1 de marzo de 2026

Hasta Aspariegos por primera vez

Cualquier ciclista de Zamora que lleve unos años saliendo en bici de montaña casi seguro que ha pasado por todos los pueblos situados en un radio de hasta unos 25 km desde la capital, como nos sucede a nosotros. Pero había uno al que nunca habíamos llegado, sin haberlo hecho de forma premeditada. Hoy ha sido el momento de hacerlo y, de paso, hemos disfrutado del páramo castellano.

En esta ocasión tres bikers habían confirmado su salida para hoy y uno más se unió por la mañana al grupo. A las 9.30 h. partimos del lugar habitual. En el cielo el sol, aunque algo velado con una ligera bruma y la temperatura baja, 2º que se percibían plenamente en la sombra, al sol era otra cosa...

Nos valimos del carril bici de La Aldehuela para irnos alejando de Zamora. En ese tramo el frío se dejaba notar en las manos. 

Lo abandonamos a la altura del Puente de Villagodio, cruzamos este y la N-122 para seguir por el itinerario habitual utilizado para ir a Molacillos, un camino que conserva algunos tramos de lo que fue una antigua carretera y que, aunque ligeramente, va "picando" hacia arriba.


Desde mucho antes de llegar a Molacillos, íbamos viendo la torre de su iglesia rodeada de andamios, de esta guisa nos recordaba a la Torre de Pisa. Este templo es único en nuestra provincia porque es de estilo barroco levantino, pero desde hace años sufría graves deterioros estructurales y en las cubiertas que habían obligado su cierre en 2022.


Las obras de restauración por suerte han comenzado esta semana, ya que se habían ido demorando más de lo deseable por todos los vecinos. 


Pero si hay alguien a quien no han hecho ninguna gracia las obras es a las cigüeñas, de hecho, comprobamos que se resisten a abandonar lo que hasta hace unos días era su hogar. 



Dejamos atrás Molacillos para dirigirnos a Benegiles, del que nos separaban unos seis kilómetros de una subida casi imperceptible a simple vista pero que se iba dejando notar en las piernas. Este tramo está compuesto por una recta interrumpida por un doble cambio de dirección hacia la mitad del recorrido, a la izquierda y a la derecha, seguido de otra recta.


Para entrar en el pueblo giramos a la izquierda, atravesamos un puente sobre el río Valderaduey, que mantiene en estos días una anchura que habíamos visto pocas veces, y poco después giramos de nuevo, pero esta vez a la derecha. 


Rodamos en paralelo al río hasta llegar a la iglesia, llamada de Santo Tomás Apóstol, construida a finales del siglo XII, aunque no conserva todas sus partes de esa época. 


Dejamos atrás la iglesia y seguimos avanzando. Junto al Salón Social del pueblo vimos un cartel con el nombre de la localidad que llamó nuestra atención. 


Poco más adelante llegamos a la carretera de Villalpando, a la que nos unimos para recorrer por ella menos de 500 metros. La abandonamos girando a la izquierda para seguir por un camino, si bien enseguida volvimos a cambiar de dirección, en esta ocasión hacia la derecha. 


El nuevo camino estaba adornado con algunos almendros, en estos días repletos de flor, anuncio inequívoco de que la primavera está muy próxima. 



Después de recorrer unos tres kilómetros de perfil ascendente, abandonamos dicho camino para seguir por una estrecha pradera que había a nuestra derecha. Recorrimos por ella unos cientos de metros. Al terminar esta continuamos por el camino que surgía a la izquierda. 


Recorrimos unos dos kilómetros por este prácticamente en paralelo a la carretera de Villalpando. No tardamos en ver frente a nosotros el silo que hay junto a dicha carretera poco antes de que esta llegue a Benegiles.


Cuando ya teníamos cerca esta localidad, en una bifurcación continuamos por la opción de la derecha que nos condujo hacia las primeras viviendas del pueblo. 


Nos hizo ilusión llegar a esta localidad por primera vez con nuestras bicis, sobre todo porque todas las localidades cercanas a Zamora ya son muy conocidas para nosotros y siempre gusta lo novedoso. Como siempre hacemos para llevarnos una idea de cada pueblo, recorrimos algunas de sus calles y pasamos por la plaza, donde se encuentra la iglesia. Construida en el siglo XVII con materiales pobres, da muy buena impresión porque sus muros están muy arreglados, si bien carece de poco valor artístico.


Después de pasar por la plaza continuamos nuestro recorrido por Aspariegos, dejándolo atrás por una carreterita local por la que rodamos unos doscientos metros. Junto a ella pudimos ver este bonito palomar bastante bien conservado. 


Nada más sobrepasar este giramos a la izquierda, abandonando así la carretera y volviendo a rodar por tierra. Enseguida volvimos a cambiar de dirección, a la derecha esta vez, para encarar una recta de un kilómetro. 


El camino, tras ese primer kilómetro, trazaba un pequeño giro a la derecha, para continuar recto de nuevo a lo largo de otros dos kilómetros. A pesar de haber pasado ya el ecuador de nuestra ruta el perfil seguía siendo ascendente y eso nos permitía poder disfrutar de las vistas que nos ofrecía el páramo. 


Pusimos fin a la recta mediante un giro de 90º hacia la derecha, comenzando así a recorrer un camino con pequeñas y abiertas curvas trazado entre grandes tierras de cultivo. 

Estando recorriendo este hicimos una parada técnica porque a uno de los bikers se iba fallando la batería. Se le apagaba la bici, la encendía, se mantenía así unos minutos y volvía a fallar. Extrajimos la batería, comprobamos que las conexiones estaban limpias y la volvimos a introducir. El resultado fue que se encendió, si bien posteriormente le continuó haciendo lo mismo. 


Por el nuevo camino rodamos algo más de cuatro kilómetros. Como seguíamos ganando altura, desde el mismo pudimos contemplar Benegiles y la tierras que lo rodean.


Se sucedieron algunas curvas abiertas a una y otra mano. A ambos lados del camino seguíamos encontrando tierras sembradas de cereal con un manto verde cubriéndolo todo. 


Algo más adelante la altura ganada también nos permitió ver a nuestra derecha una buena panorámica de Torres del Carrizal. 


Y después de algunas pequeñas subidas y bajadas pudimos ver frente a nosotros el recinto realizado para proteger las Cisternas Romanas del Teso de la Mora. 


Las cisternas son dos depósitos subterráneos gemelos rectangulares y cubiertos, fabricados con el llamado opus caementicium (el hormigón romano). Se pueden visitar pidiendo la llave en Molacillos. 


Ya que estábamos allí aprovechamos para rodear todo el perímetro del teso, desde el que hay muy buenas vistas, no en vano estábamos casi en la altura mayor de la ruta.

La vista hacia la derecha era esta: 


De frente la panorámica era diferente: 


Y dejando las cisternas a nuestra izquierda la vista era también distinta: 


Al llegar de nuevo junto al recinto de las cisternas giramos a la derecha para dejarnos caer por el estupendo tobogán doble que nos estaba esperando. Sin pedalear llegamos a ver más de 60 km/h en nuestros velocímetros.


Al terminar este giramos a la derecha y seguimos bajando hasta llegar a al final del camino. Proseguimos por el que iba hacia la izquierda que nos llevó hasta la carretera de Villalpando. Antes de llegar a esta nos hicimos un selfie con el Teso de la Mora al fondo (aunque una cabecita lo tapó por completo). 


Rodamos por el arcén de la carretera menos de 500 m. Nada más cruzar por un puente sobre el río Salado (a esas alturas a punto de terminar su periplo en solitario y verter sus aguas al Valderaduey) giramos a la derecha para seguir por un camino que nos llevó hasta la carretera por la que se accede a Torres de Carrizal. 

Por poco no llegamos a entrar en el pueblo, rodamos por esa carretera poco más de 100 metros y un giro a la izquierda nos comenzó a alejar de ese. Por delante nos esperaba una recta inmensa. 


Cinco kilómetros en los que rodamos a gusto porque el firme estaba estupendo, solo estropeaba nuestras sensaciones el hecho de que seguíamos subiendo ligeramente. 

A esa larga recta le siguió otra de 2 kilómetros después de un cambio de dirección hacia la derecha. 


Tras esta, un giro al lado contrario nos llevó a una subida hacia el teso donde se encuentran los aerogeneradores situados entre Cubillos y Molacillos.  


Antes de llegar a estos, en un momento dado, tuvimos que abandonar el camino e ir en paralelo a este porque había una zona totalmente embarrada. Aún así nos parecía un milagro no haber encontrado más que esta con toda la lluvia que han soportado nuestros caminos. 


Coronamos el teso con altas pulsaciones y sensación de calor. En ese punto estaba la altura máxima de la ruta y, claro, eso permitía disfrutar de buenas vistas. El problema es que la bruma existente las velaba. 

Tocaba ya disfrutar con el premio de una bajada prolongada. Esta, dividida en dos tramos rectos separados por un giro a la derecha, se alargó alrededor de dos kilómetros y medio.


El último tramo nos llevó hasta la entrada de la localidad de Monfarracinos. 


Hicimos un pequeño tour por el pueblo, pasando junto a dos plazas, la iglesia, un parque y el colegio.


Continuamos después por una calle que nos condujo hasta la antigua carretera que unía esta localidad con Cubillos y, siguiendo por esta, llegamos a una rotonda de la carretera de Villalpando. Cruzamos al otro lado y seguimos de frente hacia la Autovía A-66. Comenzamos a rodar junto a ella y, en un punto, cruzamos por debajo por un angosto túnel, si bien no hizo falta bajarnos de las bicis. 

Desde allí seguimos recto algo más de dos kilómetros en los que fuimos pasando por delante de distintas construcciones que nos iban anunciando que nos aproximábamos a la capital. También los almendros seguían adornando el camino y alegrando nuestras vistas.  


El tramo final de la recta está asfaltado y nos llevó hasta el barrio de Las Llamas. Una gran cantidad de basura y de residuos nos dio la bienvenida. 


Cruzamos este barrio marginal y terminamos saliendo a la carretera de Villalpando una vez más. Continuamos por la acera (porque no había nadie) hasta llegar a la pasarela que cruza al otro lado de las vías.


Después de salir de esta seguimos por Las Viñas hacia María Auxiliadora y la Universidad Laboral y desde allí proseguimos hacia el barrio de Los Bloques. Cruzamos este hasta Cardenal Cisneros y allí mismo hicimos la parada de hidratación, en concreto en la terraza de la cafetería del Hotel Okelo, Desde allí cada cual se dirigió hacia su casa ya con la mente puesta en la siguiente salida. 





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