16 de abril de 2026

Historia, pinos, senderos y cereales

La ruta que hoy describimos parte de una localidad que rezuma historia: Simancas, Septimanca en época romana, con su puente medieval, heredero del romano, sus palacios, su relevancia (hasta el siglo XII la localidad más importante de Valladolid junto a Cabezón) y su Archivo Histórico. Desde allí nos sumergimos en un enorme pinar para continuar por un recorrido divertidísimo por senderitos y terminamos recorriendo el Páramo de los Torozos, en esta época vestido del verde de los cereales. 

De nuevo solo "Los Tres Mosqueteros" pudimos participar en esta ruta. A las 9.00 h quedamos para cargar las tres bicis en un coche (una en el maletero y dos en el portabicis). En cuanto realizamos esta "jera" iniciamos la marcha. Sobre las 10.00 h. llegamos a Simancas, aparcamos en un parking que hay a la entrada, junto a la plaza de toros, descargamos, nos preparamos y unos diez minutos después iniciamos la marcha. 


En ese momento no entramos en esta histórica villa sino que la bordeamos descendiendo hacia el río Pisuerga. Antes de llegar a su ribera pasamos bajo las ruinas de lo que parece que fue una fábrica de harinas que aprovecharía la fuerza del agua para la molienda. 


Unos doscientos metros más adelante llegamos al bonito Puente de Simancas, que hay quien llama romano, pero como hemos citado unas líneas más arriba es medieval, del siglo XIII, si bien ocupa el lugar en el que hubo uno romano, ya que por aquí pasaba la calzada que unía Augusta Emerita (Mérida) y Caesaraugusta (Zaragoza).



Salimos del puente y giramos a la izquierda para continuar sobre asfalto, pero por carril bici, bordeando algunas urbanizaciones. 


Unos quinientos metros después otro giro, en esta ocasión hacia la derecha, nos metió en una calle. Pronto desaparecieron las edificaciones y entramos en el Pinar de Antequera. 


Este pinar tiene casi mil hectáreas y es el auténtico pulmón verde de la cercana Valladolid. Teníamos miedo de encontrar, como suele ser habitual en los pinares, bancos de arena, pero todo lo contrario, nos topamos con caminos por los que se rodaba de maravilla y, además, totalmente planos. 


De entrada hicimos casi dos kilómetros totalmente rectos. Seguidamente nos escoramos algo hacia la izquierda y cuando estábamos ya muy cerca de la Carretera CL-610 giramos casi ciento ochenta grados y comenzamos a rodar en paralelo a esta por un camino algo más estrecho que el anterior.


Medio kilómetro más adelante el camino comenzó a separarnos de la carretera y, tras otro tramo de similar distancia terminamos saliendo a un megacamino que, imaginamos, hace las veces de cortafuegos, de ahí su anchura. Recorrimos por él un kilómetro, aproximadamente.


Llegamos a una carretera, la cruzamos y continuamos abriéndonos ligeramente hacia la izquierda. Poco más adelante entramos en Puente Duero rodando por el carril bici que cruza la localidad. 


En este pueblo nos encontramos con el Duero al llegar al puente que le da nombre, pero no lo llegamos a cruzar sino que giramos a la derecha, comenzando así a rodar junto a él por la Cañada Real Burgalesa. 

Acompañamos al río algo más de un kilómetro y, a pesar de que se trata de una vía pecuaria, un labrador ha sembrado el camino, incluso al final ha puesto una cancela pero a su izquierda encontramos una zona sin valla por la que pudimos pasar. 


Continuamos hacia la izquierda entrando en un extremo del Pinar de Antequera que comenzamos a recorrer por un senderito repleto de ondulaciones que lo hacía más divertido. 


En este tramo uno de los bikers no vio un tocón, lo pilló con su rueda delantera y esto hizo que se "clavara" la bici y saliera despedido hacia adelante. La caída no tuvo consecuencias, solo un par de heriditas en la rodilla. Incluso le vino bien porque el golpe en la cabeza le quitó los restos del vértigo que había sufrido los dos días anteriores :)

Un kilómetro y medio después giramos casi noventa grados a la derecha pero continuamos por el pinar y otro tanto más adelante salimos del mismo y desembocamos en una carretera con carril bici por la que continuamos adelante. 


Desde allí pudimos contemplar una bonita vista de Simancas, sobre todo de la Iglesia del Salvador. Enseguida llegamos a un cruce con otra carretera, seguimos hacia la izquierda y unos cientos de metros más adelante estábamos de nuevo cruzando el Puente de Simancas. 


Desde este pudimos observar que en esta zona el Pisuerga vive momentos de esplendor, de hecho es más río que el Duero que discurre junto a Puente Duero.


El recorrido que hicimos entre esta localidad y Simancas lo repetiremos prácticamente igual dentro de un mes y medio, cuando hagamos la Senda del Duero, desde el Pico de Urbión a Zamora. 

Terminamos de cruzar el puente y, ahora sí, comenzamos un recorrido por Simancas. Ascendimos hasta la bonita Plaza Mayor.


Pasamos por calles empedradas y estrechas, junto a palacios y casonas que hablan del esplendor que vivió en otros tiempos esta localidad. También nuestro itinerario por el pueblo nos hizo pasar junto a la enorme Iglesia del Salvador, de origen románico (la torre), si bien el resto de lo que podemos ver en la actualidad es del siglo XVI (gótica-renacentista).


Desde allí continuamos callejeando hasta ir hacia la Autovía A-62, que cruzamos por debajo por un paso peatonal. Al salir del túnel recorrimos un par de empinadas calles y terminamos saliendo a un camino ancho y con una buena pendiente. 


Poco más adelante volvimos la vista atrás y nos encontramos con una estupenda vista de la villa y, especialmente, de su castillo de Simancas, construido por Juan de Herrera (el arquitecto de El Escorial).


El castillo alberga el Archivo General de Simancas, que fue fundado por Carlos I en 1540. Es el primer y más antiguo archivo oficial de la Corona de Castilla y conserva gran parte de la documentación producida por los órganos de gobierno de la Corona de Castilla y posteriormente de la Monarquía Hispánica y del Reino de España hasta Isabel II.

Unos cientos más adelante abandonamos el camino ancho y seguimos por un sendero que ascendía por la ladera. 


En ese punto comenzó un recorrido por senderitos (single tracks) sinuosos, ascendentes, descendentes, con tramos entre pinos, otros entre monte bajo, junto a tierras de cultivo, bordeando laderas y atravesando pequeños valles. En suma, un itinerario muy divertido, si bien exigente y en el que tuvimos que ir con atención porque hay tramos técnicos. 

Al ganar altura (130 metros en dos kilómetros) las vistas no podían ser mejores. En esta, en concreto, se divisaban enormes tierras cultivadas de cereales y al fondo Valladolid.


Los senderos van recorriendo una pequeña cordillera en la que se van sucediendo pequeñas montañas que íbamos subiendo y bajando.


Atravesamos las Laderas de Valsordo y los parajes Cuestalgallo, Camporredondo, Villaseca, Los Pocicos y Las Ericas, entre otros.


Fueron ocho kilómetros que nos cundieron como si hubiéramos recorrido veinte, pero que nos encantaron. Y como las imágenes valen más que las palabras, ahí van unas cuantas que demuestran que realmente esta zona es una pasada. 







Cuando faltaba muy poco para los ocho kilómetros descendimos a lo largo de unos cuatrocientos metros y terminamos en un camino ancho, que nos pareció una autopista, por el que continuamos hacia la izquierda. Este resultó ser una subida prolongada, de un kilómetro, que nos llevó hasta una carretera. 
 

Nos unimos a ella hacia la izquierda pero tan solo para rodar por su asfalto algo menos de quinientos metros, eso sí, gran parte de ese recorrido estuvo adornado con una tierra enorme sembrada de colza.


Abandonamos la carretera haciendo un giro de noventa grados hacia la derecha. Entramos en un camino ancho por el que se rodaba de maravilla. Además, era plano, no en vano estábamos recorriendo el Páramo de los Torozos. 

Poco más de un kilómetro más adelante un cambio de dirección hacia la izquierda nos llevó a seguir por otro camino de similares características. Por este rodamos unos dos kilómetros, además a buen ritmo, lo que nos permitió ir mejorando la media que habíamos dejado por los suelos en la zona de los senderos.


Tras esos dos kilómetros viramos a la derecha y nos metimos en un camino con dos roderas que, en algunos tramitos, estaban casi perdidas.


Algunos cientos de metros más adelante giramos de nuevo, en esta ocasión hacia la izquierda, entrando así en un camino más importante y que, poco más adelante, se convirtió en una cuesta abajo y en una línea que rompía el verde los cereales.


Frente a nosotros y a nuestra derecha veíamos claros ejemplos de los denominados Montes Torozos, colinas de poca altitud que rompen la llanura que impera en casi toda la provincia de Valladolid. Estos se encuentran al sur de la de Palencia y el noroeste de la de Valladolid. 


Descendimos casi dos kilómetros hasta un valle, el que recorre el Río Hontanija. En cuanto cruzamos el riachuelo comenzamos un ascenso hacia Wamba. Antes de entrar en esta localidad llamó nuestra atención lo que parecía otra fábrica de harinas abandonada. 


El camino se unió a la carretera y continuamos ascendiendo por ella. Poco después pasamos junto al cartel que indica el nombre de la localidad. Merece una foto porque es el único pueblo de España cuyo nombre comienza por W.


Su nombre no es de casualidad, viene dado por el rey Wamba. En esta localidad el rey godo Recesvinto tenía una villa de descanso. Murió en ella y los nobles eligieron ese mismo día a Wamba como su sucesor. 

Siguiendo la costumbre recorrimos varias de sus calles y llegamos a su monumento más importante, la bonita Iglesia de Santa María, con partes mozárabes (siglo X) y partes románicas (siglo XII). En una sala adjunta se encuentra el mayor osario de España, en el que de forma más o menos apilada y ordenada, se guardan unas mil calaveras humanas, así como otros tipos de huesos. 


No pudimos acceder ni a la iglesia ni al osario porque el horario está restringido a los fines de semana, así que, tras una pequeña parada para "llevarnos algo a la boca", continuamos nuestro tour por el pueblo.

A la salida del mismo pasamos junto a una estatua del rey visigodo que da nombre a la localidad. 


Dejamos atrás Wamba bajando por carretera hasta que cruzamos de nuevo sobre el riachuelo Hontonija. Nada más cruzarlo comenzó una subida dura. Después de unos cientos de metros nos desviamos hacia la derecha para seguir por un camino. 


Por la tierra siguió la subida algo más de medio kilómetro y terminó al mismo tiempo que hicimos un giro a la derecha. 


Entramos así en una larga y casi llana recta por la que transitamos a lo largo de dos kilómetros. Aunque el viento nos daba frontalmente íbamos rodando en torno a 25 km/h. Ese viento impedía que pasáramos calor a pesar de los casi 20 º existentes, casi ocho más que cuando iniciamos la ruta. 


Rompimos la recta con un giro a la izquierda. Después de un kilómetro otro cambio de dirección hacia el lado contrario nos llevó a un camino de tres kilómetros prácticamente recto. Nos íbamos aproximando a la localidad de Ciguñuela. De hecho, la torre de la iglesia nos vigilaba por encima de los campos desde antes de llegar al pueblo. 


Según íbamos atravesamos la localidad llamó nuestra atención una fuente, constituida por la propia fuente, tres personajes (un caminante con su mochila y dos ciclistas, uno de ellos hinchando la rueda de una bici) y dos bicicletas. Y es que este pueblo se encuentra en el Camino de Santiago que parte de Madrid. Por cierto, los personajes no son los que llevan ropas de colores, son los blancos :)
 

Unos metros más adelante pasamos junto a la Iglesia de San Ginés, del siglo XVIII y de generosas dimensiones, sobre todo la torre. 


Salimos de Cigueñuela descendiendo y nos restaban unos siete kilómetros para terminar la ruta, la mayoría de ellos con perfil descendente, así que esa distancia comenzó a disminuir con rapidez. 
 

Como citábamos anteriormente, estábamos siguiendo el Camino de Santiago desde Madrid (en sentido contrario) y así lo atestiguó este cartel y cuatro ciclistas con alforjas que nos encontramos en una de las bajadas.


Según íbamos acercándonos al punto final pudimos ver las obras que se están llevando a cabo para construir un enorme parque solar. Obras que habíamos contemplado unas horas antes desde el lado contrario mientras recorríamos los senderitos. 


Aunque nos encontramos con pequeñas subidas, como decíamos, el perfil era descendente y eso propició que rodáramos a una velocidad alta y que nos presentáramos en las inmediaciones de Simancas en pocos minutos. 


Al llegar a las primeras edificaciones del pueblo descendimos hasta el paso peatonal subterráneo que habíamos cruzado unas horas antes. Desde él nos dirigimos al aparcamiento y paramos nuestros GPS, pero no nos apeamos de las bicis. Nos pareció que el sitio ideal para tomar una cerveza y celebrar que habíamos realizado una preciosa ruta era una de las enormes terrazas que habíamos visto junto al río. Allí disfrutamos del "tercer tiempo" y, al terminar, ascendimos hasta el aparcamiento, nos cambiamos, cargamos las bicis y nos dirigimos caminando hacia el Restaurante Las Tercias

Después de comer tomamos un café en la Plaza Mayor y tras este fuimos al aparcamiento, cogimos el coche e iniciamos el regreso a Zamora. 



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