5 de abril de 2026

De la procesión a Sobradillo

Estaba previsto que la ruta de hoy fuera a Sobradillo de Palomares pero al principio y al final de la misma se cruzó en nuestro camino, o nosotros en el suyo, la procesión de la Resurrección y esto le ha robado el protagonismo a esa localidad sayaguesa, al menos en el título de la entrada del blog de hoy. 

La verdad es que no tuvimos en cuenta la hora de la procesión para fijar nuestra hora de salida. Quedamos a las 9.30 en el lugar habitual pero a última hora falló un biker y con los otro dos habíamos quedado en el Puente de Piedra cinco minutos después. El resto quedó participando en dicha procesión o en sus actos. 

Justo cuando nos juntarnos en el Puente de Piedra estaba pasando la procesión de la Resurrección. La verdad es que el día era el idóneo para celebrar esa resurrección, casi 9º de temperatura, cielo despejado y prácticamente sin viento. Esta bonita mañana, los cofrades con sus varas engalanadas con flores, la alegre marcha que iba tocando la banda y ese capa roja del Cristo formaban un conjunto que emanaba alegría. 



Nos alejamos de la procesión cuando la figura del Cristo iba a empezar a subir la Cuesta de Pizarro. Terminamos de cruzar el puente, continuamos hacia San Frontis y salimos de Zamora cruzando la carretera de Bermillo y continuando de frente por el GR-14 (la Senda del Duero). 

Por él recorrimos unos 6 kilómetros en los que fuimos ascendiendo de forma casi imperceptible y que aprovechamos para contarnos nuestras vivencias de los días centrales de la Semana Santa. 


Después de esos 6 kilómetros abandonamos el GR-14 porque en un cruce de caminos continuamos recto, mientras que ese continuaba hacia la derecha. No tardamos mucho en girar nosotros también a la derecha y poco después al lado contrario. Mirando a uno y otro lado del camino íbamos disfrutando porque el campo no podía estar más bonito.  


Después de ese giro encaramos una recta de algo menos de dos kilómetros que nos llevó hasta Tardobispo. Pasamos junto a la iglesia y descendimos hacia la carretera de Ledesma, que cruzamos para seguir de frente.


En ese punto retomamos el GR-14 pero solo unos cientos de metros porque enseguida nos desviamos a la izquierda para seguir por un camino alternativo. Como quinientos metros después realizamos una curva a la derecha, descendimos un pequeño terraplén para llegar a un nuevo camino al que nos unimos hacia la izquierda. 


Nada más entrar en él se nos clavaron las ruedas, y es que todo él era barro. Salimos como pudimos y continuamos por la hierba que había a su derecha, pero esa zona estaba "minada" de profundas roderas que impedían rodar. Con la bici en la mano recorrimos unas decenas de metros y en cuanto pudimos nos subimos a ella de nuevo. 
 

Continuamos por un sendero junto a una valla metálica y poco después terminamos uniéndonos de nuevo al GR-14. Enseguida comenzamos un descenso largo hacia el Puente Potato. Fueron casi dos kilómetros en los que se hizo justicia porque desde la salida solo habíamos ascendido.


Pero el mundo de los caminos es muy injusto y nada más cruzar dicho puente comenzamos una subida, bueno, mejor dicho un subidón porque se alargó tres kilómetros. Es cierto que la inclinación hace que sea asequible y que permita, incluso, ir disfrutando de las vistas, que no eran nada malas...


En el último kilómetro el camino gana inclinación. La parte buena es que el firme es tan bueno que permite ir ascendiendo con mucho menor esfuerzo que si estuviera golpeado. 


Terminó la subida con un giro a la derecha que nos llevó a la carretera de Fermoselle. La cruzamos y seguimos por un camino casi paralelo a esta que nos introdujo en Pereruela. Atravesamos esta localidad y descendimos hacia su parte oeste. 


Salimos del pueblo descendiendo por un buen camino. Poco después se cambiaron las tornas y comenzamos a subir. Cambiamos de dirección dos veces muy seguidas y terminamos rodando casi en paralelo a la carretera. 


Finalmente, acabamos en esta, la cruzamos y continuamos de nuevo en paralelo al asfalto, pero ya solo unos cientos de metros porque el camino describía una curva a la izquierda y comenzamos a descender atravesando una zona con todo el ADN de Sayago: mucho verde, paredes de piedra y encinas. 


Cruzamos un pequeño puente y cambiamos de dirección hacia la izquierda. También comenzamos a ascender. 

Nos alegró ver junto al camino varios postes indicadores de la Ruta de Los Hociles que recientemente ha puesto el Ayuntamiento de Pereruela. 


Ascendimos como un kilómetro pero lo hacíamos con vistas porque rodábamos entre fincas valladas en las que había mucho ganado vacuno pastando y ayudando a conformar una estampa bien bonita.


Descendimos después otro tanto y, finalmente, volvimos a subir, pero esta vez una cuesta más larga, como de kilómetro y medio. 


Esta nos llevó hasta las proximidades de Sobradillo de Palomares. Justo antes de entrar al pueblo bordeando unas naves giramos a la derecha y tomamos un precioso camino que bordea esta localidad.


Este camino terminó por llevarnos hasta la otra parte del pueblo lo que propició una entrada en el mismo mucho más acorde con lo bonito que es.


La piedra está por todas partes, conformando las bonitas paredes que delimitan las fincas, en las cruces repartidas por todo el pueblo, aflorando en el suelo y en todas las construcciones. 


Todo este conjunto hace que, al menos para nosotros, sea el pueblo más cercano a Zamora (por carretera lo separan de la capital 22 km) que mejor conserva su esencia. 


Al salir de Sobradillo hay tres caminos. Nosotros nos alejamos de él por el del medio y, además, bajando a lo largo de casi un kilómetro y medio.


Pero la fiesta se terminó y sin tregua comenzamos a subir a lo largo de una distancia similar. Terminó el ascenso al girar a la derecha, aunque no había un camino claro que seguir. Al trazar la ruta existía, pero en la realidad había desaparecido. A pesar de ello, como no había nada sembrado avanzamos campo a través sin mayores dificultades algo más de quinientos metros. 


Salimos a un camino marcado por dos roderas y de perfil más o menos llano. Recorrimos unos quinientos metros y llegamos a un cruce en el que continuamos hacia la derecha. 


El camino iba avanzando hacia un encuentro con la carretera de Almeida de Sayago, que se produjo como un kilómetro después. Rodamos por ella cien o doscientos metros y la abandonamos abriéndonos hacia la derecha. Poco más adelante estábamos ante una recta de casi dos kilómetros. 


La cruzamos rápido porque el terreno era propicio y el perfil descendente. Giramos a la derecha y pudimos contemplar el llamado "Salto la Vieja", una gran roca seccionada en dos por el paso del Arroyo del Castillo. 


Después de aproximadamente quinientos metros, volvimos al lado contrario, entrando así en un camino desde el que pudimos ver una panorámica de Las Enillas, la pequeña localidad que se encuentra al abrigo del citado "Salto la Vieja".


Descendimos hasta que cruzamos el puente bajo el que corre el citado arroyo y allí mismo comenzamos a subir una cuesta que tendrá medio kilómetro, pero que siempre que pasamos por ella nos obliga a esforzarnos para ascenderla. 


Eso sí, una vez culminada comenzamos a disfrutar de las rentas porque primero bajamos de un modo más acusado y después continuamos descendiendo suavemente hasta el llamado Puente del Andaluz, bajo el que cruza la Rivera de Campeán.


Nos pareció que ese podía ser un buen lugar para hacer un selfie, y dicho y hecho. Nos apeamos de las bicis y nos hicimos el retrato.


Tras el puente nos esperaba una recta de tres kilómetros, dividida en dos mitades, la primera de ascenso tendido y la segunda de lo contrario. 


Esta terminó cuando llegamos a la carretera local que une Tardobispo y la carretera de Ledesma. Seguimos por ella hacia la derecha pero solo unos cien metros porque enseguida giramos a la izquierda y enfilamos otra recta de casi dos kilómetros de las que da gusto recorrer porque tienen la suficiente inclinación hacia abajo como para ir dando pedales sin apenas esfuerzo.


Seguidamente nos desviamos a la derecha y enseguida al lado contrario para seguir por una cuesta que primero nos llevó hasta cruzar la antigua y olvidada línea férrea de la Ruta de la Plata


Y después, la cuesta continuó hasta que cruzamos la carretera de Entrala. Ya del otro lado seguimos recto hasta Morales del Vino. 


Fuimos bordeando la trasera de varias urbanizaciones de esta localidad para terminar en la carretera N-630. Seguimos hacia la izquierda y enseguida giramos de nuevo hacia la misma mano para dirigirnos a la llamada "Cuesta Blanca".  En la foto queda claro porque se llama "cuesta" y por qué "blanca".  De la cuesta damos fe porque sus casi dos kilómetros son una gozada.


Terminó la cuesta al llegar a la carretera de Entrala. Prácticamente la cruzamos  y continuamos del otro lado por un senderito que permite rodar por él y así evitar ir por carretera hasta el Cristo de Morales. 


Cuando llegamos a la altura de ese ya continuamos hacia Zamora por el llamado carril bici "Zamora-Morales del Vino". Otra gozada porque es un descenso casi imperceptible que permite rodar a una velocidad alta con poco esfuerzo. Rodando por ella que nadie piensa que está en muy buena forma, simplemente es que la gravedad está actuando. 

Terminamos junto al Estadio Ruta de la Plata y el Cementerio. Al llegar a la rotonda nos dirigimos hacia Cabañales para cruzar el Puente de Piedra y acercarnos hasta el barrio de La Horta para ver si aún veíamos la parte final de la procesión. 


Llegamos demasiado pronto y justo iba a pasar por esa zona, pero una larguísima pausa hizo que perdiéramos la paciencia. Justo cuando nos íbamos comenzó a avanzar el cortejo. Vimos un poco pero no esperamos a la Virgen y al Cristo porque venían aún muy lejos. 


Eso sí, antes de llegar a casa paramos para comentar la ruta, hidratarnos y hacer planes. Después de todo ello nos dirigimos a nuestros hogares donde casi seguro que a todos nos esperaban los "dos y pingada", el plato típico del Domingo de Resurreción en Zamora compuesto por dos huevos fritos y loncha/s de jamón pasadas por la sartén. Final perfecto para una mañana estupenda.




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