14 de junio de 2026

A Benegiles y más allá (¿o más acá?)

Al poner el título a la ruta de hoy escribimos A Benegiles y más allá, pero viendo el itinerario de la ruta realmente debería ser "y más acá" porque desde esa localidad ya vinimos hacia Zamora. Como "el allá" o "el acá" depende de desde dónde se mire, vamos a dejarlo como estaba originalmente. El caso es que fuimos a Benegiles y volvimos a la capital. 

Hoy la representación era exigua, tan solo dos quedamos esta mañana a la hora habitual, las 9.30 h. Había sol pero también nubes, olía a humedad aunque no había llovido y lo que sí se percibía era bochorno, algo impropio de esas horas. En el GPS marcaba 27º, que tampoco es normal.

Desde la Ciudad Deportiva cruzamos una parte de la ciudad para llegar a la pasarela que hay muy cerca de la estación de tren. La atravesamos para seguir por la carretera de Villalpando y, poco más adelante, seguir unos cientos de metros por la de Cubillos. 


Nos separamos de esa carretera desviándonos a la izquierda. Ya por camino y en campo abierto nos enfrentamos a una larga recta de unos cuatro kilómetros. El viento, que no era fuerte, nos daba de cara y molestaba más de lo necesario, como siempre.


Esta tiene un perfil ascendente pero además está "adornada" con varias subidas y bajadas que nos sacaron enseguida los colores. 


Concluyó dicha recta cuando tuvimos que trazar una especie de "C" invertida para salvar la A-66 a través de un puente que hay en la carretera de Cubillos para después regresar a la continuación del camino que llevábamos. 


Unos dos kilómetros y medio más adelante dejamos a nuestra derecha la localidad de Cubillos. Seguidamente hicimos en pocos metros un doble cambio de dirección y no tardamos en comenzar una subida algo más importante que las anteriores. 


A ambos lados del camino íbamos viendo, mayoritariamente, campos de cereales ya agostados, algunos con intrusos o despitados. 


Después de descender esa subida a la que nos referíamos anteriormente, descendimos algo para después volver a subir algo más. Eso sí, superada esa cuesta ya comenzamos a recibir réditos y descendimos casi dos kilómetros hasta llegar a Moreruela de los Infanzones. 


Entramos a esta localidad por la carretera que va hacia Piedrahíta de Castro, después nos desviamos a la izquierda y seguimos en paralelo al Arroyo de los Ballesteros o de las Ericas, en torno al que está construido todo el pueblo. Nos desviamos un poco para pasar junto a la iglesia que, si la memoria no nos falla, no habíamos visto nunca a pesar de las veces que hemos pasado por esta localidad. Y lo cierto es que nos encantó. Una señora nos dijo que están restaurando el retablo (del siglo XVI) y que va a que está quedando muy bonito. Se ofreció a enseñarnos el templo pero tenía que ser más tarde y no podíamos esperar. 


Desde la iglesia volvimos a tomar el camino que iba en paralelo al arroyo. Lo abandonamos para tomar uno de transición que nos llevó hasta una pista ancha por la que avanzamos otros dos kilómetros. 


Abandonamos esta para describir una "L" en la que empleamos otro kilómetro y medio. Terminamos en una calle de Torres del Carrizal. Siguiendo esta cruzamos la carretera y continuamos recto hasta llegar junto a la iglesia. Desde allí fuimos trazando una amplia curva hacia la derecha que nos llevó a la salida de esta localidad. 

Cuando habíamos recorrido medio kilómetro cruzamos un puente sobre el río Salado, cuyo cauce aparecía cubierto de cañas.


Era la primera vez que pasábamos por este camino y no sabíamos que poco más adelante del puente nos esperaba una cuesta que nos pareció durísima. Fueron solo como seiscientos metros pero llegamos a ver tramos del 16%. 


Eso sí, había premio de la montaña para todos los participantes, porque tras coronarla descendimos prácticamente dos kilómetros por una recta en la que solo tuvimos que frenar al llegar a la carretera de Villalpando, una vez que entramos en Benegiles. 

Cruzamos esta y enseguida nos fuimos hacia la izquierda para ir a la zona de la iglesia, que se encuentra en un extremo del pueblo. 


Antes de llegar a ella pasamos por una placita que da gusto verla, con su fuente, su jardín, sus flores y un olivo centenario.


Junto a la iglesia vimos que había colgados banderines por alguna fiesta reciente. Tras pasar junto al templo giramos a la derecha.


Seguimos por un paseo muy agradable y cuidado que discurre en paralelo al río Valderaduey. Cómo se percibe en los detalles los pueblos que tienen un buen alcalde o alcaldesa que se preocupa por su pueblo. En este, al menos, lo parece.


Nada más abandonar el paseo cruzamos el Valderaduey, que aún trae bastante agua, y enseguida continuamos hacia la derecha.


Seguimos por una excelente pista ancha pero cambiamos varias veces de dirección y de camino en cinco kilómetros. 


En ese tramo predominaban los campos en barbecho contrastando con los que, sembrados de cereales, están ya a punto de ser segados. 


También encontramos algunas zonas con bancos de arena que, aparte de actuar como pistas de frenado, pusieron a prueba nuestra destreza y nuestro equilibrio sobre la bicicleta. 


Después de esos cinco kilómetros llegamos a un camino al que nos incorporamos hacia la izquierda. Aunque hacía un rato en el que el viento, cuya velocidad había crecido, nos molestaba, al entrar en ese comenzó a darnos de frente y en los tres kilómetros que nos separaban de Molacillos, que eran cuesta abajo, apenas pudimos pasar de 20 km/h por efecto de esas rachas de viento. 

Al cruzar esta localidad nos topamos con su iglesia que parecía envuelta, en parte, para regalo, pero en realidad es que está sufriendo una rehabilitación muy necesaria e importante. 


Desde esta localidad seguimos el itinerario habitual que realizamos cuando queremos ir desde esta a Zamora. Los primeros seis kilómetros son, prácticamente, una recta. La tendencia es ligeramente descendente pero hay que subir un pequeño teso hacia la mitad de ese tramo.


La velocidad que deberíamos ganar con esa tendencia hacia abajo, quedaba compensado con el viento frontal, por lo que no rodábamos lo rápido que nos hubiera gustado. Además, ya acercándonos a la capital los riegos por aspersión llegan al camino y lo han ido deteriorando, de tal modo que se va haciendo un constante eslalon para evitar los baches, y eso también roba velocidad. 

Antes de llegar a la N-122 tuvimos que ascender y descender los dos viaductos consecutivos que hay en ese camino, el que salva la A-11 y el que hace lo propio con las vías del AVE. 

Cruzamos la N-122 y continuamos de frente para así seguir por el carril bici de La Aldehuela. Al pasar junto al recinto de IFEZA pudimos ver que, aunque el festival Z! - Live terminó el día anterior, ya estaban desmontando los enormes escenarios.


Recorrimos hasta su fin dicho carril bici y desde él nos introdujimos en Los Tres Árboles para abandonar esta zona enseguida y continuar por Obispo Acuña hasta llegar al punto desde donde habíamos iniciado la ruta. Allí mismo enjugamos nuestra sed que, con el calor reinante, era grande. 



Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.

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