Un Domingo más de este lluvioso otoño no queríamos pisar el barro generado después de las lluvias del viernes, el sábado e incluso de las primeras horas del propio Domingo, así que diseñamos un itinerario para no pisarlo, pero para ello necesariamente hay que ir rodando por asfalto, eso sí, de carril bici, de carreteras locales o de otros tipos sin apenas tráfico. Una vez concluido podemos decir que el barro lo evitamos, pero del viento no nos libramos en casi ningún momento.
Como siempre, quedamos a las 9.30 h en el lugar habitual si bien allí solo se presentó un biker, el resto, otros tres, esperaron a la salida del Puente de Hierro. No hacía mucho que había llovido y el cielo parecía que iba a seguir regalando agua a pesar de que las previsiones no lo auguraban. La temperatura era fría, tan solo dos grados.
Ya todos juntos, tres con bici de montaña y uno con la de carretera, comenzamos a rodar por el Camino Viejo de Villaralbo, si bien poco después de pasar bajo el puente del la Circunvalación de Zamora giramos a la derecha para ir al encuentro del GR-14 dirección Villaralbo.
Por él seguimos algo más de un kilómetro, momento en el que lo abandonamos para girar a la derecha para ir hacia el encuentro con el carril bici interpueblos inaugurado este año. Llegamos al punto donde comienza, cruzamos la carretera de Villaralbo, unos metros más adelante la de Moraleja y enseguida alcanzamos la larga recta que va hacia Arcenillas.
Recorrimos los cuatro kilómetros de la recta con esfuerzo porque, aparte del citado viento, se va subiendo constantemente, de forma tendida, pero sin descanso.
Atravesamos esta localidad por su calle principal y continuamos por ella hasta la salida, donde nos volvimos a reencontrar con el carril bici, interrumpido al comienzo del pueblo.
Al llegar a Casaseca también la atravesamos, pero poco después de pasar junto al cartel de su nombre giramos a la derecha.
De Casaseca a Cazurra hay unos 5 kilómetros también de ascenso ligero. No llegamos a entrar en el pueblo porque la carretera lo bordea y continúa hacia la N-630. Nosotros seguimos hacia dicha carretera nacional. En ese tramo de poco más de un kilómetro sufrimos el viento frontal y nos frenaba mucho.
Llegamos a una de las rotondas y allí continuamos hacia la izquierda, dirección Salamanca. El tramo hasta Corrales del Vino tiene varios pliegues pero prevalece el ascenso así que entre el viento, en ese momento lateral, y las subidas nos costó llegar a esa localidad.
Después de culminarlo nos enfrentamos de nuevo con el viento pero por suerte descendimos algo, menos de dos kilómetros, si bien en medio hubo una pequeña ascensión. Terminó este tramo cuando nos desviamos a la derecha para seguir por un camino asfaltado hacia Casaseca de Campeán.
Tras dos kilómetros y medio llegamos a Casaseca, por donde también callejeamos, pasamos junto a la iglesia y, poco después, lo abandonamos por la carretera local que lo une con El Perdigón.
Pocos metros después de pasar junto al cementerio iniciamos una subida, la última importante de la mañana, eso sí, se hizo algo más dura porque de nuevo teníamos el viento totalmente en contra.
Desde Casaseca a El Perdigón hay unos cinco kilómetros, de los que algo más de tres son descendentes, algo que agradecimos, y más nuestras piernas. Cuando llegamos al pueblo nos dirigimos hacia la plaza, seguimos por la carretera y, antes de salir del pueblo, nos desviamos a la derecha por la carreterita que lo une con Morales del Vino.
Al llegar a la carretera de Fuentesaúco, junto a Arcenillas, cruzamos esa y seguimos de frente para poco más adelante girar a la derecha para ascender hacia el pueblo. Ya desde este cogimos la carretera que va hacia Moraleja del Vino.
La carreterita es una recta de unos tres kilómetros en los que también nos beneficiamos de la inestimable ayuda del viento.
El sol seguía dando protagonismo a paisajes que un rato antes, sin su presencia, habrían pasado casi desparecibidos.
Continuamos por la carretera que cruza dicha plaza y no la abandonamos sino que seguimos por ella, dirección Zamora, incluso al terminar el pueblo.
El molesto viento volvía a estar en nuestra contra, pero a favor teníamos la cuesta abajo por la que dijimos adiós al pueblo y que un kilómetro y medio después nos desviamos a la derecha para seguir por un camino asfaltado hacia Villaralbo y por ese nos daba lateralmente. El biker con la bici de carretera, que iba delante, no se dio cuenta de esta carreterita y siguió de frente. De poco sirvieron nuestros gritos.
Al llegar junto a este el trazado gira a la izquierda y nos fastidió porque, otra vez, volvimos a sufrir los inconvenientes de tan pesado viento. Claramente se veía su fuerza en la vegetación.
Después de unos dos kilómetros cruzamos la circunvalación de Villaralbo y seguimos de frente hacia el pueblo. Ya en él nos dirigimos hacia la carretera que va en paralelo al río Duero hacia Zamora.
Paramos en un bar de Obispo Acuña para reponer los líquidos gastados. Minutos después llegó el biker perdido. Cuando nos íbamos comenzó el desfile de la Papanoelada motera, que llenó la avenida de color y de bramidos de algunos de los motores. Nos encantó ver la cantidad tan grande de motoristas que participaban.
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