En Zamora tenemos la suerte de contar con un bosque de tejos muy especial, el Tejedelo de Requejo, en la comarca de Sanabria. Es un bosque único de tejos milenarios, muy valioso ecológica y paisajísticamente hablando. Como el sendero que conduce a él y lo recorre no es ciclable hoy lo hemos disfrutado caminando.
El Tejedelo se encuentra cerca de Requejo, lo que supone casi una hora y media de viaje en coche. Por ello salimos de Zamora a las 9.00 h y llegamos a dicha localidad sobre las 10.30 h. Hicimos una parada en el Restaurante
Mar Rojo para tomar un café y desde allí nos dirigimos al bosque. Para ello, desde el restaurante continuamos por la N-525 dirección Galicia 650 metros y encontraremos una carreterita que sale a mano izquierda. Seguimos por esta 550 metros y veremos un camino a la derecha que indica el Tejedelo. Este camino tiene una longitud de, prácticamente, de 3 kilómetros hasta el aparcamiento desde donde comienza la ruta. Tiene algún bache pero, en general, está en buenas condiciones.
El camino va bordeando el arroyo Tejedelo y recorre un espacio muy bonito, por ello nosotros cuando vimos un ensanchamiento del mismo donde poder dejar el coche lo aparcamos y continuamos andando. Eso nos supuso caminar como un kilómetro hasta el aparcamiento pero también nos permitió ir entrando en calor porque nos encontramos con 12º y viento del norte, impensable cuando hace una tres días superábamos con creces los 30º. En el parking un panel sobre este bosque tan singular nos informó de sus características principales.
Desde allí comenzamos ascendiendo por un camino con bastante inclinación y flanqueado por monte bajo.
Unos 200 metros más adelante un pequeño puente nos permitió cruzar el arroyo Tejedelo.
A partir de ese momento el camino ganó inclinación y comenzaron a aflorar algunas piedras. Poco más adelante el camino estaba formado por piedras sobre las que fuimos caminando.
Superado ese tramo pedregoso llegamos a una zona más abierta y donde el camino mejoró, en firme y en inclinación.
Poco más adelante comenzamos a ascender por un senderito que se abre paso entre robles con sus bases cubiertas de helechos conformando entre unos y otros un precioso conjunto.
De vez en cuando veíamos entre los robles restos de árboles con caprichosas formas y vestidos con un manto verde.
Aunque fuimos encontrando balizas como la de la imagen en gran parte del recorrido, echamos de menos algunas en lugares donde pueden surgir dudas de hacia dónde seguir.
En esta parte del recorrido aunque la inclinación del sendero era importante, al no haber piedras resultaba mucho más cómoda. No obstante, de vez en cuando, había que parar para retomar el aliento.
Algo más de un kilómetro y medio desde el parking llegamos a una bifurcación que indica el Mirador de las Peñas del Veladero. Desde allí se inicia un tramo circular, podemos ir hacia el mirador o seguir recto, depende por donde queramos llegar al bosque de tejos. Casi todo el mundo opta por continuar hacia el mirador y nosotros lo hicimos también así.
Caminamos unos setecientos metros en los que continuamos ascendiendo por esa ladera tan especial repleta de robles y helechos.
Y llegamos al camino que conduce al mirador, que está muy próximo, a unas decenas de metros de la desviación. Desde él las vistas son muy estupendas.
Regresamos al camino, continuamos subiendo un poquito más y enseguida comenzamos a descender. Enseguida pudimos contemplar los primeros tejos.
Pero para llegar al bosque donde se encuentran los milenarios tuvimos que seguir bajando como medio kilómetro más. Las pasarelas de madera construidas para preservar de ser pisados los ejemplares jóvenes de otras especies, como acebos, nos anunciaron que estábamos ya en el Tejedelo propiamente dicho.
Y allí comienza la magia, porque es como sumergirse en un espacio mágico, con poca luz porque el sol apenas puede penetrar, el verde cubriendo todas las rocas y alguna partes de los troncos de los árboles y las raíces aflorando a la superficie como alargados dedos buscando desesperadamente no se sabe qué.
Y la magia no está solo en todo lo descrito anteriormente, sino que también aparece en los troncos de los ejemplares más viejos.
Parece hechos mediante la unión de varios más pequeños, a veces con formas rectas, y otras como retorcidas columnas.
Las pasarelas permiten llegar junto a los ejemplares más longevos y más espectaculares sin necesidad de pisar el suelo del bosque.
Como este tejo, sin duda milenario, y dotado de un gran diámetro. En la foto no lo parece porque no hay nada a su lado para comparar su tamaño.
Pero si posamos a su lado (con mucho cuidado para no pisar nada) queda mucho más clara su verdadera magnitud.
Una vez que terminamos el recorrido por el bosque continuamos el descenso hacia la bifurcación donde se pone fin al tramo circular del recorrido, de la que nos separaban unos 600 metros.
Al llegar a ese punto ya se continúa bajando por el mismo camino por el que habíamos ascendido. Cuando cruzamos de nuevo el puente sobre el arroyo ya supimos que estábamos cerca del aparcamiento.
En esos momentos el sol, por fin, logró abrirse paso entre las nubes, cambió enseguida la temperatura y también la percepción de todo que, con esa iluminación, luce mucho más.
Finalmente, desde el parking regresamos al lugar donde habíamos dejado el coche, para eso tuvimos que pasar bajo dos viaductos del AVE y caminar por una zona cementada realizada por ADIF cuando cambió el camino hacia el Tejedelo al hacer estas infraestructuras.
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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