6 de marzo de 2022

Al Pino de Gema disfrutando de los almendros

Si algo caracteriza a este grupo es que procura no repetir rutas y busca la variedad. Sin embargo hoy ha hecho una excepción gracias a la generosidad de algunos de sus miembros, los que protagonizaron un bonito recorrido el Domingo pasado y no les importó repetirlo hoy para que lo disfrutáramos los que no estábamos en esa ocasión.

El caso es que el destino de esta ruta era el famoso pino de Gema, al que ya hemos ido en alguna ocasión, pero lo bonito e inédito del recorrido estaba después de este. Pero no adelantemos acontecimientos...

Con exquisita puntualidad nos presentamos los seis bíkers a las 9.30 en el punto de encuentro habitual. La mañana nos recibió con grandes claros, una temperatura por encima de cero, pero fría y lo más molesto, viento del noreste. 

Comenzamos yendo hacia el río, pero enseguida ascendimos hacia el Puente de Hierro, que cruzamos. Giramos hacia el restaurante Las Aceñas y, sin llegar a él, continuamos adelante, cruzamos la vía del tren unos metros antes del Puente del ferrocarril y poco después descendimos por la pasarela que conduce al Paseo de la margen izquierda del río.


Salimos unos cientos de metros a asfalto, pasamos por debajo del puente de Cardenal Cisneros y enseguida giramos a la derecha para ir a coger el GR-14 durante un pequeño tramo. Hicimos algún que otro zig-zag y terminamos llegando a la carretera de Moraleja. Cruzamos al otro lado, recorrimos unos tres kilómetros cambiando de dirección varias veces y terminamos en un camino trazado en paralelo a la autovía. 

Después de un par de kilómetros salimos a la carretera de Pontejos, por la que rodamos un pequeño tramo, tras el que giramos a la izquierda para continuar por otro camino. En este las ruedas empezaron a acumular barro. No como otras ocasiones, pero lo cierto es que nos empezamos a preocupar. Cambiamos la marcha noventa grados a la derecha y cambió también algo el tipo de terreno y ya, al menos, no acumulamos más barro y empezamos a perder parte del que llevábamos de lastre.


Poco después realizamos otro giro y nos adentramos en una larga recta. En su final nos esperaba Arcenillas.


En el pueblo nos agrupamos y mientras llegaban los más retrasados aprovechamos para quitar barro acumulado en algunas zonas de nuestras bicis. Enseguida llegó el resto del grupo y continuamos hacia nuestro siguiente destino, Moraleja del Vino. Primero por un camino que no tardamos en abandonar para girar a la izquierda y seguir por otro de similares características. Este finalmente nos llevó hasta la carretera que une esta localidad con Casaseca de las Chanas. Seguimos por el asfalto unos cientos de metros y enseguida pasamos por delante de las primeras edificaciones de Moraleja.


 Pasamos junto a la iglesia, callejeamos algo y, finalmente, salimos a la carretera que cruza la localidad de parte a parte. 


Al llegar a las últimas viviendas, abandonamos el asfalto para continuar por un camino que partía a nuestra derecha. Este al comienzo es llano pero después se torna descendente, así que en una y en otra parte aprovechamos para ir rápidos.


A estas alturas el viento ya nos resultaba bastante molesto. No era demasiado fuerte pero nos daba prácticamente de frente y nos restaba velocidad, nos impedía escucharnos unos a otros y hacía que la sensación térmica fuera menor que la temperatura existente.

Poco después de terminar el descenso giramos a la derecha y nos enfrentamos a una larga recta. 


Echando la vista a los lados contemplamos extensas superficies sembradas de cereales que han agradecido enormemente las lluvias caídas días antes. Han cambiado su color, teniendo ahora un verde intenso, lleno de vida, diferente de la tonalidad que tenían últimamente.


Al terminar la recta giramos a la derecha. Continuamos por una senda. Al finalizar esta, si se sigue hacia la derecha se inicia una subida que lleva ya hacia el pino de Gema, pero nosotros volvimos al lado contrario para continuar por otra senda de similares características pero eso sí, jalonada de almendros en flor en pleno apogeo.



Esta senda tiene carácter ascendente, no era una subida pronunciada, pero sí larga, así que las piernas lo iban notando. Pero eso sí, la ganancia en altura permitía obtener buenas vistas del terreno que íbamos dejando a nuestras espaldas.


Después de algo más de un kilómetro por esta senda, en un momento dado volvimos en ángulo recto para meternos en una tierra arada que atravesamos por el borde. Terminamos saliendo a un sendero ascendente.


Al llegar a la parte más alta había premio si mirabas hacia la derecha, porque se podía observar una buena panorámica de la zona. Con la ayuda del sol y de las nubes lucía espectacular.


Poco después comenzamos a rodar por un camino de mayor importancia y pronto vimos en el horizonte, sobresaliendo sobre el resto de arbolado, al famoso Pino de Gema. Este pino piñonero (Pinus pinea) es alto y grande, pero no tiene nada especial más que está rodeado de encinas y que es el único de la zona. Como además está situado en el área más alta del contorno, hace que sea visible desde muchas zonas alejadas bastantes kilómetros de él.


Aunque no era la mitad del recorrido previsto, como era el destino de nuestra ruta aprovechamos para comer algo a sus pies.


La parada fue corta porque el viento enfriaba el sudor y empezamos a sentir frío por momentos, así que enseguida nos pusimos en marcha de nuevo.

Abandonamos el lugar dejando el pino a nuestra derecha. Hicimos un pequeño recorrido por un  bonito sendero rodeado de encinas y terminamos saliendo a un camino, ya despejado de vegetación y más importante.


Continuamos por este camino que pronto inició un descenso al tiempo que una curva de amplio radio nos iba llevando hacia la izquierda.



Antes de terminar la bajada nos desviamos hacia un camino que partía a nuestra izquierda. Este va bordeando la dehesa de Valdemimbre y es divertido porque el firme es bueno y está caracterizado por un ligero descenso. Tras la valla que perimetra la dehesa pudimos observar un gran bosque de encinas.


Tras unos tres kilómetros por este camino aparecieron unas edificaciones, que no eran otras que las de la propia dehesa.


Enseguida dejamos atrás las naves y viviendas porque el camino por el que íbamos rodando permitía hacerlo a buen ritmo. A nuestro paso seguíamos topándonos con almendros por todos lados.


Como unos dos kilómetros más adelante dejamos esta pista para girar a nuestra derecha y seguir por una senda. Esta fue alternando tramos de pequeñas y empinadas subidas, con descensos en los que había que poner atención y cuidado porque el terreno estaba repleto de profundas roderas hechas por el agua.



Este divertido, bonito y sinuoso tramo tiene una distancia de menos de dos kilómetros. Finalmente se asciende por el lateral de una loma, se rodea esta y se termina descendiendo hacia Sanzoles. Eso sí, de nuevo desde lo alto pudimos disfrutar de buenas vistas.



Enseguida entramos en esta localidad. Al llegar a la altura de la iglesia podríamos haber girado a la izquierda para ir hacia el camino de salida, pero decidimos hacer una pequeña tournée por algunas de sus calles.


Dejamos atrás la localidad tras tomar una calle que parte a la derecha de la carretera. Esta nos llevo a un camino y el camino nos dejó a los pies de otro camino, que es una gran recta ondulada que tiene más de cuatro kilómetros  hasta llegar a la parte más alta. 

A pesar de haber cambiado de dirección, el viento nos seguía molestando y frenando, y eso que en ese momento solo nos daba lateralmente. Aún así, y aunque esa ondulación de este camino siempre tiende hacia arriba, subimos a buen ritmo.


Al llegar a la parte más alta encontramos un camino que surgía a la izquierda. Este es el que va al punto de inicio de la subida hacia El Viso. Pero nosotros continuamos recto e iniciamos un descenso.



Esa bajada, casi en línea recta, nos llevó hasta la entrada de la localidad de Madridanos. Recorrimos su calle principal de lado a lado.


Al llegar al cruce con el GR-14, nos incorporamos a él girando a nuestra izquierda. Pensamos que ya allí el viento nos ayudaría empujando por la espalda, pero aún no, seguíamos sufriéndolo lateralmente.

Tras cerca de dos kilómetros por la Senda del Duero la abandonamos volviendo a la izquierda y continuando por una pista. Poco después pasamos junto a un gran parque solar, lo bordeamos y, después de hacer un pequeño recorrido sinuoso, terminamos en una gravera. 


Salimos a la carretera que une Villaralbo y Villalazán, recorrimos unas decenas de metros y la abandonamos tomando un camino a la derecha que nos llevó hasta la misma orilla del Duero.


A partir de ese momento comenzamos a recorrer un tramo de nueve kilómetros en paralelo al río. Un recorrido que sigue fielmente el caprichoso devenir del Duero, con sus curvas y meandros y sus tramos rectos.

En este recorrido se nos va mostrando la vegetación propia de rivera, pero también se bordea una inmensa chopera de unos cuatro kilómetros de larga, con interminables pasillos de árboles alineados que da gusto ver en tan perfecta formación.


Como las piernas ya empezaban a acusar los 50 km que llevaban encima, castigados además por el viento, este recorrido cada uno lo fue haciendo a su ritmo, si bien no permitíamos que alguien quedara muy rezagado.


Terminada la chopera comienza otro tramo de vegetación más cerrada y más natural por el que también es divertido rodar. 


Esta senda desemboca en un camino más ancho que nos llevó hasta la zona de la presa de Villaralbo. Allí también seguimos en paralelo al río, pero ya por el asfaltado camino viejo de Villaralbo. No tardamos mucho en abandonarlo porque más adelante giramos a la derecha para continuar por el camino que seguimos muchas veces para ir o venir a esa localidad. Después de recorrer un buen tramo, y tras un pequeño cambio de dirección, por fin sentimos el viento a nuestra espalda, y vaya que si lo notamos, que sin hacer ningún esfuerzo nos pusimos a 30 km/h. A esta velocidad no tardamos nada en ponernos junto al Puente de Cardenal Cisneros. Ascendimos las escalerillas, lo cruzamos y, tras bajar la rampa hacia Los Tres Árboles, fuimos de cabeza al punto de partida, para poner el punto final, sí, pero sobre todo por hidratar nuestros cuerpos, en esos momentos ya ávidos de líquidos.


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