La Senda del Duero (GR-14) es un sendero de gran recorrido (GR) que sigue el curso del río Duero desde su nacimiento en el Pico de Urbión hasta la frontera con Portugal. En total son más de 750 km. Por nuestra unión y cercanía al río Duero era una gran ruta que teníamos pendiente y que este año, por fin, hemos hecho. Pero solo una parte, hasta Zamora. En 2027 continuaremos recorriéndolo hasta la frontera con el país vecino y desde allí hasta la desembocadura del río en Oporto.
Senda del Duero I. 595 km. 4.037 m de ascensión.El GR-14 atraviesa nuestra provincia y hemos rodado por algunos de sus tramos cientos de veces, pero teníamos clavada la espinita de recorrerlo entero. Este año, cuando hicimos propuestas para la gran ruta, dos miembros del grupo fueron muy generosos y plantearon la posibilidad de hacer la Senda del Duero, aunque ellos ya la habían hecho desde Zamora al nacimiento del Duero. Para que también fuera distinta para ellos y porque nos parecía que había que hacerla en el mismo sentido que el río, decidimos plantearla desde el Pico Urbión a Zamora en una primera fase, y darle continuidad hasta Oporto el año que viene.
Participamos cinco miembros del grupo, cuatro con bicicletas eléctricas y uno con muscular al que nos acoplamos a su ritmo en las subidas. Uno de los cinco en Tordesillas puso fin a la ruta porque tenía un compromiso ineludible al día siguiente.
A pesar de ser el año que más pronto hemos hecho la gran ruta ha sido la edición que más calor hemos pasado al haber sufrido la primera ola de calor, con temperaturas que llegaron a los 37º. Pero si nos dan a escoger entre esto y la lluvia, nos quedamos con lo que hemos vivido.
Como el inicio de la Senda del Duero es el nacimiento del río, el primer día nos desplazamos hasta Duruelo de la Sierra gracias a la inestimable colaboración de Las Galanas. Desde esta localidad tuvimos que ascender hasta dicho nacimiento y ese recorrido está incluido en la primera etapa.
Aunque los kilómetros previstos eran casi 607 (incluida la subida hasta el Pico Urbión), lo cierto es que finalmente han sido menos, 595 km. Esto se debe a que, lamentablemente, nos encontramos con tramos del GR-14 intransitables, cerrados por la vegetación, por lo que tuvimos que buscar alternativas sobre la marcha y estas resultaron ser más rectas que el recorrido cercano al río.
En cuanto a dureza, que viene a ser sinónimo de altura ganada, este recorrido ha sido el menos exigente a ese respecto. La dureza vino impuesta por el calor y algunas etapas de muchos kilómetros, pero ha sido la menos exigente de todas las que hemos hecho hasta ahora.
Igual que siempre hacemos, preparamos durante varios meses todo lo necesario: las etapas, los alojamientos, los tracks de cada etapa, el rutómetro... y también entrenamos aumentando el número de salidas semanales. oda la planificación está recogida en una web a la que enlazamos por si alguien se quiere beneficiar de ese trabajo: Senda del Duero I
Índice
(haz clic sobre cada etapa para ir a su crónica).
Etapa 1
Duruelo de la Sierra - Pico Urbión - Nacimiento del Duero - Duruelo de la Sierra. 39,65 km. 1.097 m de ascensión.
El 23 de mayo quedamos a las 8.00 h. porque tenemos por delante 310 km hasta llegar a Duruelo de la Sierra (Soria). Nos desplazamos en dos coches cargados con cinco bicis.
Llegamos a las 11.45 h. Hicimos el check in en el hotel y preparamos todo para comenzar, pero ahí comienzan los problemas... Al poner la batería en una de las bicis, esta no funciona. Tras más de 10 minutos de intentos al final lo logramos y a las 12.15 h iniciamos la Senda del Duero I. Un detalle importante, como tenemos que volver al hotel realizamos la ruta sin alforjas.
Salimos del pueblo y tomamos la carretera que lo une con Covaleda. Son cuatro kilómetros con pequeñas subidas y bajadas.
Enseguida surge otro problema, un biker nota que el cambio no le va. Recorremos esos cuatro kilómetros y al llegar a la entrada de esa localidad giramos a la izquierda para comenzar la subida. Paramos para ver lo que le ocurre al cambio y comprobamos que, efectivamente, no funciona. Buscamos en Internet y, por suerte, hay un taller de bicis en Duruelo, así que este biker se vuelve allí y el resto empezamos la ascensión.
La subida es por una pista asfaltada, con buen firme y rodeada en todo momento de pinos. Es relativamente cómoda aunque constante y en ningún momento supera el porcentaje del 10%. Cada uno la vamos haciendo a nuestro ritmo y todos vamos pensando en lo inexplicable de la avería del cambio, porque la bici estaba revisada y había funcionado bien hasta la salida anterior.
Sumidos en estos pensamientos recibimos la llamada de una de las Galanas porque se iban a desplazar con uno de los coches para realizar una visita, y antes de salir de Duruelo se les ha reventado una rueda. Este vehículo no tiene rueda de repuesto así que están esperando a la grúa. Tercer problema del día...
No es un buen presagio este cúmulo de despropósitos en la primera hora de ruta... Continuamos subiendo y sobre el kilómetro diez termina el asfalto y comienza una pista de arena, pero se rueda bastante bien por ella.
Unos cuatro kilómetros más adelante nos desviamos hacia la izquierda y continuamos por otro camino de similares características.
Este nuevo camino nos lleva, tras casi cuatro kilómetros, hasta el Parking del Mirador de la Laguna Negra. Desde allí el camino se endurece, sobre todo porque hay mucha piedra que nos hace romper el ritmo.
Casi un kilómetro después del aparcamiento nos desviamos a la derecha para dirigirnos hacia el mirador. Descendemos hasta una pequeña laguna, la bordeamos y continuamos con algunas pequeñas subidas y bajadas.
Tras un kilómetro y medio desde el desvío llegamos al mirador y no podemos por menos que abrir la boca al contemplar la esa vista de la Laguna Negra que, por cierto, ahora es verde por un fenómeno llamado eutrofización. Por distintas causas ahora tiene un gran crecimiento de algas que contienen clorofila, que es verde, por eso el agua ha cambiado de color.
Pero cuando miramos a nuestra izquierda también nos quedamos embobados con el precioso paisaje que tenemos ante nosotros.
Nos parece un buen lugar para hacer una foto de grupo, a pesar de que sentimos no estar todos. Menos mal que en esos momentos el biker que tenía la avería ya nos había comunicado que se la habían solucionado.
Iniciamos el regreso hasta el cruce donde nos habíamos desviado y al pasar por la laguna que había al comienzo del camino el biker que iba delante de nosotros nos dice que paremos, que ha pinchado. Esto ya nos parece un despropósito. Desmontamos de las bicis y aparece de detrás de un árbol el biker de la avería del cambio. Nos estaban gastando una broma. Lo abrazamos y nos cuenta que el problema había sido que al poner la batería esta había pillado el cable del cambio. Y que en cuanto dieron con la avería salió en nuestra búsqueda.
De nuevo en el camino de ascenso al Pico Urbión, ya contentos por estar todos, iniciamos la parte más dura del recorrido, unos dos kilómetros y medio con porcentajes altos de subida y lo que es peor, con muchísima piedra que impide rodar bien. Avanzamos muy despacio y recreándonos con las vistas a nuestra izquierda. Se divisa Duruelo, Covaleda y otros pueblos como si fueran pequeñas maquetas.
Y a nuestra derecha un gran nevero recuerda que ha sido un buen año de nieves.
Hay un último tramo antes de una curva a la derecha que es especialmente duro y avanzamos muy, pero que muy despacio. Aún no sabíamos el premio que nos estaba esperando...
Y es que nada más trazar la curva nos encontramos con el espectáculo del Pico Urbión frente a nosotros. Sin duda es una de las imágenes de todos conservaremos en nuestra memoria de esta gran ruta.
Después de la curva iniciamos un pequeño descenso de algo más de quinientos metros hasta llegar a los pies del Pico Urbión.
Hacemos una parada allí y tras unos minutos contemplando todo ese extraordinario entorno nos dirigimos hacia la izquierda para comenzar el descenso por un sendero apenas marcado hasta el Nacimiento del Duero, que se encuentra a 400 metros.
Enseguida nos tenemos que bajar de la bici porque solo hay rocas y ni rastro de camino. Con ella en la mano bajamos hasta el lugar marcado como el nacimiento del río.
Unos metros antes del brocal de piedra que marca el inicio del río, vemos el lugar exacto donde empieza un hilillo de agua a correr ladera abajo. Este es el comienzo real del Duero.
Cuando llegamos a este, el biker que iba por delante de nosotros nos comenta que en la bajada hacia el Pico Urbión se le abrió la bolsa que llevaba en el trasportín y que ha perdido el chubasquero, herramienta y el bocadillo. Al decirlo, todos nos damos cuenta de que hemos visto algunas cosas tiradas en el camino pero todos pensamos que eran de unos senderistas que había cerca. Él decide ir andando hasta allí para ver si aún logra encontrarlo.
El resto decidimos comer los bocadillos que llevamos preparados. Terminamos de comerlos y esperamos más de media hora hasta que llega nuestro compañero. Y lo peor, regresa con las manos vacías porque allí ya no había nada. Seguimos pensando que no es normal que una ruta empiece tan mal. Solo encontramos una explicación y es que está sucediendo todo lo malo el primer día para que todo sea después un camino de rosas.
Cuando llega él come un poco e iniciamos el descenso hasta Duruelo. Sabíamos que los primeros 2.5 km, aproximadamente, podían presentar algunas dificultades, pero aún así teníamos empeño en comenzar la ruta desde el propio nacimiento. Y así es, hacemos este recorrido en su totalidad con las bicis de la mano porque no es ciclable.
La bajada es un poco penosa porque hace tiempo que se nos terminó el agua a todos, porque el calzado de bici no es el más apropiado para caminar sobre piedras, porque la pendiente es importante en muchos tramos y obliga a ir frenando la bici y porque hace algo de calor.
Cada uno vamos descendiendo al ritmo que podemos pero lo importante es que cada vez nos queda menos para llegar a nuestro objetivo, un lugar llamado El Búnker, donde sabemos que comienza la pista. En el último tramo ya empieza a haber arbolado y al menos ya vamos entre sombras.
Después de una bajada muy escarpada por fin vemos unos metros en los que nos podemos subir sobre las bicis, si bien aún tenemos que bajarnos unos cientos de metros más.
Cuando llegamos al Búnker es un gran alivio. Desde el nacimiento hasta allí nos llevó unas dos horas. En cuanto nos agrupamos nos ponemos sobre los sillines y comenzamos un descenso estupendo por una pista. Hay que ir frenando porque la inercia imprime demasiada velocidad para tomar las curvas con seguridad.
Los tres kilómetros de esta pista los recorremos enseguida, realmente es una gozada descender y descender sin dar ni una vuelta a los pedales.
Tras esos tres kilómetros la pista desemboca en una carreterita, la que va a Castroviejo. Continuamos por ella hacia la derecha algo menos de un kilómetro de suave descenso (aunque visualmente parece una pequeña subida).
Justo antes de llegar al aparcamiento de Castroviejo, vemos la indicación del GR-14, y así lo indica también nuestro GPS. Tres de los cinco deciden seguir por carretera hasta Duruelo y dos nos "tiramos" por la Senda del Duero. Y decimos "tiramos" porque las pendientes son muy grandes y el sendero bastante técnico.
Tenemos que apearnos de las bicis tres o cuatro veces durante algunos metros, pero resulta muy divertido.
Después de unos dos kilómetros de bajada el senderito enlaza con una pista por la que continuamos descendiendo otro tanto.
Y así llegamos hasta Duruelo. Al llegar llamamos al resto de los bikers y nos indican dónde se encuentran. Terminan de llegar también porque han venido a mayor velocidad pero por carretera han hecho más kilómetros.
Ya todos juntos podemos ingerir líquidos, que resulta una verdadera necesidad después de toda la sed que hemos pasado. Poco después llegan Las Galanas, tomamos algo con ellas y nos vamos a duchar. En cuanto estamos preparados subimos en coches a Castroviejo para después regresar a Duruelo y cenar en el propio hotel.
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Etapa 2
Duruelo de la Sierra - Soria. 67,17 km. 591 m de ascensión.
Nuestra intención es madrugar y desayunar pronto pero en el hotel no sirven desayunos hasta las 9.00 h. A esa hora tenemos las bicis preparadas y estamos ya todos en el comedor y de este modo a las 9.20 h comenzamos a rodar con 19º de temperatura y un sol radiante. Tampoco en esta ocasión llevamos alforjas, nos las llevan las Galanas en los coches a Soria.
Antes de salir de Duruelo, muy cerca de la iglesia, posamos ante la Fuente de Hermanamiento con Oporto, donde figura el nombre de Duruelo (municipio donde está el nacimiento del río), Duero y Oporto, ciudad con la que está hermanada esta localidad.
Al llegar a la carretera seguimos por ella y antes de salir del pueblo nos desviamos a la izquierda. Poco más adelante entramos es una zona que podríamos calificar de idílica en la que vamos por un sendero que atraviesa un manto verde, rodeados de pinos y con un transparente río Duero (aún riachuelo) a nuestra izquierda.
Este tramo se prolonga a lo largo de unos cuatro kilómetros, hasta que cruzamos un pequeño puente y pasamos a la margen izquierda del río.
Este segundo tramo, también muy bonito, está menos cuidado, es más "salvaje", pero esa condición no le resta encanto. El firme ya no es tan bueno y, de hecho, nos tenemos que bajar de la bici en varias ocasiones (por escaleras o por piedras).
Después de unos siete kilómetros por esta bonita zona cruzamos otro puente, regresamos a la margen derecha y entramos en una pista. Aunque vamos cerca del río no lo veíamos. Como dos kilómetros después comienza el primer repecho del día, que se extende a lo largo de casi tres kilómetros, eso sí, de subida tendida.
Tras una pequeña bajada que se nos hace corta, de hecho es ridícula comparada con el tramo ascendido, comienza otro ascenso de casi dos kilómetros.
En la segunda parte de este se va endureciendo, porque salimos de la pista a un sendero empinado, "adornado" con raíces y piedras. Después volvemos a la pista y se suceden una pequeña bajada, una subida y otro breve descenso. Además, nos desviamos a la izquierda para afrontar el ascenso de unos quinientos metros hasta el llamado Pico del Águila, un espectacular mirador desde donde hay unas vistas impresionantes hacia la sierra.
Y también hacia el Embalse Cuerda del Pozo, el primero del Duero. Fue inaugurado en 1.941 y sirve para regular el caudal del río, abastecer agua y regar cultivos. También genera un espacio turístico importante.
No nos demoramos mucho en el mirador e iniciamos la bajada hacia Salduero por un sendero técnico rodeado de robles por el que nos divertimos a lo largo de un kilómetro y medio.
Llegamos a las inmediaciones del pueblo, cruzamos un puente sobre el río y entramos en él.
Nos encanta lo cuidado que está, la uniformidad de las edificaciones, todas de piedra, las calles empedradas... Nos parece precioso. Pero no hay tiempo y volvemos a cruzar el puente enseguida.
Dejamos atrás esta localidad por un camino pero se termina convirtiendo en carreterita. Pasamos junto a la ermita del Santo Cristo y enseguida llegamos a Molinos de Duero (solo un kilómetro separa ambos pueblos).
Nos pasa lo mismo con Molinos, nos parece un pueblo precioso, con mucho encanto, desde luego. Al llegar a la plaza giramos a la izquierda.
Enseguida llegamos al final del pueblo, pasamos bajo un puente y continuamos por un sendero que va pegado al río. Cada vez se va estrechando más y llega un momento en el que no podemos pasar.
Nos damos cuenta de que estamos fuera del track, que este va en paralelo unos metros más arriba. Ascendemos por la ladera campo a través y llegamos al camino correcto, pero no es mucho mejor que el anterior y nos obliga a bajarnos varias veces de la bici. Al llegar a un puente decidimos abandonar el camino porque al otro lado del río está la carretera. Un kilómetro por ese sendero nos ha llevado casi 20 minutos...
Por la carretera hacemos un recorrido de unos dos kilómetros y llegamos a Vinuesa. Realizamos un itinerario por el pueblo y paramos en la plaza para tomar un café o un refresco.
Cada vez vemos más complicado llegar a Soria antes de las 14.30 h., y es que habíamos concertado la comida a esa hora en un restaurante para comer con las Galanas antes de que se vayan. Pero son las 12.30 h. cuando salimos de Vinuesa, llevamos unos 25 km y nos faltan más de 50 para terminar la etapa.
Salimos del pueblo por carretera y en el primer cruce nos paran porque van a pasar los ciclistas cadetes que están disputando una prueba del Campeonato de Castilla y León. Llegan enseguida y pasan como una exhalación.
Detrás van muchos coches de los equipos. Hacemos una fotografía también de ellos. Horas más tarde dos de los bikers recibimos un WhatsApp de un amigo que nos dice que nos ha visto en Vinuesa, que iba en el coche del Equipo Zamora Enamora. Allí no nos enteramos pero viendo las fotos comprobamos que el último coche es el de ese equipo y donde iba nuestro amigo.
Cruzamos el puente sobre el Duero junto al que estamos y poco después nos desviamos a la izquierda para continuar por un buen camino.
Como un kilómetro después regresamos a la carretera y ya continuamos por el asfalto porque el GR-14 está marcado junto al embalse y en muchos tramos está cubierto por sus aguas.
Recorremos por dicha carretera unos cinco kilómetros en los que vamos disfrutando de las vistas a nuestra derecha.
El tramo es llano salvo una pequeña subida antes de cruzar la presa. Tras la subida hay una pequeña bajada y entramos en dicha presa.
Poco más adelante, después de trazar una amplia curva, abandonamos el asfalto y nos desviamos a la izquierda. Entramos en un camino que atraviesa un bosque y por el que se rueda bien.
Además, es bonito y en muchos tramos está sombrío. No vamos pasando calor pero empezamos a tener sed.
Cuando nos aproximamos a Viviestre de los Nabos cruzamos alguna zona más abierta. Tras cuatro kilómetros desde que dejamos la carretera entramos en el pueblo.
Es muy pequeño y no cuenta con bar así que lo cruzamos y nos aguantamos la sed hasta el próximo, que está a unos seis kilómetros.
Salimos de esta localidad por una pista por la que se rueda muy bien. Vamos ganando kilómetros al tiempo y empezamos a ver posible llegar a Soria a la hora prevista o poco más.
Siempre llevamos el río a nuestra izquierda, no siempre lo vemos pero sabemos que está ahí por la vegetación de ribera que lo acoge siempre.
No tardamos en llegar a un puente sobre el Duero. Muy cerca de él hay dos pescadores metidos en el río pescando truchas. ¡Truchas en el Duero! Nos parece increíble pero es que sus aguas allí aún siguen siendo cristalinas.
Poco más adelante del puente vemos frente a nosotros Hinojosa de la Sierra. Muy cerca de esta localidad se encuentra su castillo, bueno, lo poco que queda de él.
Pasamos por un lateral del puebl, no entramos a sus calles porque vemos que es pequeño también y tenemos prisa.
Dejamos atrás esta localidad por una pista que un kilómetro y medio más adelante nos lleva a una carretera.
Por esta solo recorremos unos cientos de metros porque nos desviamos a la izquierda y entramos en un camino muy pegado al río. Al principio no hay problema, pero poco a poco se va estrechando y termina siendo un senderito.
Un caminito que en algunos momentos lo cierra casi por completo la vegetación. Aún así podemos rodar por él, despacio, eso sí. Podemos decir incluso que es bonito, pero no lo vamos disfrutando porque se nos vuelve a echar el tiempo encima.
En algunos trechos tenemos que bajarnos de las bicis para subir pequeñas pendientes muy inclinadas y con terreno suelto o por las piedras que impiden ciclar.
Se nos hace eterno, avanzamos poco y el sendero ya se pierde entre las hierbas. En el GPS vemos que tras un meandro del río nos alejamos de este y entraremos en un camino mejor. Pero para eso aún queda.
Eso sí, como hemos ido ganando algo de altura las vistas son estupendas.
Cuando empezamos a bordear el meandro seguimos un single track y tras este llegamos a una zona más abierta de vegetación y, por fin, aparece un camino más ancho y despejado. Hemos empleado media hora en recorrer cuatro kilómetros, no es mala media...
Ese camino ancho nos lleva subiendo hasta una carretera, la SO-P-6019 por la que hay muy poco tráfico y "pica" ligeramente hacia abajo aunque hay viento de frente. Después de dos kilómetros por esta debíamos desviarnos para seguir por el GR-14, pero vemos que, al menos los primeros metros, están arados así que no nos arriesgamos y decidimos seguir por asfalto. Además, es mucho más recto que el tramo previsto y son cerca de las 14.00 h.
En total recorremos unos 10 km por esta vía. Pasamos junto a un pueblo llamado Tardesillas y también junto a la Ciudad del Medio Ambiente. Al llegar a un cruce paramos para ver por donde seguimos y vemos que debemos ir hacia Garray, que está muy próximo. Allí retomaremos el track.
A la altura de Garray llegamos a un cruce y en ese punto volvemos a rodar por el track. Ciclamos unas decenas de metros por la N-111 y enseguida nos desviamos ligeramente a la izquierda.
Pasamos junto al dinosaurio que anuncia Garray para los que van en sentido contrario a nosotros y el asfalto da paso a una pista de arena por la que continuamos.
Solo nos faltan cuatro kilómetros para llegar a Soria pero tenemos que superar dos subidas de cierta importancia y sus correspondientes bajadas.
El segundo descenso nos lleva hasta un túnel para pasar al otro lado de una carretera. Al salir de este atravesamos por una pasarela elevada sobre otra carretera y comienza la última subida, que nos lleva hasta la entrada de la ciudad.
Siguiendo recto por la calle que hemos entrado llegamos a la N-122, que cruza la ciudad de lado a lado.
Tras unas decenas de metros por esta giramos a la derecha y nos topamos con una de las iglesias románicas más bonitas de Castilla y León, la de Santo Domingo. Desde allí a nuestro hotel son dos pasos.
Aunque paramos el GPS al pasar junto a él, continuamos con las bicis hasta el centro y seguimos hacia el Restaurante La Chistera, a donde llegamos a las 15.00 h. Al final casi lo conseguimos. Lo primero que pedimos todos al entrar es algo de beber porque venimos sin agua desde hace muchos kilómetros. Una vez saciada la sed disfrutamos de la compañía, de la comida y del lugar porque la atención es exquisita, de diez.
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Soria - Almazán. 60,16 km. 544 m de ascensión.
No madrugamos en exceso porque por delante tenemos la etapa más corta (sin contar la primera). Sobre las 9.45 h salimos del hotel después de desayunar en una cafetería cercana y de comprar latas y pan para comer cuando llegue la hora. Hay 19º y el sol vuelve a brillar. Nos enfrentamos a la novedad de ser el primer día de esta ruta en el que nuestras bicis llevarán alforjas.
Hacemos un recorrido turístico por la ciudad pasando por lugares emblemáticos de la misma, incluida la Plaza Mayor.
Desde allí descendemos hacia las inmediaciones del río Duero y continuamos por el bonito Paseo de San Prudencio.
Al terminar este seguimos pegados al río por el paseo de arena y no tardamos en tener ante nosotros otra de las imágenes icónicas de este viaje...
Nos referimos a la inigualable estampa de la Ermita de San Saturio incrustada en mitad de la ladera y rodeada de rocas y arbolado.
Tras pasar junto al puente peatonal que une una y otra orilla continuamos por una zona en la que nos enfrentamos a la primera subida del día.
Termina esta en un camino ancho y de buen firme por el que descendemos casi un kilómetro.
Otro kilómetro más adelante giramos ciento ochenta grados, pasamos por un puente sobre el Río Golmayo y continuamos por un senderito que termina ascendiendo hasta desembocar en una pista.
Nada más entrar en la pista comenzamos un ascenso de unos dos kilómetros, pero no todo se desarrolla por ese camino ancho y de buen firme.
Y es que hay un tramo por un sendero con bastante piedra y rodeado de encinas que le imprime más dureza.
También descendemos por un tramo técnico hasta que salimos de nuevo a una pista más o menos ancha según los tramos, por la que continuamos bajando hasta la localidad llamada Los Rábanos.
Atravesamos un lateral de esta localidad en el que se concentran los edificios más importantes: la iglesia y el Ayuntamiento.
Desde esta localidad continuamos por carretera, la N-111, algo más de cuatro kilómetros, más de la mitad de los mismos subiendo. En algunos puntos vemos alguna señal del GR-14 pero el camino no existe.
A ambos lados de la carretera nos encontramos con enormes campos de cereal, que contrastan con las zonas de arbolado que siempre acompañan al Duero.
Después de ese tramo de asfalto nos desviamos a la izquierda y entramos en un buen camino. Al comienzo es ligeramente ascendente pero más adelante ese ascenso se endurece algo más.
Como un kilómetro y medio después comenzamos a disfrutar de la bajada y de las vistas que vamos encontrando miremos a donde miremos.
Después de casi tres kilómetros dando muy pocos pedales llegamos a otro pueblo, Tardajos de Duero, entramos en él para recorrer sus calles, pasamos junto a la iglesia y buscamos un bar para descansar y tomar un café, pero no existe.
Salimos el pueblo por una carreterita, pero la dejamos cien metros después. Nos desviamos a la izquierda y enseguida a la derecha, entrando así en un camino.
El perfil tiende a descendente así que rodamos a muy buen ritmo y a gusto.
Casi tres kilómetros después pasamos junto a la Ermita de Santa María, que se asienta muy cerca del río.
Poco más adelante nos enfrentamos a un pequeño ascenso pero de cierta dureza. La altura ganada nos permite disfrutar de buenas vistas del páramo.
En los cinco kilómetros que nos separan de la siguiente localidad de paso nos encontramos con un cambio de dirección de casi ciento ochenta grados que nos lleva a un camino más estrecho, con suaves ondulaciones del terreno y con bonitos paisajes protagonizados por los campos de cereales.
Ya muy cerca de Ituero nos aproximamos de nuevo al río y así nos lo hace saber un cartel que encontramos cerca de la entrada del pueblo.
En esta localidad nos encontramos decenas de poemas en las fachadas de muchas casas. Los hay de Machado, por supuesto, pero también de Bécquer, de Gerardo Diego...
Lo que no encontramos es un bar donde poder hacer el "ángelus", a pesar de que ya hemos sobrepasado las 12.00 h. A la salida del pueblo nos topamos con un cartel estilo "Las Vegas" para dar la bienvenida a Ituero a los que entran a él por esa dirección.
Posponemos el "ángelus" hasta la siguiente localidad, Valdespina, que se encuentra a 12 km. Nada más salir de este tenemos que subir como un kilómetro para ascender a un teso para después ir bajando poco a poco.
Vamos en todo momento muy cerca del río, y los caminos que vamos siguiendo hacen casi los mismos cambios de dirección que va haciendo el Duero con sus meandros.
Casi seis kilómetros después de Ituero salimos a una carretera local para poder cruzar el río por un puente.
Menos de dos kilómetros rodamos por el asfalto. Lo dejamos para continuar por un bonito camino que tiende ligeramente hacia abajo y que discurre en muchos momentos en paralelo a un canal.
Cuando llegamos a Valdaspina sufrimos cierta decepción porque son, literalmente, poco más que cuatro casas y una pequeña iglesia, así que el "ángelus" va a tener que seguir posponiéndose.
Eso sí, paramos junto al templo unos minutos para disfrutar de la sombra (en el GPS nos marca 31º aunque el viento que vamos generando es fresco y no estamos pasando calor) y de un pequeño descanso. A falta de refrescos bebemos agua de nuestros botes, aunque ya empezamos a tener todos poca cantidad.
Salimos de Valdespina por una carretera provincial sin apenas tráfico para recorrer por ella los casi seis kilómetros que nos separan de Viana de Duero, de los que la primera mitad son de subida y la segunda mitad lo contrario.
A los lados de la carretera vamos encontrando campos de cereales, pero también algunas praderas y encinas, o un cúmulo de ellas, como en la imagen.
Ya con Viana a la vista albergamos esperanzas de encontrar un bar donde beber algún refresco y rellenar nuestros botes porque se ve un pueblo de mayor entidad.
El pueblo se encuentra en un pequeño alto así que ascendemos hasta él y, poco después de rodar por sus calles, nos encontramos con una preciosa iglesia románica. Está dedicada a San Bartolomé y tiene algunos añadidos posteriores a su construcción, como la torre o la sacristía. La iglesia está muy cuidada pero también todo su entorno.
Continuamos nuestro tour por el pueblo y preguntamos a alguien si hay bar. Nos dice que hay algo parecido pero que solo abre unas horas y en esos momentos está aún cerrado. Ya no vamos a pasar por ninguna localidad más hasta nuestro destino, Almazán, así que toca aguantar la sed.
Salimos de Viana y seguimos por camino y con muchos cereales, cebada y trigo, principalmente a nuestro alrededor.
El recorrido nos va resultando cómodo y rodamos a buena velocidad, solo una pequeña subida nos frena algo.
Unos seis kilómetros más adelante pasamos junto a una planta de biogás, y a partir de ahí el camino está asfaltado.
Descendemos suavamente algo más de un kilómetro hasta llegar a una rotonda, ya con Almazán, nuestro destino, a la vista.
Atravesamos dicha rotonda y seguimos sin cambiar de dirección. Unos cientos de metros más adelante nos desviamos a la derecha, pasamos junto a una enorme fábrica de papel.
Seguimos hacia el río para después rodar junto a él y cruzar un barrio de Almazán.
Dejamos a un lado el puente sobre el Duero y ascendemos hacia la Plaza Mayor. Al llegar nos encontramos con un enorme espacio diáfano con una preciosísima Iglesia románica, la de San Miguel, muy original y que posee una cúpula estrellada de influencia musulmana .
A su izquierda se encuentra el Palacio renacentista de los Hurtado de Mendoza, que fue residencia de esta poderosa familia, señores de la villa.
Y también en la plaza se encuentra nuestro hotel, que en la parte baja tiene un bar. Pedimos algo enseguida para saciar nuestra sed y después pedimos permiso para hacernos los bocadillos allí, en su terraza. Amablemente nos lo conceden y disfrutamos de las sardinillas en este incomparable marco.
Sin prisa subimos a las habitaciones, descansamos, hacemos una colada en una autolavandería y visitamos esta bonita localidad, la mayor de Soria, después de la capital. Cenamos en una terraza y un chico de la mesa de al lado nos pregunta que si somos de Zamora. Le decimos que sí y nos dice que le hace muchísima ilusión porque su padre era de nuestra ciudad pero emigró a Barcelona para trabajar allí de maestro y allí hizo su vida. Él está de viaje turístico por esa zona, pero nos confiesa que sigue muy unido a la ciudad de su padre y acude a ella todos los años y veranea en el Lago de Sanabria siempre.
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Etapa 4
Almazán - El Burgo de Osma. 75,57 km. 474 m de ascensión.
En Almazán nos ocurre como en Duruelo, hasta las 9.00 h no nos sirven el desayuno. Nada más tomarlo dos de nosotros vamos a un supermercado a comprar pan y latas para la comida. Minutos después nos unimos con el resto frente a la Puerta de Herreros, una de las siete puertas que tenía el recinto amurallado de la ciudad. Desde allí hacemos la "salida oficial" a las 10.00 h.
Nos dirigimos hacia el puente medieval y junto a él tomamos un paseo fluvial muy bonito. Por un lado llevamos el río y por el otro vamos contemplando restos del recinto amurallado.
Terminado dicho paseo cruzamos por un puente sobre el Duero y seguimos recto hasta llegar a una camino asfaltado.
Este atraviesa el llamado Parque Almazán, muy extenso y bonito. Al terminar este parque la carreterita sigue y nosotros continuamos por ella.
Como a cuatro kilómetros de Almazán el asfalto da paso a una pista estupenda que contrasta con los verdísimos campos que tiene a su alrededor.
El recorrido resulta cómodo porque el firme es muy bueno y es llano o de suavecísimo descenso, aunque de vez en cuando nos vamos encontrando pequeñas subidas y bajadas de no mucha importancia, así que avanzamos mucho.
Llevamos siempre el río a nuestra izquierda, en algunos momentos relativamente cerca y en otro algo más alejado, pero siempre dejándose ver por las choperas que lo acompañan.
A ese buen ritmo no tardamos en llegar a las cercanías de Centenera de Andaluz, el primer pueblo de paso, que se encuentra a casi 20 km de nuestra salida, pero para llegar a él tenemos que subir una cuesta no muy larga pero con una inclinación considerable.
Entramos a la localidad por un lateral pero continuamos por la calle principal, en la que se encuentra la plaza y la iglesia.
Salimos de la localidad hacia la izquierda y en una bifurcación próxima continuamos por la derecha. Bajamos lo que habíamos ascendido para llegar al pueblo y seguimos beneficiándonos de un perfil ligeramente favorable a nuestra marcha.
Así es como vamos avanzando mucho a lo largo de lo que es prácticamente una recta de unos siete kilómetros que vamos recorriendo entre campos de cereales,á árboles de ribera junto al río, algunas zonas con pinos y otras con encinas. El camino gira noventa grados a la derecha e iniciamos una subida importante, de kilómetro y medio. Cuando estamos a punto de coronar encontramos a la izquierda del camino el Mirador de Andaluz desde el que podemos contemplar una preciosa vista del río Duero y su vega. Otra de esas imágenes icónicas de este viaje que siempre recordaremos.
Es un buen sitio para hacernos un selfie y así lo hacemos para que nos quede el recuerdo de este lugar tan especial.
La vista hacia la derecha tampoco es nada despreciable y las distintas tonalidades de verdes conforman un espectáculo visual muy bonito también.
Volvemos a subirnos a nuestras bicis e iniciamos un descenso de un kilómetro que solo lo rompe la pequeña subida que nos encontramos justo antes de entrar en Andaluz. La iglesia está en un promontorio al que accedemos por una empinada calle. Al llegar junto a ella nos sorprende por lo bonita que es. Está dedicada a S. Miguel Arcángel y es una de las iglesias románicas más antiguas de la provincia de Soria. Aunque cuenta con añadidos posteriores, como la torre, lo mejor es la portada y la galería porticada que se añadió un siglo después de su construcción.
Sin duda la galería nos parece una maravilla. Estas son muy propias del románico soriano y es que servían como lugar de reunión del concejo (los vecinos del pueblo) y con el duro clima soriano, protegían de la lluvia, del frío y del sol (en verano).
Después de dedicar un buen rato a disfrutar del exterior del templo continuamos nuestro camino, descendemos al centro del pueblo y desde allí seguimos recto hasta la salida del mismo. Cruzamos un puente sobre el Río Andaluz y al salir de este giramos a la izquierda y nos incorporamos a una carretera menos de quinientos metros, ya que nos desviamos a la derecha hacia un camino.
Los tres o cuatro primeros kilómetros los rodamos por una pista ancha, pero más adelante empiezan a desaparecer las tierras de cultivo y a aparecer pinos.
Llegamos a una carreterita por la que rodamos unos cien metros y enseguida nos desviamos de nuevo, sumergiéndonos en un cerrado pinar que atravesamos por un camino marcado por dos roderas.
Como un kilómetro más adelante empieza a haber más claros, aunque el camino se ha convertido en un sendero. Por este llegamos a una carretera por la que continuamos.
Unos quinientos metros más adelante llegamos a Bayubas de Abajo, un pueblo mayor que los dos anteriores por los que hemos pasado.
Pasamos junto a la iglesia y nos dirigimos hacia la plaza en busca de un bar que sabemos que existe. Después de la experiencia del día anterior, antes de salir buscamos en qué pueblos los había para, al menos, poder coger agua.
Frente al Ayuntamiento está ese establecimiento. Hacemos allí el "ángelus" bebiendo algo y comiendo unas aceitunas. Por supuesto, antes de irnos llenamos los botes de agua y pedimos algunos hielos para que se mantenga fría ya que sabemos que es el único pueblo del itinerario de hoy con bar.
Cuando nos montamos de nuevo en las bicis salimos del pueblo y vamos descendiendo poco a poco por un buen camino con dirección al Duero, del que nos hemos separado algunos kilómetros. Después de cruzar una carretera continuamos de frente y atravesamos un bosque a lo largo de casi cuatro kilómetros.
Al principio el arbolado son pinos en su totalidad, pero en el último tramo también aparecen encinas y jaras.
Al salir de este bosque continuamos en dirección al río entre campos sembrados de cereales y viendo ya al fondo las choperas de la ribera.
Algo más de un kilómetro más adelante llegamos a estar muy próximos al Duero. Al llegar a su lado el camino nos comienza a llevar muy cerca de su recorrido.
Poco más adelante, aunque aún estamos a unos 5 km de la Fortaleza de Gormaz, empezamos a contemplarla en su atalaya.
Dos kilómetros antes de llegar a la localidad de Gormaz hacemos una parada en Las Fuentes Grandes, un conjunto de manantiales situados cerca del río Duero que forman parte de un gran acuífero. En ese mismo lugar estuvimos cuando realizamos El Camino del Cid, en el año 2017.
Unos cientos de metros más adelante cruzamos una carretera y continuamos de frente. Comenzamos el ascenso a Gormaz que se alarga como un kilómetro y medio y nos hace sudar.
Llegamos al pueblo, pasamos por la plaza y continuamos en busca de la carretera de acceso a la Fortaleza. Esta se encuentra al otro lado de la villa.
Comenzamos otro kilómetro y medio de subida. Sin duda la hace mucho más llevadera las vistas que vamos viendo a nuestra izquierda. También pasamos junto a la Ermita de San Miguel justo antes de dar una cerrada curva.
Tras esa curva la subida se endurece algo pero no nos va resultando tan dura como imaginábamos.
El pueblo ya empieza a verse como una maqueta pero aún nos queda un buen trecho para llegar a la fortaleza.
Llegamos a un ensanchamiento que sirve de aparcamiento y para dar la vuelta a los vehículos. La recta que tenemos por delante se inclina algo más pero ya queda poco...
Terminada esa recta nos encontramos con la última curva. Tras ella una pequeña recta conduce a la puerta de la fortaleza pero tiene una pendiente endiablada. Una vez arriba el damero que podemos observar formado por la diversidad de colores de los campos cultivados y la vega del río es una imagen difícil de olvidar, de hecho, es una más de esas que siempre guardaremos de este viaje.
Esta fortaleza es de origen musulmán y fue construida en el siglo X por el Califato de Córdoba. Por su posición estratégica fue clave en la defensa y control de la frontera entre musulmanes y cristianos y llegó a ser la mayor fortaleza de Europa en su tiempo.
Es tan grande que dentro del propio recinto algunos nos movimos con la bici para ir de un lado a otro de la misma.
Después de esta visita comenzamos a descender por donde habíamos subido, pero antes de llegar a la ermita tomamos un camino que parte hacia la derecha. Por él continuamos bajando como un kilómetro más. A continuación giramos noventa grados a la derecha de nuevo y comenzamos a rodar en paralelo a este monumento, pudiendo contemplar una imagen menos vista del mismo.
Poco más adelante otro cambio de dirección deja la fortaleza a nuestra espalda y comenzamos un ascenso que nos va acercando al río.
El campo en esa zona no puede estar más bonito, hay cultivos, zonas de arbolado y, sobre todo, mucho colorido.
Poco después comenzamos a descender. Como ya tenemos hambre y hace bastante calor paramos en la primera sombra que encontramos para hacernos los bocadillos y comer.
No nos demoramos mucho y en cuanto terminamos nos montamos de nuevo en nuestros sillines y continuamos. No tardamos en salir a una carretera, la SO-160 por la que rodamos como un par de kilómetros. Fieles al cauce del río, cuando este se separa del asfalto lo hacemos nosotros también y seguimos por un camino casi cinco kilómetros siempre con el Duero a nuestra izquierda, cerca, aunque no lo vemos.
Muy cerca del lugar donde desemboca el río Ucero en el Duero nos desviamos hacia la derecha y seguimos en paralelo al afluente casi tres kilómetros hasta llegar a la localidad de La Olmeda a la que llegamos con la esperanza de encontrar un bar para saciar la sed.
Pero no lo hay, así que la cruzamos de lado a lado sin cambiar de dirección y continuamos recto un par de kilómetros más hasta que llegamos de nuevo a la carretera SO-160.
Nos incorporamos a ella y nos metros más adelante hay un puente sobre el Ucero. Para seguir el GR-14 habría que hacerlo pero nosotros no lo cruzamos y seguimos hacia la derecha para alojarnos en El Burgo de Osma. Este desvío al día siguiente tendremos que deshacerlo para retomar la Senda del Duero.
Aunque rodamos por asfalto se trata de un carril bici y un paseo para peatones. Es una maravilla porque por la derecha nos flanquean unos altos cortados y por la izquierda el río Ucero.
Pasamos junto al precioso puente que conduce Osma, si bien nosotros continuamos recto. Poco más adelante sí que cruzamos otro puente sobre el río.
Aunque unos cientos de metros volvemos a pasar por otro al tiempo que entramos en El Burgo de Osma, y es imposible hacerlo de por un sitio más majestuoso, más bonito y más espectacular.
Junto a la hermosa catedral paramos a tomar algo en una terraza. Llegamos todos con sed porque las altas temperaturas nos hacen beber continuamente. Después de saciarla hacemos un tour por la ciudad recorriendo la calle Mayor con sus portaladas y la Plaza Mayor con el bonito Ayuntamiento de un lado y en el opuesto el antiguo Hospital de San Agustín.
Desde allí nos dirigimos al hotel. Tras hacer el check in guardamos las bicis en el garaje. El alojamiento es Bike Friendly y hay todo tipo de herramientas y un compresor de aire para quien lo necesite.
Ya en las habitaciones nos duchamos, descansamos y cuando empieza a hacer menos calor visitamos esta localidad que tiene tanto encanto. Tras la cena nos retiramos pronto porque el cuerpo nos pide descanso.
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Etapa 5
El Burgo de Osma - Aranda de Duero. 75,80 km. 216 m de ascensión.
Aprovechamos que en este hotel se puede desayunar pronto para madrugar algo más y robarle alguna hora al calor. Logramos iniciar la marcha poco después de las 8.30 h. De nuevo el sol luce espléndido y hay 17º de temperatura, alta para ser la provincia de Soria y a esas horas, pero ideal para ir en bici.
Regresamos por la misma vía por la que llegamos el día anterior a El Burgo al punto donde nos desviamos del GR-14, el puente sobre el río Ucero.
Lo cruzamos y seguimos por carretera menos de un kilómetro en el que describimos una ele invertida. Nos desviamos a la derecha para seguir por un camino y comenzamos un ascenso de un kilómetro, aproximadamente. En la bajada uno de los bikers percibe que ha pinchado. Hinchamos y continuamos rodando pero enseguida tenemos que volver a parar porque sigue perdiendo aire.
Hinchamos de nuevo y esta vez ya sí, el líquido antipinchazos realiza su función y nosotros continuamos nuestra marcha. Volvemos a ascender y, seguidamente, comenzamos un descenso que nos lleva a la primera localidad de paso: Pedraja de San Esteban.
El pueblo nos recibe con su iglesia. Desde allí nos dirigimos hacia la Plaza Mayor y desde ella nos dirigimos hacia la derecha, abandonando así el pueblo.
Al salir de él vemos a nuestra izquierda el arbolado que acompaña al río, lo que evidencia que volvemos a rodar junto a él. Seguimos por la carretera por la que hemos dejado Pedraja algo menos de un kilómetro y nos desviamos hacia la izquierda para seguir por una pista.
Nos vamos acercando cada vez más al río y la pista se convierte en un camino con dos roderas con mucho arbolado en el lado más próximo al río.
Vamos tan cerca de él que, cuando hay claros, lo vemos. Todavía sigue siendo un río con mucha menos presencia que como lo conocemos en Zamora.
El camino nos va resultando de lo más agradable, hay mucha frondosidad lo que nos permite ir bajo sombra en muchos momentos.
En algún momento llegamos a temer que se cierre por la vegetación porque llega a estar constituido casi solo por una rodera.
Los kilómetros que separan Pedraja de San Esteban de Gormaz transcurren rápidos por ese bonito camino. Cuando entramos en esta localidad buscamos un supermercado para comprar pan y latas y así asegurar la comida. También aprovechamos para tomar un café. Después hacemos el consabido tour, del que destacamos la Plaza Mayor.
Y también la Ermita de Nuestra Señora del Rivero, un templo románico que se encuentra en un altozano pero en el propio pueblo. Es una de las iglesias románicas más representativas de la zona del Duero.
Desde allí descendemos de nuevo hacia la parte baja del pueblo, cruzamos el Duero por un puente . A la salida nos desviamos a la derecha y poco después cruzamos una carretera y continuamos de frente por una pista que, finalmente, nos lleva a una carretera de poca importancia.

Seguimos por esta porque el tramo que va desde San Esteban de Gormaz a Langa de Duero nunca llegó a estar señalizado ni completado como el resto de la Senda del Duero, ha sido como una isla en medio de los más de setecientos kilómetros de este recorrido.

La carretera discurre en todo momento cerca del río Duero y eso nos permite ir disfrutando del paisaje de su ribera.
Rodar por asfalto y con una ligera pendiente favorable nos permite recorrer pronto cinco kilómetros, que nos llevan a Soto de San Esteban.
Vamos de lado a lado de esta localidad y salimos de nuevo a la misma carretera que traíamos antes de abandonarlo, pero poco después de terminar el pueblo nos desviamos ligeramente a la derecha y continuamos por un camino.
Como dos kilómetros más adelante salimos de nuevo a la carretera y por ella continuamos un tramo grande, de nada menos que nueve kilómetros.
Siempre vamos relativamente cerca del río, salvo tramos donde hay grandes meandros, en los que la carretera continúa más recta. Los kilómetros se van sucediendo rápidos porque se rueda muy bien. No tardamos en ver a lo lejos una población con un castillo en lo alto de una loma, se trata de Langa de Duero.
Poco antes de llegar al pueblo vemos el bonito puente del siglo XV que permite entrar en la localidad. Aunque hay que desviarse y cruzar dicho puente para entrar en el pueblo, lo hacemos.
Lo cruzamos y seguimos adelante hasta el centro, donde se encuentra una iglesia de grandes dimensiones y el Ayuntamiento.
Junto a la iglesia hay un puesto de herramientas para bicis y aprovechamos para hinchar un poco más la rueda que se pinchó al comienzo de la ruta. Casi en frente hacemos una parada para tomar un café o un refresco, según los gustos.
Con el descanso hecho retomamos nuestro camino regresando al puente, cruzándolo y siguiendo hacia la derecha, primero por carretera y unos cientos de metros más adelante por un camino que tomamos a la derecha también.
El tramo que estamos haciendo es compartido con el Camino del Cid y en los postes de señalización así queda atestiguado.
El camino discurre en paralelo al río, cuando va muy cerca nos encontramos más vegetación y cuando nos alejamos algo, esta disminuye y aparecen campos de cultivo. En ese tramo nos encontramos también con un par de formaciones rocosas a modo de pináculos tallados por la erosión y los miles de años.
Hay una zona en la que el camino va muy pegado a las aguas y vamos realizando exactamente los mismas curvas que hace el río. Allí la vegetación ha hecho de las suyas y solo queda un senderito por el que poder ir rodando.
Cuando ya hemos recorrido cerca de diez kilómetros desde la salida de Langa de Duero el camino se convierte en una pista con una valla a la derecha que delimita los terrenos del cercano monasterio al que estamos a punto de llegar, que ya se encuentra en la provincia de Burgos.
Se trata del Monasterio de La Vid, fundado en el siglo XII aunque en el XVI sufrió profundas reformas. Tras la Desamortización de Mendizábal quedó abandonado si bien por pocos años porque los Agustinos se hicieron cargo de él hasta la actualidad.
En la actualidad también es hospedería y restaurante. Paramos junto a la terraza de este para tomar algo, disfrutar del sitio, descansar un rato y apaciguar la sed. La verdad es que el lugar es muy especial y se está allí de maravilla.
Pasados unos minutos se sienta a nuestro lado un hombre, José Ramón, de Murcia, que resulta ser muy amigo del Obispo de Zamora y ha estado hace poco en nuestra ciudad, que le ha encantado, viendo las Edades del Hombre. Unos días después de nuestra llegada a Zamora tuvimos ocasión de decírselo al Sr. Obispo y se alegró mucho.
Después del descanso llenamos nuestros botes de agua y hielo e iniciamos la marcha. Unos cientos de metros más adelante entramos en el pueblo llamado La Vid.
Este pueblo alberga la curiosidad de que fue construido por el Instituto Nacional de Colonización en los años 50 para alojar a vecinos de Linares del Arroyo (Segovia), cuyo pueblo quedó inundado por un embalse.
Dejamos atrás La Vid pasando por un túnel bajo la N-122 y continuando por un camino cercano al río.
No tardamos en tenernos que separar de él porque las obras de la Autovía del Duero nos impiden seguir nuestro track. Continuamos por otro camino y en cuanto podemos tomamos el primero que sale hacia la derecha. En este hay pequeñas roderas y eso provoca la caída, sin consecuencias de un biker.
Siguiendo dicho camino retomamos el track en la localidad de Guma, otro pueblo construido por el Instituto Nacional de Colonización en los años 50 para albergar a vecinos de pueblos anegados por embalses de las provincias de Guadalajara, Cuenca, Segovia y Valladolid. En esta localidad es en la primera que vemos viñas de la Denominación de Origen Ribera de Duero.
Haciendo nuestro recorrido por sus calles pasamos junto a la moderna iglesia y desde un mirador contemplamos una azuda artificial del río.
Salimos de Guma, cruzamos por un puente un canal y seguimos en paralelo a este algo menos de un kilómetro. Después nos separamos algo de ese y continuamos por un camino entre el propio canal y el río unos dos kilómetros.
Nos acercamos a la orilla del Duero y, como siempre ocurre, comienza a haber mucho arbolado y vegetación. El camino se estrecha pero es una zona muy bonita y se agradece la sombra.
Recorremos dos kilómetros y medio por esta zona. En algunos momentos el camino termina siendo un senderito que en algún trecho está casi tomado por ramas y por algún árbol caído. Después salimos a un claro y enseguida volvemos a un tramo con arbolado.
Unos cientos de metros antes de llegar a la localidad de Vadocondes vemos un área recreativa y ni nos lo pensamos, nos parece el lugar idóneo para comer. Preparamos nuestros bocatas, que nos saben a gloria.
Cuando terminamos de comer retomamos el camino con la idea de parar en el pueblo para tomar un café. En cuatro pedaladas estamos rodando junto a las primeras viviendas de Vadocondes. Pasamos junto a una ermita, continuamos recto y una antigua puerta de su muralla medieval nos da la bienvenida al centro del pueblo.

En la plaza nos encontramos con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XII, si bien ampliada y reformada en los siglos XV y XVI. Las dimensiones del templo nos da idea de la importancia que llegó a tener esta localidad en otras épocas.
También en la plaza nos topamos con un Rollo de Justicia del siglo XVI muy bien conservado. Este era típico de las villas medievales que indicaba que el pueblo tenía jurisdicción propia, es decir, podía administrar justicia.
Frente a él nos sentamos a tomar un café, un helado o ambas cosas. Estamos allí un buen rato porque sabemos que nos quedan unos quince kilómetros para llegar a nuestro destino. Cuando nos parece llenamos nuestros botes de agua y hielo y nos disponemos a afrontar ese último tramo. Son algo más de las 15.00 h y la temperatura es elevada.
Salimos del pueblo cruzando el Duero por un puente. Al salir de este nos desviamos hacia la izquierda para seguir por una pista.
En los siguientes kilómetros cambiamos varias veces de dirección pero continuamos rodando en todo momento por buenos caminos y vamos avanzando rápido a pesar del calor.
Después de unos cuatro kilómetros salimos a un camino asfaltado por el que recorremos algo más de un par de kilómetros.
Después de pasar cerca de una fábrica un cambio de dirección nos lleva de nuevo a un camino. Vamos encontrando muchas viviendas unifamilares que nos anuncia que estamos llegando a Aranda de Duero.
Volvemos a rodar por un tramo asfaltado y entramos en esta ciudad por el llamado Parque de la Huerta. Poco más adelante salimos de este y entramos en las calles de la localidad.
Iniciamos así un tour largo que nos lleva a un barrio para desde allí dirigirnos hacia el casco histórico, donde podemos ver la magnífica y espectacular portada de la Colegiata de Santa María la Real. Esta portada-retablo es gótica, está decorada con escenas religiosas y se considera una de las mejores de Castilla.
Unos cientos de metros más adelante pasamos junto la iglesia de San Juan, gótica y con una portada muy bonita decorada con muchas arquivoltas.
Desde allí nos dirigimos hacia el río pero antes pasamos junto al Puente de las Tenerías bajo el que corren las aguas del río Bañuelos poco antes de entregar sus aguas al Duero.
Cruzamos el puente sobre ese y nos dirigimos al hostal. Al llegar, antes de hacer el check in tomamos un refresco porque a pesar de haber bebido mucho el calor pasado hace que nuestro cuerpo necesite líquidos. Después ya sí, nos registramos, subimos a las habitaciones, nos duchamos y descansamos.
Casi en frente hay una autolavandería, así que aprovechamos para hacer colada. Después paseamos por la Plaza Mayor y por los monumentos más importantes. Cuando cae algo más el sol nos sentamos en una terraza y buscamos una pizzería para cenar porque nos apetece pasta. Tras la cena, a descansar.
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Etapa 6
Aranda de Duero - Quintanilla de Onésimo. 92,90 km. 403 m de ascensión.
Como nos enfrentamos a una etapa muy larga y va a hacer mucho calor cuando bajamos a desayunar a las 7.45 h. ya hemos dejado todo preparado de tal modo que al terminar solo tenemos que lavarnos los dientes y bajar las alforjas para ponerlas en las bicis. De ese modo a poco más de las 8.15 h. estamos rodando.
Los primeros kilómetros los hacemos por un paseo junto al río que tomamos al lado del puente. Nuestro GPS marca 15º de temperatura al ir bajo sombra y de nuevo luce el sol. La foto de salida la hacemos en este entorno, mucho más bonito que la calle del hostal.
El frescor de la mañana y el bonito camino que vamos siguiendo conforman un marco idílico para ir en bici así que lo vamos disfrutando.
Eso sí, a medida que vamos avanzando el camino está menos cuidado y hay momentos en los que casi lo cierra la vegetación.
Después de cinco kilómetros, pasamos junto a la Estación Depurador de Aranda y nos separamos del Duero adentrándonos en una pista ancha por la que continuamos.
Avanzamos entre viñas y sembrados de cereales, cambiamos varias veces de dirección y unos cuatro kilómetros después de alejarnos del río entramos en Castrillo de la Vega.
Como siempre, hacemos un pequeño recorrido por el pueblo, que es grande comparado con la mayoría de los que hemos pasado, y al pasar por la panadería compramos el pan para los bocadillos.
Salimos del pueblo por un camino algo más estrecho que una pista pero de buen firme. Nos dirigimos a Berlangas de Roa y en este tramo cambiamos varias veces de camino y de dirección, pero los caminos son todos similares, llanos o con ligerísima inclinación favorable, y cereales mayoritariamente a un lado y otro de los mismos.
En alguna zona encontramos también algo de arbolado aunque no vamos pegados al río, en algún momento hemos estado cerca pero en otros lo hemos llevado a un kilómetro o más de distancia.
El camino que traemos nos saca a una carretera, la BU-120 por la que entramos en Berlangas de Roa. Seguimos por ella si bien la dejamos para adentrarnos en el centro del pueblo.
Se percibe que es un pueblo cuidado y cuando salimos de nuevo a la carretera nos encontramos con dos murales muy bonitos, uno de ellos representa la típica foto escolar de los años 60 en la que aparece el alumnado y la maestra.
Seguimos por la carretera y al terminar el pueblo nos desviamos a la derecha para dirigirnos hacia el río. Vamos por buenos caminos entre cereales y viñedos, sobre todo estos últimos y es que no en vano estamos muy cerca del epicentro de la DO Ribera del Duero.
Cuando ya estamos próximos al río seguimos en sentido opuesto porque por tenemos que cruzar el río Riaza y eso solo lo conseguimos a través de un puente. Una vez que cruzamos por este seguimos un tramo acompañando el último kilómetro de este río antes de desembocar en el Duero.
Continuamos rodando entre muchos viñedos aproximándonos a Roa. Antes de llegar pasamos bajo un viaducto por el que va una carretera.
Poco más adelante pasamos junto a la ermita de San Roque que está junto a puente que cruzamos para entrar en la localidad de Roa.
Cruzamos el puente y al salir de él comenzamos un ascenso porque el pueblo está situado en un alto. Tras casi un kilómetro de subida llegamos a un mirador.
Desde él podemos admirar una panorámica de la vega del Duero a su paso por la zona. Desde allí nos dirigimos al centro de la villa.
Llegamos a la Plaza Mayor, donde se encuentra la Excolegiata de Santa María, gótica-renacentista y el edificio más representativo del pueblo. Perdió su condición de colegiata al ir desapareciendo el cabildo de canónigos.
En la misma plaza paramos para tomar un café. En este espacio de tiempo uno va a comprar jamón y otro tomates, fruta y algún dulce. Como el pan ya lo tenemos en unos minutos reunimos todos los ingredientes necesarios.
Tras el descanso seguimos al lo nuestro. Descendemos hacia el lado contrario del río y pasamos junto al edificio del Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero.
Antes de abandonar Roa vemos de lejos un mural muy bonito y de grandes dimensiones.
Salimos de esta villa pegándonos al Duero pero por su margen derecha, la contraria a la que traíamos hasta Roa. Y lo hacemos por buenos caminos.
Aunque vamos encontrando algunos campos con plantas forrajeras, lo que vamos encontrando mayoritariamente son viñedos.
Los kilómetros avanzan con prontitud y no tardamos mucho en llegar a San Martín de Rubiales, distante de Roa unos ocho kilómetros.
El pueblo se asienta sobre la ladera de un alto, así que subimos hacia el centro del pueblo.
Después de llegar a la parte más alta comenzamos a bajar y lo hacemos por una zona que está repleta de bodegas.
Cuando salimos del pueblo volvemos a rodar por una pista ancha rodeada de viñas en la mayoría de los casos.
El Duero va haciendo un caprichoso recorrido y el camino es más recto que el río, pero nos vamos encontrando con él en varias ocasiones. A su lado sigue habiendo viñas pero también van apareciendo de nuevo los cereales.
Pero también pasamos junto a una plantación enorme de nogales que llama nuestra atención.
Unos nueve kilómetros después del pueblo anterior llegamos a Bocos de Duero, el primer pueblo de la provincia de Valladolid. Se encuentra en una ladera así que para conocerlo un poco ascendemos hacia el núcleo de la localidad. Desde allí descendemos de nuevo hacia la parte baja, donde se encuentra el río.
Al salir de Bocos vamos por la ribera, pegados al río por un camino cuya hierba acaba de ser desbrozada. A medida que avanzamos el camino se va cerrando y llega un momento en el que no podemos seguir por él.
Lo abandonamos avanzando hacia la derecha por el borde de una plantación de nogales. Llegamos a una pista por la que continuamos.

Recorremos por esa pista unos dos kilómetros tras los que volvemos a rodar junto al río por un senderito bonito.
Un kilómetro y medio más adelante el sendero nos lleva a una carretera a la que nos incorporamos para cruzar un puente sobre el río. Desde allí iniciamos el desvío a Peñafiel por lo que más tarde tendremos que regresar a este punto. Nada más cruzar dicho puente seguimos por un camino que sale a la izquierda y que pasa por debajo de dicho puente. Por ese camino continuamos y nos encontramos con un curioso puente de madera con varias ondulaciones por el que cruzamos el río Duratón unos metros antes de desembocar en el Duero. Atravesamos un pinar y después el camino que debía ir por la ribera de ese río no existe.
Buscamos una alternativa y encontramos una carreterita que nos lleva hasta la entrada de Peñafiel tras un kilómetro. Cruzamos la N-122 y seguimos recto. Cruzamos otro puente sobre el Duratón y nos sumergimos en el centro del pueblo.
Desde allí nos dirigimos hacia el castillo. Antes de que se terminen las edificaciones comenzamos a ascender por una dura rampa. A continuación empezamos la verdadera subida a la fortaleza.
Esta se prolonga casi un kilómetro y medio con tramos con inclinaciones importantes. Poco a poco vamos ascendiendo y en unos minutos lo conseguimos.
Una vez arriba, desde el mirador de uno de los extremos las vistas son impresionantes.
Como hay que dejar constancia de que hemos estado allí nos hacemos un foto conjunta y sin mayor dilación iniciamos la bajada.
Recorremos el mismo itinerario que en la subida y al llegar a la Plaza Mayor hacemos una parada para hacer el "ángelus" a pesar de que ya pasan unos minutos de las 13.00 h.
Unos veinte minutos más tarde nos montamos en las bicis y continuamos. Cruzamos por un puente peatonal el Duratón y desde allí, para asegurar, decidimos regresar hasta el puente donde cruzamos el Duero siguiendo el mismo recorrido que nos llevó a Peñafiel.
De nuevo junto al Duero no encontramos el camino que tenemos en nuestro track así que decidimos seguir por carretera hasta Pesquera de Duero.
Nos separan unos cuatro kilómetros de esa localidad pero los hacemos rápido rodando por el carril bici que une ambas localidades. Eso sí, hace mucho calor, llegamos a ver 41º en el GPS. En el trayecto vamos encontrando muchas bodegas y viñedos.
Cuando llegamos a Pesquera nuestra intención es cruzar un puente para retomar nuestro track, que va por la orilla opuesta a esta localidad. Cruzamos el pueblo pero no encontramos por dónde acceder al puente. Preguntamos y nos indican pero ni vemos el puente ni el camino que lleve a él.
Regresamos a la entrada del pueblo y volvemos a preguntar a un chico. Nos dice que mejor seguimos por carretera porque él es ciclista, conoce la zona y el camino que va junto al río está cerrado por la vegetación. Ya sin dudas iniciamos nuestra marcha. Seguimos encontrando bodegas a nuestro paso, algunas de gran tamaño.
Nuestro siguiente objetivo es el Monasterio de Valbuena de Duero del que nos separan unos doce kilómetros. La carretera tiene muy poco tráfico y el perfil es ligeramente favorable, así que rodamos casi todo el tiempo entre 25 y 30 km/h.
Un kilómetro y medio antes del monasterio hay un cruce en el que nos desviamos a la izquierda para ir hacia él. Poco después lo vemos frente a nosotros. Es muy bonito y muy grande. Fue fundado en el siglo XII y enseguida fue ocupado por los monjes del Císter. En la actualidad es un hotel balneario de cinco estrellas y la sede de la Fundación Las Edades del Hombre.
Ya junto a él, hacemos una pequeña parada para admirarlo de cerca y para entrar al Claustro. El monasterio se encuentra en la localidad de San Bernardo, cuyas cuadriculadas calles delatan que también fue creado en los años 50 por el Instituto Nacional de Colonización, en este caso para acoger a vecinos de la zona y a familias desplazadas por el embalse de Buendía (Guadalajara).
En San Bernardo nos reencontramos con nuestro track pero vemos en el GPS que si seguimos recto por un pinar acortamos algo y evitamos el riesgo de ir pegados al río, ya que la experiencia nos dice que esos caminos suelen estar cerrados por la vegetación. Así lo hacemos si bien el camino después de un kilómetro no tiene continuidad.
Encontramos una alternativa a nuestra izquierda. Siguiendo por esta vamos hasta el río y ahora sí, volvemos a rodar por nuestro track. Es un camino de ribera muy bonito y a la sombra, algo que agradecemos enormemente. Eso sí, un par de veces tenemos que bajarnos de las bicis porque hay troncos caídos en mitad del camino.
En algún tramo está más despejado de arbolado, pero lo importante es que no está comido por la vegetación y eso nos permite avanzar sin problemas.
Al llegar a la localidad de Valbuena de Duero tomamos una rampa que nos lleva hasta el pueblo. Avanzamos hasta la plaza.
Junto a ella vemos un bar donde paramos a tomar unas cervezas y donde pedimos permiso para hacer los bocadillos. Nos lo concede y allí comemos. También tomamos café y, tras pagar la cuenta, un poco abultada, por cierto, continuamos adelante.
Regresamos al camino que sigue la ribera. En algún momento tenemos que bajarnos para saltar algún árbol caído.
A medida que avanzamos el camino se va estrechando y estrechando y llega un momento que se cierra del todo. Avanzamos entre la hierba pero en algunos momentos es peligroso porque lo que era el camino lo ha ido comiendo el río y apenas hay espacio para pisar. De hecho, uno de los bikers se cae hacia la ladera del río sin consecuencias. Cuando subimos la bici y a él no podemos por menos que reírnos de la situación.
Unos metros más adelante conseguimos zafarnos de la hierba y salir por una rampa de cemento hacia un camino. Siguiendo este llegamos a la carretera que une Valbuena de Duero con Olivares de Duero. Decidimos no complicarnos más y continuamos por ella, aproximadamente, cuatro kilómetros entre cereales y viñedos. En esos momentos la temperatura que marca el GPS está en torno a los 36º.
Llegamos a Olivares de Duero y cruzamos el pueblo hasta un cruce en el que indica hacia la izquierda nuestro destino, Quintanilla de Onésimo, a solo un kilómetro.
Enseguida llegamos al puente renacentista (siglo XVI) tras el que se encuentra Quintanilla. Nada más cruzarlo nos dirigimos hacia nuestro hotel.
Tras hacer el check in nos facilitan una manguera para lavar las bicis y las alforjas en la parte de atrás. Después nos acomodamos, nos duchamos y descansamos.
Cuando hace menos calor tomamos un refresco en el bar del hotel y a continuación salimos a pasear por el pueblo, visitando el puente, la iglesia y la plaza. Cenamos en nuestro alojamiento y, terminada la cena, nos retiramos a descansar.
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Etapa 7
Quintanilla de Onésimo - Tordesillas. 88,34 km. 207 m de ascensión.
Nuestro hotel no sirve desayunos hasta las 9.00 h así que pedimos pic nic y lo tomamos en la habitación antes de partir. Dejamos el alojamiento a las 8.00 h pero paramos a tomar un café en un bar próximo. Unos veinte minutos después comenzamos verdaderamente esta etapa.
Al salir de Quintanilla nos dirigimos al pie del río y comenzamos a rodar por una lengua de tierra entre el Canal del Duero, a nuestra izquierda, y el Duero, a nuestra derecha. Se rueda de maravilla, el paisaje es bonito y se va por zona sombría, no se puede pedir más.
Poco más adelante encontramos un camión y una excavadora en el camino. El camionero nos dice que más adelante no vamos a poder pasar porque el río se metió hacia el canal y hay que salvar un talud de más de dos metros. Decidimos ir hasta allí e intentarlo.
Al llegar vemos que hay un corte en el camino, que hay que descender unos dos metros y después, efectivamente, hay que subir un talud. Nos organizamos y con la ayuda de unos y otros conseguimos subir primero las bicis y después nosotros.
Superado este obstáculo seguimos rodando disfrutando de la mañana, del camino, de un riquísimo olor a madreselva y de los 18º grados de temperatura, y así lo haremos durante muchos kilómetros.
Nos llama la atención la longitud de ese canal junto al que vamos y es que realmente fue una obra de mucha importancia en su momento. Comenzó a construirse en 1.880 y se inauguró en 1.886, un tiempo récord teniendo en cuenta que se hicieron 52 km de canal para llevar agua del Duero desde Quintanilla de Onésimo hasta Valladolid y para el riego de campos agrícolas.
Después de unos 8 km cruzamos el canal por un puente y entramos en Sardón de Duero para conocer esta localidad. Después de rodar por varias de sus calles y por la plaza regresamos al camino.
Continuamos entre el río y el canal casi ocho kilómetros más en los que vamos avanzando rápido.
Y seguimos disfrutando porque la verdad es que el entorno invita a ello. En algunos tramos el río se separa algo del camino pero este sigue fiel al canal.
Aproximadamente en el kilómetro 16 cruzamos de nuevo el canal para proseguir por su margen izquierda pero poco más adelante el camino está cerrado por un tronco caído y por la vegetación. Buscamos una alternativa y la encontramos saliendo por un camino hasta la cercana N-122, para cruzarla y desde allí dirigirnos hacia el Polígono Industrial de Tudela de Duero.
Así lo hacemos, después de cruzar dicha N-122 bordeamos una urbanización y salimos a una carretera provincial, si bien podo después nos desviamos hacia la derecha para entrar en el polígono.
Al final de este polígono hay un camino que atraviesa un pinar por el que continuamos. En alguna zona encontramos los típicos bancos de arena que suele haber en estos tipos de bosque.
La arena se va reduciendo y vamos rodando mejor. Después de unos cuatro kilómetros llegamos a las proximidades de Tudela de Duero.
En una rotonda que hay en la entrada retomamos el track pero antes de seguir entramos a esta localidad. Para ellos tenemos que cruzar un puente sobre el Duero.
Llegamos hasta la Iglesia de Nª Sª de la Asunción, el principal monumento de Tudela, construida en el siglo XVI.
Desde allí regresamos a la rotonda y retomamos el track. Dejamos atrás esta localidad por un camino que atraviesa una zona boscosa, con mayoría de pinos y nos dirigimos a Herrera de Duero, distante a unos siete kilómetros.
Después de pasar junto a una gravera, el camino está asfaltado y por él seguimos hasta llegar a Herrera.
Recorremos tres o cuatro calles de esta localidad, que vemos que es una ciudad dormitorio de Valladolid.
Salimos de esta localidad por una carretera que, tras un kilómetro nos lleva a otra de más importancia. Enseguida nos desviamos de esta para cruzar por un túnel bajo la A-601, la llamada Autovía de Pinares que une Valladolid y Segovia.
Al otro lado nos espera una pista por la que recorremos unos tres kilómetros atravesando zonas de pinares y otras de cultivos.
Llegamos a una urbanización que está en "tierra de nadie", la bordeamos, nos aproximamos al río y, por otro túnel, pasamos al otro lado del N-601 y comenzamos a alejarnos algo de la Senda del Duero, pero este desvío es para entrar en Laguna de Duero.
Recorremos como un kilómetro en paralelo a la nacional pero al llegar a una rotonda continuamos de frente por un camino que, en menos de dos kilómetros, nos lleva hasta una avenida de Tudela.
Desde allí nos dirigimos a la Calle Real donde en el primer bar con terraza que encontramos paramos para hacer el "ángelus". Tras esos minutos dedicados a descansar y a saciar la sed, llenamos nuestros botes y continuamos la marcha, si bien hacemos una parada técnica en un súper para comprar los víveres para la comida.
Antes de salir de Tudela nos adentramos algo en un parque para poder conocer la laguna que da nombre al pueblo. Se trata de una laguna natural formada por aguas estancadas de los ríos Duero y Esgueva. Antes ocupaba mucha más superficie pero fue desecada progresivamente entre los siglos XVIII y XX para evitar problemas de insalubridad y ganar tierras agrícolas.
Desde allí continuamos por una avenida y nos desviamos hacia el centro histórico del pueblo, el auténtico, porque alrededor han surgido pisos y urbanizaciones por todas partes. Pasamos junto a la Iglesia de Nª Sª de la Asunción, también del siglo XVI. Poco más allá también vemos la Plaza Mayor.
Finalmente, salimos de Laguna por una carretera que nos lleva a un Polígono Industrial, lo bordeamos y nos desviamos a la izquierda. Aunque termina dicho polígono el asfalto continúa algo más de dos kilómetros, hasta que pasamos por un viaducto elevado sobre las vías del AVE.
Al bajar de este ya continuamos por un camino que se introduce en el llamado Pinar de Antequera, un gran espacio verde al sur de Valladolid en el que hay, mayoritariamente, pinos piñoneros, pero también encinas y matorral.
Atravesamos una parte de este enorme pinar recorriendo por él algo más de dos kilómetros tras los cuales llegamos a otra localidad: Puente Duero. Cruzamos una carretera y seguimos recto hasta que llegamos junto a puente que da nombre a la localidad. No lo cruzamos y nos desviamos hacia la derecha para hacer un pequeño recorrido por el pueblo.
Seguidamente nos dirigimos hacia el río y ya junto a él continuamos por un camino que va bordeándolo. El último tramo de ese ha sido invadido por un agricultor que lo ha sembrado a pesar de estar marcado como Senda del Duero. Pasamos por el sembrado y no somos los primeros porque se percibe ya un camino entre los cereales.
Al terminar el campo sembrado nos encontramos con una valla pero por la izquierda de la misma se puede salir. Continuamos hacia la izquierda por una carreterita sin tráfico por la que rodamos casi dos kilómetros.
La abandonamos para continuar hacia la derecha. Atravesamos una zona de pinos que nos lleva tras un kilómetro hasta la ribera del río. Si no hubiéramos mirado el mapa antes de hacer la ruta pensaríamos que estábamos junto al río Duero ya que no hace mucho que acabábamos de rodar a su lado, pero no, se trata del Pisuerga. Seguimos por esta ribera otro kilómetro, hasta que llegamos a un precioso puente que nos da la bienvenida a la localidad de Simancas.
Se trata del Puente de Simancas, de época medieval (finales del siglo XII-comienzos del XIII) y consta de 17 arcos, algunos ojivales y otros de medio punto.
Lo atravesamos y al otro lado nos espera una gran chopera con un chiringuito repleto de mesas y sillas a la sombra.
No resistimos la tentación y hacemos una parada técnica para descansar unos minutos y beber un refresco o una cerveza.
Aunque allí se está de maravilla no podemos demorar mucho la salida, así que en cuanto bebemos algo y rellenamos los botes con agua y cubitos emprendemos la marcha.
Lo malo es que queremos pasar por el centro de la villa y hay que enfrentarse a una subida seria. Llegamos arriba con el pulso acelerado pero la visita merece la pena.
Pasamos por la Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento y donde hay un bonito templete.
Más adelante pasamos también junto a la Iglesia de El Salvador, románica en su origen aunque con añadidos en lo siglos XV y XVI, de ahí que se combinen varios estilos.
Desde alli, atravesando calles con edificaciones que nos hablan de un pasado mejor, descendemos hacia el Parque La Vaguada y desde este hacia las proximidades del río Pisuerga. Por un buen camino en paralelo a su cauce nos dirigimos a Villamarciel, que se encuentra a casi diez kilómetros.
El primer tramo, de unos cinco kilómetros, se separa algo del río, para después ir más próximo a este.
En uno de los campos de cereales vemos un corzo, similar a los ocho o diez que hemos visto a lo largo de estos días, pero es el primero que nos da tiempo a fotografiar.
Junto al camino abundan las tierras de cultivo, pero a la izquierda, cuando vamos junto a la ribera hay árboles cuya sombra agradecemos.
Unos cinco kilómetros después de ir junto al Pisuerga vemos su desembocadura en el Duero. Sin duda juntos forman ya un gran río.
Volvemos a rodar de nuevo junto a nuestro compañero el Duero y vamos muy pegados a él, lo que nos proporciona zonas de sombra que agradecemos a esas horas.
Dos kilómetros después de la desembocadura nos desviamos hacia la derecha para entrar a Villamarciel, como es pequeño no tardamos en regresar al camino junto al Duero.
Ya en este continuamos con la misma tónica anterior, es decir, seguimos por la ribera, aunque pronto comenzamos a atravesar un pinar. La sombra de los pinos nos viene igual de bien que la de los chopos, así que vamos encantados.
Cuatro kilómetros después de dejar la localidad anterior entramos en San Miguel del Pino que nos recibe con una iglesia monumental. También es románica aunque, como casi todas, las reformas posteriores solapan ese estilo con los propios de las épocas de esos cambios.
Llegamos a la Plaza Mayor y allí vemos un bar/restaurante. Pedimos permiso para comer en la terraza a cambio de realizar consumiciones y nos lo otorgan sin problema.
Bebemos algo mientras preparamos los bocadillos y así saciamos la sed. El jamón con tomate nos sabe a gloria porque son más de las 14.30 h. Después de la comida tomamos unos cafés y con algo de pereza emprendemos la marcha tras llenar de nuevo los botes.
Reanudamos la marcha combinando algún tramo de pista con otros en los que el camino está menos marcado.
En los que vamos junto al río rodamos super a gusto porque son zonas muy bonitas y hace menos calor, por la humedad y por la propia sombra del arbolado.
Cuando llevábamos ya cinco kilómetros desde San Miguel y pensábamos que llegaríamos así hasta Tordesillas nos encontramos que un agricultor ha arado el camino y todo parece indicar que a continuación no está despejado de vegetación. Buscamos alternativa y seguimos por un camino ancho de concentración por el que vamos dejando el río a nuestra espalda.
Recorremos por él unos tres kilómetros, pasamos por un túnel bajo la A-6 y al salir de este giramos a la izquierda para continuar en paralelo a esta y con dirección al río. Uno de los bikers que tiene que regresar a Zamora porque tiene un compromiso al día siguiente, sigue recto para asegurarse llegar a la Estación de Autobuses antes de las 16.30 h., hora a la que pasa un autobús.
Después de un kilómetro junto a dicha autovía llegamos de nuevo al río, donde retomamos nuestro track. Merece la pena haber venido hasta allí porque el camino es precioso aunque también le hace falta que lo sieguen porque en algún trecho está prácticamente cerrador por la maleza.
Tras un kilómetro por este recorrido salimos a un camino más ancho que nos muestra ya Tordesillas. Seguimos nuestro track hasta el hotel.
Como vemos que aún tenemos tiempo de despedir a nuestro amigo, no paramos en el alojamiento sino que seguimos hasta la Estación de Autobuses. Llegamos antes que el autobús y, de hecho, esperamos unos minutos.
Cuando llega este el conductor se muestra algo reticente a meter la bici en el portaequipajes, pero finalmente accede. Abrazamos al biker y cuando se sube al autobús nos vamos. Como tenemos tiempo nos acercamos a una gasolinera cercana a quitar el polvo de las bicis y de las alforjas. Desde alli regresamos al hotel. Después de la consiguiente ducha y unos minutos de descanso nos tomamos algo en el propio bar del hotel y, cuando consideramos que hace menos calor, salimos a patearnos esta bonita ciudad, repleta de palacios, iglesias y lugares que demuestran que fue un lugar muy importante.
Después del paseo, en la preciosa Plaza Mayor, nos tomamos algo cuando empieza a soplar una ligera brisa que combate algo el calor. Desde allí regresamos al hotel, donde cenamos. Después de la cena nos retiramos a nuestras habitaciones y es que nos espera la etapa más larga, y final.
Etapa 8
Tordesillas - Zamora. 95,95 km. 515 m de ascensión.
El último día de nuestra aventura madrugamos y a las 7.30 h estamos ya desayunando. Media hora más tarde abandonamos el hotel y nos ponemos en marcha.
Hacemos un pequeño recorrido por la villa pasando, entre otros sitios, por la Plaza Mayor, ejemplo claro de las plazas castellanas, cuadrada y toda rodeada de soportales.
Nos vamos alejando del centro al tiempo que vamos descendiendo para irnos acercando al río. Dejamos las últimas edificaciones atrás por un camino asfaltado que nos lleva a las proximidades del Duero.
Unos cientos de metros más adelante nos desviamos a la derecha y entramos en un camino que va junto al Canal de Tordesillas. Poco después pasamos por un túnel bajo la A-62 y al salir de este cruzamos un pequeño puente y seguimos junto a dicho canal, pero por su derecha.
Al otro lado del canal, aprovechando la vega del río, encontramos campos con cereales, pero también con patatas. Algunos los están regando aprovechando esas primeras horas del día.
Aunque, en general, el camino está despejado hay algunos tramos en los que la naturaleza ha hecho su papel, más este año en el que ha llovido abundantemente en invierno y primavera.
Antes de llegar al primer pueblo de paso, pasamos al otro lado del canal mediante un puentecillo. En el kilómetro ocho llegamos a Torrecilla de la Abadesa. Ascendemos a la parte alta del pueblo, donde se encuentra la iglesia. Desde ella descendemos por otra calle para regresar al camino.

Al salir del pueblo volvemos al lado del canal, pero ahora lo llevamos a nuestra izquierda. Poco más adelante pasamos al otro lado y es una acción que repetiremos varias veces.
Seguimos junto a esta infraestructura de riego unos seis kilómetros hasta llegar a un paraje llamado El Piornal, donde hay algunas casas abandonadas.
Muy cerca de allí se termina el canal y por ello también el camino de servicio por el que habías rodado hasta ese momento por eso continuamos por una carretera provincial sin tráfico por la que rodamos unos dos kilómetros, una parte de ellos entre grandes viñedos, no sabemos si de la DO Rueda o de la DO Toro.
Después de esos dos kilómetros una curva de noventa grados pone fin a la carretera y continuamos por un camino que en algunas zonas acumula mucha arena.
Aún persisten las viñas, aunque terminado este gran viñedo vuelven a aparecer los cereales, algunos ya agostados, algo que no vimos ni en la provincia de Soria ni en la de Burgos.
Un giro a la izquierda nos introduce en una larga recta. Casi al final de la misma encontramos un campo repleto de flores blancas de pétalos grandes y finos. Buscamos en Google qué es y resulta ser adormidera, es decir, la planta de la que se extrae el opio. Lógicamente, su cultivo para fines industriales o medicinales está muy regulado y tiene que ser autorizado, como imaginamos sea el caso.
Aunque el Duero lo tenemos lejos en esa zona comenzamos a trazar en paralelo la misma curva que describe su cauce, así poco a poco vamos cambiando de dirección.
Terminada esa larga curva entramos en una zona muy diferente a la anterior, comenzamos una ascensión ligera pero continua que se prolongará casi cuatro kilómetros al tiempo que los cereales han sido cambiados por encinas.
Después de la subida aparece la consabida bajada, que nos va aproximando al río.
Cuando hay algún claro en la vegetación podemos contemplar unas vistas del Duero muy bonitas. El puente que vemos es del ferrocarril.
El descenso es de los que nos gustan, más largos que las subidas previas y termina cuando cruzamos las vías del tren. Enseguida giramos a la derecha y nos adentramos en un bosque de pinos.
Atravesamos este a lo largo de un kilómetro y medio, aproximadamente, y llegamos a la Presa San José, que sirve también de puente para cruzar el río.

Al terminar el puente/presa giramos a la izquierda iniciando así un desvío del GR-14. Está justificado porque es para visitar Castronuño. Avanzamos por la carretera y enseguida comienza la cuesta que se alarga un kilómetro hasta llegar al pueblo, que se encuentra en un alto. Deambulamos por algunas calles en busca de un bar donde hacer una pausa y tomar un café o un refresco. Cuando lo encontramos hacemos una parada de unos minutos. Desde allí nos dirigimos a la parte más bonita del pueblo, donde se encuentra un mirador y la Iglesia Santa María del Castillo, un monumento del siglo XIII.
Desde el Mirador de la Muela las vistas del río y de la Reserva Natural Riberas de Castronuño, hacia uno y otro lado, son espectaculares.
Retomamos el camino continuando por el Paseo la Muela, desde este descendemos por un camino hasta la carretera. pero como cien metros más adelante nos vamos hacia la derecha para seguir por una pasarela de madera y un sendero que nos lleva a pie de río.
Este sendero continúa en paralelo a la carretera hasta la Presa de San José. Allí se termina y continuamos por la carretera pero tan solo unos doscientos metros ya que enseguida nos desviamos hacia la derecha por un camino que va pegado al Canal de San José.
Después de algo más de tres kilómetros por este llegamos a Villafranca de Duero, localidad en la que recorremos algunas de sus calles.
El camino por el que salimos del pueblo va entre el canal y el río pero separado de ambos. Es muy llano y avanzamos a muy buen ritmo.
Como dos kilómetros después de dejar atrás Villafranca vemos a lo lejos, en la carretera, el cartel que indica Provincia de Zamora. Nos alegra entrar en ella y pulsamos nuestros timbres para demostrarlo.
A ambos lados del camino se van sucediendo cultivos de regadío, cereales pero también grandes extensiones con patatas.
Los kilómetros avanzan rápido y en el camino encontramos pocas novedades, tan solo que en algunos tramos vamos más pegados al río y en otros más distantes. En una de esas zonas donde el Duero se deja ver atravesamos un pinar.
Un poco más adelante el camino se pega a la carretera CL-602 y seguimos en paralelo a ella varios kilómetros.
Se nota que hemos avanzado mucho porque ya tenemos a la vista la Colegiata de Toro y toda la zona de El Espolón. Los trece kilómetros que separaban esta villa de Villafranca los hemos hecho en muy poco tiempo.
En nada llegamos al Puente de Piedra, que atravesamos para acceder a la ciudad, separándonos así del GR-14.
Para llegar a la atalaya donde se encuentra esta localidad tenemos que ascender por una zigzagueante cuesta muy empinada que nos saca los sudores y nos quita el aliento.
Una vez superada la subida hacemos una parada frente a la Colegiata de Santa María la Mayor, construida entre finales del siglo XII y principios del XIII, de estilo románico aunque con influencias góticas y famosa por su cimborrio y la Portada de la Majestad.
En una terraza y con esas magníficas vistas bebemos algo y comemos una tapa. Llenamos con agua y cubitos los botes y emprendemos de nuevo la marcha y lo hacemos por la Puerta del Mercado.
Desde allí nos adentramos en calles más estrechas y terminamos en la zona del Convento del Sancti Spiritus y de la Ermita de Nuestra Señora del Canto. Seguidamente tomamos una carretera que desciende hasta el Puente de Hierro, que cruzamos.
Cuando salimos del puente seguimos por la carretera pero solo unos quinientos metros, ya que giramos a la derecha para seguir por un camino ancho de concentración. Enseguida nos acercamos a la ribera del Duero y por ella enfilamos una larga recta de casi seis kilómetros.
En ese tramo hay zonas en las que el camino pierde importancia pero en ningún momento está invadido por la vegetación.
Después de hacer esos seis kilómetros giramos noventa grados a la izquierda para recorrer el kilómetro que nos falta hasta Peleagonzalo, un pueblo importante porque en sus campos se libró la Batalla de Toro, que enfrentó a Isabel la Católica contra Alfonso V de Portugal. Sus cuadriculadas calles delatan que es un pueblo nuevo y es que el antiguo fue destruido por una riada en 1.860 y se reconstruyó en un lugar más alto.
Allí uno de los bikers toma la decisión de seguir por carretera hasta Villaralbo, para evitar tener que subir y bajar a la zona llamada "Las Contiendas". Los tres restantes salimos del pueblo por la zona de bodegas y empezamos a subir desde antes incluso.
La primera subida se alarga dos kilómetros, la pendiente es llevadera pero el calor la endurece. Terminada esta descendemos algo, pero muchísimo menos de lo subido.
Después de la mini bajada hay una pequeña cuesta, la subimos y la bajamos y comienza otra algo más larga. Tras bajar esta viene una tercera más tendida pero más extensa.
En el recorrido hemos llevado a ambos lados del camino encinas y pinos, fundamentalmente, pero en la parte alta encontramos viñas, estas ya de la DO Toro.
Y después de coronar obtenemos el merecido premio de un descenso prolongado de casi tres kilómetros que nuestras piernas agradecen.
Desde la bajada podemos disfrutar de una amplia panorámica de toda la zona, en la que predomina el color amarillento de los cereales ya agostados, nada que ver con el verdor que aún tenían en la provincia de Soria y de Burgos.
Terminado el descenso giramos a la derecha y entramos en una recta de casi tres kilómetros desde la que vamos contemplando a nuestra derecha "Las Contiendas".
Recorridos esos tres kilómetros cambiamos nuestro rumbo hacia la izquierda. Tras una pequeña bajada nos enfrentamos a la penúltima cuesta. Tras subirla descendemos hacia Madridanos, el siguiente punto de paso.
Realmente esta localidad solo la tocamos tangencialmente porque el camino discurre por un lateral de la misma. Ascendemos la última subida y continuamos por el archiconocido, para nosotros, camino que une esa localidad con Villaralbo.
El estar ya cerca de casa y ser el último día de la ruta nos da alas y los siete kilómetros que separan ambas localidades los hacemos a una media muy alta a pesar de que el viento existente nos da de frente. Cuando llegamos a Villaralbo pasamos junto a su iglesia. Junto a ella se encuentra el bar donde hemos quedado con el otro biker.
Ese está cerrado por vacaciones así que acudimos a otro que conocemos y allí está nuestro amigo casi bajándose de la bici. Ya todos juntos pedimos unas cervezas y unas raciones. Son las 14.30 h y nos habría dado tiempo de llegar a Zamora, pero pensamos que es mejor llegar comidos.
Nos tomamos con calma esta pausa y cuando terminamos nos subimos de nuevo a los sillines. Salimos de Villaralbo por donde está marcado el GR-14. Al terminar las edificaciones hay un desvío y La Senda del Duero sigue por un camino que conocemos bien y que suele generar muchos problemas con los abrojos. Para evitarlos nosotros continuamos recto por el llamado Camino Viejo de Villaralbo.
Por él recorremos los cuatro kilómetros que nos separan de Zamora. Antes de llegar un buen "rebaño" de cigüeñas están esperándonos para darnos la bienvenida.
Con 95 km encima entramos en nuestra ciudad. En el primer cruce seguimos recto para dirigirnos por la calle Entrepuentes al Puente de Piedra, donde tenemos establecido nuestro final.
Al comenzar a cruzar el puente no podemos por menos que lanzar nuestra mirada hacia la Catedral al tiempo que se entremezclan los sentimientos y se eriza el vello. Por un lado la alegría de terminar, de que no haya habido incidentes reseñables, de haberlo logrado; y por otro, la lástima de que algo, que hemos estado preparando durante mucho tiempo y en lo que hemos puesto mucha ilusión, se termine.
Para dar más emoción al momento Zamora nos recibe con música. Al lado del Puente de Piedra, en las Aceñas de Cabañales, se está celebrando el Hurra! Romería Pop y en ese momento hay alguna actuación. El cuerpo nos pide bailar y así lo hacemos tres mientras el cuarto biker inmortaliza el momento.
Finalmente, ya todos juntos (a falta del biker que terminó la ruta en Tordesillas) nos hacemos una foto en los metros finales del Puente de Piedra que atestigua que lo hemos logrado, que hemos acompañado al Duero desde que vimos brotar las primeras gotas junto al Pico Urbión y hemos sido testigos de como iba ensanchándose y ganando presencia a medida que avanzaban los kilómetros de su curso y recibía las aguas de otro muchos ríos. Y, aunque se estima que esas primeras gotas tardan entre tres y cinco días en llegar a nuestra ciudad, nosotros lo hemos conseguido también, aunque lo hayamos hecho en siete, y nos sentimos orgullosos de ello.
Una vez que con nuestras bicis abandonamos el Puente de Piedra y nos dirigimos a nuestras casas comenzamos a pensar en la ruta del año que viene que, probablemente consistirá en seguir acompañando a nuestro río Duero hasta su desembocadura en Oporto (Portugal).
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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