29 de junio de 2026

De puente a puente

Cuando se construyó la Presa de Ricobayo en los años 30 y comenzó a embalsar el agua del río Esla se anegaron tierras, caminos, carreteras y pueblos. Para recomponer los enlaces en caminos cortados se construyeron puentes del tipo "de caballete". Nuestra ruta de hoy nos ha llevado a pasar por dos de ellos, el de Valdeperdices y el de Almendra. 

Este Domingo adelantamos la hora de salida a las 9.00 h para evitar pedalear con calor y, de hecho, lo conseguimos porque salimos con 19º y llegamos con 25º. Nos presentamos tres bikers a la cita con exquisita puntualidad e iniciamos la marcha bordeando el río por la Avenida del Mengue y Trascastillo. Uno de los bikers notó enseguida que su rueda trasera tenía poco aire a pesar de haberla hinchado al salir. Paramos bajo el castillo, la hinchamos y antes de llegar a Valorio se tuvo que dar la vuelta, una lástima. 

Los dos que quedamos entramos en el paseo de esta zona verde para después ascender hacia el Alto de San Isidro, donde continuamos por el llamado Camino del Monte, prácticamente una recta de unos cinco kilómetros repleta de sube y bajas. 


A ambos lados del camino teníamos tierras de barbecho contrastando su tono rojizo con el dorado de los cereales ya maduros que pronto serán segados. 


Al terminar la recta giramos noventa grados a la derecha, descendimos unos cientos de metros y giramos al lado contrario, iniciando una subida cómoda que se prolongó a lo largo de casi un kilómetro y medio y que terminó llevándonos a un extremo de Palomares. Bordeamos esta dehesa y terminamos saliendo a un camino ancho al que nos unimos hacia la derecha. 


Ya en ese nuevo camino tocó subir de nuevo y lo hicimos durante un kilómetro y medio. Seguidamente llegó el premio de la bajada, que nos llevó hasta un cruce. 


En este continuamos hacia la izquierda, entrando así en el camino rural asfaltado que une Valdeperdices con Andavías. Un kilómetro y medio más adelante dejamos esta carreterita para continuar por un camino hacia la derecha. 


Por él comenzamos a descender y enseguida nos encontramos con una bonita vista del Puente de Valdeperdices, sin duda ensalzado por la cantidad de agua que aún atesora el embalse. 
 

Al llegar a él cruzamos sus, aproximadamente, doscientos metros y comenzamos a ascender por el camino que iba trazando una curva a la derecha. 


Pero enseguida hicimos un giro de casi ciento ochenta grados para seguir por otro camino hacia el lado contrario. Continuamos subiendo hasta que llegamos a algunas edificaciones pertenecientes a Palacios del Pan, un pueblo trasladado como consecuencia de la construcción de la Presa de Ricobayo. 

Desde allí encaramos una recta y, tras un giro a la izquierda, comenzamos una merecida bajada hacia el Puente de Almendra, que no tardamos en ver. Este es cien metros más largo que el anterior. 


Una vez que llegamos a su altura lo cruzamos y continuamos recto, iniciando una subida de más de kilómetro y medio. Terminó esta cuando llegamos al final del camino y seguimos hacia la izquierda, por un camino asfaltado que une Valdeperdices con Almendra, llegando enseguida a la primera localidad. 


Callejeamos por el pueblo, como es costumbre en este grupo, pasamos por la plaza y continuamos hacia la carretera por la que se llega a la localidad.


Solo rodamos por ella unos metros porque enseguida nos desviamos a la izquierda y comenzamos una ascensión larga, de casi dos kilómetros, siendo el primer tramo el más inclinado. Después se fueron sucediendo subidas y bajadas más pequeñas.


Un cambio de dirección en un cruce de caminos marcó una inflexión y comenzamos a descender hacia Palomares. Es justo decir que no nos quejamos de esta bajada, que vino a hacer justicia por todo lo ascendido con anterioridad, ya que se prolongó casi cuatro kilómetros.


Tras pasar junto a las Casas de Palomares comenzamos la última subida seria de la mañana, la que nos permitió salir de la dehesa. Al terminarla continuamos hacia la derecha por el llamado Camino de Zamora a Palacios del Pan. En muchos tramos de este tuvimos que rodar con cuidado por las profundas roderas y los grandes baches que hay en él. 

A nuestra derecha dejamos un enorme huerto solar, uno de tantos de los que están proliferando en nuestra provincia que, por lo visto, es para lo que va a quedar, para esto, plantas de biogás y macrogranjas. 


El camino nos llevó hasta la Autovía del Duero. Al llegar a ella continuamos a su lado hacia la izquierda. Llegamos a una rotonda, la hicimos, pasamos bajo dicha autovía y al salir de la siguiente rotonda continuamos recto para enseguida girar a la derecha, rodar de nuevo en paralelo a esa y, después, seguir hacia la izquierda.  

Dos kilómetros después cruzamos la carretera de Almaraz y seguimos de frente unos dos kilómetros por el llamado Camino de La Higuera. 


Abandonamos este camino girando a la izquierda, entrando así en un camino más ancho que nos permitió hacernos un selfie. 


Más adelante cambiamos de dirección hacia el lado contrario y, finalmente, seguimos hacia la derecha, iniciando así una bajada que antes era muy divertida y que hacía mucho que no rodábamos por ella. En esta ocasión no nos divirtió nada porque las motos han hecho roderas muy peligrosas para la bici y obligan a tener que bajar despacio y con precaución. Además, al no haber tránsito de estas, el camino lo está cerrando la vegetación. 


Desembocamos en la prolongación del camino de las Aceñas de Los Pisones, junto al río Duero. Seguimos por dicho camino como un kilómetro y al llegar al desvío hacia estas aceñas lo tomamos porque hacía mucho tiempo que no las visitábamos. Realmente no están pasando por su mejor momento, sobre todo porque las está "envolviendo" la vegetación. 


Regresamos al camino y seguimos por él hasta llegar a la Carretera de Almaraz, por la que continuamos hacia Zamora. Antes de llegar al Colegio Corazón de María nos desviamos hacia la derecha y poco más adelante volvimos a girar hacia el mismo lado para visitar las recién recuperadas Aceñas de Gijón, que han sido rehabilitadas, habiéndose restaurado incluso elementos hidráulicos originales. 


Estas aceñas datan del siglo XV y eran tan productivas como las de Pinilla, Cabañales u Olivares. Su titularidad era del Convento de la Concepción, siendo esta su principal fuente de ingresos. Así eran:


Tras la breve visita regresamos al camino y continuamos por él en paralelo al río hasta llegar a Olivares. Desde allí nos dirigimos hacia el Puente de Piedra por el paseo y al llegar a ese continuamos por el Barrio de La Horta hasta llegar a Puerta Nueva y al punto desde donde habíamos salido. 




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