17 de marzo de 2024

Sayagueando

Hemos inventando un término nuevo para denominar a la acción de disfrutar de Sayago, de sus caminos, de sus riveras, de sus praderas, de sus campos teñidos de amarillo, de sus pueblos de piedra, de su austeridad y de su belleza. Ese término es Sayagueando, que es lo que hemos hecho hoy.

La idea original, cuando nos planteamos salir este Domingo a Sayago, fue hacer una ruta por la zona y comer en Muga. Finalmente decidimos comer en Almeida, pero la ruta ya la habíamos trazado sobre el mapa, así que mantuvimos la salida y llegada en esa localidad.

Lógicamente, para poder salir de allí hay que desplazarse, y así lo hicimos, partiendo de Zamora a las 9.00. Al llegar nos preparamos y comenzamos a rodar poco después de las 9.45 h. 


Los primeros dos kilómetros los hicimos por asfalto, en concreto por la carretera que une Muga con Tudera. Nada más salir ya nos dimos cuenta de que íbamos a encontrar Sayago en uno de sus mejores momentos.


Tras esos dos kilómetros iniciales giramos a la derecha y poco después empezamos a encontrar las típicas riveras con sus aguas repletas de florecillas blancas. Pasábamos junto a una y enseguida aparecía otra. Pero hay que decir que no todo era idílico, ya que el agua no solo estaba en las riveras, sino que también en cualquier pradera que estuviera en una vaguada, por pequeña que esta fuera. Así que antes de haber recorrido tres kilómetros ya teníamos nuestro calzado bien mojado y embarrado. ¡Bendito Goretex!



También en este tramo iban apareciendo cancelas. Sería difícil calcular cuántas hemos abierto a lo largo de la mañana porque no hemos llevado la cuenta, pero más de diez seguro.

A nuestro paso seguíamos pasando junto a más riveras, y si una estaba bonita, la siguiente luchaba por estarlo más aún.



En el kilómetro cuatro llegamos a Tudera. En este primer tramo tardamos mucho, pero es que el paisaje no permitía pasar de largo y no disfrutarlo como se merecía. 


Hicimos un pequeño recorrido por sus calles y salimos del mismo por un camino delimitado por paredes para separar las cortinas.


Nuestro siguiente destino era Argañín. En nuestro recorrido la distancia desde Tudera no llegaba a cuatro kilómetros. La mayoría los hicimos por buenos caminos, atravesando una zona con mucha vegetación, encinas principalmente.


También volvimos a ver más de una rivera con su manto blanco característico de la primavera en esta comarca zamorana.


Y de este modo, disfrutando del paisaje y de la bici, llegamos a Argañín, un pueblo que nos sorprendió porque recorrimos varias de sus calles y nos pareció grande, en comparación con muchos de los pueblos de la zona.


De Argañín fuimos hacia Gamones. Los primeros kilómetros fueron como los anteriores, es decir entre cortinas.


También nos enfrentamos a algunas cancelas más. Menos mal que todas las que íbamos encontrando permitían el paso. Tienen que estar para que el ganado no se escape y lo comprendemos, pero para nosotros lo cierto es que son molestas porque no nos permitían coger un ritmo continuo.


Tras una de esas cancelas comenzamos a descender por una zona boscosa y terminamos ante lo que fue, sin duda, la zona estrella de esta ruta. Se trata de un tramo del GR-14 que va bordeando el arroyo de la Saz. En las zonas donde el agua corría poco las florecillas blancas se habían adueñado de su superficie, pero también había zonas con corriente. Por la ribera del arroyo un manto verde lo cubría todo y a su lado encontramos varios molinos y un puente de lajas.
 


Tenemos que decir que tuvimos que apearnos de la bici más de una ocasión, porque es un camino más apto para caminar que para andar en bici, pero aún así es recomendable.


Como decíamos, también fuimos encontrando a nuestro paso más de un molino. Cuando estaban operativos se nutrían del agua del arroyo para realizar su función.


No mucho después de esos molinos llegamos a un puente, uno de esos preciosos que hay por todo Sayago. Lo cruzamos para pasar a la otra orilla. 


Aguas arriba del puente, pero a muy poca distancia, estaba el último molino que pudimos ver, ya que, tras cruzar a la otra orilla del arroyo iniciamos una subida al tiempo que nos alejábamos del cauce del mismo. En realidad no habíamos recorrido ni un kilómetro y medio junto al arroyo, pero nos pareció una distancia mayor.



Siguiendo al mismo tiempo nuestro track y las balizas del GR-14, entramos en una pista por la que ya se rodaba de maravilla, al menos en los tramos secos, porque había muchos en los que la tierra estaba aún mojada y en estos nuestras ruedas se agarraban y costaba moverlas.


Nos separamos poco después del GR-14, pasamos junto a Gamones, sin llegar a entrar en el pueblo, y enseguida volvimos a rodar por la Senda del Duero.


Los poco más de dos kilómetros que separan Gamones de Torregamones los hicimos relativamente rápidos, así que en pocos minutos estábamos rodando por sus calles. 


Abandonamos esta localidad al mismo tiempo que nos separábamos del GR-14, para seguir por un camino de menor importancia. Este nos llevó a otro de "tercer orden", pero vimos que era imposible rodar por él ya que los espinos y las escobas lo habían cerrado, así que, en vez de coger este, pasamos entre las piedras caídas de una tapia y atravesamos por un par de pequeñas fincas para, al salir de estas, retomar el track.


Poco después teníamos que pasar junto a una charca, pero no veíamos por dónde hacerlo porque había mucha agua entre el verde de alrededor. Finalmente lo intentamos por su izquierda, pero los intentos no fueron exitosos porque todos, en algún momento, tuvimos que poner el pie en el suelo, y nada más ponerlo se cubría de agua.


Después de la charca había un camino ascendente por el que continuamos. Terminó por llevarnos a la carretera que une Torregamones y Villardiegua. Rodamos por ella poco más de un kilómetro. La abandonamos para seguir por un camino que partía a nuestra izquierda, tras la consiguiente cancela, claro.


El camino era bueno y se rodaba bien por él. Además, tendía ligeramente hacia abajo y el viento, aunque no lo notábamos, nos iba ayudando por nuestra espalda. 


Eso propició que en poco tiempo viéramos ya Villardiegua. Tuvimos que descender algo más antes de llegar al pueblo para después, nada más iniciarse este, comenzar un ligero ascenso por sus calles para ir hacia la iglesia. Poco después de entrar en la localidad encontramos una estela, muy bien conservada, en la fachada de una casa. 


El pueblo está muy extendido por lo que nos costó llegar a la plaza donde se encuentra la iglesia y "la mula", un verraco macho (a pesar del nombre que se le ha puesto) prerromano, vestigio de los vettones (pobladores prerromanos de cultura celta asentados entre los ríos Duero y Tajo). Allí mismo hicimos una parada para hacernos una foto y para comer algo, ya que estábamos justo en la mitad del trayecto previsto.


Miramos nuestros relojes y comprobamos que no íbamos bien de tiempo, ya que habíamos empleado algo más de dos horas en hacer la mitad del recorrido, pero claro, había habido muchas paradas. Nos dispusimos a emprender la vuelta con más brío. Esta iba a transcurrir casi en paralelo al trayecto de ida pero porque no había otro remedio. Sayago tiene multitud de caminos, pero son muchos los que mueren sin enlazar con otros, y este hecho dificulta el trazado de rutas por la zona

El camino que nos sirvió para abandonar Villardiegua pensamos que nos permitiría ese brío que queríamos darle a la vuelta porque era la típica pista sayaguesa, pero una subida, ligera pero prolongada, y el viento frontal, no nos dejaban rodar a velocidades altas. 


No seguimos un mismo camino, sino que hubo algunos desvíos, pero la tónica era la misma, buen firme, las zonas bajas con barro, paredes, encinas y praderas.



Recorrimos algo más de siete kilómetros hasta llegar a Torregamones. Habíamos pasado a la ida junto a él, pero en esta ocasión lo cruzamos por su parte izquierda.


Salimos de la localidad por un camino que hemos recorrido en sentido contrario varias veces, en concreto cuando que hemos hecho la ruta denominada "Mirandesa". En los primeros metros no podía haber más barro.


Continuamos rodando a buen ritmo, cuando el firme lo permitía, hacia Gamones. Cruzamos la carretera que va a Miranda do Douro y, como un kilómetro después, realizamos un giro a la derecha.


Sin mayores novedades llegamos a Gamones y, en esta ocasión, si nos adentramos en la localidad. 


Al salir de ella pasamos junto a la iglesia que, sin entrar en detalles, nos pareció bonita a primera vista. Al terminar esta giramos noventa grados a la derecha.


Cinco kilómetros nos separaban de la siguiente localidad, Monumenta. La zona que teníamos que atravesar nos fue ofreciendo bonitas imágenes, a pesar de que el día había cambiado y habíamos pasado de un sol velado por una capa de nubes homogéneas al salir de Muga, a un cielo plomizo en ese momento, y lo curioso es que no nos habíamos dado cuenta de la transición. 



Los últimos kilómetros antes de llegar a Monumenta los hicimos por un excelente camino trazado entre paredes de piedra y arbolado. 



Recorridos unos cinco kilómetros desde que salimos de Gáname entramos en un pueblo, y decimos pueblo porque no nos dábamos cuenta de cuál era. Suerte que vimos a una señora en un huerto, le preguntamos y nos lo aclaró: Monumenta.


Justo a la salida vimos un aprisco en el que la juventud se pegó a la cancela para podernos ver en primera fila, y es que por donde vamos levantamos pasiones :)


Unos cientos de metros después pudimos ver también una típica fuente de la zona.


Los siguientes kilómetros quizás fueron en los que más nos molestó el viento. No es que fuera muy fuerte, pero si lo añadíamos a cierto perfil ascendente, penalizaba nuestra velocidad y castigaba nuestras piernas. 


Después de unos cuatro kilómetros llegamos a Villamor de la Ladre. Poco después de entrar nos dimos cuenta de que estábamos recorriendo las mismas calles que en una ruta que hicimos poco antes de Navidad. 


Y al salir del pueblo recordamos que, en aquella ocasión, en un tramo posterior, nos empapamos al tener que cruzar una zona anegada. Por ello, hoy nos llegamos a plantear si ir a Muga por carretera, pero finalmente decidimos seguir el track previsto, saliera el sol por donde saliera.


Y qué bien hicimos, porque en el track planificado para esta ocasión se evitaba esa zona y, además, el camino era bueno. Eso nos permitía ya "darlo todo", ya que Muga tenía que estar ya cerca.


Y tan cerca que, un poco más adelante, ya comenzamos a ver la localidad. Y ver el final es un revulsivo enorme para exprimir las piernas y llegar cuanto antes. Y así fue, en pocos minutos estábamos pasando junto al instituto de E. Secundaria "José Luis Gutiérrez", poco después por la puerta de la iglesia, para terminar en la plaza, frente al Ayuntamiento.


Allí mismo cargamos las bicis en los coches, nos aseamos, nos vestimos y disfrutamos de una cerveza junto a dos Galanas que se habían desplazado hasta allí para acompañarnos. Una vez tomado el vermú nos desplazamos hasta Almeida para comer, poniendo así un merecido colofón a una preciosa ruta.



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