Cerca de San Pedro de las Herrerías, en plena Sierra de la Culebra, nace el río Aliste, afluente del Esla, que atraviesa las comarcas de Aliste y Tierra de Alba. Aunque cuando se acerca el verano su caudal disminuye mucho hoy hemos podido comprobar que este año aún lleva mucha agua, sin duda por las abundantes lluvias del invierno y las caídas durante la primavera. En esta ruta hemos podido disfrutar mucho del entorno del río, espectacular en esta época.
Podríamos decir que hoy hemos disputado un auténtico mano a mano. La proximidad de la gran ruta que comenzamos el sábado hizo que algunos se quedaran en casa y que solo fuéramos dos los que participamos de esta ruta. Como pretendíamos salir de Vide de Alba, y hasta allí se tardan unos 45 minutos desde Zamora, nos pareció que las 9.15 h era una buena hora para iniciar el viaje.
A las 10.00 h ya estábamos aparcados a la entrada del pueblo. Descargamos, nos preparamos y diez minutos más tarde comenzamos a rodar. Hoy se esperaban subidas de temperaturas y lo notamos ya a esas horas porque había unos 16º acompañados de un cielo casi despejado totalmente.
Salimos del pueblo hacia la izquierda, por la carretera y a cien metros nos encontramos ya con el río Aliste, que en esta zona era un auténtico espejo.
Antes de cruzar el puente sobre el río, a nuestra derecha pudimos ver la iglesia del pueblo, dedicada a la Virgen de la Encina. Curiosamente se encuentra en un promontorio separada de Vide. Seguimos adelante y comenzamos a cruzar el río sobre dicho puente.
Desde él había una buena vista de esta pequeña localidad de tan solo veinte habitantes. Ya del otro lado del río abandonamos la carretera desviándonos hacia un camino que partía a la izquierda.
Este camino es una maravilla. Recorre la margen izquierda del río a lo largo de tres kilómetros en los que nos fuimos encontrando preciosas vistas del propio río y de sus riberas.
Además, el camino tiene buen firme, y las pequeñas subidas y bajadas que fuimos encontrando no fueron importantes.
En este bonito recorrido nos fuimos acercando a Vegalatrave, pero para llegar a ella tuvimos que ascender primero a una pequeña colina. Desde ella pudimos disfrutar de una panorámica de esta localidad.
Siguiendo en paralelo al cauce del río una curva a la izquierda nos llevó hasta la carretera y por ella entramos en el pueblo. Quisimos parar en el bar para encargar allí la comida pero leímos en un cartel que cierra por las mañanas y el teléfono fijo que aparece en Internet no existe.
Nos adentramos momentáneamente en el pueblo para pasar junto a la iglesia, que nunca habíamos visto a pesar de haber pasado por allí unas cuantas veces.
Descendimos hacia la calle principal y comenzamos a ascender por ella hasta las últimas viviendas. Después la calle se convirtió en un camino en cuesta que nos llevó hasta la parte alta de una ladera.
Una vez que coronamos el ascenso las vistas a izquierda y derecha del cauce del río y sus alrededores eran una auténtica maravilla, por la propia belleza del lugar y porque la primavera este año está espléndida.
Nos pareció que ese debía ser el lugar para hacernos un selfie con ese marco incomparable.
Enseguida comenzamos a descender para ponernos de nuevo a la altura del río. Pero costaba fijar la vista en el camino porque frente a nosotros las laderas se habían puesto sus mejores galas para nuestro disfrute.
Desde allí recorrimos uno cinco kilómetros por la ribera del río, en concreto por su margen izquierda. Otro tramo precioso para disfrutar de él sobre la bici o caminando. En ese recorrido fuimos encontrando zonas muy frondosas en las que el río con sus aguas transparentes discurría deprisa.
Pero también zonas más abiertas en las que el camino se confundía con la pradera y en las que fuimos encontrando algunas cortinas delimitadas por sus correspondientes vallas de piedra.
Antes de llegar a Domez, de nuevo atravesamos una zona con mucha frondosidad y, por tanto, con mucha sombra y, aunque hoy no hacía falta, con temperaturas más altas se ha de agradecer.
Después de esos cinco kilómetros llegamos a la altura de Domez, la última localidad de la Tierra de Alba de nuestro itinerario, pero no llegamos a entrar en el pueblo. Pasamos por debajo del viaducto de la carretera y continuamos junto al río.
Aproximadamente dos kilómetros más adelante pasamos a la otra margen del río a través de un pequeño puente de cemento. Al salir de él continuamos por su ribera dibujando el mismo meandro que hace el río en esa zona. Allí sus aguas estaban más tranquilas y su cauce era más ancho.
En algunos tramos el camino se encontraba cubierto de un manto de hierba pero se rodaba bien y sirvió para limpiar las ruedas porque el rocío aún estaba presente.
Fuimos por la margen derecha del río algo más de kilómetro y medio. Después de esa distancia volvimos a cruzarlo, de nuevo por un pequeño puente, y continuamos adelante. En ese tramo nos acompañaba a ambos lados del camino monte bajo, principalmente jara, adornada con su floración.
Casi un kilómetro más adelante empezamos a encontrar huertas a nuestra izquierda y pronto aparecieron las primeras viviendas, estábamos entrando en la localidad de Gallegos del Río, la primera de Aliste de las que íbamos a atravesar en la ida de nuestra ruta. Más adelante giramos a la derecha para ascender hasta la iglesia, la parroquia de Santa Eulalia. Desde el templo continuamos hacia la izquierda, cruzamos un puente sobre un río, pero no el Aliste, sino el Riofrío, pocos metros antes de entregar sus aguas al Aliste.
Tras cruzar el puente seguimos recto y enseguida terminaron las edificaciones. Casi un kilómetro después nos desviamos a la izquierda para cruzar un puente estrecho y largo de cemento. Bajo él pudimos ver de nuevo las aguas del río Aliste.
Unas decenas de metros después de salir del puente, en una bifurcación tomamos el camino de la derecha y comenzamos el primer ascenso serio de la mañana. Fue una subida pronunciada que se alargó casi un kilómetro.
Durante la subida pudimos ir disfrutando de las vistas. Las hiniestas y las jaras pugnaban por ser las más floridas pero lo cierto es que entre unas y otras conformaban un precioso paisaje.
Terminó la cuesta cuando describimos una amplia curva a la derecha y entramos en una pista ancha y descendente por la que bajamos hasta las cercanías de la localidad de Flores, pero no llegamos a entrar en ella, eso lo dejamos para la vuelta.
Dejamos esa localidad atrás ascendiendo en paralelo a una carreterita provincial. Poco más adelante nos desviamos a la derecha y nos fuimos separando más del río Aliste que, aunque no lo veíamos, había estado cerca hasta ese momento.
El camino que nos alejaba de él no podía ser más bonito. Estaba enmarcado por lajas hincadas a modo de pared para delimitar las fincas y la hierba casi había borrado el propio camino.
Y las vistas seguían siendo espectaculares. El amarillo intenso de las hiniestas, extendidas por todas partes, y su agradable olor nos tenían encandilados.
Después de ascender a lo largo de kilómetro y medio desde que dejamos a nuestra espalda Flores comenzó un descenso suave, igual que lo había sido la subida, y además, por un camino por el que se rodaba muy bien y desde el que se podían contemplar bonitas vistas, como la de esta enorme y retorcida encina.
La bajada nos fue acercando de nuevo al río Aliste, si bien no lo veíamos. Después de dar una amplia curva hacia la derecha se terminó el descenso, dejamos Fradellos a nuestra derecha y cruzamos un puente, de nuevo sobre el río protagonista de esta ruta.
Al salir de dicho puente giramos a la derecha y comenzamos una subida de algo menos de un kilómetro.
En cuanto llegamos al final de la cuesta comenzamos a bajar, un descenso justo porque fue de similar distancia que la subida.
Terminamos saliendo a la carretera provincial ZA-P-1407 (la que une Alcañices con Ferreras de Arriba) a la que nos incorporamos hacia la derecha para cruzar el río Aliste por un puente de grandes dimensiones.
Nada más terminar este giramos a la izquierda y volvimos a un camino, de nuevo paralelo al río, en concreto a la margen izquierda de este, aunque no íbamos pegados a él se notaba perfectamente por donde discurría.
Después de poco más de un kilómetro entramos en Bercianos de Aliste. Continuamos por la misma calle por la que accedimos al pueblo pero cuando estábamos a la altura de la iglesia giramos a la derecha para ascender hasta ella a través de una subida muy empinada.
Estábamos en el ecuador de nuestra ruta y eso merecía un pequeño descanso para comer algo, si era el caso, echar un trago de agua y disfrutar de la arquitectura tradicional alistana, ya que Bercianos está repleta de viviendas típicas, realizadas con la piedra magistralmente colocada y tejados de pizarra.
El receso lo hicimos al lado de la iglesia que, sin duda, desmerece a esa arquitectura tradicional porque tiene varios añadidos que no han seguido los cánones de construcción de la zona.
Frente a la iglesia se encuentra la sede de la Cofradía del Santo Entierro, que organiza la singular procesión del Viernes Santo conocida en España y en el mundo, porque después de bajar la imagen de Cristo de la cruz e introducirla en una urna se inicia la procesión en la que los cofrades desfilan con túnicas blancas de lino que son su propia mortaja. También aparecen hombres con la capa parda alistana y mujeres de luto acompañando la procesión.
Nada más volver a montarnos sobre nuestras bicis y comenzar el regreso a Vide, encontramos a nuestra izquierda la estatua de un cofrade de esa famosa procesión.
Llegamos a una carretera, la cruzamos y dijimos adiós a Bercianos iniciando una subida de casi un kilómetro.
Al terminar esta, el camino fue casi desapareciendo cambiando la tierra por hierba, aunque poco después salimos a uno bien marcado que nos llevó hasta la carretera provincial que une Zamora con Mahíde.
Junto a ella había un camino paralelo, así que continuamos por este, pero solo unos cientos de metros porque después se iba separando del asfalto. Ya sobre este firme recorrimos casi cuatro kilómetros, además con tendencia ligeramente descendente. Aunque es una carretera de cierta importancia solo nos cruzamos un coche en un sentido y dos en el contrario en ese recorrido.
Los kilómetros se iban sucediendo rápido a pesar de que el poco viento que había soplaba en contra y nos frenaba algo.
Desde la carretera pudimos ver la localidad de Valer, que dejamos a nuestra izquierda. Enseguida llegamos a un cruce y nada más pasarlo nos desviamos a la derecha para seguir de nuevo por un camino.
Ya sobre la tierra tuvimos que subir un poco para llegar a un altozano desde donde comenzó un descenso.
Esta bajada se prolongó a lo largo de un kilómetro, al principio recorriendo una zona abierta con algunos cultivos de cereales en las tierras cercanas al camino.
Pero después de una curva a la izquierda continuamos por una zona muy frondosa, con mucho arbolado y el camino casi comido por la vegetación.
Después de ese cómodo kilómetro llegamos a un puente, cómo no, sobre el río Aliste. Lo cruzamos y al otro lado nos esperaba Flores, la pequeña localidad que pertenece al municipio de Gallegos del Río.
Cruzamos esta localidad por su calle principal. Al llegar casi al final de la misma giramos a la izquierda y terminamos saliendo a una carreterita.
Nada más incorporamos a ella pasamos sobre un puente, de nuevo sobre el Aliste. Desde él pudimos comprobar que el río en ese punto luce muy bien, con una anchura considerable y bastante caudal.
No llegaron a quinientos metros los que recorrimos sobre el asfalto, pero en este tramo nos encontramos con una finca que tenía este arco de entrada junto a la carretera. En él pudimos leer: "Año 1999. Arco del Amor y de la Paz". Sin duda allí vivió un pacifista (la finca ahora se veía abandonada).
Continuamos por un camino que se abría a la derecha de la carretera. Recorrimos por él como medio kilómetro y llegamos a las cercanías de Gallegos del Río. Pasamos de nuevo por el puente largo y de cemento por el que habíamos cruzado un par de horas antes, con la diferencia de que en la ida ida al salir del mismo continuamos hacia la derecha y en esta ocasión fue hacia la izquierda.
Unos metros más adelante nos encontramos con una corriente de agua que teníamos que cruzar. Se trataba del río Mena. Vimos que no cubría mucho y ¡para adelante! Primero uno.
Y después el otro.
Poco más adelante giramos a la izquierda y volvimos a rodar en paralelo al Aliste, si bien no al lado. Dejamos a un lado Gallegos del Rio y comenzamos un ascenso que se prolongó casi un kilómetro y medio.
La subida terminó al llegar a una carreterita local. Rodamos por ella unos cientos de metros y regresamos a un camino después de un giro a la izquierda. Tuvimos que subir algo más.
Enseguida comenzamos a descender suavemente. Poco a poco el camino se iba perdiendo entre la vegetación y llegó un momento en el que no quedó ni rastro de él. Guiándonos solo del GPS giramos a la izquierda y recorrimos algo menos de medio kilómetro campo a través sorteando el bosque bajo pero sin necesidad de parar en ningún momento. Tras esa distancia volvió a aparecer un camino, bueno, dos roderas poco marcadas.
Ya por este se podía rodar bastante bien. Intuíamos que estábamos cerca del siguiente pueblo de paso, Domez, porque había muchas fincas delimitadas.
Y, efectivamente, poco más adelante ese camino poco marcado nos llevó a una carreterita por la que descendimos hasta la entrada del pueblo.
Ya en el pueblo recorrimos un par de calles hasta llegar a la iglesia y desde ella proseguimos hacia la salida del mismo.
Dejamos atrás Domez por una carreterita y no la abandonamos hasta haber recorrido como un kilómetro. Las vistas a un lado y otro de la carretera seguían siendo un espectáculo.
Un desvío a la izquierda nos permitió rodar de nuevo por tierra. Pero tuvo su coste porque desde el primer metro comenzó una subida de cierta dureza que se alargó un kilómetro.
Terminó esta, giramos a la derecha y descendimos, pero muy poco comparado con lo que habíamos subido. Además, seguidamente hubo dos pequeños repechos.
Tras estos sí, ya se hizo justicia y comenzamos una bajada que fue una gozada, un final feliz, la mejor forma de poner el colofón a una ruta estupenda: dos kilómetros y medio bajando, sin apenas dar pedales y, encima flanqueados y aromatizados por las escobas.
Después de una curva apareció ante nosotros el río Aliste. El verdadero protagonista de nuestro recorrido quiso estar también en los momentos finales.
Enseguida cruzamos un puente sobre él y entramos en Vide de Alba. Nos dirigimos hacia la entrada del pueblo, donde habíamos dejado el coche.
Tras felicitarnos el uno al otro por haber sido partícipes de esta bonita ruta, cargamos las bicis, nos aseamos un poquito, nos cambiamos y nos dirigimos a Muga de Alba, el lugar más próximo donde encontramos un restaurante, la
Taberna Rural La Pastrana. Al llegar nos estaban esperando dos bikers que se habían desplazado hasta allí para comer con nosotros. Tras tomar una cerveza en la terraza, pasamos a comer. El café también lo tomamos al aire porque se estaba de maravilla. Y cuando nos pareció regresamos a Zamora después de haber pasado una muy buena mañana.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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