11 de junio de 2026

Pueblos olvidados de La Carballeda

Aunque somos zamoranos reconocemos que hay pueblos por los que hemos pasado en esta ruta que no habíamos oído nombrar nunca, como: Letrillas, Utrera de la Encomienda, Gramedo, Dormillas u Otero de los Centenos; de hecho el fin de la misma era rodar por La Carballeda y, de paso, conocer todos esas pequeñas localidades.

Por distintos motivos hoy solo pudimos participar en esta ruta tres bikers. Salimos en dos coches de Zamora a poco más de las 9.00 h y llegamos a nuestro destino, Mombuey, una hora y unos minutos más tarde. Aparcamos junto a la gasolinera y el Bar Restaurante La Ruta. Descargamos, nos preparamos y con todo listo entramos al bar a tomar un café. 

Sobre las 10.30 h iniciamos nuestra ruta cruzando la N-525 y siguiendo de frente por un camino que nos llevó hasta la autovía A-52, junto a la que comenzamos a rodar en paralelo.


Como medio kilómetro más adelante giramos a la derecha para enfilar hacia el pueblo de Mombuey. Una vez por sus calles la preciosa torre de su iglesia sobresalía de las demás edificaciones. Es uno de los elementos que le quedan de su origen románico (siglo XIII), ya que el resto está muy reformada. 


Frente a la iglesia hay un bonito crucero que nos trasladó a cuando comimos junto a él en nuestra segunda etapa del Camino Sanabrés. 


Poco más adelante salimos a la N-525, rodamos por ella unos metros y nos desviamos hacia el Centro de Salud. Desde él nos dirigimos hacia la izquierda por un camino asfaltado que nos llevó hasta una residencia de ancianos. Allí mismo cambiamos de dirección hacia la izquierda y enseguida nos encontramos con la protagonista del rodeo que estábamos dando: la Ermita de Nª Sª de los Remedios. 


Este pequeño templo tiene una historia muy curiosa, fue construida hace solo 37 años y algunos de sus materiales (piedras, campanas...) pertenecían a la iglesia de Anta de Tera, localidad que despareció inundado por el embalse de Valparaíso. Dichos materiales fueron trasladados aquí por los vecinos de ese pueblo. Por eso no es solo una ermita, es un símbolo de la memoria histórica. 

Unos metros más adelante de esta pequeña iglesia llegamos a una carretera provincial, por la que continuamos hacia la derecha. Por ella recorrimos tres kilómetros en los que fuimos ascendiendo suavemente. 


A nuestra derecha pudimos disfrutar  de bonitos paisajes con la Sierra de la Cabrera al fondo. 


Después de ese tramo de asfalto giramos a la derecha para continuar por un camino con dos roderas bien marcadas por el que se rodaba bien. 


A los tres kilómetros entramos en la primera localidad de paso, Manzanal de los Infantes. Pasamos junto a su iglesia y también por la plaza, donde llamó nuestra atención un mural que la llenaba de color. 



Salimos de esta localidad y seguimos por un camino que no fue aproximando al río Negro, cuyo cauce está muy cerca del pueblo. 


A medida que nos acercábamos al río el camino se iba cubriendo de vegetación y apenas se veía. Llegó un momento en el que ya no había camino. Continuamos tratando de seguir el track y de buscar huecos entre las escobas. 


Y llegó un momento en el que hubo que bajarse de la bici. Avanzamos con ella en la mano algunos metros y uno de nosotros apoyó la bici y siguió caminando para ver si podíamos continuar. 


Daba la impresión de que sí y seguimos caminando, pero en algunos tramos las escobas lo cubrían casi todo. Y llegamos al punto en el que entran las dudas de si darse la vuelta o cerrar los ojos y para adelante. Optamos por lo segundo y, aunque nos llevó un rato conseguimos llegar a una pradera (donde nos estaba esperando una cierva) y de esta, tras subir nosotros y las bicis por un talud, conseguimos salir a la carretera. En este 1,5 km empleamos más de media hora. 


En el track que figura en la parte de abajo de esta entrada del blog hemos suprimido este tramo y hemos trazado el nuevo track por la carretera para evitar esta parte no ciclable. 

Ya en la carretera ascendimos unas decenas de metros y comenzamos a descender enseguida hasta llegar a un cruce donde nos encontramos con la Ermita de San Roque. 



Seguido de esta cruzamos un puente sobre el río Negro y enseguida comenzamos a rodar por las empinadas calles de la localidad de Lanseros. 


Salimos de Lanseros por un camino que partía a la derecha de la carretera. Este constaba de dos roderas y resultó muy bonito porque estaba rodeado de robles, fundamentalmente, y de bosque bajo.


Como un kilómetro después continuamos recto aunque el camino por el que íbamos se abría hacia la izquierda. Poco más adelante la vegetación, escobas fundamentalmente, comenzaron a proliferar por el camino, pero aunque nos iban rozando por todas partes podíamos seguir sobre las bicis. 


Unos cientos de metros después entramos en una pradera en la que podían distinguir dos roderas que coincidían con nuestro track. Al llegar a una pequeña vaguada, tuvimos alguna duda pero, finalmente, nos fuimos hacia la derecha, cruzamos una zona de agua y barro y continuamos por pradera hasta que, unos quinientos metros después, enlazamos con un camino. 
 

Este nos pareció una bendición y, aunque íbamos ascendiendo desde Lanseros, este tramo nos pareció que lo hacíamos rápido y, lo que es mejor, super a gusto. Un kilómetro después pudimos ver a lo lejos la espadaña de la iglesia de Carbajales de la Encomienda. 


Al entrar en esta localidad nos pareció estar en Los Alpes porque la primera casa parecía haber sido teletransportada desde allí. 


Pero más adelante cundió en nosotros la desolación al ver casas y casas abandonadas y arruinadas. Es mejor no pensar en las historias que alberga cada una de ellas, en el esfuerzo que supuso, seguro, hacerla a sus antiguos moradores, para que ahora estén caídas y sin que nadie mire para ellas. 



No encontramos el modo de llegar a la iglesia, que está algo alejada del pueblo y como no podíamos perder tiempo (eran las 12.20 h y no llevábamos ni un tercio de la ruta prevista) nos dirigimos hacia la salida del pueblo. En realidad fue una salida falsa porque dimos un pequeño rodeo para pasar junto a la Ermita de Santa Mariciaca. 


Desde allí ya sí, fuimos en busca de la carretera ZA-125, que comunica Palacios de Sanabria con La Bañeza. Nos incorporamos a ella ascendiendo y así continuamos el kilómetro que nos separaba del cruce de la siguiente localidad: Letrillas. 

Nos desviamos de la carretera hacia la izquierda para entrar en este pueblo, y nada más ver la primera vivienda volvimos a sentir la misma tristeza. 


Y es que, igual que sucedía en el pueblo anterior, en este había casas venidas abajo por todos lados. Nos atreveríamos a decir que vimos más caídas que en pie. Pero claro, solo están censados en él dos habitantes. 


La iglesia sí se mantiene en pie y, además, nos pareció muy bonita. Data del siglo XVII. 


Desde Letrillas volvimos a salir a la carretera por un camino entre robles. Una vez en ella recorrimos , menos de quinientos metros, ya que un desvío a la derecha indicaba nuestro siguiente punto de paso.


Este era Utrera de la Encomienda, un pueblo más de esos de los que no habíamos oído hablar nunca, pero entra dentro de lo norma ya que solo están censados en él 7 habitantes. 


En nuestro recorrido por el pueblo llegamos hasta la iglesia, de origen románico tardío (siglo XIII), pero como suele ser habitual, con añadidos y reformas posteriores. Entre lo que conserva románico está la espadaña, que nos gustó mucho. 


Junto a la iglesia partía el camino que teníamos que tomar para regresar a la carretera, pero estaba cerrado por la vegetación así que volvimos a ella volviendo a rodar por donde habíamos entrado a la localidad. 

Ya sobre el asfalto tuvimos que ascender como un kilómetro y descender otro tanto. Un pequeño desvío a la izquierda nos introdujo en Espadañedo, un pueblo también muy pequeño (tiene 109 habitantes pero con sus cinco pedanías ), pero grande comparado con los dos anteriores.


Junto a su iglesia paramos a comer algo, que ya lo necesitábamos al haber desayunado hacía muchas horas. 


De nuevo en la misma carretera descendimos un kilómetro y medio, nos desviamos a la derecha para seguir por otra carretera de menor importancia otro tanto, también bajando. Todo este tramo nos supo a gloria porque eso de avanzar sin dar pedales es una gozada. 


Y así llegamos a Gramedo. Entramos en el pueblo y enseguida nos desviamos hacia la derecha para dirigirnos hacia la iglesia.  


A la salida del pueblo una pequeña ermita nos despidió del mismo. Nos alejamos por un camino que no estaba muy marcado, lo que generó ciertas dudas en nosotros. 


Lo bueno es que, a pesar de que se veía que era un camino poco transitado, la vegetación no lo había cerrado y nos permitió rodar a gusto por él tres kilómetros, descendiendo ligeramente todos ellos, hasta llegar a la siguiente localidad de paso: Dornillas. 


Esta localidad sí que la conocíamos porque habíamos pasado por ella en un par de ocasiones en rutas por La Carballeda. 


Solo tiene 7 habitantes y vimos a uno, así que tuvimos mucha suerte. Pasamos junto a la bonita Ermita del Cristo de la Vera Cruz y continuamos hacia la parte baja del pueblo. 


Salimos del pueblo por un camino y enseguida tuvimos que cruzar un pequeño puente. Tras él comenzamos a ascender una subida corta y empinada, pero seguidamente se nos premió con una bajada generosa, es decir mucho más larga que el ascenso. Esta nos llevó hasta un puentecito.


Este tramo, desde Dornillas a Sejas, que ya conocemos, es precioso, sobre todo desde ese puente, cuando se empieza a rodar por un senderito, a la sombra de los robles y con el río corriendo al lado del camino. 
 

En un momento dado, se abre la vegetación y se puede ver una imagen del río muy bonita, rodeado de verdor por todas partes y con una pequeña cascada. 


Llegando al final tuvimos que bajarnos de la bici unos metros porque había demasiadas piedras en el camino, pero enseguida volvimos a sentarnos en los sillines y llegamos a la esplanada junto a la que se encuentra la Ermita de la Virgen de la Ribera. Desde el puente hasta allí son solo seiscientos metros, pero la sensación es que son por lo menos tres kilómetros. 

Nos desviamos ligeramente para visitar la ermita y enseguida volvimos al camino. Pocos metros más adelante desembocó en una pista más ancha y cruzamos un puente sobre el río Negro. 


Nada más cruzar este comenzó un ascenso de unos quinientos metros con porcentajes que llegaron al 9%. Entramos en Sejas de Sanabria y aún continuamos subiendo hasta estar más metidos en el pueblo. 


Enseguida llegamos a la Iglesia de Santa Marina, que rodeamos. Desde el lado del pórtico luce mucho más este templo románico (siglo XII) aunque, como suele pasar, con reformas y añadidos posteriores.
 

Desde allí tomamos un camino por el que abandonamos esta localidad. Es una buena pista por la que ya hemos rodado varias veces camino de Mombuey. Rodamos por ella dos kilómetros y medio, más o menos, la primera mitad descendiendo ligeramente y la segunda haciendo lo contrario.


En ese tramo un grupo de varias vacas, lejos de acercarse al camino a vernos pasar, se metieron con descaro en su jacuzzi particular y nos ignoraron completamente. 


Recorridos esos dos kilómetros y medio, nos desviamos a la izquierda por un camino de menor entidad al que dejamos, esta parte resultaba inédita para nosotros. Por él transitamos casi tres kilómetros que pasaron rápido porque la gravedad nos ayudaba algo al ser una ligera bajada. 


Terminó el camino al entrar en Otero de los Centenos. Al llegar a la iglesia nos dimos cuenta de que en alguna ocasión habíamos estado allí, solo que habíamos llegado al templo en sentido contrario. 


También esta localidad pertenece a ese amplio grupo llamado "los pueblos de las España vaciada", y la falta de personas se percibía aquí también por el gran número de casas caídas. 


Salimos de este pequeño pueblo por donde habíamos llegado a él, solo que enseguida nos desviamos a la derecha para tomar una carreterita por la que continuamos algo más de dos kilómetros. 


Tras los que la abandonamos para abrirnos a la derecha y de este modo entrar en Mombuey a través de un camino. 


Este nos llevó hasta las primeras edificaciones del pueblo, desde allí callejeamos hasta salir a la N-525, pero no la pisamos porque fuimos en paralelo a ella pero por una estrecha vía de servicio. Poco más adelante continuamos por detrás de algunas viviendas para llegar enseguida al aparcamiento del Restaurante La Ruta


Pocos minutos después llegaron los tres bikers, hoy convertidos en andarines que, aunque no pudieron acudir con la bici, sí lo hicieron (más tarde) con sus zapatillas de caminar para después acompañarnos en la comida. En dicho restaurante nos sirvieron muy amablemente y estuvimos muy a gusto.  

Una vez comidos emprendimos el viaje hacia Zamora. 




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