Teníamos planificada una ruta para hoy que, finalmente, tuvimos que acortar por varias razones. Es cierto que hicimos menos kilómetros de los previstos y que no llegamos al lugar donde pensábamos, pero aún así pudimos disfrutar mucho de una mañana que solo necesita un adjetivo para definirla: espléndida.
Seis bikers habían confirmado su presencia para hoy. A primera hora de la mañana se cayó uno de la convocatoria. Estábamos ya cuatro esperando a la hora de salida cuando llegó el quinto. Nos comunicó que se encontraba mal, así que, tras esperar un rato en el punto de salida, cuando empezó a sentirse mejor comenzamos a rodar, pero nos desviamos ligeramente de nuestra trayectoria para ir al Centro de Salud Santa Elena. Allí le hicieron varias pruebas y, para tranquilidad de todos, le comunicaron que estaba bien, pero decidió irse para casa. Todo esto nos retrasó casi una hora el momento de volver a pedalear.
Desde Santa Elena nos dirigimos a San José Obrero subiendo por el Bolón y ya en este barrio nos dirigimos a la carretera de La Hiniesta por la que continuamos. A la altura de la Cruz del Rey don Sancho nos metimos en la salida para peregrinos por la que se rueda de maravilla en paralelo a dicha carretera.
Al terminar esta cruzamos la carretera y seguimos por el tramo que han arreglado para poder ir desde ahí hasta la antigua carretera de La Hiniesta. Es una bajada con unas vistas espectaculares de Valderrey.
Ya en la antigua carretera de La Hiniesta continuamos hacia esta localidad por el trayecto habitual. En él llamó nuestra atención el buenísimo aspecto, y lo que han crecido, los cereales.
Llevábamos unos nueve kilómetros recorridos cuando llegamos a La Hiniesta. Ascendimos por la carretera pasando junto a la iglesia de Santa María la Real con su preciosa portada, uno de los pocos ejemplos de escultura gótica de toda la provincia.
Seguimos por la carretera atravesando el pueblo y al llegar al final giramos ligeramente a la izquierda. Poco después pasamos por dos túneles, uno para salvar la carretera que circunvala la localidad y otro bajo las vías del AVE. A la salida de este cambiamos de dirección hacia la derecha, comenzando allí mismo una ascensión tendida pero continua de casi un kilómetro y medio.
Seguidamente descendimos, con déficit, porque bajamos menos de lo que habíamos subido y, tras una curva a la derecha comenzamos un nuevo ascenso de algo más de un kilómetro.
Como las penas con pan son menos, el día estaba tan bonito que daba igual subir que bajar. A la hora de nuestra salida había 5º, pero en esos momentos ya casi había 10º y ni una sola nube en el cielo. Además, había una luz muy especial.
En este tramo se fueron sucediendo subidas y bajadas y, más o menos, unas iban compensando a las otras. También cambiamos varias veces de dirección, más de cuatro. Íbamos dejando un camino de concentración para, tras un giro de noventa grados, continuar por otro.
Un último descenso nos condujo hacia la consiguiente subida dejando a un lado la localidad de Andavías. Terminó esa ascensión con un giro poco pronunciado a la izquierda que nos sumergió en la carreterita local que une Valdeperdices con Andavías.
Nada más entrar en esta nos cruzamos con un numeroso grupo de ciclistas muy estirado de Bici Zamora. Nos saludamos desde las bicis y unos y otros continuamos nuestro camino.
Como a esas alturas ya habíamos decidido acortar la ruta y un poco más adelante vimos que a nuestra derecha teníamos una lengua del Embalse de Ricobayo, optamos por olvidarnos de nuestro track y girar a la derecha para disfrutar de las vistas.
No tardamos mucho en pasar cerca de un entrante de esa lengua de agua. Hoy, por el reflejo del cielo, o por lo que fuera, el embalse tenía un color muy bonito.
Pero también había agua en el camino y su color era más bien achocolatado. Lo cierto es que los caminos ya están muy secos, pero de vez en cuando tuvimos que cruzar algunos restos de lo que ha habído...
Cuando habíamos recorrido como un kilómetro con dirección al embalse el camino dio un giro de noventa grados. Desde esa curva tomamos una vista del llamado Puente de Almendra porque comprendimos que más no nos íbamos a poder acercar ya que el camino a partir de ese punto se alejaba del agua.
Poco más adelante, otro giro de noventa grados nos puso en dirección de nuevo hacia la carreterita y nuestro track, que habíamos dejado unos minutos antes. Tras recorrer unos quinientos metros llegamos a ella. Enseguida comenzamos a descender hacia Valdeperdices.
Justo antes de entrar en el pueblo giramos a la derecha bordeando este. En este tramo varios almendros nos dieron la bienvenida, especialmente uno, al que no le cabían más flores.
Decidimos que desde esta localidad iniciaríamos el regreso hacia Zamora porque algunos teníamos compromisos y no podíamos llegar tarde. Hicimos un pequeño recorrido por varias calles del pueblo para terminar en la plaza, donde también se encuentra la iglesia.
Desde allí fuimos al encuentro del track de vuelta, que pasaba cerca de Valdeperdices. Para encontrarlo tuvimos que salir del pueblo por la carretera. Después de unos quinientos metros giramos a la izquierda y ya en nuestro track comenzamos una subida que se prolongó casi dos kilómetros, si bien entre medias hubo algún cambio de dirección.
Terminado el ascenso recorrimos un par de kilómetros por una zona prácticamente llana. Tras dos giros a uno y otro lado comenzamos un descenso largo, bastante largo, lo suficiente como para compensar todos los déficits acumulados anteriormente. Esta bajada es la que cruza la Dehesa de Palomares.
Bajamos a lo largo de más de tres kilómetros y, además, con buenas vistas, sobre todo al lado derecho, donde los pinos aparecían rodeados del intenso verde de los cereales.
Al terminar el descenso no hubo transición y allí mismo comenzó una conocida subida (aunque casi siempre la bajamos), por la que salimos de Palomares.
Después de coronar giramos a la izquierda, si bien poco más adelante lo hicimos hacia el lado contrario para continuar por una pista recta con varios "pliegues" seguidos.
Recorrimos por ella como dos kilómetros y medio. Tras ellos continuamos hacia la derecha y, poco más adelante, para el lado contrario y así acabar saliendo a la rotonda de la N-122 que hay junto a la gasolinera Guimaré.
A la altura de esta abandonamos la carretera para continuar por un camino que discurre en paralelo a la N-122, por el que fuimos descendiendo suavemente algo más de un kilómetro.
Dicho camino termina frente a la entrada del paraje llamado Guimaré, conocido por todos los zamoranos. Cruzamos la carretera y entramos en esta zona, cruzando una buena parte de ella.
Pero no la recorrimos entera porque nos desviamos a la izquierda, iniciando una subida bastante pronunciada que nos hizo sacar lo mejor de nosotros mismos.
Sabíamos que era la última antes de llegar a Zamora y eso, quieras que no, te proporciona una fuerza extra. Un poco antes de terminar la subida el camino se unió al llamado de Valbueno y por él continuamos ya rentabilizando el esfuerzo de los ascensos, es decir, descendiendo. Además, el último tramo con muy buenas vistas.
Terminamos en una rotonda de la carretera de Almaraz y desde ella nos dirigimos hacia el Puente de los Poetas. Lo cruzamos y continuamos en paralelo al río Duero por su margen izquierda. Al llegar al Puente de Piedra lo cruzamos y seguimos por el barrio de La Horta.
Atravesamos este y también una parte de Puerta Nueva para terminar llegando al punto desde donde habíamos partido. Desde allí mismo, mientras esperábamos que nos pusieran unas cervezas, llamamos al biker que se había sentido (creído) enfermo. Seguía estando bien, así que todos tranquilos. Con el solecito y la temperatura que había nos dio pena irnos para casa, pero no quedaba otra...
Para descargar la ruta haz clic en el logo de Wikiloc.
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