13 de febrero de 2021

Paseando por la rivera de Sobradillo

La comarca de Sayago es muy bonita, es especial... Y uno de esos lugares con mucho, mucho, encanto, sobre todo en invierno y primavera, es la rivera de Sobradillo de Palomares. Aclaramos que rivera es sinónimo de riachuelo, que no es lo mismo que ribera, orilla de mar o río.


Tarde de soleada de sábado después de una semana repleta de cielos grises y lluvias. Restricciones a causa de la COVID impiden visitar casi todos los bares, los restaurantes y lugares de ocio. A las 20.00 h hay toque de queda. ¿A alguien se le ocurre una propuesta mejor que pasear por la naturaleza? Aparte de que, posiblemente, sea la mejor, es que probablemente no hay muchas más...
Y así lo pensamos nosotros. A última hora de la mañana quedamos y a las 3.45 nos agrupamos a la salida de Zamora. Da cargo de conciencia llevar un coche para cada pareja, pero es lo que toca para prevenir. Aparte de ir en grupos durante el paseo y llevar mascarilla el mayor tiempo posible.

Aparcamos en Sobradillo, cerca de la iglesia, y allí mismo comenzamos a caminar. El sol que tanto añorábamos se nubló durante el trayecto pero tenemos esperanza de volverlo a ver.

Sobradillo es un pueblo con encanto, y este reside fundamentalmente en sus viviendas, realizadas por entero en piedra de granito del lugar. Según vamos paseando por sus calles nos va encantando.


Nada más dejar las últimas viviendas atrás comenzamos a seguir un camino rodeado de fincas valladas con esmero.


Descendemos hacia la rivera de Sobradillo y al llegar a esta, cruzamos el precioso y coqueto puente de piedra y nos encontramos con este riachuelo casi su máximo esplendor tras las lluvias de los últimos días (más las acumuladas con anterioridad).


El sol quiere abrirse paso entre algunos nubarrones y, aunque le cuesta, finalmente lo consigue. Con él iluminándolo todo la zona gana en esplendor.



Después de cruzar la rivera ascendemos por una zona pedregosa y ascendente. Una vez terminada la cuesta, siguiendo la misma dirección, continuamos por un camino que nos lleva a otro camino de mayor entidad. Seguimos este hacia la derecha.


Vamos bordeando una finca vallada de ganado bovino. Según un mapa que consultamos en un momento dado tenía que haber un camino a la izquierda y lo hay, sí, pero dentro de la finca, así que damos la vuelta y desandamos el camino.

Cuando llegamos al punto donde habíamos cogido este camino más importante, no volvemos a pisar nuestros pasos, sino que continuamos por el que vamos y terminamos llegando de nuevo a la rivera. Para cruzarla hay una especie de puente, pero el agua pasa por encima y es imposible cruzarlo sin mojarse hasta el tobillo. 

Seguimos por la ribera de la rivera ; ) hacia la derecha y vemos un paso hecho con piedras. Vamos hacia él pero en un punto no se puede pasar porque una gran piedra cierra el paso. Bordeamos y ascendemos por esa masa granítica, descendemos hacia el otro lado y accedemos al paso.

Está cayendo el sol y ese color del atardecer realza la zona.



Finalmente volvemos al camino y ya seguimos por él sin más contratiempos hasta llegar de nuevo al pueblo. Entre medias, bonitas imágenes de esas primorosas vallas iluminadas por el sol y adornadas por el verdor de la hierba invadiéndolo todo.

Cuando llegamos de nuevo a los coches tenemos aún casi una hora antes del toque de queda. Nos da tiempo a ir a la casa rural Los Jerónimos, en la Tuda, donde Pedro, al que hacía mucho que no veíamos, nos sirve unas cervezas en la enorme terraza que tenemos sólo para nosotros.

Pasamos una tarde de semiconfinamiento, pero la hemos disfrutado mucho. Con precaución y con ganas siempre hay algo que se puede hacer en estos tiempos, y más teniendo una provincia llena de encantos (muchos desconocidos) como la que tenemos.


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