29 de marzo de 2026

Tras Las Contiendas

Se esperaba viento del noreste, razón por la que era conveniente trazar una ruta hacia esa dirección y hacia allí está el paraje llamado Las Contiendas, unos tesos que se elevan en los términos de Sanzoles, Madridanos y Villalazán. Por su parte frontal hemos ascendido muchas veces hasta ellas, pero por detrás han sido muy pocas, y hoy lo hicimos por allí.

Esta mañana casi regresamos al invierno porque salimos de casa con apenas 2º, y eso que, debido al adelanto horario retrasamos la hora de partida a las 10.00 h. Frente a la Ciudad Deportiva nos encontramos los siete bikers que íbamos a tomar parte de esta ruta, es decir, casi todos. Hacía muchos meses que no nos juntábamos tantos y daba gusto ver un grupo así de numeroso.

Salimos de Zamora siguiendo el carril bici de La Aldehuela que sirvió para darnos cuenta de que hacía casi, casi, frío y para irnos poniendo al día de las novedades de cada uno.


Nada más pasar a la altura de la gasolinera Vistalegre abandonamos el carril bici, cruzamos por el puente de la N-122 sobre el Valderaduey y pasamos al otro lado de la carretera para seguir recto y ascender por el viaducto bajo el que pasan las vías del AVE. Al descender de este giramos ciento ochenta grados y continuamos hasta llegar a las cercanías de las vías, donde giramos a la izquierda para seguir en paralelo a estas. Y no nos separamos de ellas en seis kilómetros totalmente llanos que nos sirvieron para ir entrando en calor. 


Después de esos seis kilómetros nos distanciamos de las vías pero para seguir en paralelo a ellas, solo que a cierta distancia, la suficiente para bordear varias tierras de cultivo y el Hotel El Convento. Pero una vez sobrepasado este último, volvimos al encuentro de la línea del AVE para continuar a su lado.

Pero allí ya no nos esperaba el llano sino una subida de un poco más de un kilómetro con porcentajes que llegan al 11%. Tras coronar descendimos, pero había otra subida más corta en su primer tramo, si bien más inclinada. 


Bajamos solo un poco y volvimos a ascender algo más para enseguida descender de nuevo. 


El siguiente ascenso nos llevó hasta el campo de fútbol de Fresno de la Ribera, aunque no fue el último porque, tras bajar de nuevo, nos enfrentamos a otra subida una vez que ya sobrepasamos esa localidad, a la que no llegamos a entrar, solo pasamos al lado. 


Al final de la cuesta nos esperaba un giro a la derecha. Una vez realizado este miramos hacia atrás y nos encontramos el camino que habíamos traído y un bonito paisaje castellano a su lado.


Bajamos hasta un túnel sobre el que pasa el trazado férreo tradicional. Aunque parezca mentira después de todo lo que ha llovido hasta no hace mucho, las ruedas de las bicis iban levantando una verdadera nube de polvo.


Unos cientos de metros por delante del túnel nos encontramos de nuevo con la N-122, la cruzamos y continuamos descendiendo en paralelo a ella hacia la izquierda. 


Poco después nos abrimos hacia la derecha para rodar, ya en llano, entre tierras de cultivo, algunas primorosamente alisadas. 


Como un kilómetro más adelante giramos a la izquierda. No habíamos recorrido ni un kilómetro y, cuando íbamos a pasar junto a una edificación abandonada, un ave grande extendió sus alas y dio unos pasos pero no llegó a levantar el vuelo. Enseguida frenamos y pudimos comprobar que era un búho real.


Pudimos ver que tenía algún daño en un ala y en su ojo izquierdo (nos dio la impresión de que podía haberlo perdido), del que le caían algunas gotitas. Como la mujer de uno de los bikers trabaja en Medio Ambiente, la llamamos, le pasamos la ubicación exacta y ella dio parte para que lo fueran a recoger para llevarlo para su curación al centro existente para este fin en Villaralbo.


Realizadas esas gestiones volvimos a pedalear. El camino se terminó al llegar a otro por el que seguimos hacia la izquierda. Este nos llevó hasta la carretera que une la N-122 con la de Peleagonzalo. Rodamos por ella un kilómetro y llegamos al puente sobre el Duero, el único existente entre Zamora y Toro. 


Hicimos una pequeña parada en el propio puente y en los instantes que estuvimos allí pudimos contemplar el "despegue" desde el agua de dos cormoranes y el de una garza. Esta, una vez en el aire, planeo con su elegante y aerodinámica postura, sobre nuestras cabezas. 


Enseguida continuamos con nuestra marcha y seguimos por la carretera provincial P-1102, pero solo quinientos metros.


Porque tras recorrer esa distancia nos desviamos a la izquierda para seguir por un sendero que, tras cincuenta metros, se estrechaba y cogía una inclinación insuperable para las bicis. Tiramos de ellas unas decenas de metros y, en cuanto pudimos, volvimos a sentarnos sobre los sillines y a pedalear. 
 

Recorrimos por este bonito sendero, con zonas más y menos cerradas por la vegetación y con el firme estropeado en muchos tramos por una rodera profunda, casi un kilómetro y medio. 


Tras este tramo nos quedaba otro más corto, de unos cuatrocientos metros, pero el camino por el que debíamos seguir no existía. En su lugar había una tierra arada que pensamos se "ha comido" dicho camino. Como vimos que por su borde se podía rodar así lo hicimos, desembocando al terminar esta en un camino principal.


Estábamos ya en la zona llamada Las Contiendas, pero en su parte posterior, es decir, tras Las Contiendas. Desde allí la panorámica de la zona con el trigo ya crecido más de una cuarta, con su intenso verdor, contrastando con las encinas y la tierra pálida que las alberga, era una maravilla.


Y si hasta allí, desde que habíamos cruzado el puente, no habíamos dejado de ascender suavemente, en este nuevo camino la ascensión se endureció y se alargó, tanto como algo más de dos kilómetros. Hay que aclarar que se subía bien, con esfuerzo, pero bien y fue el primer momento de la mañana que sentimos calor (porque nos acabábamos de librar del fresco viento frontal).


Al terminar la subida hicimos una parada con el fin de reagruparnos, ya que cada uno la había hecho a su ritmo, y para que, quien quisiera, pudiera comer algo para reponer el esfuerzo. Desde allí pudimos contemplar el damero formado por las distintas tonalidades de las tierras de cultivo y también la localidad de Sanzoles.


En cuanto que los que se decidieron a comer algo terminaron, comenzamos el descenso, que fue de algo más de kilómetro y medio. El estado del terreno no nos permitió hacerlo muy rápido, pero siempre se agradece no tener que pedalear durante unos minutos. 


Terminó la bajada con un giro de casi ciento ochenta grados para seguir por una pista más ancha en la que el viento, muy fresquito, volvió a darnos de frente. 


Desde esa zona la vista que había de Las Contiendas era magnífica. Hay una teoría que asegura que estos tesos de piedra arenisca fueron la cantera de donde, en época romana, se extrajo el material para la construcción de Ocelum Durii. 


Después de un kilómetro por esa pista un giro a la izquierda nos permitió continuar por otra y poco más adelante, otro cambio de dirección a mano contraria nos introdujo en una larga recta de más de tres kilómetros, ya casi llanos, que nos llevó hasta Madridanos.


Bordeamos esta localidad siguiendo el GR-14 y por él continuamos una vez que dejamos el pueblo atrás. A un lado y otro del camino íbamos encontrando tierras cultivadas, de cereales principalmente, pero también pudimos ver algunas de colza con casi todas sus flores ya amarillas. 


Nos separaban de nuestro siguiente punto de paso, Villaralbo, casi siete kilómetros. Como es una zona que hemos transitado mucho no aportó novedades reseñables. La única es que esperábamos en esa zona viento por la espalda y nos iba dando fontolateral. Aún así íbamos rodando rápido.


Cuando llegamos a las inmediaciones de Villaralbo cruzamos la circunvalación y seguimos de frente. Pasamos junto a la iglesia pero enseguida nos desviamos hacia la derecha.


De este modo evitamos transitar por las calles principales del pueblo, lo bordeamos para terminar junto al río, donde cogimos la carreterita que va hacia Zamora. 


No recorrimos por el asfalto ni un kilómetro ya que antes nos desviamos a la derecha para seguir por el llamado Camino de San Miguel y recorrer los, algo más de tres kilómetros, que nos separaban de Zamora.

Eso sí, como eran los últimos (de esta ruta), y como el viento, cada vez más fuerte, en este tramo parecía que nos ayudaba algo, fuimos rodando rápido.


Al llegar al Puente de Cardenal Cisneros nos bajamos de las bicis para subir las escalerillas que nos condujeron a la pasarela para peatones de dicho puente. Cruzamos este y desde él descendimos a Los Tres Árboles. Desde aquí al bar donde decidimos hidratarnos no nos quedaba nada. Mientras recuperábamos líquidos comentamos la ruta de hoy y disfrutamos del solecito.




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