tres bikers. Los tres estábamos decepcionados porque se suponía que nos íbamos a encontrar un día soleado y lo que teníamos delante era uno plomizo y 10º de temperatura. 

Para salir de Zamora recorrimos el carril bici que discurre junto al Duero y al Valderaduey donde ya notamos que el viento nos iba a molestar.


Al llegar a la N-122 la cruzamos, pasamos el primer paso elevado y al bajar de este giramos a la derecha para comenzar a rodar en paralelo al trazado del AVE.


En esta recta el viento nos restaba velocidad y nos hacía pedalear con mucha más fuerza de la normal para conseguir una velocidad decente. Recurrimos a ir en fila y eso ayudó en algo, al segundo y al tercero, claro :)


En la vegetación se apreciaba perfectamente la fuerza del viento.


Después de cinco kilómetros por esta recta nos desviamos ligeramente a la derecha para seguir por otro camino otros dos kilómetros y así llegar a Coreses. 


En esta localidad hicimos un recorrido extraño porque por donde teníamos marcado ir estaba lleno de vegetación, así que dimos un rodeo. Finalmente, salimos a la carretera de entrada al pueblo, seguimos por ella y poco después nos desviamos a la izquierda para seguir por otra calle hasta un camino. 

Este camino resultó ser una subida de casi dos kilómetros y medio que siempre resulta algo dura pero con el viento se endureció algo más. 


Eso sí, al llegar arriba había buenas vistas de la zona, con el campo aún vestido casi de verano, esperando las lluvias propias del otoño.


Cruzamos por un paso elevado la A-11 y comenzamos un suave descenso. Pero este no alivió nada nuestras piernas porque pedaleábamos y aún así no pasábamos de 18 km/h. Y es que el viento fue creciendo en velocidad y en esos momentos estaba en torno a los 40 km/h.


A nuestra derecha pudimos ver cómo levantaba en una tierra una gran masa de polvo. 


A medida que íbamos avanzando el sol parecía irse abriendo paso y, al menos, las nubes estaban siendo arrastradas por el viento. Nuestro rodar seguía siendo cansino porque también era penalizado por el perfil, que seguía siendo ascendente.


El primer momento en el que pudimos librarnos del molesto zumbido que provoca el viento frontal y del freno que supone su fuerza en contra fue en el kilómetro 23. En esa zona realizamos una especie de "C" invertida, que nos permitió librarnos de él unos minutos.


Terminado ese tramo continuamos subiendo casi cuatro kilómetros más, pero el viento nos daba lateralmente y, aunque también era molesto, no lo era tanto. El paisaje cerealístico de la zona era roto por algunos pinares.


Ya cerca de Gallegos del Pan el sol logró zafarse de las nubes y le dio un toque de color a nuestro camino y los alrededores. 


Por fin, como un kilómetro antes del pueblo comenzamos a descender. En esa zona el viento nos daba lateralmente y en algún momentos tuvimos la sensación de que nos tumbaba, y es que las rachas llegaron a ser de casi 70 km/h.


Entramos en esta localidad e hicimos un pequeño recorrido por algunas de sus calles. En ellas encontramos edificaciones modernas pero también las típicas de la zona, con el adobe como protagonista.


Como su nombre indica, este pueblo tiene su origen en la época de la Reconquista. Los primeros habitantes llegaron en el primer tercio del siglo XI debido a las repoblaciones que los reyes leoneses ordenaron, para poblar los territorios recuperados que anteriormente estaban bajo mandato musulmán.

Dejamos atrás esta población para dirigirnos a Algodre. Separan ambas localidades unos cinco kilómetros y, a pesar de que el viento nos ayudaba, no resultaron un paseo ya que tuvimos que superar cuatro subidas, dos de ellas largas y, lógicamente, las consiguientes bajadas.


El último descenso se prolongó más que el ascenso anterior y nos llevó hasta la entrada de Algodre. Esta localidad es conocida, sobre todo, por prestar su nombre al famoso baile tradicional (Bolero de Algodre). Pero hay que aclarar que se bailaba en toda la comarca si bien se conoce con este nombre por haber sido recogida en Algodre, en época de la postguerra.


Tras rodar por varias de sus calles terminamos en la carretera que va a Coreses. Enseguida la dejamos desviándonos a la izquierda, más adelante pasamos bajo un puente elevado sobre el que transita la A-11 y poco más adelante llegamos a Coreses y es que solo 1,5 km separan ambas localidades.

Ya en esta localidad pasamos junto a la iglesia, continuamos prácticamente recto y pronto salimos del pueblo.


Por delante teníamos prácticamente siete kilómetros rectos hasta la entrada de Zamora, la mayoría por pista y un tramo con esa misma pista asfaltada. Con la fuerza de nuestro pedaleo y la inestimable ayuda del viento no bajamos en casi ningún momento de 25 km/h, rodando muchos tramos a 30. 


En poco tiempo llegamos al Barrio de Villagodio y en nada estábamos junto a la gasolinera Vistalegre. Desde allí solo teníamos que recorrer los tres kilómetros y medio del carril bici para llegar a la ciudad. 


Y también los hicimos rápido. Continuamos por Los Tres Árboles y llegamos al punto desde donde habíamos partido. Eran las 12.00 h así que dudamos entre pedir un café o una cerveza. Como es bueno recuperar líquidos nos decantamos por lo último. 





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