30 de marzo de 2024

Esquivando chubascos y persiguiendo claros

La borrasca Nelson se ha empeñado en estropear la Semana Santa de la mayor parte de España, y nosotros no íbamos a ser menos. Hoy por la mañana daba una tregua y la quisimos aprovechar adelantando nuestra salida un día, pero fue un engaño, así que estuvimos esquivando chubascos y persiguiendo claros para, finalmente, mojarnos (un poco).

Como decíamos, la previsión de hoy hablaba de ausencia de lluvias hasta las 14.00, mientras que mañana se anunciaban chubascos entre las 8.00 y las 13.00, así que quisimos aprovechar esa tregua. Quedamos a las 9.30 y acudimos a los que nos respetan las lesiones, las enfermedades, el cansancio de las procesiones o la pereza: solo cuatro. 

Quedamos en El Viso de Pinilla para, el que quisiera desayunar allí, pudiera hacerlo. A poco más de las 9.30 comenzamos a rodar hacia la rotonda del Cementerio para seguir por el mal llamado carril bici Zamora-Morales. El camino, a pesar de la lluvia caída, incluso unas horas antes, no estaba mal gracias a que fue arreglado hace poco. Eso sí, el viento frontal se hizo notar de lo lindo. Cuando llegamos a la rotonda del Cristo de Morales continuamos por la carretera hasta la continuación del carril bici por la llamada Cuesta Blanca. 

Nada más entrar en ella nos encontramos frente a un par de chicos y unos cincuenta metros más atrás un carro tirado por dos yeguas. Nos paramos junto a ellos y comenzamos a hablar. Iban a Santiago y ¡venían desde Jaén! Llevaban un mes de camino. Les comentamos que una pena que hubieran tenido días con tanta lluvia, pero ellos, lejos de quejarse, la veían como una bendición. El carro llegó a nuestra altura, en él iban dos hombres y uno más caminando junto a ese. Nos despedimos con un ¡Buen Camino! y comenzamos el ascenso.

Hacemos un inciso para relatar que, aunque el Domingo de Ramos ya pasó, en este pequeño grupo había dos estrenos. Por un lado, uno de los bikers estrenaba bici con la que esperamos recorra muchos kilómetros a gusto y sin incidentes ni averías.


Y, por otro, un biker estrenaba motor. Después de 16.000 km el anterior dio un fallo y ha habido que sustituirlo entero. Seguro que este le va a ayudar a darle tantas satisfacciones como el anterior, o más. 

Tras el inciso continuamos con el relato de lo acontecido esta mañana. Comenzamos a ascender la Cuesta Blanca. En el ascenso fuimos comentando el viaje del grupo que terminábamos de dejar.


Al mirar para uno u otro lado del camino comenzamos a disfrutar ya del amarillo de los campos de colza. Su floración iba muy adelantada, pero las lluvias y las bajas temperaturas lo han ralentizado y aún no están en su máximo esplendor, aunque a algunos ya les resta poco.

Al entrar en Morales el sol, que nos había acompañado en algunos momentos, había desaparecido ya por completo y nos empezaron a caer gotas. Cruzando el pueblo la lluvia se intensificó y nos pusimos a resguardo bajo un porche. Cinco minutos después volvíamos a sentarnos en nuestros sillines porque ya no llovía. Tomamos la carretera local que une esta localidad con El Perdigón. De nuevo el viento nos castigó en el trayecto. Pasamos junto a la estación o apeadero abandonado, que está entre ambos pueblos y que servía para uno y para otro.

Poco después nos incorporamos a la carretera que viene desde El Cristo de Morales, ascendimos hacia el centro del pueblo y al llegar a la Plaza Mayor nos encontramos con el Ayuntaminto y con el Palacio de los Vizcondes de Garcigrande (siglo XVI) engalanados para la Semana Santa. 

Seguimos por varias calles del pueblo para ir hacia la carretera que lo une con Corrales del Vino. Nada más empezar a rodar por ella vimos unas nubes muy amenazantes que venían hacia nosotros. Instantes después comenzó a llover. Dudamos si dar la vuelta, continuamos y poco después decidirnos volver atrás porque la lluvia se intensificaba. Al llegar de nuevo al pueblo casi cesó y ni paramos, volvimos hacia Morales del Vino por donde habíamos venido. Pero la diferencia era mayúscula. En primer lugar nos quitamos de encima el zumbido del viento y, en segundo lugar, este nos empujaba y eso era una maravilla. Aprovechando su ayuda y el suave descenso mantuvimos velocidades de más de 40 km/h en ese tramo.

Como ya no llovía, al llegar a Morales decidimos ir hacia Pontejos, ya que hacia esa zona había más claros. Por el camino de nuevo los campos de colza adornaban el horizonte.



Aunque frente a nosotros teníamos un hueco en el cielo por el que se dejaba ver el sol, a nuestra derecha  sus rayos intensificaban el gris de un gran nubarrón.


Por si acaso, desde Pontejos enfilamos hacia Zamora, que se encontraba en ese momento bajo un engañoso cielo azul salpicado de algunas nubes. Lo hicimos por la carretera. De nuevo nos ayudaba el viento, así que íbamos de maravilla.

Y también por esa zona los campos de colza lo empiezan a adornar todo. Dentro de unos días van a estar preciosos, sin duda.

Unos tres kilómetros después de salir de Pontejos, dejamos la carretera y continuamos por un camino, con algunos tramos asfaltados, que salía a nuestra derecha y que está trazado en paralelo a la autovía Ruta de la Plata. 

Rodamos por él unos cinco kilómetros, en los realizamos varios cambios de dirección para terminar en la carretera de Moraleja del Vino. La cruzamos y seguimos hacia el río. Al llegar cerca de este, viendo que parecía que no amenazaba lluvia, decidimos ir hacia Villaralbo por el llamado Camino Viejo. Los seis kilómetros que nos separaban de esta localidad los hicimos a buen ritmo, aunque el viento nos daba lateralmente. Al llegar a Villaralbo hicimos un pequeño recorrido por algunas de sus calles para, finalmente, dar la vuelta y comenzar el regreso hacia Zamora. 

Fuimos hacia la zona del restaurante Casa Aurelia y seguimos por la carreterita trazada en paralelo al río Duero. Desde ella pudimos observar que venía con un buen caudal.


Rodando hacia Zamora, a medida que nos acercábamos, fuimos observando las cortinas de agua que iban de izquierda a derecha recorriendo la capital. Pensamos que sería un milagro que no nos pillara alguna...

Poco antes de llegar al puente de Cardenal Cisneros nos pilló. Llovía abundantemente. Pensábamos ir hasta Valorio pero desistimos y nuestra prioridad fue ir hacia el Bar CD lo antes posible. Según cruzamos el puente la lluvia nos daba con descaro.

Abandonamos el puente hacia los Tres Árboles y como cada vez llovía más no llegamos al Bar CD, sino que nos quedamos en Cambalache, donde tomamos una caña y esperamos a que dejara de llover para que cada uno pudiera ir a casa. El recorrido realizado casi nada tenía que ver con el previsto, pero pudimos hacer algo más de 40 km y no nos mojamos mucho, así que contentos.


Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.

Powered by Wikiloc

No hay comentarios:

Publicar un comentario