Teso Redondo es un paraje que se encuentra en el término de Montamarta. Se trata de una península en forma de lanza que se alza entre dos lenguas del Embalse de Ricobayo. No habíamos estado nunca allí y nos han sorprendido muchísimo porque desde él hay unas vistas espectaculares, más cuando se dan todos los factores necesarios, como ocurría hoy: buena luz, un cielo bonito, nivel alto de las aguas y el campo en plena explosión primaveral.
Los Tres Mosqueteros se volvieron a juntar a las 9.30 h. El resto, por diversas causas, no pudo acudir a la cita. Iniciamos nuestro itinerario donde siempre y hoy la salida fue diferente a lo que suele ser habitual ya que callejeamos por Zamora para terminar subiendo El Bolón, cruzando una parte de San José Obrero y el Polígono de La Hiniesta.
Al llegar a la Cruz del Rey Don Sancho, que conmemora el lugar donde el rey Sancho II el Fuerte fue asesinado por Vellido Dolfos el 7 de octubre de 1072 durante el histórico Cerco de Zamora, continuamos por la ciclovía de salida para peregrinos.
Recorrimos el kilómetro que tiene esta de largo y al terminar continuamos abriéndonos hacia la derecha, continuando por una larga recta repleta de pliegues hasta las inmediaciones de Roales.
Antes de llegar a este pueblo giramos noventa grados a la derecha y nos acercamos a unas urbanizaciones de esta localidad. Un cambio de rumbo, ahora hacia la izquierda, nos llevó a rodear estas terminando en otra larga recta de unos tres kilómetros.
A esas alturas, aunque llevábamos ya recorridos unos 8 km, no terminábamos de quitar el frío y eso que, como era algo previsto, habíamos cambiado nuestro vestuario de salidas anteriores. El caso es que había poco más de 7º pero acompañados de viento del norte (que nos daba de frente) por lo que nuestra sensación térmica era menor. Además, hasta ese momento, el sol estaba semicubierto por algunas nubes. Menos mal que comenzaba a abrirse paso y se notaba.
Al terminar la recta anterior describimos como un cuatro y nos introdujimos en otra más, eso sí, esta más corta, de algo menos de 2 km y con el perfil ligeramente descendente, algo que agradecimos porque los primeros 13 km de nuestro recorrido habían tendido hacia arriba.
Concluyó esta recta y volvimos a describir otro cuatro, de nuevo entramos en un tramo sin ninguna curva, aunque después de un kilómetro nos fuimos hacia la derecha, internándonos así en un camino casi invadido por la hierba, sobre todo en su primera mitad.
En la segunda mitad había dos roderas marcadas y se rodaba mejor. Finalmente, salimos a otro camino, este ya de categoría, una buena pista por la que rodamos como dos kilómetros y medio hasta llegar a las primeras viviendas de Montamarta.
Recorrimos una de sus calles principales y desembocamos en la Plaza Mayor. Llamó nuestra atención la espadaña, y más que esta los nidos de cigüeña que alberga, todos sobredimensionados.
Continuamos hacia la orilla del brazo del Embalse de Ricobayo que llega a esta localidad cuando tiene un nivel alto. Allí nos sorprendió encontrar un bonito rótulo con el nombre del pueblo y con la careta del Zangarrón supliendo a la "O". El Zangarrón es una mascarada de invierno que se celebra en esta localidad el 1 y el 6 de enero. Además, este "Montamarta" está colocado en el sitio desde donde hay la mejor vista de la Ermita de la Virgen del Castillo.
Creímos oportuno hacernos un selfie en este lugar, que después pasa el tiempo y no recordamos quién hizo y quién no las rutas. De esta ya queda constancia.
Una vez hecha la foto continuamos hacia nuestro destino. Primero tuvimos que cruzar el brazo del embalse por el puente de la N-630. Al terminar este giramos hacia la ermita.
Y nada más salirnos del asfalto comenzamos una cuesta dura, porque en poca distancia sube bastantes metros.
Después de terminar esta continuamos recto unos quinientos metros más y abandonamos este camino girando a la izquierda noventa grados.
De nuevo entramos en una recta, también "adornada" con sube y bajas, pero enseguida comenzamos a ver el agua que ocupa un brazo del embalse.
Realmente estábamos recorriendo una península que a ambos lados tiene brazos o lenguas del Embalse de Ricobayo. Era el paraje denominado Teso Redondo. A medida que íbamos avanzando por la recta íbamos viendo más agua. Después de un kilómetro más o menos, las vistas eran impresionantemente bonitas.
Es cierto que se daban todas las circunstancias posibles para realzar la belleza del lugar: una luz y un cielo precioso, el agua reflejando su color y el campo, que no puede estar más bonito...
Llegó un momento en el que se terminó el camino como tal, pero continuamos adelante por una zona donde parecía que había existido uno. Descendimos hasta donde ya el monte bajo impedía seguir.
Paramos unos minutos allí para contemplar todo lo que nos rodeaba y quedamos realmente sorprendidos de lo bello que nos pareció el lugar. Es increíble que aún encontremos sitios así en un radio no demasiado alejado de Zamora.
Sin demorarnos mucho volvimos a pedalear deshaciendo todo el camino hasta Montamarta. Al ir en sentido contrario las vistas también eran muy bonitas.
Frente a Montamarta la luz del sol reverberaba en el agua formando así una imagen que nos encantó.
Y al cruzar de nuevo el puente de la N-630 también disfrutamos de una buena imagen de la ermita.
Al llegar a Montamarta entramos de nuevo al pueblo, si bien lo cruzamos hacia el oeste, saliendo de él por un camino por el que recorrimos casi dos kilómetros. Lo abandonamos girando a la izquierda.
Entramos en un tramo de unos seis kilómetros en el que el viento nos daba de espalda, es decir, nos ayudaba y nos permitía hablar sin escuchar un continuo zumbido, Eso sí, el perfil era ascendente y lo que nos ayudaba el viento nos lo robaban las cuestas.
A nuestro alrededor íbamos viendo extensiones y extensiones de cereales de un verde intenso que da gusto verlos. En algunos caso ya cuentan con una altura considerable.
Después de esos seis kilómetros de perfil ascendente continuamos por el mismo camino pero se cambiaron las tornas y el perfil comenzó a ser favorable, así que con poco esfuerzo íbamos rondando los 30 km/h en algunos momentos.
En poco tiempo llegamos a las inmediaciones de La Hiniesta.
Entramos en esta localidad por una calle y desde ella nos dirigimos hacia la iglesia, que bordeamos para terminar saliendo a la carretera que cruza el pueblo de lado a lado.
Por ella descendimos y, tras desviarnos, acabamos dejando atrás las últimas edificaciones por el camino que normalmente seguimos para dirigirnos a Zamora.
Pero hoy queríamos pasar por la Romería del Cristo de Valderrey y queríamos llegar a esta por la parte de atrás de la ermita, así que poco después salimos a la carretera, seguimos por ella unas decenas de metros y la dejamos desviándonos hacia la derecha. Enseguida cogimos dirección opuesta a la capital, si bien, tras una subida, una curva a la izquierda nos cambió de dirección. Pasamos por un puente sobre el antiguo trazado de la vía, y poco después por otro sobre las vías del AVE.
Un nuevo cambio de dirección, hacia la izquierda, nos sumergió en el Camino del Monte, por el que continuamos unos dos kilómetros y medio adornados con buenas vistas.
Abandonamos ese camino tomando otro que se abría a la izquierda y que resultó ser una cuesta abajo que nos condujo hasta las inmediaciones del Cristo de Valderrey.
Al terminar la bajada cruzamos bajo un pequeño túnel y comenzamos a escuchar el sonido de gaitas y dulzainas. Enseguida llegamos a las inmediaciones de la ermita, donde mucha gente disfrutaba ya de esta popular romería, una de las celebraciones populares más queridas de Zamora, que se realiza el primer Domingo tras la Semana Santa y que marca tradicionalmente el inicio del ciclo de romerías de la provincia.
Desde allí salimos a la antigua carretera de La Hiniesta por la que fuimos encontrando mucha gente que iba hacia la romería. Al llegar la Puente Croix nos desviamos para recorrer un caminito que han arreglado hace muy poco y que no habíamos visto hasta ahora. Este indicaba Camino del Molino.
Y, efectivamente, poco más adelante encontramos las ruinas de lo que fue un molino y que jamás habíamos visto.
El camino nos sacó de nuevo a la antigua Carretera de La Hiniesta. Siguiendo por ella enseguida nos desviamos para ir en paralelo a esta por un caminito que nos encanta, que discurre entre el arroyo y dicha carretera y que termina en el Puente Croix.
Al llegar a este continuamos hacia la derecha, hacia el Alto de Valorio, para ascender y enseguida tomar un camino a la izquierda que, por cierto, también han arreglado. Por él seguimos y terminamos saliendo al pinar desde donde nos dirigimos hacia la entrada al bosque.
Desde la entrada cruzamos el aparcamiento de caravanas y seguimos por el carril bici que va bordeando el río. Al llegar al Puente de Piedra lo abandonamos y continuamos por el Barrio de La Horta y por Puerta Nueva para así llegar al mismo punto desde donde habíamos partido.
Allí mismo paramos nuestras bicis y nos sentamos en una terraza al sol para así disfrutar del líquido que apaga nuestra sed y nos hidrata al tiempo que hablábamos de próximos proyectos.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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